Lunes, 17 de agosto de 2026
ANÁLISIS

Von der Leyen (segunda parte): entre la impotencia y la gran transformación

"¿Impotencia o arriesgarse a impulsar un salto de la UE hacia delante?", con esta pregunta Ursula von der Leyen inaugurará su segundo mandato el próximo uno de diciembre. Bernardo de Miguel, corresponsal de larga trayectoria en Bruselas, plantea los retos de la próxima Comisión, que pasan por una profunda transformación del bloque, aun a riesgo de dejar a países como Hungría atrás.

Bernardo de Miguel Bernardo de Miguel 27 de noviembre de 2024
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Ursula von der Leyen asumirá como presidenta de la Comisión Europea para su segundo mandato el uno de diciembre. | Bernd Elmenthaler / Zuma Press / ContactoPhoto
Ursula von der Leyen asumirá como presidenta de la Comisión Europea para su segundo mandato el uno de diciembre. | Bernd Elmenthaler / Zuma Press / ContactoPhoto
Jean-Claude Juncker bautizó a su Comisión Europea (2014-2019) como "la de la última oportunidad", en alusión a los vientos populistas que zarandeaban al club y que acabaron desencadenando su primera escisión con la victoria del Brexit en 2016. Ursula von der Leyen etiquetó a la suya (2019-2024) como "geopolítica" en una profecía cumplida de un mandato marcado por acontecimientos de carácter tan global como la pandemia de la COVID-19 o la invasión rusa de Ucrania. 

Von der Leyen iniciará el uno de diciembre su segundo mandato como presidenta de la Comisión, tras obtener este miércoles la aprobación del Parlamento Europeo (necesita una mayoría simple de los votos emitidos) y en los próximos días del Consejo de la UE (por mayoría cualificada). Probablemente, a la alemana le gustaría colocar a su nueva Comisión (2024-2029) bajo la divisa del pragmatismo y el crecimiento económico, aun a costa de aparcar grandes ambiciones a la espera de un escenario político más favorable a la integración. 

"Von der Leyen II parece más bien condenada a elegir entre un lustro de impotencia o por arriesgarse a impulsar un salto de la UE hacia delante"
Pero Von der Leyen II, como se conoce al nuevo equipo en la jerga bruselense, parece más bien condenada a elegir entre un lustro de impotencia —bloqueado por una creciente polarización entre europeístas y nacionalistas— o por arriesgarse a impulsar un salto de la UE hacia delante. Aunque sea a costa de empezar a dejar atrás a los países reacios a avanzar, con la Hungría de Orbán como candidata a convertirse en el primer eslabón perdido.

Los estertores para la formación de la nueva Comisión ya han mostrado que Von der Leyen II nace en un escenario bastante hostil, en el que deberá navegar con grandes dificultades. Por primera vez en la historia de la Unión, la Comisión no está respaldada por una mayoría compacta de populares y socialistas, sino por una alianza tan coyuntural como frágil que también abarca desde los verdes a la extrema derecha. 

Además, la cuarta parte de la población europea (sin contar a Francia) ya vive en países donde las fuerzas ultraconservadoras, populistas o euroescépticas son dominantes, lo que tiene un reflejo directo en el sistema de votación del Consejo de la UE. En el Parlamento Europeo, el Partido Popular Europea, el mayor de la cámara, ya ha dejado claro que está dispuesto a unir sus fuerzas con los grupos soberanistas o antieuropeos para diluir o frenar las iniciativas de la Comisión que considere demasiado ambiciosas, sobre todo, en materia medioambiental, energética, laboral o de derechos sociales.

A ese contexto difícil en Bruselas se añade una Alemania con elecciones a la vista sin mayorías claras; una Francia con la V República en riesgo de colapso por el ascenso de la ultraderecha; unos EE. UU. con un Donald Trump reforzado y dispuesto a rematar su obra de destrucción del orden occidental; con una Rusia convertida en una amenaza para la estabilidad política y económica del continente. Además de un comercio internacional —del que depende en gran parte la prosperidad de Europa— sometido a grandes tensiones por la creciente y apabulladora presencia de la gigantesca China. 

La propia Comisión tiene en su seno a varios partidarios de la agenda desglobalización y de marcha atrás en la integración europea, como es el caso del vicepresidente ejecutivo Raffaele Fitto, el comisario designado por el Gobierno de Italia. Von der Leyen II será también la primera Comisión de la historia donde los euroescépticos contarán con un peso muy considerable que la presidenta no puede permitirse ignorar. La Comisión se expone a un riesgo de parálisis evidente, tan improductivo como el que atravesó con José Manuel Barroso tras el descarrilamiento del proyecto de Constitución europea por el rechazo de los referéndum en Francia y Países Bajos.

"La UE no parece en condiciones de permitirse un lustro o una década perdida"
Pero la UE no parece en condiciones de permitirse un lustro o una década perdida. El club afronta el dilema de la refundación o el declive, como ha diagnosticado el reciente informe de Mario Draghi. La nueva Comisión —con la española Teresa Ribera como número dos y al frente de algunas de las grandes reformas pendientes— tiene por delante una revisión de su modelo presupuestario, una reinterpretación de sus políticas de competencia y ayudas de Estado, una adaptación a la nueva realidad mundial de su política comercial y una reinvención de sus propias estructuras para poder pasar de veintisiete miembros y llegar hasta treinta y dos, con una Ucrania casi destruida pidiendo socorro en la puerta. Unas tareas ingentes para cualquier Comisión y más aún para la que está a punto de tomar posesión, con varios miembros en contra de remar hacia delante y alguno dispuesto incluso a hacer embarrancar la nave.

A favor de Von der Leyen juega su demostrada voluntad de liderazgo y los cinco años de experiencia en Bruselas, donde, tras unos inicios titubeantes y repletos de tics de la política germana poco compatibles con una visión comunitaria, se ha acostumbrado a una visión europea y ha aprendido a dominar el aparato funcionarial de la Comisión. A veces, incluso, con un exceso de autoritarismo, según las voces críticas.

"La COVID-19 permitió a Von der Leyen abrirse un hueco entre los grandes nombres de la historia de la Comisión gracias a iniciativas sin precedentes"
La alemana también sabe que los cisnes negros a veces ocultan tras de sí cisnes blancos, como le sucedió a ella durante su primer mandato con la gravísima crisis sanitaria de la pandemia y con la primera gran guerra entre dos países a las puertas de la Unión. La COVID-19 permitió a Von der Leyen abrirse un hueco entre los grandes nombres de la historia de la Comisión gracias a iniciativas sin precedentes como una gigantes emisión de deuda europea para financiar la recuperación o la compra conjunta de vacunas para garantizar que todos los europeos podían protegerse al mismo tiempo. La guerra de Putin también ha permitido a la UE poner en marcha por primera vez planes de armamento conjunto y poner los primeros mimbres para una posible defensa europea. Von der Leyen tiene el reto por delante de abatir los cisnes negros que se le crucen sin herir de muerte a los blancos que vayan detrás.
Bernardo de Miguel
Bernardo de Miguel
Corresponsal para asuntos europeos
Es conocido por su labor en distintos países, como México, Tailandia o Reino Unido, y, sobre todo, por la corresponsalía que ejercía en Bruselas para el diario económico Cinco Días y para El País.
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