Martes, 28 de julio de 2026
PALESTINA DOS AÑOS DESPUÉS

La economía de un genocidio: la Franja de Gaza se hunde

¿Cómo subsiste la economía de un territorio cuando este es llevado al límite? Sin control sobre todos sus impuestos, sin moneda propia y con grandes limitaciones institucionales, la crisis humanitaria colinda con la económica en Palestina. Hugo Rodríguez, doctor en Economía y científico titular del CSIC, y Lourdes Tabares, doctora en Física Teórica y voluntaria en Hope Palestine, analizan esta situación y el papel de Israel, que usaría la economía "como un arma de guerra más".

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Una familia palestina, desplazada desde Beit Hanun, rompe el ayuno durante el Ramadán en febrero de 2026. | Omar Ashtawy / Zuma Press / ContactoPhoto
Una familia palestina, desplazada desde Beit Hanun, rompe el ayuno durante el Ramadán en febrero de 2026. | Omar Ashtawy / Zuma Press / ContactoPhoto
Hay muchas acciones que contribuyen a un genocidio. Unas, como los bombardeos, el asesinato de civiles, incluidos niños, la limpieza étnica, el bloqueo de la ayuda humanitaria, los asentamientos ilegales o la destrucción de casas e infraestructuras, son más visibles y, por ello, pueden estar sujetas al escrutinio de la comunidad internacional. Hay, sin embargo, otras prácticas que, al pertenecer a ámbitos menos conocidos por el gran público, no son tan evidentes y pasan más desapercibidas

"Describir estas prácticas es importante, ya que contribuyen de manera significativa en el sufrimiento de las víctimas"
Hoy hablaremos de uno de estos ámbitos aparentemente invisibles: la economía. O, más bien, del control que el Gobierno de Israel ejerce sobre la economía de Palestina y de cómo usa ese control como un arma de guerra más en su política genocida en la Franja de Gaza. Describir estas prácticas es importante, ya que contribuyen de manera significativa en el sufrimiento de las víctimas. Esto es así porque no solo amplifican el impacto negativo del resto de acciones genocidas, sino que, a su vez, impiden la reconstrucción y la restauración del daño causado.


Desde la cobertura de los medios de comunicación hasta las denuncias de organismos internacionales y el testimonio directo de las familias palestinas —tanto las que resisten dentro de Gaza como las pocas que han logrado salir—, el relato es unánime. Todas las fuentes coinciden al describir cómo estas dinámicas de control, a menudo invisibles para el mundo, condicionan directamente sus vidas.

Un sistema monetario y financiero cautivo

Palestina no tiene moneda propia. El artículo IV del Protocolo Económico de París, firmado entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el Gobierno de Israel en abril de 1994, establece que en Palestina solo pueden circular monedas extranjeras en Palestina, entre ellas el séquel israelí. La introducción de una moneda palestina está supeditada a negociaciones entre Palestina e Israel, negociaciones que nunca se han dado. Aunque en Palestina también circulan el dinar jordano y el dólar estadounidense, el principal medio de cambio, con diferencia, es el séquel israelí.

"Con frecuencia Israel decide retenerlos como medida de presión. O quedárselos cuando, de manera unilateral, considera que son la compensación por una acción que atribuye a los palestinos"
Funcionar con una moneda de otro país es perder una soberanía fundamental para gestionar una economía. En primer lugar, no hay banco central operativo que pueda inyectar liquidez en el sistema en caso de necesidad. Cuánto dinero circula en Palestina depende de la entrada y salida de séqueles desde Israel y hacia Israel, algo que los palestinos no pueden controlar totalmente. Por poner un ejemplo, una de las principales fuentes de ingresos en séqueles son los llamados "fondos de liquidación". Estos fondos incluyen los impuestos que Israel recauda en nombre de Palestina, tales como aranceles a importaciones que van a los territorios palestinos ocupados o los impuestos sobre la renta de los palestinos que trabajan en Israel. Según el mencionado Protocolo Económico de París, estos fondos han de ser desembolsados a la Autoridad Nacional Palestina (ANP). En la práctica, estos ingresos suponen unos
dos tercios de su presupuesto. Sin embargo, con frecuencia Israel decide retenerlos como medida de presión. O quedárselos cuando, de manera unilateral, considera que son la compensación por una acción que atribuye a los palestinos. Sin esta fuente de ingresos, la ANP no puede pagar a sus funcionarios y ese dinero no se inyecta en la economía palestina.

Al mismo tiempo, no tener una moneda propia implica que el sector bancario y financiero en Palestina ha de funcionar con moneda extranjera —de nuevo, el séquel—. El primer problema aparece en relación al cambio de moneda. Si la economía palestina decidiese funcionar, por ejemplo, con dólares americanos, los bancos que funcionan allí tendrían que ir cambiando los séqueles que entran por dólares. Pero, en última instancia, el único agente que es capaz de hacer esa conversión es el Banco Central de Israel. Desde hace treinta años, existe, de facto, un límite a la cantidad de séqueles con origen en Palestina que el Banco de Israel está dispuesto a cambiar por otras monedas y que es insuficiente para que la economía palestina pueda funcionar con una moneda distinta del séquel

"Una razón de que no haya efectivo son los robos que tanto el Ejército israelí como grupos armados de palestinos han hecho de las cajas fuertes de los bancos en las zonas bombardeadas"
Por otro lado, no tener un sistema monetario propio también afecta a las donaciones internacionales, como las que hace
Hope Palestina, una plataforma ciudadana de ayuda directa. La economía palestina todavía es un sistema basado en el efectivo. En general, pequeños negocios y comerciantes de calle no aceptan pagos digitales (tarjetas, Bizum, aplicaciones de pago,...) y están supeditados al pago en metálico. Con la guerra, la cantidad de moneda en circulación ha disminuido de forma alarmante. Una razón de que no haya efectivo son los robos que tanto el Ejército israelí como grupos armados de palestinos han hecho de las cajas fuertes de los bancos en las zonas bombardeadas. Otra razón reside en los palestinos que han conseguido salir de Gaza y Cisjordania y que se han llevado con ellos todo el efectivo que han podido. Por lo tanto, cuando alguien recibe una ayuda como transferencia en su cuenta corriente, ha de cambiar ese depósito por billetes y monedas. Además de la escasez de efectivo, en Gaza no hay cajeros automáticos operativos donde retirar dinero. La única opción es usar los servicios de cambistas, personas que han atesorado grandes cantidades de efectivo y que, en la práctica, funcionan como cajeros automáticos. Para ello, proveen billetes tras recibir una transferencia de la persona que quiere moneda, que incluye el pago de una comisión y que suele rondar el 40% del dinero que se demanda

La inflación, un enemigo persistente

De esta forma, una familia de Gaza que quiera comprar alimentos por valor de 100 séqueles ha de desembolsar 140 para poder pagar la comisión que les permita obtener el efectivo necesario para esa compra. Sin embargo, los problemas no acaban ahí. La cantidad de bienes y servicios que se pueden adquirir con ese dinero ha disminuido drásticamente desde octubre de 2023 debido a la inflación que ha causado la guerra.

Los dos gráficos siguientes representan la evolución mensual de los precios en varias regiones de Palestina. El primer gráfico muestra el índice general de los precios de todos los bienes y servicios de la cesta típica que consumen los palestinos. Son datos del Instituto de Estadísticas Palestino (PCBS por sus siglas en inglés). El gráfico cubre el periodo desde enero de 2017 a diciembre de 2025 para las zonas de Jerusalén, Franja de Gaza y Cisjordania y se mide en séqueles. Como podemos observar, el primer dato de cada serie, el correspondiente a enero de 2017, es siempre igual a 1. La forma de interpretar el gráfico es la siguiente: por cada séquel que un palestino se gastaba en promedio en enero de 2017, ¿cuántos séqueles se tiene que gastar por la compra de ese mismo producto en los meses posteriores?

"Si algo costaba diez séqueles en agosto de 2023, los palestinos tuvieron que pagar, en promedio, por ese mismo producto, ochenta séqueles en febrero de 2025"
Vemos cómo entre 2017 y el último trimestre de 2023 los precios en toda Palestina no tuvieron aumentos significativos. Sin embargo, se observa que en la Franja de Gaza los precios llegaron a multiplicarse por ocho en el primer trimestre de 2025, y han sido significativamente superiores a los del resto de Palestina desde el comienzo de la campaña militar que Israel comenzó en octubre de 2023, a raíz del terrible ataque de Hamás en territorio israelí. Esto quiere decir que si algo costaba diez séqueles en agosto de 2023, los palestinos tuvieron que pagar, en promedio, por ese mismo producto, ochenta séqueles en febrero de 2025.




Los siguientes dos gráficos incluyen la misma información, pero para dos grupos de productos de primera necesidad: (1) alimentos y bebidas no alcohólicas y (2) vivienda. Como vemos, el mismo patrón emerge en la Franja de Gaza. Los precios se han llegado a multiplicar por hasta quince veces en el caso de los alimentos o de la vivienda desde que comenzó el conflicto. Para evaluar estos datos, podemos intentar imaginar cómo sería nuestra vida si en el plazo de un año pasamos de pagar 3 euros por una docena de huevos a pagar 45 euros o, si en vez de pagar 1.000 euros al mes por el alquiler de nuestra casa, tuviéramos que pagar 15.000 euros. 





Haciendo un análisis más profundo de la evolución del precio de alimentos y bebidas no alcohólicas desde octubre de 2023, evidencia una relación directa entre el desarrollo del conflicto y la inflación en la Franja de Gaza, como era de esperar. Se observa que las ofensivas militares israelíes de gran escala (señaladas con flechas rojas) provocan colapsos en la cadena de suministro, disparando los precios de forma drástica. Asimismo, el cierre de los pasos fronterizos y el bloqueo de la ayuda humanitaria generan presión al alza en los precios. En este sentido, cabe destacar el cierre del paso de Rafah, entre Egipto y Gaza, el único controlado por palestinos y acceso principal de entrada de ayuda humanitaria. Este paso fue cerrado en mayo de 2024 después de que el ejército israelí tomara el control del mismo. Aunque se abrió momentáneamente a principios de 2025, se volvió a cerrar en marzo de ese año tras el colapso del alto el fuego firmado dos meses antes.

En el gráfico también se destaca el bloqueo total de toda la ayuda humanitaria entre marzo y junio de 2025 y que, según IPC, fue el causante de la hambruna que hubo en Gaza ese año. En contraposición, la apertura de corredores humanitarios y los periodos de tregua (señalados con flechas verdes) permiten una estabilización y descenso paulatino de los precios, subrayando la extrema dependencia de la población respecto a los accesos fronterizos.



Por otro lado, el siguiente gráfico muestra el índice de precios de la vivienda junto con estimaciones del número de unidades residenciales destruidas por el Ejército israelí en la Franja de Gaza. Esta serie cubre desde el comienzo de la ofensiva israelí en octubre de 2023 hasta septiembre de 2025. Vemos cómo los precios de la vivienda han ido siguiendo el rastro de destrucción que ha dejado la campaña militar de Israel.


 

Los salarios

La inflación, en sí misma, es un dato incompleto. No ofrece suficiente información si no la ponemos en relación con las rentas que ganan los individuos. Si los salarios están creciendo al mismo ritmo que los precios, los palestinos acabarán teniendo acceso a la misma cantidad de bienes y servicios. El siguiente gráfico incluye los salarios mensuales promedio en Cisjordania y Franja de Gaza (no hemos encontrado estos datos para Jerusalén) junto con los salarios que los palestinos cobran cuando trabajan en Israel y los asentamientos. Son datos anuales, publicados en la Encuesta Laboral Anual que publica el PCBS. La muestra cubre los años entre 2017 y 2024, y nos da una idea de la evolución de las rentas de los palestinos anterior y durante el conflicto. El dato de 2023 para la Franja de Gaza solo incluye los tres primeros trimestres del año y no existe dato para el 2024, ya que no era posible hacer las correspondientes encuestas ese año debido al asedio que sufría la población en ese periodo.

Hay dos hechos que saltan a la vista del gráfico. Por un lado, los salarios en Israel y los asentamientos son superiores a los de Palestina. Por otro lado, si tomamos los salarios de Cisjordania como referencia, las rentas de los trabajadores en la Franja de Gaza no han aumentado durante los años de conflicto al ritmo al que han crecido los precios.


 

El empleo

Es decir, tenemos un contexto en el que los gazatíes han de desembolsar comisiones descomunales para poder acceder a los medios de pago necesarios para consumir bienes de primera necesidad. Al mismo tiempo, los precios en la Franja de Gaza se han disparado desde finales de 2023, pero los salarios se han quedado atrás con la consiguiente pérdida de su poder adquisitivo. Y para más inri, el panorama es todavía peor, porque no solo las personas que trabajan ganan menos en términos reales, sino que también hay menos personas trabajando en relación a la población que se ha de mantener

"Aunque no hay datos del año 2024 para Gaza, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que la tasa de desempleo llegó al 80% en 2024"
Según datos de la ANP, la tasa de paro en el año 2023 era del 18% en Cisjordania y del 53% en Gaza. En el año 2024, la tasa de paro ascendió al 31,4 % en Cisjordania. Aunque no hay datos del año 2024 para Gaza, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que la tasa de desempleo llegó al 80% en 2024. En 2025, las tasas de paro de Cisjordania y Gaza se han estimado en 28% y 78%, respectivamente.

A esta situación en Gaza y Cisjordania se ha de sumar la drástica reducción del empleo de los palestinos en Israel y los asentamientos. Según la OIT, antes de la guerra había unos 190.000 palestinos trabajando en Israel y en las zonas industriales de los territorios ocupados. En el tercer trimestre de 2024, esa cifra había disminuido a 26.000. Estos trabajos, a salarios mayores que los de Gaza y Cisjordania, generaban unas remesas que permitían a un número de familias palestinas compensar sus rentas. Ya no es el caso.

El nivel de vida en Gaza

Por lo tanto, la situación económica en Palestina desde que comenzó la ofensiva de Israel se caracteriza por desorbitantes niveles de precios unidos a bajos salarios y alto desempleo. El siguiente gráfico resume esta situación en un indicador que mide el poder adquisitivo de los palestinos. De nuevo, todas las series comienzan en el valor 1. La interpretación es la siguiente: si pensamos en la capacidad de compra promedio de un palestino en 2017, el gráfico muestra la proporción de esa cantidad de bienes y servicios que podría comprar con su renta promedio en los periodos futuros. Este indicador incluiría los elementos mencionados anteriormente.

Una característica evidente en el gráfico es la caída secular del nivel de vida en Gaza antes de la escalada militar de finales de 2023. Mientras que entre 2017 y 2023 en Cisjordania han podido aumentar el acceso a bienes y servicios, recuperándose de la caída asociada a la pandemia de COVID-19 en 2020, en Gaza, en octubre de 2023, el nivel de vida equivalía al 80% del que tenían seis años antes

Para Cisjordania, el impacto económico de la guerra se ha traducido en la pérdida de lo ganado y han vuelto a los niveles de vida de 2017. Sin embargo, para un gazatí, dada su renta promedio y los precios de los productos, desde finales de 2023 tiene acceso a menos de un 10% de bienes y servicios de los que podía disfrutar al comienzo de 2017.

La economía como arma de guerra

Cualquier gobierno de un país soberano, ante una agresión militar, tiene herramientas para intentar reducir el impacto que dicha guerra tiene sobre su población. Por un lado, puede usar su política fiscal para dar acceso a sus ciudadanos a bienes y servicios esenciales. Esa política fiscal incluye determinar impuestos para distribuir la carga fiscal, decidir paquetes de gasto y, sobre todo, endeudarse en el interior y exterior si los gastos sobrepasan la capacidad de recaudación. Por otro lado, el gobierno puede usar la política monetaria para favorecer el acceso al crédito y a los medios de pago de la población con el objetivo de mantener, al mismo tiempo, la capacidad productiva y de demanda de la economía.

Evidentemente, todas estas acciones tienen costes en términos de redistribución intertemporal. Lo que nos gastemos hoy, no lo gastaremos mañana. Lo que nos endeudemos hoy, lo tendremos que pagar mañana. Pero un gobierno soberano tiene la capacidad de decidir cómo se distribuyen las cargas asociadas a una guerra. De esta forma puede usar las herramientas a su alcance para intentar suavizar el impacto económico que la guerra puede generar en la población de su país.

"Además de sufrir los bombardeos, la usurpación de territorio o el bloqueo de la ayuda humanitaria, Palestina también ha de padecer un sistema económico que es controlado y usado por Israel para multiplicar el daño causado"
Sin embargo, Palestina no tiene esa capacidad de actuación. Además de sufrir los bombardeos, la usurpación de territorio o el bloqueo de la ayuda humanitaria, Palestina también ha de padecer un sistema económico que es controlado y usado por Israel para multiplicar el daño causado. Esta gestión financiera, liderada por el ministro de Finanzas israelí Bezalel Smotrich, colono y líder del partido de derecha radical Partido Sionista Religioso, ha sido señalada como una herramienta de presión política. Ejemplos de sus políticas e ideas en contra del pueblo palestino se pueden ver
aquí, aquí, aquí, aquí o aquí, entre muchos otros. Todo esto refleja una visión donde la política económica se subordina a objetivos estratégicos de control territorial, lo que para muchos observadores internacionales agrava deliberadamente la crisis humanitaria en la región.

Por último, aunque en este momento el mundo mira a Irán y a las consecuencias económicas del cierre del estrecho de Ormuz, no nos debemos olvidar de Gaza. Desde que comenzó la guerra contra Irán, se han cerrado todos los corredores humanitarios en Gaza y solo queda parcialmente abierto el paso de Kerem Shalom —perteneciente a Israel— para alimentar y abastecer a millones de palestinos. Esta única vía es claramente insuficiente para sostener a millones de personas. La pregunta que nos surge es cuánto tiempo tardará en colapsar nuevamente la Franja de Gaza, y comencemos a ver las desgarradoras imágenes de niños, niñas, bebés y adultos muriendo de hambre. Como humanidad, no podemos permitir que se repitan los errores del pasado; la pasividad no es una opción.
Hugo Rodríguez Mendizábal
Hugo Rodríguez Mendizábal
Científico en el Instituto de Análisis Económico (CSIC)
También es investigador en MOVE y profesor afiliado de la Barcelona School of Economics. Sus áreas de investigación son la macroeconomía y la economía monetaria.
Lourdes Tabares Chelucci
Lourdes Tabares Chelucci
Dra. en Física Teórica y voluntaria en Hope Palestine
Es doctora en Física Teórica por la Universidad Complutense y voluntaria en la ONG Hope Palestine. Es analista de datos y ha impartido clases en distintas universidades sobre esta materia.
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