Esta es una conversación con
Juan Luis Manfredi, catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha, quien fue catedrático Príncipe de Asturias en la Universidad de Georgetown entre 2021 y 2024. La entrevista se realizó en febrero en Washington D. C. y ha sido editada por razones de brevedad y claridad.
Vivió en EE. UU. entre 2021 y 2024, ¿cuál es su reflexión sobre esa experiencia? ¿Cómo ve los cambios que se han producido en el país desde esa etapa?
EE. UU. vive una sensación de aceleración. Esto es propio de la presidencia de Trump. Todos los días pasan muchas cosas, hay muchas noticias y eso afecta a la política, a la tecnología, a las relaciones internacionales y a la política económica. Es un factor que impacta en la polarización. También se ve la politización de la vida pública: toda la identidad política se refleja en la vida diaria, frente a los años en los que yo viví allí.
"La presidencia imperial de Trump es distinta de la tradición federalista de la presidencia estadounidense. Los aranceles reflejan el legado de la visión económica de Alexander Hamilton"
Ahora, lo que veo es política, política y política. Se ve la intervención constante de la Administración Trump en varias instituciones, ya sean las cortes o las universidades. Esto está causando cierto estrés a esas instituciones, lo que debilita tanto a las propias instituciones como a la confianza del público. La presidencia imperial de Trump es distinta de la tradición federalista de la presidencia estadounidense. Los aranceles reflejan el legado de la visión económica de Alexander Hamilton y contrastan con la visión antimonárquica de Thomas Jefferson.
¿Cómo percibe la relación transatlántica ahora mismo? ¿Qué significa para España?
Vamos a ver muchos menos vínculos emocionales basados en valores, identidad y proyectos compartidos. La diplomacia transaccional de EE. UU. y la seguridad entendida como un servicio son muy exigentes para Europa, porque requieren inversiones en defensa, cambios en política industrial y liberalizar el mercado digital para que entren competidores norteamericanos. Esto es importante para EE. UU., pero la Unión Europea no está preparada para tratar estos temas con rapidez.
La relación entre EE. UU. y Europa girará principalmente en torno a la seguridad, la geoeconomía, la energía y la política migratoria. Ahí es donde pienso que España tiene que articular mejor su voz propia y centrarse en cómo puede aportar algo distinto al proyecto europeo. El país tiene una oportunidad energética como puerto de entrada. Dada su geografía, conecta Europa con el norte de África. Y luego está el Mediterráneo. Pero todo eso tiene que desarrollarse con más inversiones. En ese sentido, España tiene tres almas: el alma americana, el alma mediterránea y el alma europea.
Manfredi es catedrático universitario en la Universidad de Castilla-La Mancha. Foto: Juan Luis Manfredi
Como cofundador de una importante red transatlántica de profesionales —la SPPN (Spanish Public Policy Network)— y como académico, ¿cómo ve el papel de la sociedad civil y de las organizaciones sin ánimo de lucro en el discurso transatlántico?
Los actores sin ánimo de lucro y las organizaciones de la sociedad civil, como la SPPN, son esenciales. Como profesor, periodista y miembro de la SPPN, quiero dar sentido a las relaciones transatlánticas y abrir un espacio para el diálogo.
"Las redes transatlánticas son esenciales para las relaciones de EE. UU. con Europa y España, porque ofrecen oportunidades de intercambio y de coordinación de narrativas"
En el ámbito de la sociedad civil, podemos ser la infraestructura estratégica necesaria, porque tenemos capacidad para conectar el talento y la movilidad a ambos lados del Atlántico. También se pueden impulsar investigaciones conjuntas, por ejemplo en cuestiones científicas. En fin, las redes transatlánticas son esenciales para las relaciones de EE. UU. con Europa y España, porque ofrecen oportunidades de intercambio y de coordinación de narrativas.
¿Qué piensa sobre tecnologías emergentes como la inteligencia artificial (IA) y las redes sociales y su impacto en el discurso público? ¿Cómo valora las diferencias de este debate en EE. UU. y en Europa?
Las tecnologías emergentes, desde la inteligencia artificial hasta las redes sociales, son el espacio de conversación y de negociación de los significados, así como de los vínculos políticos. La IA nos ayuda a reunir información de varias fuentes, pero las decisiones deben tomarlas personas. En las redes sociales, hay que conocer mejor cómo regular la libertad de expresión, porque la línea roja entre la libertad de expresión y el discurso del odio es muy fina.
Los europeos preferimos más regulación y EE. UU. prefiere un marco más favorable al libre mercado. Pero esto es algo que debe discutirse más, y los diplomáticos tienen que estar al tanto de estos temas en este momento de las relaciones transatlánticas.
¿Cómo ve la celebración de los 250 años de EE. UU.?
La celebración de los 250 años de la república me permite señalar que EE. UU. ha sido el arquitecto del orden liberal internacional tal como lo hemos conocido. Ha promovido la democracia y los valores liberales, el libre comercio y el cosmopolitismo. Estos han sido los valores clave de la intervención del país en la construcción del orden liberal internacional. Sin embargo, en el escenario actual, bajo el segundo mandato de Trump, vemos un mundo de esferas de influencia y multipolaridad.
Parece que EE. UU. ha aceptado que su capacidad se ha reducido al competir con China y otros países, y tiene menos interés en ser la potencia hegemónica global. Por tanto, prefiere concentrar su poder en el "Poder Vertical" que va del Ártico a la Patagonia, en lugar de mantener su papel histórico como una potencia que miraba al este y al oeste a través de la globalización. Habrá que ver cómo EE. UU. redefine sus alianzas estratégicas basadas en economía, tecnología, comercio y energía: los cuatro pilares de la política exterior del segundo mandato de Trump.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
Santiago Abascal, líder de Vox, junto a Mike Gonzalez en The Heritage Foundation el pasado 2024. | Vox España
Exterior del Congreso de los Estados Unidos en Washington D. C. | Unsplash / Quick PS
¿Qué diría que es lo que Europa no entiende realmente de EE. UU.? ¿Y viceversa?
Europa no termina de entender que, bajo la presidencia de Trump, pero también después de Obama, durante el primer mandato de Trump y la presidencia de Biden, EE. UU. se ha desanclado de su papel como potencia hegemónica y ahora se ha separado definitivamente del orden liberal internacional. Hay que aceptar que esta es la nueva realidad del socio transatlántico y, por tanto, ofrecer una relación más pragmática, más basada en resultados a través de la energía y el comercio, y menos en ideas y valores. En este momento, EE. UU. no está interesado en esa oferta ideológica y política que viene desde Europa.
"EE. UU. considera que el sistema regulatorio europeo trata de proteger a los consumidores y lo percibe como una debilidad"
Por su parte, EE. UU. ve a Europa incapaz de cambiar, porque la percibe como un espacio político y económico muy complejo y poco innovador. EE. UU. considera que el sistema regulatorio europeo trata de proteger a los consumidores y lo percibe como una debilidad, no como una fortaleza.
Ojalá cualquier malentendido que exista en este momento entre Europa y EE. UU. pueda resolverse con una redefinición de las relaciones transatlánticas que abandone el marco de la nostalgia y se incline por la curiosidad y la exploración de nuevos proyectos políticos, educativos o de la sociedad civil. Si la sociedad civil es el cauce a través del cual se articulan las relaciones entre ciudadanos europeos y estadounidenses, tendremos un mejor entorno político.
¿Cuál sería la forma idónea en que España y Europa deberían tratar a EE. UU. en este momento de redefinición?
Mi sugerencia para los gobiernos de España y Europa es que acepten y asuman de una vez el realismo político que viene de EE. UU. No me refiero a que Europa se convierta en un actor realista que abandone sus principios, sino a que entienda que el mundo del euro, Schengen y los programas Erasmus pertenece a un modelo europeo concreto.
A día de hoy, ese modelo no se puede exportar a EE. UU. Si asumimos estos principios realistas, podemos definir mejor nuestros objetivos e intereses, lo que resultará en una mejor relación con el nuevo socio atlántico.
"Hay que abandonar la nostalgia y ponerse al día: con política energética, con la inflación, con el fortalecimiento del mercado único interior"
Hay que dejar de esperar a que se acabe el tsunami del segundo mandato de Trump y hablar de cambios en Europa. Yo ya no quiero hablar de esos cambios, quiero ver acción. Hay que abandonar la nostalgia y ponerse al día: con política energética, con la inflación, con el fortalecimiento del mercado único interior. Son cosas que se tienen que hacer. Es hora de actuar, no de seguir analizando.
Hábleme de su nuevo libro, How Disinformation Ruins Public Diplomacy. ¿De qué trata?
El libro es una propuesta que resume uno de los cursos que impartí en Georgetown como catedrático Príncipe de Asturias. Se centra en un escenario de desglobalización y en la transición de la diplomacia pública, entendida durante años como una herramienta asociada a los valores defendidos por académicos como Joseph Nye. En el presente vemos que esos valores ya no son los dominantes: no hay apoyo a los valores democráticos y liberales ni al periodismo. Por ello, detectamos dificultades a la hora de ejercer la diplomacia pública sin esos instrumentos que antes la facilitaban. Ahora tenemos menos espacio para mantener conversaciones públicas.
Este libro trata de analizar cómo hemos llegado a la situación actual, en la que hay menos confianza en las instituciones que sostienen la diplomacia pública. Hay que renovar el interés por la importancia de esta diplomacia, incluso en un mundo en el que las prioridades y los valores están cambiando en muchos lugares.
Muchas gracias.