

"Estamos en esa pérdida de rumbo desde la crisis económica y financiera que empezó en septiembre de 2008. Desde entonces, poco futuro sugestivo se ofrece"Quizás sirva la famosa descripción de Gramsci del tiempo de crisis como aquel en el que: "el viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos". En muchos aspectos estamos ya en el futuro, en un nuevo mundo, para el que no valen soluciones pasadas. Ni hay posibilidad de un regreso al pretérito. Lo dijo Mark Carney, primer ministro de Canadá, en su ya famoso discurso en Davos, cuando habló de "ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal", ante lo que hay que "construir algo mejor". "Sabemos que el antiguo orden no volverá. No deberíamos lamentarlo", afirmó. "La nostalgia no es una estrategia".
"Enfadados, cada vez hay más que optan por opciones que les ofrecen las nuevas derechas radicales. Pero tampoco estas ofrecen futuros atractivos, a diferencia de los fascismos históricos en su día"Así, el presente y el horizonte están llenos de nubarrones, y parece como si el mundo y sus dirigentes hubieran perdido el horizonte, el rumbo. Es peligroso. El filósofo Ernst Bloch, al salir de las guerras mundiales, el Holocausto, Hiroshima y la bomba atómica, publicó El principio de la esperanza, en el que consideraba que el ser humano vive orientado hacia el "todavía no" (Noch-Nicht): lo que aún no existe, pero puede llegar a existir. Y, sin embargo, se habla poco de ese "todavía no" que mira al futuro. Sin ese "no está aún aquí", recuerda Roger-Pol Droit, no hay humanidad.
"Se empieza a reflexionar sobre la necesidad de impulsar un aumento no ya del nivel, sino de la calidad de vida, y de las expectativas vitales"Cuando uno ve lo que ofrecen las formaciones políticas, a uno y otro lado, en gran parte de las ¿aún? democracias liberales, no se perciben mejoras, siquiera de expectativas. Está por ver si la política se mantendrá en esta actitud o cambiará a ofertas constructivas. Depende mucho de lo que vaya pasando, dentro y fuera de cada país, y de si se disipan los temores, que no se pueden calificar de infundados. Los próximos meses van a resultar decisivos a este respecto. Europa, dividida entre Estados y en sus sociedades, incluso en la indispensable materia de la defensa, ilusiona poco, aunque una unidad e independencia (dejemos de hablar de autonomía) sería más necesaria que nunca. ¿Se despierta? EE. UU. sigue cayendo poco a poco en una guerra civil de baja intensidad.
"Se necesita renovar la estructura institucional del mundo, seriamente dañada, que una nueva guerra importante podría acabar de destruir"Cristina Monge apunta que "hay una crisis de imaginación política". El Nobel de Economía Daron Acemoğlu considera que "la solución no se puede encontrar en los remedios habituales del Partido Demócrata estadounidense y otros partidos de izquierdas en Europa, ya que esto reforzaría la política cultural que los progresistas han liderado" (es decir, woke). Propugna un nuevo "liberalismo de clase obrera", que, entre otros elementos, promueva una inteligencia artificial "protrabajadores". Liberal en el mundo anglosajón tiene un sentido más social que aquí. En Agenda Pública, Miguel Ángel Fernández Ordóñez alababa esta propuesta de Acemoğlu para que la izquierda liberal "reconecte" con la clase trabajadora partiendo de la mejora de la productividad, la calidad del empleo y los salarios. Hay que ampliar ese objetivo a esa clase media que se está vaciando en nuestras sociedades.

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