Sábado, 1 de agosto de 2026
REFLEXIÓN

Nadie ofrece futuros sugestivos

La política ha dejado de vender futuro: "el miedo ha reemplazado a la esperanza". Desde la crisis de 2008, los gobernantes proponen deshacer lo hecho en lugar de construir nuevos horizontes. Andrés Ortega, escritor, politólogo y periodista, advierte en este análisis de que, mientras la socialdemocracia duda, figuras como Trump ganan elecciones prometiendo "futuros sugestivos" aunque aterradores. ¿Es posible recuperar una agenda de esperanza basada en la abundancia y no en la nostalgia?

Andrés Ortega Andrés Ortega 30 de enero de 2026
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Andrés Ortega reflexiona sobre la falta de discursos políticos que aborden las posibilidades de un futuro mejor. | Unsplash / Simon H.
Andrés Ortega reflexiona sobre la falta de discursos políticos que aborden las posibilidades de un futuro mejor. | Unsplash / Simon H.
Curioso estado el de la política en el mundo occidental: nadie propone futuros sugestivos. El miedo ha reemplazado a la esperanza. Se tocan tambores de guerra, más por parte de los gobernantes y los medios que por parte de los expertos. Se sugiere deshacer lo que han hecho otros, pero no se aportan alternativas creíbles. Con algunas excepciones —Trump es una de ellas, pero aterradora para su propia sociedad y el mundo—, ninguna oferta política en estos tiempos vende un porvenir más atractivo que el presente. De hecho, no se vende porvenir, ni siquiera la resolución de los grandes problemas del presente. Se vende pesimismo, no optimismo. ¿Por qué? ¿Porque no saben qué ofrecer o porque en estos tiempos de mutación el miedo vende más?

"Estamos en esa pérdida de rumbo desde la crisis económica y financiera que empezó en septiembre de 2008. Desde entonces, poco futuro sugestivo se ofrece"
Quizás sirva la famosa descripción de Gramsci del tiempo de crisis como aquel en el que: "el viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos". En muchos aspectos estamos ya en el futuro, en un nuevo mundo, para el que no valen soluciones pasadas. Ni hay posibilidad de un regreso al pretérito. Lo dijo Mark Carney, primer ministro de Canadá, en su ya famoso discurso en Davos, cuando habló de "ruptura del orden mundial, del fin de una ficción agradable y del comienzo de una realidad brutal", ante lo que hay que "construir algo mejor". "Sabemos que el antiguo orden no volverá. No deberíamos lamentarlo", afirmó. "La nostalgia no es una estrategia". 


Carney se centró en la geopolítica, pero la ruptura que vivimos no gira solo en torno a esta, sino también a las transformaciones tecnológicas, sociales, medioambientales y otras. Se están rompiendo redes de seguridad sin reemplazarlas por unas nuevas (como la OTAN y la protección estadounidense o el Estado de bienestar para los europeos).

Estamos en esa pérdida de rumbo desde la crisis económica y financiera que empezó en septiembre de 2008. Desde entonces, poco futuro sugestivo se ofrece. En España, tras las consiguientes devaluaciones internas que se dieron, el PIB por habitante se ha recuperado en términos de poder de compra, pero la mayoría de los trabajadores, y muy especialmente los jóvenes, no han recuperado el poder adquisitivo real que tenían antes de la crisis. Domina lo macro cuando la gente vive en lo micro. El Estado de bienestar en Europa ha sufrido retrocesos desde años atrás, sin que mejoren sus perspectivas. En parte se debe a que hoy la competencia es global y feroz. En China prevalece el principio del 996: jornada de trabajo de nueve de la mañana a nueve de la noche, seis días a la semana. 

Tras considerar que "la democracia se ha quedado sin futuro", hace más de un año y medio el politólogo búlgaro Ivan Krastev hablaba ya de una "progresiva posición escatológica". El Informe de Riesgos Globales 2026, presentado en el Foro de Davos, identifica la confrontación geoeconómica, los conflictos entre Estados y los fenómenos meteorológicos extremos como los principales riesgos para 2026, y apunta el inicio de una "era de competencia". Los expertos consultados para estas previsiones prevén un mundo turbulento y fragmentado, con una creciente volatilidad económica, riesgos derivados de la inteligencia artificial y una grave desinformación. Casi el 60% anticipa un panorama tormentoso para la próxima década. 

"Enfadados, cada vez hay más que optan por opciones que les ofrecen las nuevas derechas radicales. Pero tampoco estas ofrecen futuros atractivos, a diferencia de los fascismos históricos en su día"
Así, el presente y el horizonte están llenos de nubarrones, y parece como si el mundo y sus dirigentes hubieran perdido el horizonte, el rumbo. Es peligroso. El filósofo Ernst Bloch, al salir de las guerras mundiales, el Holocausto, Hiroshima y la bomba atómica, publicó
El principio de la esperanza, en el que consideraba que el ser humano vive orientado hacia el "todavía no" (Noch-Nicht): lo que aún no existe, pero puede llegar a existir. Y, sin embargo, se habla poco de ese "todavía no" que mira al futuro. Sin ese "no está aún aquí", recuerda Roger-Pol Droit, no hay humanidad. 

La desesperanza queda reflejada en las encuestas. Una encuesta reciente del CIS entre los españoles recoge que las guerras, el hambre y las desigualdades sociales son los principales temores de cara a los dos próximos lustros. Vemos manifestaciones en todo el mundo de gente, muy especialmente, jóvenes de la llamada generación Z, que se rebelan no ya contra su presente, sino contra su falta de futuro sugestivo. En nuestras sociedades occidentales también están germinando rebeliones de este tipo, que tendrán su traducción electoral donde puedan. Enfadados, cada vez hay más que optan por opciones que les ofrecen las nuevas derechas radicales. Pero tampoco estas ofrecen futuros atractivos, a diferencia de los fascismos históricos en su día. A menudo crecen sin hacer ni ofrecer nada.

La excepción del MAGA: ¿Es el populismo la única oferta de futuro atractiva?

Trump sí ganó, en 2016 y en 2024, prometiendo un nuevo futuro, MAGA (Make America Great Again). Algunos de los que le apoyaron, como Peter Thiel (fundador de Palantir) llevan tiempo predicando, incluso en ámbitos académicos franceses, el Katechon, el poder o fuerza que frenará el fin de los tiempos o la llegada del Anticristo. Por su parte, Zohran Mamdani ha facilitado desde la izquierda socialista con un discurso positivo su expedita victoria para la alcaldía de Nueva York. Ahora bien, esos futuros sugestivos deben ser también viables, lo que exige no caer en el populismo.

"Se empieza a reflexionar sobre la necesidad de impulsar un aumento no ya del nivel, sino de la calidad de vida, y de las expectativas vitales"
Cuando uno ve lo que ofrecen las formaciones políticas, a uno y otro lado, en gran parte de las ¿aún? democracias liberales, no se perciben mejoras, siquiera de expectativas. Está por ver si la política se mantendrá en esta actitud o cambiará a ofertas constructivas. Depende mucho de lo que vaya pasando, dentro y fuera de cada país, y de si se disipan los temores, que no se pueden calificar de infundados. Los próximos meses van a resultar decisivos a este respecto. Europa, dividida entre Estados y en sus sociedades, incluso en la indispensable materia de la defensa, ilusiona poco, aunque una unidad e independencia (dejemos de hablar de autonomía) sería más necesaria que nunca. ¿Se despierta? EE. UU. sigue cayendo poco a poco en una guerra civil de baja intensidad.


En general, se vive mejor, a juzgar por el crecimiento general de la esperanza de vida, que no es expectativa vital. Se empieza a reflexionar sobre la necesidad de impulsar un aumento no ya del nivel, sino de la calidad de vida, y de las expectativas vitales, pues vivimos una crisis de expectativas. Vuelve una "agenda de la abundancia" en cuestiones como la vivienda asequible, el medio ambiente y las infraestructuras, tras décadas de limitaciones en el gasto público en estas materias y una obsesión por la llamada "economía buena", que era neoliberalismo. Mamdani, en su campaña, dijo basar parte de su propio lenguaje y estrategia política en esas ideas de Klein y Thompson. Trump nunca anda quieto y ha anunciado una prohibición a los grandes fondos de inversión para invertir en viviendas particulares.

"Se necesita renovar la estructura institucional del mundo, seriamente dañada, que una nueva guerra importante podría acabar de destruir"
Cristina Monge apunta que "hay una crisis de imaginación política". El Nobel de Economía
Daron Acemoğlu considera que "la solución no se puede encontrar en los remedios habituales del Partido Demócrata estadounidense y otros partidos de izquierdas en Europa, ya que esto reforzaría la política cultural que los progresistas han liderado" (es decir, woke). Propugna un nuevo "liberalismo de clase obrera", que, entre otros elementos, promueva una inteligencia artificial "protrabajadores". Liberal en el mundo anglosajón tiene un sentido más social que aquí. En Agenda Pública, Miguel Ángel Fernández Ordóñez alababa esta propuesta de Acemoğlu para que la izquierda liberal "reconecte" con la clase trabajadora partiendo de la mejora de la productividad, la calidad del empleo y los salarios. Hay que ampliar ese objetivo a esa clase media que se está vaciando en nuestras sociedades. 

La idea de diseñar futuros sugestivos resurge a pesar de los nubarrones o tormentas en curso. Recuperar la idea de progreso no será fácil, porque está quebrada. A pesar del indudable avance en algunas dimensiones, como la propia IA, pese a sus consecuencias paralelas indeseadas o indeseables. 

Es necesario protegerse frente a una cierta demencia que se ha infiltrado en el mundo. De ahí el resurgir de aquel escritor de horror, más que de terror, que fue H. P. Lovecraft. El chileno Benjamín Labatut (autor de Maniac) lo recuperó hace poco en un breve texto titulado La piedra de la locura. "¿Vamos a subir hacia la luz o vamos a retroceder, temblando, de vuelta hacia la oscuridad?" se planteaba el escritor de Providence. Claro que no se trata de fiarse de ninguna providencia, sino de diseñar políticas abiertas, no cerradas, de esperanza, sin ignorar las realidades. Reinventar el "todavía no". O el después.
Andrés Ortega
Andrés Ortega
Analista, escritor y periodista
Escritor galardonado con el Premio Jovellanos de Ensayo (2025) por 'Soledad sin solitud', y autor de la novela de anticipación 'Sé agua' (2025). Es experto en diversos campos y cuenta con experiencias como corresponsal internacional, editorialista y columnista, asesor gubernamental e investigador del Real Instituto Elcano.
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