Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

La muerte de Alí Larijaní y el fin de la era diplomática de Javier Solana en Irán

La última vía de entendimiento entre Occidente y la República Islámica puede haber sido dinamitada tras la muerte de Alí Larijaní, el hombre fuerte del aparato de seguridad y arquitecto del pragmatismo iraní. Su asesinato acelera una "guerra de decapitación estratégica" que ya provoca sonadas dimisiones en la inteligencia estadounidense. Sin los puentes que un día construyó Javier Solana, ¿estamos abocados a enfrentarnos a un país impredecible al que solo le importa sobrevivir?

Agenda Pública Agenda Pública 17 de marzo de 2026
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Alí Larijaní (izquierda) y Javier Solana (derecha) durante una de sus negociaciones. | Consejo Europeo
Alí Larijaní (izquierda) y Javier Solana (derecha) durante una de sus negociaciones. | Consejo Europeo
En la laberíntica política de la República Islámica, hay hombres que empuñan espadas y hombres que empuñan silencios. Alí Larijaní, fallecido hoy entre el humo de un ataque sobre Teherán que se atribuye Israel, era un practicante poco común de ambas artes, aunque siempre prefirió el filo preciso del bisturí a la fuerza bruta de la maza. Su muerte, ocurrida menos de un mes después de la del líder supremo Alí Jameneí, hace algo más que eliminar a un estadista veterano del tablero: derriba, de facto, el último puente entre un pasado revolucionario y un futuro viable para el Estado iraní.

Para quienes siguieron la partida de póker nuclear de mediados de los años 2000, Larijaní quedará grabado en la memoria junto a Javier Solana, entonces jefe de la diplomacia de la Unión Europea. Eran una pareja extraña en la alta política del momento: Solana, el físico y diplomático español, y Larijaní, el político-filósofo con predilección por Kant y un doctorado en lógica occidental. Sus reuniones en Ankara, Madrid o Roma representaron el último momento en que el régimen iraní habló un lenguaje que —por dialéctico o frustrante que fuera— Occidente podía descodificar.

El duelo de intelectos: ¿quién era realmente Alí Larijaní?

A diferencia de los encuentros estériles que vendrían después, en las cumbres entre Solana y Larijaní se discutía con claridad sobre el futuro nuclear de dos bloques muy distintos. Se trataba, por tanto, de un duelo de intelectos que trascendía los puntos de un tratado. Larijaní, con su humor seco y sus respuestas crípticas, encontró en Solana a un interlocutor que respetaba su bagaje académico. Podían discutir sobre la lógica del poder y la naturaleza de la soberanía desde una perspectiva teórica antes de bajar al fango del enriquecimiento de uranio.

"Solana actuaba como el puente hacia un Washington escéptico, mientras Larijaní intentaba vender en Teherán que una «pausa técnica» no era una rendición ideológica"
Bajo la batuta de ambos, se gestó el ambicioso proyecto de la
"doble suspensión": la idea de que Irán detuviera sus centrifugadoras nucleares al mismo tiempo que el Consejo de Seguridad de la ONU congelaba las sanciones. Solana actuaba como el puente hacia un Washington escéptico, mientras Larijaní intentaba vender en Teherán que una "pausa técnica" no era una rendición ideológica, sino una jugada de ajedrez magistral. Fue una diplomacia de guante blanco en la que la ambigüedad constructiva de Larijaní permitía que ambas partes salvaran la cara.

Sin embargo, esta fluidez terminó en 2007 debido al saboteo interno del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad. Cuando Larijaní fue desautorizado públicamente mientras negociaba en Roma, dimitió. Con su salida, la retórica de los "caballeros" fue sustituida por el monólogo de los ideólogos, y el mundo perdió el traductor más hábil que Teherán haya tenido jamás.

El arquitecto de la vía intermedia

Larijaní era el paradigma del insider. Nacido en una aristocracia clerical —su padre era un gran ayatolá—, formaba parte de la nomenklatura surgida de la revolución de 1979. Como presidente del Parlamento (Majlis) durante doce años, dominó el arte de lo posible dentro de un sistema imposible.

Fue su pragmatismo el que, años después de su etapa con Solana, proporcionó la cobertura interna crucial para el Joint Comprehensive Plan of Action de 2015. Él era el hombre que podía susurrar al oído del líder supremo y convencer a la Guardia Revolucionaria (IRGC) de que una retirada táctica podía ser, en realidad, una victoria estratégica.

"El momento de la muerte de Larijaní no podría ser más catastrófico. Irán es actualmente un barco sin timón que navega por un mar de fuego"
El acuerdo "de nombre exótico" de aquel 2015 marcó un antes y un después en las relaciones iraníes con Occidente. Como explica el ex alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Josep Borrell en conversación con este medio, "Irán se comprometía a no desarrollar capacidades nucleares militares a cambio de que se levantaran sanciones". Con todo, la "patada al tablero" de Donald Trump en 2018 rompió un marco de entendimiento que nunca se recuperó.

 

Josep Borrell durante su etapa al frente de la diplomacia europea junto a Alí Larijaní. Foto: Consejo Europeo

Un Estado sin estrategia

El momento de la muerte de Larijaní no podría ser más catastrófico. Irán es actualmente un barco sin timón que navega por un mar de fuego. Con el anciano Jameneí fuera de escena y la sucesión de su hijo, Mojtaba, envuelta en incertidumbre por su estado físico, el "Estado profundo" de la IRGC ha pasado de ser el guardián del régimen a ser su propietario absoluto.

Larijaní representaba a la "derecha civil": una facción que creía en un Estado fuerte, pero gobernado por instituciones y un cierto grado de competencia burocrática. Con su desaparición, en los pasillos de poder de Teherán, el equilibrio de poder se desplaza decisivamente hacia los "hombres de las botas". 

El vacío regional y el "revolucionario kantiano"

En las capitales europeas, la muerte de Larijaní se sentirá como la pérdida del último "canal" de emergencia. Su asesinato, cuya autoría se atribuyen desde Israel, marca un cambio de una guerra en la sombra a una "guerra de decapitación estratégica". Al eliminar a Larijaní, los atacantes se han asegurado de que, cuando Irán responda, lo haga de forma directa.

Larijaní solía decir que Occidente entendía la "lógica del poder" pero no el "poder de la lógica". Pasó su vida intentando sintetizar las certezas del islamismo chií con las realidades de la geopolítica del siglo XXI. Fracasó, por supuesto. El sistema que ayudó a construir terminó considerándolo prescindible. Sin embargo, en su fracaso hay una advertencia: sin los "Larijanís" del mundo —esos negociadores frustrantes pero brillantes—, la comunidad internacional se queda tratando con un régimen que ha perdido la capacidad de pensar dos movimientos por delante.

La silla vacía

La etiqueta de Irán en los escritorios de los analistas hoy ya no trata sobre "reformistas contra partidarios de la línea dura". Trata sobre "colapso contra consolidación militar". Sin Alí Larijaní, la perspectiva de un acuerdo negociado en cualquier frente ha pasado de ser improbable a ser casi imposible.

"Jonathan Powell, consejero de Seguridad Nacional del Reino Unido, consideraba que la oferta realizada por Teherán el pasado mes de febrero era «suficiente para prevenir la entrada en la guerra»"
El ejemplo evidente llega desde Washington. La muerte de Larijaní coincide con la dimisión del director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent. En una contundente carta que
Agenda Pública traduce al español al final de esta pieza, Kent se dirige al presidente Trump y apunta a Israel: "Irán no significaba una amenaza directa para nuestra nación y es evidente que hemos empezado esta guerra debido a la presión que llegaba desde Israel y su poderoso lobby en América", escribe Kent.

Estas afirmaciones van en línea con informaciones que llegan desde el Reino Unido. The Guardian señala que Jonathan Powell, consejero de Seguridad Nacional del Reino Unido, consideraba que la oferta realizada por Teherán el pasado mes de febrero era "suficiente para prevenir la entrada en la guerra". Sin embargo, dos días después de esa negociación, Israel y EE. UU. atacaron Irán.

Ahora, la República Islámica ha entrado en su capítulo más volátil. Es un régimen que ha perdido a su figura paterna y a su estratega más capaz en cuestión de semanas. Como enseña la historia, cuando los puentes como el que construyeron Solana y Larijaní desaparecen, la única forma de cruzar el río es nadando entre sangre. El mundo debería prepararse para un Teherán al que ya no le importa la lógica, sino únicamente la fría y violenta supervivencia. Años después, incluso cuando Larijaní ya no era el negociador jefe, Solana seguía refiriéndose a él como el termómetro real de lo que pensaba el establishment iraní. De hecho, cuando se negoció el acuerdo de 2015, el espíritu de aquellas conversaciones de 2006 revivió la idea de que Irán necesitaba una garantía de dignidad tanto como una garantía económica.
Presidente Trump:

Tras una larga reflexión, he decidido dimitir de mi cargo como director del Centro Nacional Antiterrorista, con efecto inmediato.

No puedo, en conciencia, respaldar la guerra en curso en Irán. Irán no suponía una amenaza inminente para nuestra nación y está claro que iniciamos esta guerra por la presión de Israel y de su influyente lobby en Estados Unidos.

Comparto los valores y la política exterior con los que hizo campaña en 2016, 2020 y 2024, y que aplicó durante su primer mandato. Hasta junio de 2025, usted entendía que las guerras en Oriente Medio eran una trampa que arrebataba a Estados Unidos las valiosas vidas de nuestros compatriotas y agotaba la riqueza y la prosperidad de nuestra nación.

En su primera administración, entendió mejor que cualquier presidente moderno cómo aplicar de forma decisiva el poder militar sin arrastrarnos a guerras interminables. Lo demostró con la muerte de Qasem Soleimani y con la derrota de ISIS.

Al inicio de esta administración, altos cargos israelíes y miembros influyentes de los medios estadounidenses desplegaron una campaña de desinformación que socavó por completo su plataforma America First y alimentó un clima favorable a la guerra para impulsar un conflicto con Irán. Esa cámara de eco se utilizó para hacerle creer que Irán representaba una amenaza inminente para Estados Unidos y que, si atacaba en ese momento, había una vía clara hacia una victoria rápida. Eso era falso y responde a la misma táctica que Israel utilizó para arrastrarnos a la desastrosa guerra de Irak, que costó a nuestra nación la vida de miles de nuestros mejores hombres y mujeres. No podemos repetir ese error.

Como veterano que fue desplegado en combate en once ocasiones y como viudo Gold Star que perdió a su amada esposa Shannon en una guerra promovida por Israel, no puedo respaldar el envío de la próxima generación a luchar y morir en una guerra que no aporta ningún beneficio al pueblo estadounidense ni justifica el coste en vidas estadounidenses.

Rezo para que reflexione sobre lo que estamos haciendo en Irán y para quién lo estamos haciendo. El momento de actuar con determinación es ahora. Puede rectificar y trazar un nuevo rumbo para nuestra nación, o puede permitir que sigamos deslizándonos hacia el declive y el caos. Usted tiene las cartas.

Ha sido un honor servir en su Administración y servir a nuestra gran nación.

Joseph Kent.
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