Caracas, 3 de enero de 2026, 2:00 hora local. Mientras la capital venezolana dormía, el cielo se iluminó con destellos anaranjados. Al menos siete explosiones sacudieron la ciudad en apenas treinta minutos, acompañadas del rugido de 150 aeronaves estadounidenses que sobrevolaban a baja altura objetivos militares estratégicos. En Fuerte Tiuna, el complejo militar más grande del país, soldados venezolanos se despertaron no al sonido de la corneta, sino al estruendo de bombas. En el Palacio de Miraflores, el presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores fueron extraídos de su residencia por el Delta Force, la unidad de élite que en 2019 eliminó al líder del ISIS, Abu Bakr al-Baghdadi. Horas después, Donald Trump publicaba en Truth Social una fotografía de Maduro, esposado, a bordo del USS Iwo Jima. Veinticuatro horas después, Maduro se encontraba encarcelado en el Metropolitan Detention Center de Brooklyn, procesado por cargos de narcotráfico ante tribunales federales estadounidenses.
La operación en detalle
La Operación Absolute Resolve, aprobada por Trump días antes y pospuesta únicamente por condiciones meteorológicas que dieron prioridad a ataques contra ISIS en Nigeria, fue quirúrgica. Además de Fuerte Tiuna, fueron alcanzados la Base Aérea La Carlota, el aeropuerto de Higuerote, el puerto de La Guaira, las antenas de comunicación en el Cerro El Volcán, el Cuartel de la Montaña en Catia, el Palacio Federal Legislativo y la Base n.º 3 de F-16 en Barquisimeto. Trump aprobó una segunda oleada de ataques, pero declaró que la primera fue tan letal que no fue necesaria. Dos soldados estadounidenses resultaron heridos.
"La Operación Absolute Resolve, aprobada por Trump días antes y pospuesta únicamente por condiciones meteorológicas que dieron prioridad a ataques contra ISIS en Nigeria, fue quirúrgica"
La captura de Maduro fue una operación de precisión. El Delta Force extrajo al mandatario y a su esposa de su residencia, transportándolos en helicóptero. Trump, en una entrevista con Fox News, describió la operación como "brillante" y "extraordinaria". El presidente estadounidense vio la operación "como si fuera una película".
Las causas del ataque se remontan a años de escalada. Desde marzo de 2020, un gran jurado del Distrito Sur de Nueva York imputó a Maduro por conspiración para el narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y conspiración para violar leyes estadounidenses. La recompensa por su captura fue duplicada hasta cincuenta millones de dólares, la más alta jamás ofrecida por un líder extranjero. Entre septiembre y diciembre de 2025, Estados Unidos atacó más de treinta embarcaciones venezolanas acusadas de tráfico de drogas, causando al menos 115 muertes. El 27 de diciembre, la CIA ejecutó ataques con drones contra instalaciones portuarias.
Pero la acusación de narcoterrorismo enmascara intereses geoestratégicos más profundos. Venezuela posee las mayores reservas petroleras del mundo, aproximadamente 300.000 millones de barriles y la sexta reserva mundial de gas natural. Trump ha declarado explícitamente que "nos quitaron nuestro petróleo y queremos que nos lo devuelvan", en referencia a la nacionalización de 2007, cuando Chávez expulsó a ExxonMobil de la Faja Petrolífera del Orinoco. Además, Venezuela controla la Faja Minera del Orinoco, con yacimientos de oro, coltán y tierras raras vitales para la tecnología moderna. En un contexto de guerra comercial con China, que domina el 70% de la extracción y el 87% del procesamiento de tierras raras, el control de estos minerales venezolanos constituye un objetivo estratégico de primer orden para Washington.
La intervención es tanto sobre el control político como sobre la apropiación económica de recursos estratégicos, reflejando la lógica transaccional que define la diplomacia de Trump. Las relaciones internacionales no son marcos de cooperación multilateral, sino negociaciones comerciales donde los recursos naturales de un país son moneda de cambio y donde la capacidad militar garantiza el acceso a esos activos. Para Trump, Venezuela no es un problema geopolítico abstracto, sino una oportunidad de inversión: miles de millones en petróleo, oro y tierras raras que pueden ser extraídas por corporaciones estadounidenses en lugar de quedar bajo control chavista o, peor aún, bajo influencia china. Trump confirmó explícitamente que "vamos a estar muy fuertemente involucrados" en la industria petrolera venezolana, con "las mayores compañías petroleras del mundo" estadounidenses inyectando "miles de millones de dólares".
El efecto dominó de la intervención en Venezuela trasciende América Latina. Para Cuba es una pérdida catastrófica de su principal aliado económico. Los 50.000 barriles diarios de petróleo venezolanos que mantienen a flote la economía cubana desaparecen de la ecuación, dejando a La Habana en vulnerabilidad extrema. El presidente cubano denunció el "criminal ataque", pero su capacidad de respuesta es limitada: sin apoyo venezolano, enfrenta un futuro de aislamiento aún más profundo. Para Irán, Maduro era un socio clave para contrarrestar la influencia estadounidense en el hemisferio occidental. Teherán ha condenado la operación como "flagrante violación de soberanía", pero su capacidad para proyectar poder más allá de Medio Oriente se ve seriamente comprometida.
"Inmersa en Ucrania y con capacidad limitada para proyectar fuerza en el Caribe, Rusia apenas puede ofrecer apoyo diplomático"
Rusia enfrenta un dilema más profundo. La intervención golpea su influencia en América Latina y sienta un precedente peligroso para su modelo de apoyo a regímenes autoritarios. Inmersa en Ucrania y con capacidad limitada para proyectar fuerza en el Caribe, apenas puede ofrecer apoyo diplomático. La operación demuestra que Washington puede desplegar fuerza militar masiva sin consecuencias militares directas, invirtiendo la ecuación de poder que Putin intentó establecer.
China ve cerrarse el acceso a minerales de tierras raras cruciales en su rivalidad con Estados Unidos. Aunque domina la producción mundial de estas materias primas, no puede evitar que Washington controle el acceso a ellas en su hemisferio. Como señaló el analista norteamericano Gordon Chang, "China no puede proteger a Caracas del poder duro estadounidense". Esta afirmación sintetiza la realidad contemporánea, en la que incluso la mayor potencia económica del mundo es incapaz de competir con la superioridad militar de Estados Unidos cuando Washington actúa en su entorno geográfico inmediato.
Para Europa, el efecto dominó es un recordatorio de la fragilidad del orden internacional. Si Washington puede intervenir militarmente en Venezuela sin mandato de la ONU, ¿qué impide a Moscú justificar intervenciones similares en países de su esfera de influencia? La erosión del principio de no intervención debilita el marco jurídico que Europa ha invocado para limitar el uso de la fuerza en Ucrania y otros conflictos.
La transición a un futuro post–Maduro
En un giro inesperado, el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela designó a Delcy Rodríguez como presidenta interina por noventa días, prolongables por otro período similar, justificando la medida como "protección del Estado" ante la "agresión extranjera". Sin embargo, Rodríguez declaró públicamente que "hay un solo presidente, Nicolás Maduro", mientras dirigía el Consejo de Defensa Nacional junto a Padrino López, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez. Trump afirmó que Rodríguez "está dispuesta a colaborar" con su plan y confirmó que Marco Rubio ya ha conversado "largamente" con ella.
Para asegurar la transición, Trump ha adoptado una estrategia de ocupación temporal. Declaró públicamente que Estados Unidos "va a dirigir el país hasta que haya una transición segura, apropiada y juiciosa". Esto sugiere planes para supervisar elecciones, aunque la ambigüedad del lenguaje dejaba abierta la puerta a la ocupación prolongada si surgen complicaciones. Trump no ofreció garantías explícitas de que cesarían las operaciones militares durante un proceso de transición negociado.
"Machado lanzó un comunicado titulado «Llegó la hora de la libertad», instando a Edmundo González Urrutia a asumir «de inmediato» su mandato constitucional como presidente electo"
María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025, emergió como figura central en la transición. Machado lanzó un comunicado titulado "Llegó la hora de la libertad", instando a Edmundo González Urrutia a asumir "de inmediato" su mandato constitucional como presidente electo. González Urrutia, en el exilio, compartió el comunicado afirmando: "Venezolanos, son momentos decisivos, sepan que estamos listos para la gran operación de la reconstrucción de nuestra nación".
Sin embargo, la transición enfrenta grandes obstáculos. Diosdado Cabello, primer vicepresidente del PSUV considerado el hombre fuerte del régimen, permanece en Venezuela junto con el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López y el fiscal general, Tarek William Saab. La cúpula militar, los servicios de inteligencia ligados a Cuba y las milicias bolivarianas constituyen fuerzas que podrían resistir una transición hacia la democracia.
Calculando riesgos desde Europa
La reacción europea ha sido de prudencia diplomática sin respaldo explícito a la intervención. Kaja Kallas, Alta Representante de Asuntos Exteriores de la UE, hizo un llamamiento a la moderación tras contactar con el secretario de Estado, Marco Rubio, subrayando que "en cualquier circunstancia, deben respetarse los principios del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas". Ursula von der Leyen declaró que en la UE "respaldamos al pueblo de Venezuela y apoyamos una transición pacífica y democrática", pero insistió en que "cualquier solución debe respetar el derecho internacional".
España, bajo el presidente Pedro Sánchez y el ministro de exteriores José Manuel Albares, ha endurecido su posición el 4 de enero. Sánchez envió una carta a la militancia socialista "condenando con rotundidad la violación de la legalidad internacional en Venezuela", equiparando la intervención con "el sufrimiento de los pueblos de Ucrania y Palestina". Albares mantiene contacto permanente con Edmundo González y ha activado el gabinete de crisis del ministerio, priorizando la seguridad de aproximadamente 154,767 ciudadanos españoles residentes en Venezuela.
"Los intereses europeos en Venezuela son múltiples y contradictorios. Una guerra civil podría generar una oleada migratoria con implicaciones directas para los sistemas de asilo europeos"
Los intereses europeos en Venezuela son múltiples y contradictorios. Primero, la seguridad de aproximadamente 70.000 a 100.000 ciudadanos españoles residentes en Venezuela, requiere evitar colapso del orden público. Segundo, el control migratorio: la crisis venezolana ha desplazado a 7,7 millones de personas, muchas con España como destino preferido por vínculos lingüísticos y culturales. Una guerra civil podría generar una oleada migratoria con implicaciones directas para los sistemas de asilo europeos. Tercero, los recursos estratégicos, una intervención que consolide el control estadounidense podría cerrar oportunidades europeas de inversión, particularmente para empresas como Repsol.
¿Qué debería hacer Europa? Existen tres acciones inmediatas. Primero, activar planes de evacuación de ciudadanos europeos y fondos de asistencia humanitaria para refugiados en Colombia y Brasil. Colombia ya desplegó 30,000 soldados en la frontera, señal de que la región anticipa deterioro. Segundo, asumir un papel de mediador creíble en una transición pacífica, aprovechando la credibilidad española con actores de todas las partes y ofreciendo supervisión electoral internacional. Tercero, reafirmar el compromiso con el derecho internacional sin condiciones, exigiendo que los aliados respeten los límites legales claros y evitando un doble rasero que erosione el multilateralismo.
Cuando Trump declaró que Estados Unidos va a dirigir el país hasta que llegue esa transición, dejó abiertas múltiples interpretaciones. Una interpretación optimista sugiere que la supervisión estadounidense durará hasta las elecciones nacionales en un plazo de sesenta a noventa días. Sin embargo, Trump también confirmó estar preparado para una segunda oleada de ataques más grande si fuera necesario, reduciendo significativamente el margen de maniobra para negociación. Analistas de Chatham House advertían que "si eso no ocurre, se anticipa una gran crisis" porque el grueso de las exportaciones venezolanas y de los ingresos en divisas dependen de esa infraestructura petrolera y logística hoy bajo presión y un estancamiento prolongado en la transición combinaría vacío de poder, disrupción económica y nueva ola migratoria masiva sobre una región ya tensionada.
Para España y la UE, esto significa tener una ventana crítica entre treinta y noventa días para establecer un papel constructivo complementando el poder duro de Washington. La evolución de la postura española de la cautela inicial a la condena explícita del 4 de enero sugiere que Europa está recalculando su estrategia ante una situación más amenazante de lo previsto. La cautela diplomática inicial necesita evolucionar rápidamente hacia la acción concreta: mediación, asistencia humanitaria, supervisión electoral y planes de reconstrucción institucional. Si no lo hace, quedará marginada en la determinación del futuro de un país que históricamente forma parte de su esfera de influencia. El desafío es urgente y la ventana para influir se cierra con cada hora que pasa.
El fin de una era y el comienzo de otra
La Operación Absolute Resolve no es solo el final del régimen de Nicolás Maduro, es un espejo que refleja la transformación del orden internacional. Cuando el presidente de la potencia más poderosa del mundo puede ordenar la captura de un jefe de Estado extranjero sin consultar a aliados, sin mandato de la ONU y sin consecuencias inmediatas, el sistema de reglas que ha gobernado las relaciones internacionales desde 1945 muestra sus fisuras irrecuperables.
"Para los venezolanos, este día puede representar la esperanza de recuperar la democracia y la dignidad después de años de sufrimiento. Pero también representa la humillación de ver a su país intervenido militarmente"
Para los venezolanos, este día puede representar la esperanza de recuperar la democracia y la dignidad después de años de sufrimiento. Pero también representa la humillación de ver a su país intervenido militarmente con su soberanía vulnerada por una decisión tomada en Washington. La tensión entre la liberación de un pueblo y la violación de la soberanía nacional no se resuelve fácilmente, es la paradoja central de nuestra era, donde la justicia y la legalidad internacional colisionan irremediablemente.
Para América Latina, el ataque confirma el regreso de la Doctrina Monroe con el rostro más agresivo del Corolario Trump. La región que había construido una arquitectura de integración basada en el principio de no intervención ve ahora cómo ese principio se desmorona ante la realidad del poder. En Europa, la lección es más incómoda. El continente que ha construido su identidad en el multilateralismo se encuentra impotente ante una acción que viola esos principios pero ejecuta su principal aliado de seguridad. Europa puede condenar, puede ofrecer mediación, pero no puede cambiar los hechos consumados.
El verdadero legado no se medirá por la captura de un hombre, sino por lo que venga después. Si Venezuela logra una transición democrática estable, podría ser recordada como catalizador de liberación. Si se hunde en el caos, como comienzo de la ocupación. Si la intervención militar se normaliza, como el día en que murió el orden internacional basado en reglas.