Martes, 28 de julio de 2026
POLÍTICA EXTERIOR EUROPEA

El dilema europeo ante el hundimiento de Irán

El desmoronamiento de Irán no es solo un fracaso geopolítico, sino una crisis de supervivencia elemental que Europa no podrá ignorar. En este análisis, Antonio Legaz, experto en seguridad e inteligencia, examina cómo la escasez de recursos y el aislamiento asfixian al régimen, subrayando que "cuando cae el agua en Teherán, las ondas llegan hasta Bruselas".

Antonio Legaz Antonio Legaz 13 de enero de 2026
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Protestas contra el régimen en Irán. | Social Media / Zuma Press / ContactoPhoto
Protestas contra el régimen en Irán. | Social Media / Zuma Press / ContactoPhoto
El 28 de diciembre de 2025, los comerciantes del Gran Bazar de Teherán cerraron sus negocios. Cuando el rial se desploma a 1.470.000 por dólar y la inflación supera el 60%, el comercio cotidiano se vuelve inviable. Lo que comenzó como un grito económico se ha transformado en el desafío más grave que ha afrontado la República Islámica desde 1979. Pero detrás de las cifras macroeconómicas, de la represión y de las amenazas de Trump, se esconde una verdad más profunda: Irán no se está desmoronando por la geopolítica, sino por la física elemental del agua.

"Europa observa desde la barrera un acontecimiento que redefinirá su seguridad energética y su posición en Oriente Medio"
Mientras miles de iraníes protestan en más de noventa ciudades, Europa observa desde la barrera un acontecimiento que redefinirá su seguridad energética y su posición en Oriente Medio. Porque si Irán cae, no caerá solo: podría arrastrar consigo el triángulo estratégico China-Rusia-Irán que desafía el orden liberal.

Las grietas del sistema 

Los embalses de Teherán operan al 11% de su capacidad. La presa de Lar, una de las cinco principales, está prácticamente seca. El presidente Masoud Pezeshkian lo expresó sin ambages: si no llueve antes de que termine el invierno, la ciudad de diez millones de habitantes podría tener que ser evacuada parcialmente. Este Día Cero no es una metáfora, es un horizonte de pocas semanas.

Irán atraviesa su sexto año consecutivo de sequía severa, agravada por una gestión catastrófica. En lugar de usar represas de superficie, el país apostó por agricultura intensiva bombeando agua subterránea para el cultivo del pistacho, trigo y arroz. El resultado ha sido que más del 70% de las reservas de agua subterránea de Teherán están agotadas. El terreno se hunde a cuarenta centímetros al año en algunas provincias, destruyendo su infraestructura agrónoma. Irónicamente, el 25% del agua se pierde en fugas de una red centenaria que nunca se modernizó, mientras el régimen invertía en programas nucleares y proxies regionales.


Esta crisis ambiental coincide con el colapso económico más severo en décadas. El PIB nominal de Irán es 434.000 millones de dólares, situando la renta per cápita en 5.667 dólares, el 45% del promedio mundial. El país ha perdido más del 50% de su PIB desde 2011, antes de que las sanciones por su programa nuclear asfixiaran su economía. El 33% de los iraníes vive por debajo de la pobreza. La tasa de desempleo juvenil ronda el 20% y la mitad de los hombres entre veinticinco y cuarenta años están sin empleo.


El rial ha perdido más del 81% de su valor en un año. Para familias iraníes, el 45% de ingresos va al alquiler, mientras los precios de alimentos básicos se han disparado 70%. Las protestas desde el 28 de diciembre han dejado al menos quinientos muertos y más de 2.260 detenidos. Por primera vez desde 1979, los consignas no piden reformas, sino abolición total del régimen: "Muerte al dictador" y "Jamenei será derrocado este año" resuenan en noventa ciudades.

El ocaso del eje de resistencia

En junio de 2025, Estados Unidos e Israel ejecutaron la Operación Martillo de Medianoche, destruyendo plantas de enriquecimiento de uranio en Fordow y Natanz. El ataque eliminó capacidades nucleares iraníes y mató a científicos y comandantes de la Guardia Revolucionaria.

Pero la verdadera debacle llegó en diciembre de 2024, cuando Bashar al-Assad se desmoronó en 12 días. Irán había invertido miles de millones y desplegado la Guardia Revolucionaria para mantenerlo en el poder. Siria era el puente terrestre del Eje de Resistencia, permitiendo enviar armas a Hezbolá en Líbano. Con la caída de Assad, ese corredor se cortó. Hezbolá quedó gravemente debilitado tras la escalada israelí de septiembre de 2024, que asesinó a Hassan Nasrallah. Hamas firmó el plan de paz de Trump, desarmándose efectivamente. Incluso los hutíes de Yemen se han distanciado de Irán, admitiendo funcionarios iraníes haber perdido el control sobre ellos.


"Para Europa, el desmoronamiento del orden regional liderado por Irán representa riesgos y oportunidades, pero la UE carece de herramientas para capitalizarlas"
Para Europa, el desmoronamiento del orden regional liderado por Irán representa riesgos y oportunidades, pero la UE carece de herramientas para capitalizarlas. Los europeos fueron excluidos de negociaciones sobre el programa nuclear antes del bombardeo de junio de 2025 y no fueron informados previamente de los ataques israelíes. Como señaló el analista Claude Moniquet, esto refleja "el deterioro de la relación" con Israel, que ya no considera a Reino Unido o a los principales países europeos como "socios fiables", debido al "menguante poder militar europeo".


Europa carece de capacidad de proyección de fuerza en Oriente Medio. Mientras Estados Unidos mantiene la Quinta Flota en Bahréin y bases aéreas en la región, la presencia militar europea es testimonial. Esta ausencia estratégica condena a Bruselas a reaccionar ante el acontecimiento que afectan sus intereses, pero sin influencia. El colapso iraní podría ofrecer una ventana para reconstruir las relaciones comerciales con gobierno posislamista en Teherán (Irán tiene clase media educada, recursos energéticos y una posición geoestratégica valiosa), pero sin presencia diplomática robusta ni capacidades de mediación creíbles, Europa llegará tarde a una conversación dominada por Washington, Tel Aviv, Riad y Ankara.


En el plano energético, aunque Europa no depende directamente del petróleo o gas iraní, el desmoronamiento podría provocar crisis en el estrecho de Ormuz, por donde pasa 20% del petróleo mundial. Si Irán bloquea el tránsito de crudo, los precios internacionales se dispararían, golpeando las economías europeas aún en recuperación pos-Ucrania. Irán actualmente exporta 90% de su petróleo a China. Su colapso podría debilitar el triángulo China-Rusia-Irán, ofreciendo un respiro a Europa, pero también generaría volatilidad energética que afectaría precios del GNL que Europa compra masivamente.

Trump, Netanyahu y el cambio de régimen

Donald Trump ha sido inequívoco: amenazó con "ir al rescate" de manifestantes iraníes si el régimen los reprime violentamente. Esto forma parte de estrategia más amplia para imponer cambio de régimen instrumentalizando demandas sociales internas. Netanyahu, por su parte, ha dejado caer posibilidad de acabar con Ali Jamenei y derrocar el régimen. En Mar-a-Lago, planteó a Trump nuevos ataques en 2026 contra sistemas de defensa y capacidades de misiles balísticos.

Netanyahu ha detectado el momento de máxima debilidad del régimen iraní tras caída de Assad y el debilitamiento de Hezbolá y Hamas. Trump se muestra dispuesto a respaldar a Israel hasta cierto punto, aunque parece preocupado por no verse arrastrado a guerra sin final claro. La presión externa ha debilitado militarmente a la República Islámica, pero también permitió reforzar narrativa de asedio externo y endureciendo control interno.


Europa observa este juego de poder entre Washington, Tel Aviv y Teherán sin voz propia. Su compromiso con la diplomacia y el derecho internacional, aunque moralmente consistente, resulta políticamente irrelevante cuando las decisiones se toman mediante bombardeos y amenazas militares. Bruselas podría ofrecer ayuda humanitaria para la crisis del agua, generando capital político con la población iraní, pero no ha articulado una propuesta concreta.


"La preocupación europea inmediata es la seguridad interna. Irán podría responder con actos de terrorismo en territorio europeo"
La preocupación europea inmediata es la seguridad interna. Irán podría responder con actos de terrorismo en territorio europeo mediante células de Hezbolá o células iraníes, amenazando comunidades judías, intereses diplomáticos y comerciales israelíes.

Cuando Oriente Medio llama a la puerta europea

El colapso de Irán no será triunfo de la presión occidental, sino fracaso de modelo político que priorizó ideología sobre administración, proxies sobre ciudadanos y armas nucleares sobre tuberías de agua. Un régimen que prometió justicia social muere asfixiado por su incompetencia en lo elemental: dar de beber a su pueblo.

Europa debe extraer lecciones profundas de lo que ocurre en Teherán. La estabilidad de las sociedades no se mide únicamente en balances militares o acuerdos diplomáticos, sino en la capacidad elemental de los Estados de proveer servicios básicos a sus ciudadanos: agua, electricidad, alimentos, empleo… Cuando un régimen invierte miles de millones en armas nucleares y proxies regionales mientras sus ciudadanos no pueden beber agua ni comprar pan, ha perdido ya la partida, sin importar cuánta represión acumule


La marginalidad estratégica europea en Oriente Medio no es un accidente, sino el resultado predecible de décadas de desinversión en capacidades de defensa, de fragmentación política y de delegación de la seguridad en aliados que cada vez tienen menos paciencia con las vacilaciones de Bruselas. En el siglo XXI, las crisis humanitarias y las crisis geopolíticas no son fenómenos separados, son dos caras de la misma moneda y Europa debe aprender a leerlas como tal.


"La irrelevancia de Europa en la región MENA no es un fracaso: es una limitación que debe aceptarse, canalizando energías hacia donde Europa sí tiene poder efectivo"
Pero hay una verdad incómoda que Europa debe confrontar. Bruselas es irrelevante en la región MENA y quizá no debería pretender serlo. La historia demuestra que la presencia militar europea en la región genera más costos políticos internos que beneficios estratégicos. La intervención francesa en Libia, la participación española en Irak, los esfuerzos diplomáticos fallidos en Siria, el acuerdo nuclear iraní (JCPOA) que Washington descartó unilateralmente: todos estos episodios muestran que Europa carece de capacidad de ejecución en una zona donde solo importan la fuerza bruta y las alianzas bilaterales con potencias hegemónicas. Una Europa que gasta decenas de miles de millones en defensa pero sigue siendo incapaz de frenar a Rusia en Ucrania, que no puede garantizar la seguridad de sus fronteras mediterráneas, que carece de una política de defensa verdaderamente integrada, no tiene el lujo de jugar a potencia regional en Oriente Medio. La irrelevancia de Europa en la región no es un fracaso: es una limitación que debe aceptarse, canalizando energías hacia donde Europa sí tiene poder efectivo.


Sin embargo, el colapso de Irán no es un asunto distante que Bruselas puede ignorar. Los efectos económicos, migratorios y de seguridad llegarán inevitablemente a las fronteras europeas. Si millones de iraníes huyen de la represión o del caos, las migraciones forzadas presionarán sobre Turquía, el Mediterráneo y, finalmente, sobre Europa. Europa no puede ser espectadora de estas consecuencias. Lo que sí puede hacer la UE es prepararse defensivamente: reforzar sus servicios de inteligencia, coordinar mejor entre Estados miembros para anticipar amenazas terroristas, desarrollar planes de contingencia para crisis energéticas y migratorias, y construir canales diplomáticos informales con actores regionales clave (Turquía, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos) que sí tienen influencia sobre lo que ocurra después del colapso iraní.


Si Teherán se queda sin agua, esa catástrofe humanitaria señalará la reconfiguración más profunda del orden regional de Oriente Medio en décadas. Europa depende de la estabilidad de esa región para su propia seguridad energética, para el control de rutas migratorias, para la seguridad del comercio en el Mediterráneo y para la prevención del terrorismo transnacional. En un mundo interconectado donde las crisis no respetan fronteras, cuando cae el agua en Teherán, las ondas llegan hasta Bruselas. La pregunta que Europa debe hacerse no es cómo recuperar su influencia perdida en Oriente Medio, sino cómo gestionar sus consecuencias.
Antonio Legaz
Antonio Legaz
Analista de defensa e inteligencia en una empresa del sector de la defensa
Participación