Martes, 28 de julio de 2026
GEOPOLÍTICA EN CÁDIZ

El mundo se cierra, Gibraltar se abre

En un momento de repliegue global donde se levantan muros, la frontera sur de Europa desafía la inercia. La doctora en Historia y eurodiputada socialdemócrata Lina Gálvez analiza en este texto la "poesía geopolítica" del reciente pacto sobre el Peñón, que desplaza los controles fronterizos. Un "acuerdo funcional" que demuestra cómo la diplomacia pragmática puede derribar barreras y garantizar la prosperidad de sus 300.000 habitantes.

Lina Gálvez Muñoz Lina Gálvez Muñoz 9 de marzo de 2026
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La UE y Reino Unido anuncian un acuerdo. | Francisco J. Olmo / Europa Press / ContactoPhoto
La UE y Reino Unido anuncian un acuerdo. | Francisco J. Olmo / Europa Press / ContactoPhoto
El mundo se cierra y Gibraltar se abre. Parece una poesía geopolítica. Mientras el mundo se repliega, es bombardeado, levanta muros, cierra fronteras y bloquea estrechos, la verja de Gibraltar desaparece y la comarca del Campo de Gibraltar, con sus 300.000 habitantes, vuelve a ser ese espacio casi único de intercambio de personas, bienes y familias que siempre debió ser.

La provincia de Cádiz es un microcosmos de fronteras que ahora serán algo menos marcadas a pesar de Trump. Sobrevolar Cádiz es un curso de geopolítica. Cádiz es frontera sur de España con Marruecos y puerta de Europa hacia África. La provincia contiene Gibraltar, pero también la base naval de Rota, territorio bajo soberanía española, aunque de uso compartido con Estados Unidos en virtud de los acuerdos de cooperación en defensa. De un vistazo se ven demasiadas banderas para una sola tierra.

"La realidad cotidiana del Campo de Gibraltar siempre ha estado marcada por una intensa interdependencia familiar, social y económica entre ambos lados de la verja"
Desde el Tratado de Utrecht de 1713, Gibraltar ha sido uno de los contenciosos territoriales más persistentes de Europa. Sin embargo, la realidad cotidiana del Campo de Gibraltar siempre ha estado marcada por una intensa interdependencia familiar, social y económica entre ambos lados de la verja. Miles de trabajadores cruzan cada día la frontera para trabajar en el Peñón, mientras que Gibraltar depende en gran medida del entorno español para servicios, abastecimiento y mano de obra.

¿Qué cambia en Gibraltar tras el acuerdo entre España, el Reino Unido y la UE?

El Brexit introdujo una enorme incertidumbre en ese delicado equilibrio. Tanto Gibraltar como Irlanda del Norte votaron abrumadoramente por permanecer en la Unión Europea en el referéndum de 2016 —96% en Gibraltar—, pero se vieron obligados a abandonarla por el resultado general del Reino Unido. Durante casi una década, la posibilidad de una frontera dura ha amenazado con alterar profundamente la economía y la vida cotidiana de la región.

Y ahora, en el marco del acercamiento entre el Reino Unido y la Unión Europea, y gracias a una buena labor diplomática de España, se ha anunciado un acuerdo político definitivo sobre Gibraltar entre España, el Reino Unido y la UE. Aunque el tratado deberá ser ratificado por el Parlamento británico y el Parlamento Europeo, el principio político ya está claro: evitar la aparición de una frontera rígida entre Gibraltar y la Unión Europea tras el Brexit.

El acuerdo se basa en una solución institucional singular y hasta creativa. Los controles correspondientes al espacio Schengen no se realizarán en la verja terrestre, sino en el puerto y el aeropuerto de Gibraltar. Allí serán las fuerzas y cuerpos de seguridad españoles quienes ejerzan los controles de pasaportes en nombre de la Unión Europea. De esta manera, la frontera exterior del espacio Schengen se desplaza físicamente a los puntos de entrada al territorio gibraltareño, evitando controles en la línea terrestre con La Línea de la Concepción.

"España no renuncia a su reivindicación histórica sobre Gibraltar, mientras que el Reino Unido conserva la administración del territorio"
Al mismo tiempo, el acuerdo mantiene intactas las posiciones jurídicas de España y el Reino Unido sobre la soberanía. España no renuncia a su reivindicación histórica sobre Gibraltar, mientras que el Reino Unido conserva la administración del territorio. Se trata, en términos diplomáticos, de un acuerdo funcional que permite gestionar los problemas prácticos sin resolver el contencioso histórico. Un pacto,
en cierto sentido, subóptimo, en el que ambas partes han realizado concesiones técnicas para alcanzar un consenso pragmático.

Uno de los aspectos más sensibles ha sido la situación de los más de 15.000 trabajadores transfronterizos. La economía del Campo de Gibraltar está profundamente entrelazada con la del Peñón, y cualquier alteración brusca de la movilidad habría tenido efectos sociales y económicos significativos. El acuerdo prevé garantizar la libre circulación de trabajadores, reforzar la coordinación en materia de seguridad social y establecer mecanismos de cooperación para la formación y el empleo.

También se abordan algunas de las principales fuentes de fricción económica entre Gibraltar y su entorno. El tratado contempla una progresiva convergencia fiscal mediante la introducción en Gibraltar de un impuesto indirecto equivalente al IVA, que comenzará aproximadamente en el 15% y avanzará hacia niveles similares a los europeos. Este alineamiento busca reducir distorsiones en sectores como el comercio de tabaco o combustibles, donde históricamente han existido importantes diferencias regulatorias.

En materia de mercancías, Gibraltar se integrará funcionalmente en el sistema aduanero europeo. España realizará los controles aduaneros de los bienes que entren en el territorio, mientras que el acuerdo establece mecanismos de supervisión destinados a evitar prácticas de competencia desleal y a garantizar el cumplimiento de la normativa comunitaria.

El texto también introduce mecanismos de cooperación medioambiental en un espacio especialmente sensible desde el punto de vista ecológico. La protección del entorno marino del Estrecho —incluida la Zona de Especial Conservación del Estrecho Oriental, integrada en la Red Natura 2000— ha sido durante años motivo de tensiones entre Gibraltar y España, especialmente en relación con actividades como el bunkering o los rellenos sobre la superficie marina. El nuevo marco prevé mecanismos conjuntos de evaluación de impacto ambiental y una mayor convergencia con los estándares europeos de protección ambiental.

"Se trata de soluciones institucionales complejas, diseñadas para conciliar realidades políticas contradictorias con la necesidad de preservar la estabilidad regional"
El acuerdo se inscribe además en una lógica más amplia de gestión pragmática de las consecuencias del Brexit. Al igual que el Protocolo de Windsor para Irlanda del Norte, busca evitar una frontera dura en un territorio particularmente sensible desde el punto de vista económico y social. En ambos casos se trata de soluciones institucionales complejas, diseñadas para conciliar realidades políticas contradictorias con la necesidad de preservar la estabilidad regional.


Pero más allá de su complejidad jurídica, el acuerdo tiene también una dimensión profundamente humana. El Campo de Gibraltar es una comarca donde las relaciones familiares, sociales y económicas cruzan diariamente la frontera. Durante décadas, la verja ha sido al mismo tiempo una barrera política y un punto de contacto cotidiano entre dos comunidades profundamente entrelazadas.

El nuevo marco de cooperación pretende sustituir una lógica de confrontación por otra de prosperidad compartida. Si funciona como está previsto, el acuerdo permitirá consolidar un espacio transfronterizo más integrado, donde la movilidad de personas y mercancías contribuya a reforzar la estabilidad económica de una región históricamente marcada por el desempleo y las desigualdades territoriales.

En un momento en que gran parte del mundo vuelve a levantar muros y a endurecer fronteras, el caso de Gibraltar ofrece un ejemplo poco habitual de cooperación pragmática. La diplomacia no siempre resuelve los conflictos históricos, pero puede hacerlos gestionables. Y cuando lo hace, las primeras beneficiarias suelen ser las personas que viven en esos territorios fronterizos. Es un buen acuerdo para Andalucía, el Campo de Gibraltar y el Peñón.

El día que desaparezca la verja será, sin duda, un día de abrazos entre familiares y trabajadores acostumbrados a cruzarla cada mañana. Pero también será una pequeña victoria de la diplomacia en un mundo cada vez más inclinado hacia el conflicto, el repliegue y la ley del más fuerte.
Lina Gálvez Muñoz
Lina Gálvez Muñoz
Europarlamentaria por el PSOE del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas
Catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Es doctora por el Instituto Universitario Europeo de Florencia y ha sido profesora de las universidades de Reading, Sevilla y Carlos III, y como profesora visitante de la Universidad de Oxford. Dirige el observatorio de igualdad GEP&DO y los másters universitarios en Género e Igualdad y el de Derechos Humanos, Interculturalidad y Desarrollo. Su investigación se ha centrado en el análisis de las desigualdades, especialmente las de género; el análisis de los tiempos y los trabajos en los mercados y las familias; así como los efectos de género de las crisis económicas y las políticas de austeridad.
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