En la última década hemos observado una notable brecha rural-urbana en términos políticos en la mayoría de las democracias occidentales. Los resultados del referéndum del Brexit y de las elecciones estadounidenses de 2016 trazaron un claro patrón de voto que se ha ido reproduciendo también en otros lugares y que se puede resumir en la idea de que aquellas opciones políticas antisistema, populistas y de derecha radical suelen exhibir más apoyos en las zonas rurales que en entornos urbanos. Ante la sospecha de estar presenciando la reaparición de la división rural-urbana —que parecía bastante aletargada—, numerosas investigaciones académicas han puesto el foco en las razones que se esconden tras este fenómeno. La conclusión principal es que estamos atravesando una ola de malestar rural que se manifiesta en una mayor desconfianza hacia las instituciones políticas, un mayor sentimiento de marginación y exclusión, e incluso una mayor insatisfacción con la propia democracia como régimen.
Para abordar esta realidad, los científicos sociales empleamos el concepto de resentimiento rural, que se entiende como la percepción, entre la población del campo, de ser víctima de tres agravios en comparación con la población urbana: no recibir una cantidad justa de recursos, no tener suficiente influencia política y no ver respetados sus valores y estilo de vida. En otras palabras, estos ciudadanos consideran que el sistema y las élites se rigen desde, por y para lo urbano. Y, como respuesta, los habitantes de estos llamados "lugares que no importan" se cobran la revancha en las urnas.
"En nuestro país, hemos visto en la última década cómo las reivindicaciones de la llamada España Vaciada se han hecho un hueco en la agenda política y alcanzaron su momento culminante en 2019"
Este es un retrato simplificado de un fenómeno que, pese a presentar muchas similitudes entre las distintas democracias occidentales, se expresa con matices en cada lugar. En nuestro país, hemos visto en la última década cómo las reivindicaciones de la llamada España Vaciada se han hecho un hueco en la agenda política y alcanzaron su momento culminante en 2019. En vísperas de los comicios generales de abril, tuvo lugar en Madrid la masiva manifestación bajo el lema "La Revuelta de la España Vaciada" y, tras la repetición electoral en noviembre, se produjo la entrada de la plataforma Teruel Existe en las Cortes. A este logro le seguiría la obtención de escaños en sus respectivas cámaras autonómicas, en 2022 y 2023, por parte de Aragón Existe y Soria ¡Ya!. Y luego Vox intentaría también, con un éxito nada desdeñable, sacar rédito del malestar rural. Estos hitos, muy bien proyectados por los medios de comunicación, nos llevarían a ubicar en el debate público el triángulo vicioso que conforman la despoblación, el declive de oportunidades económicas y la escasez de infraestructuras y servicios básicos en buena parte de la España interior.
De acuerdo con el Comité Europeo de las Regiones, los servicios públicos se encuentran entre las tres mayores preocupaciones de los ciudadanos europeos, especialmente entre aquellos que residen en entornos rurales. Por otro lado, según la base de datos de expertos Varieties of Democracy (V-Dem), en 2023 España era, con diferencia, el país de la Europa occidental en el que el acceso a servicios públicos básicos era más desigual entre áreas urbanas y rurales. Por tanto, ¿en qué medida podría este resentimiento tener una base objetiva?
Este estudio pretende aportar luz precisamente sobre la siguiente cuestión: ¿vivir en zonas rurales con peor acceso a servicios e infraestructuras esenciales incrementa el resentimiento? La provisión de servicios es uno de los resultados de la acción de cualquier gobierno más palpables y de mayor impacto en la vida diaria de la población, por lo que parece razonable que la escasez de estos alimente un mayor resentimiento entre aquellos que más la padecen. Para examinar esta relación, esta investigación se basa en datos de una encuesta realizada por un equipo de investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) a más de 1.400 residentes en zonas rurales, así como en indicadores procedentes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico sobre el acceso a varios servicios en el municipio de residencia de cada encuestado.
"Cuanto más difícil es el acceso a la sanidad, a la educación, a la autopista más cercana y a internet, mayor tiende a ser el nivel de resentimiento rural"
Los resultados de esta investigación apuntan a que, efectivamente, cuanto más difícil es el acceso a la sanidad, a la educación, a la autopista más cercana y a internet, mayor tiende a ser el nivel de resentimiento rural. No gozar de los servicios más elementales para desarrollar un proyecto de vida en las mismas condiciones que el resto equivale a sentir que no todos los ciudadanos tienen los mismos derechos. Si se compara el acceso a los servicios con otras variables que pueden influir sobre el resentimiento rural, se observa que solo aparecen dos con un efecto de magnitud similar: por un lado, una mayor tasa de despoblación también está relacionada positivamente con el resentimiento, mientras que, por otro lado, haber votado a los partidos que ostentan el gobierno central (PSOE y Sumar) lo reduce. En cambio, características sociodemográficas como la edad, el sexo, el nivel educativo o de ingresos, y la ideología muestran efectos más pequeños y casi nunca estadísticamente significativos.
Gráfico 1. Efectos del acceso a cada uno de los servicios en el resentimiento rural, en comparación con otras variables relevantes
Nota: Todas las variables independientes y de control están estandarizadas en todos los modelos.
Pero, ¿importan todos los servicios por igual? Al compararlos, se aprecia que el acceso a la sanidad es el que presenta un efecto mayor. Concretamente, aquellos ciudadanos que viven en municipios en los que no hay ni un dispensario médico se muestran 0,23 puntos (en una escala de uno a cinco) más resentidos que aquellos que residen en un pueblo que cuenta con un centro de salud. Otros indicadores de acceso a la sanidad empleados, como la distancia al hospital más cercano o la presencia de dentista, farmacia y óptica en el municipio, apuntan en la misma dirección. En términos relativos, a la sanidad le siguen, por este orden, la educación (con poca diferencia), las autopistas y, en último lugar, internet.
Gráfico 2. Efectos del acceso a los servicios sobre el resentimiento rural
Nota: Cada modelo corresponde a un servicio. Todas las variables independientes y de control están estandarizadas en todos los modelos.
Los análisis también desvelan que, en parte, el efecto del acceso a los servicios sobre el resentimiento entre los habitantes rurales está mediado por su grado de satisfacción con los mismos. En otras palabras, el contar con más dificultades para gozar de ellos se traduce en una mayor insatisfacción con los servicios y esto, a su vez, deriva en más resentimiento. Este mecanismo radicaría en evaluaciones actuales, probablemente basadas en comparaciones con la situación en otros entornos y no tanto en una evaluación retrospectiva, pues la percepción nostálgica de que su pueblo era un mejor lugar en el pasado no parece actuar como un mecanismo significativo.
En definitiva, este estudio demuestra que el resentimiento rural no bebe tan solo de percepciones subjetivas de agravio, sino también de unas desigualdades objetivas en el acceso a servicios e infraestructuras clave, fruto de criterios que priorizan la eficiencia económica. Esta constatación, no obstante, puede interpretarse como una oportunidad para las instituciones: en las políticas públicas puede haber una vía para desinflamar una de las brechas que más tensiona las democracias actuales. Y, pese al ruido y la contaminación por la política nacional, el ciclo de elecciones autonómicas de este invierno —Extremadura, Aragón y Castilla y León, tres regiones muy rurales— también podría haber ido de esto.
Basado en: García del Horno, Rubén (2026). ‘There is nothing here! Unequal access to services and rural resentment in Spain’. Political Geography, 126, 103504.