Jueves, 30 de julio de 2026
MOMENTO ESPAÑA

¿A quién representan los diputados: al partido, a los votantes o a su propia conciencia?

Los investigadores de la UNED Xavier Coller y Carles Pàmies responden a la pregunta clásica de la representatividad con datos inéditos tras encuestar a 515 parlamentarios españoles. Su análisis revela que mientras la disciplina de voto impera en el 60% de los casos, son los partidos tradicionales (PP y PSOE) los que más buscan representar la voluntad popular, mientras que la "nueva política" de Vox y Sumar tiende a imponer su propio criterio ideológico.

Xavier CollerCarles Pamies
Xavier Coller, Carles Pamies 11 de febrero de 2026
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Los autores aportan datos de encuesta sobre cómo sienten que representan los políticos a la ciudadanía. | © Unión Europea - Parlamento Europeo
Los autores aportan datos de encuesta sobre cómo sienten que representan los políticos a la ciudadanía. | © Unión Europea - Parlamento Europeo
Las elecciones en Extremadura, Aragón y Castilla y León, más las previstas de Andalucía en junio de 2026 nos ponen en un ciclo electoral intenso que no concluirá hasta que se celebren elecciones generales nuevamente. En cada elección, una nueva porción de parlamentarios (una media del 50% más o menos) pisan las cámaras por primera vez para representar… ¿A quién? Pues, por raro que parezca, hay una gran diversidad de percepciones acerca de a quién representa un diputado. Quizá convenga conocerlas un poco mejor, especialmente en medio de un ciclo electoral largo que apunta a renovación. En la representación política moderna intervienen varios factores que generan una tensión latente en nuestros representantes.

El eterno dilema entre obedecer al votante o a la propia conciencia

El debate clásico sobre la representación (recuerde a Burke) planteaba dos posturas básicas: la del "representante delegado" que resalta que el asambleísta, en su acción política, defiende la postura y preferencias de su electorado en una suerte de (ya en desuso) mandato imperativo; y la del "representante fiduciario" que señala que el parlamentario tiene unos criterios propios que activa en su quehacer político descansando en la confianza de los electores de que actuará en pro del bien común o interés general. Pitkin nos recordó que, además de a quién se representa, es importante fijarse en el quién y cómo se representa, que son las dimensiones descriptiva y sustantiva de la representación (que complementan a la formal y a la simbólica).

"Además de a quién se representa, es importante fijarse en el quién y cómo se representa, que son las dimensiones descriptiva y sustantiva de la representación"
El escenario se complica si incorporamos a la ecuación la interacción de elementos como las listas cerradas confeccionadas por los partidos —con criterios todavía generalmente oscuros— y la disciplina de partido en los parlamentos en el contexto de una creciente profesionalización de la política. Esta interacción suele generar lealtades o fidelidades al liderazgo o la oligarquía de turno, de quien suele depender la continuidad en la carrera política.

Hay, pues, varias respuestas posibles a la pregunta inicial. En su labor política, un representante político puede querer encarnar a los electores de una circunscripción, los votantes de su partido (en esa circunscripción o en general), al conjunto de la ciudadanía (bien común), al partido (programa electoral) o a la dirección del partido (generalmente en sintonía con la dirección del grupo parlamentario en el que actúa). No parece raro que la representación política esté sometida a tensiones ante, al menos, tres referentes principales: la supuesta posición u opinión del electorado, la posición del partido, y la autonomía de criterio del representante. No es extraño que la respuesta ante estas tensiones se concrete en una cierta teatralización en la acción política en las cámaras: el representante puede tener que defender posiciones fijadas por su grupo en las que no crea completamente, como se explica en La teatralización de la política en España (página 86 y siguientes).

Entendemos que la posición del electorado es un factor que complejiza aún más la situación: los electorados de cada partido, así como cada partido y más los grandes, no son homogéneos, sino que están atravesados por intereses, creencias, aspiraciones distintas, que pueden agregarse, entrar en competencia o ser contradictorias. A efectos prácticos, descansemos por el momento en la idea de que el político es un exégeta de la heterogénea voluntad popular y que, por tanto, en ausencia de encuestas solventes sobre cada tema, cuando hablamos de la "opinión" o "posición" del electorado, en realidad nos referimos a la percepción que el político tiene sobre lo que cree o piensa mayoritariamente su electorado o la ciudadanía.

El dato sorpresa: el 60% obedece al partido, pero los diputados del PP prefieren al elector

En el marco del estudio internacional Comparative Candidates Survey, un grupo de académicos hemos preguntado a una muestra de 515 parlamentarios españoles de las 19 cámaras de representación (28% del total) a quién debe representar un parlamentario y qué debería votar cuando entran en contradicción electores, partido y el criterio del parlamentario.



El principal hallazgo es la constatación de que los diputados y senadores en España tienen opiniones inclusivas sobre la representación, teniendo en cuenta que un parlamentario debería priorizar la representación del todo sobre la parte. El gráfico 1 muestra cómo las opciones más populares son las que tienden a aglutinar a un mayor número de personas, que la ciudadanía española debe priorizarse a la ciudadanía de la circunscripción y, a su vez, que a nivel de circunscripción esta ciudadanía habría que representarla prioritariamente a los votantes de la circunscripción. Por debajo de estos representados quedan los votantes del partido y la ciudadanía de la comunidad autónoma, en empate técnico, quedando muy lejos de estos dos grupos los miembros de grupos específicos, donde se facilitan como ejemplos los jóvenes, los ancianos y las mujeres, entre otros.

"Los diputados y senadores en España tienen opiniones inclusivas sobre la representación, teniendo en cuenta que un parlamentario debería priorizar la representación del todo sobre la parte"
Se plantearon al representante tres supuestos para que indicara cómo debería votar. Estos supuestos contraponen la "opinión del electorado" con la "opinión del partido", la del representante con la del electorado y la del representante con la del partido. Los datos agrupados por partidos mostrados en la tabla 1 señalan un panorama variado. En aquellos supuestos en los que interviene la "opinión del partido", la mayor parte de los representantes (60% frente al electorado y 77% frente al criterio del parlamentario) asume que el partido manda, aunque siempre con menos intensidad en el PP y con una salvedad en este partido: la mayoría de los parlamentarios de este grupo (52,5%) cree que en un caso de conflicto entre lo que opina el partido y lo que creen que opina su electorado, el representante debe votar con lo que señala el electorado.



Esta situación está en línea con la concepción mayoritaria que tienen los representantes del PP: el 77% (el más alto de los cuatro grandes partidos) piensa que "el político elegido debe tratar de descubrir lo que piensan los electores y trasladarlo a la política". Se trata de una posición habitualmente asociada al populismo político que está presente en los cuatro grandes partidos con intensidad diferente (69% en PSOE, 65% en el espacio Sumar/Podemos y 47% en Vox).

"Más de la mitad de los parlamentarios (57%) prefieren orientarse por las preferencias u opiniones percibidas de sus electores, aunque una amplia capa de representantes (43%) señalan preferir su propio criterio"
Cuando el partido desaparece de la ecuación y las alternativas son votar siguiendo la opinión del parlamentario o la que se percibe del electorado de su circunscripción, entonces las opciones están más parejas. Más de la mitad de los parlamentarios (57%) prefieren orientarse por las preferencias u opiniones percibidas de sus electores, aunque una amplia capa de representantes (43%) señalan preferir su propio criterio. Pero hay una diferencia importante que no es ideológica. La mayoría de los parlamentarios de los dos grandes partidos (PP y PSOE) prefieren seguir al electorado con más frecuencia que a su propio criterio político, mientras que una mayoría ajustada de representantes del espacio Sumar/Podemos y de Vox prefiere seguir su propio criterio.

La paradoja de la "nueva política": ¿por qué Vox y Sumar escuchan menos al votante que el bipartidismo?

Los datos dibujan un escenario complejo que no se ajusta necesariamente a lo que muchos podrían pensar de nuestros políticos. En primer lugar, y a la luz de los resultados, aquello de la "nueva" política tiene ya cada vez menos aspectos nuevos. De hecho, estos hallazgos nos llevan a pensar que son precisamente los partidos tradicionales los que piensan menos en representar a sus partidos, a pesar de ser los más institucionalizados. ¿Es esto un intento de los partidos tradicionales de abanderar de nuevo la representación de sus votantes? ¿Se ha potenciado la dimensión populista en estos partidos? Por otro lado, si los parlamentarios de los partidos con tendencias más populistas se repliegan hacia una representación con menos foco en el votante, ¿es esperable una reducción de la actitud populista en esa representación?

Con todo, los resultados nos invitan a pensar sobre en qué medida esta situación aparentemente contradictoria es un reflejo de pautas de contagio y de repliegue. Parece que los partidos tradicionales potencian características populistas a la vez que los partidos más nuevos se institucionalizan y se centran más en sus propios partidos que en la ciudadanía y votantes que confiaron en ellos. Ciertamente, tenemos aún mucho que aprender sobre cómo votamos, pero sin duda también bastante sobre en quién piensan nuestros políticos cuando votan en las cámaras.
Xavier Coller
Xavier Coller
Catedrático del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la UNED
Catedrático del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED, España). Es PhD por la Yale University (EE. UU.) y doctor por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha enseñado en varias universidades en España y Estados Unidos y ha sido 'visiting fellow' en las de Warwick, Berkeley, Harvard, Princeton, Université de Montpellier-1 y Luiss. Es el séptimo catedrático Príncipe de Asturias (Georgetown University) y corresponsal en España de la 'Comparative Candidates Survey'.
Carles Pamies
Carles Pamies
Profesor de Ciencia Política en la UNED y profesor asociado en Sciences Po (París)
Es doctor en Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Madrid y ha sido investigador posdoctoral en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC y en el Centre for European Studies and Comparative Politics (CEE - Sciences Po), 'visiting fellow' en la Universidad de Oxford (COMPAS) y ayudante de investigación en la Universidad de Lieja. Es especialista en élites políticas, partidos y comportamiento electoral.
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