Sábado, 1 de agosto de 2026
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Castilla y León: las elecciones que medirán la fortaleza del PP

Las urnas volverán a colocarse en Castilla y León el próximo marzo de 2026. Después de la ruptura del Gobierno de coalición del PP y Vox, precisamente en la comunidad donde la alianza tomó forma por primera vez. Las nueve provincias que componen la comunidad acudirán a una fecha electoral marcada por la gestión de los incendios forestales y el posible impacto del leonesismo, pero también con la sensación de ser un termómetro nacional inmediatamente previo a los comicios andaluces.

Agenda Pública Agenda Pública 23 de septiembre de 2025
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Moreno Bonilla y Fernández Mañueco serán los dos barones del PP que se jueguen en las urnas su Gobierno el próximo 2026. |  Fabián Simón / Europa Press / ContactoPhoto
Moreno Bonilla y Fernández Mañueco serán los dos barones del PP que se jueguen en las urnas su Gobierno el próximo 2026. | Fabián Simón / Europa Press / ContactoPhoto
Las elecciones autonómicas de Castilla y León ya tienen fecha marcada en el calendario: el 15 de marzo de 2026. Solo un hipotético adelanto de las generales por parte de Pedro Sánchez podría alterar esa cita. Será la tercera vez que Alfonso Fernández Mañueco, presidente de la Junta desde 2019, se someta al escrutinio de las urnas. Y lo hará en uno de los momentos más delicados de su carrera política, tras la mayor crisis de incendios forestales que ha vivido la comunidad en décadas y con el lastre de un Gobierno de coalición con Vox que acabó en ruptura abrupta cuando la ultraderecha abandonó los ejecutivos autonómicos que ocupaba junto al PP.
 

El desgaste de Mañueco y el relato de Génova

La gestión de los incendios del verano de 2025 dejó a Mañueco muy tocado. Los reproches por la descoordinación y la falta de medios fueron un clamor en varias provincias, especialmente en León y Zamora, donde la devastación se convirtió en símbolo del abandono institucional. El presidente asumió protagonismo en las comparecencias públicas, desplazando incluso a su consejero de Medio Ambiente, pero el daño ya estaba hecho: la percepción de improvisación y falta de recursos quedó instalada en la opinión pública tras años de recortes presupuestarios en la materia.

"Mañueco quedó atrapado entre un socio incómodo y la sensación de haber perdido el control de la legislatura: hoy gobierna sin presupuestos"
Ese desgaste se suma a otro no menor ya citado: el fracaso de la fórmula con Vox. En 2022, Castilla y León se convirtió en el laboratorio político de la derecha española al estrenar el primer Gobierno autonómico con participación de la ultraderecha. Más de dos años después, aquella experiencia terminó abruptamente en 2024, cuando Santiago Abascal y la dirección nacional de Vox decidieron romper el acuerdo en todo el territorio del Estado que dejó a Juan García-Gallardo, primero fuera de la vicepresidencia y, posteriormente, fuera de la política. Con esa ruptura, Mañueco quedó atrapado entre un socio incómodo y la sensación de haber perdido el control de la legislatura. Hoy afronta las elecciones sin presupuestos aprobados en 2024 y con un PP cuestionado en su propio feudo histórico.


La narrativa del Partido Popular pasará por convertir las elecciones castellano-leonesas en un plebiscito contra Sánchez. Génova quiere que el foco esté en la Moncloa y no en los fuegos del verano. Sin embargo, esa estrategia tiene un riesgo evidente: los comicios autonómicos podrían convertirse en un descalabro si los ciudadanos votan en clave regional y castigan la gestión de Mañueco. Alberto Núñez Feijóo necesita que Castilla y León siga siendo territorio seguro para el PP. El "cambio" que venden los populares frente a Sánchez puede diluirse entre las cenizas de los incendios.
 

PSOE: beneficiado por inercia

En este escenario, el PSOE aparece con opciones reales de volver a situarse como primera fuerza en Castilla y León. No tanto por su propio impulso, sino por los errores acumulados del PP y el desgaste de Mañueco. Los socialistas ya lograron ser la lista más votada en 2019, pero nunca alcanzaron el poder autonómico. Hoy, el protagonismo recae en Carlos Martínez, nuevo secretario general del PSOE en Castilla y León y alcalde de Soria. Su liderazgo aporta experiencia de gestión municipal, pero aún necesita recorrido para proyectarse con fuerza en toda la comunidad. El partido cuenta con un suelo electoral sólido, aunque limitado, y su reto es ampliar apoyos para articular una victoria.
 

Vox: a la caza del voto indignado

Si una fuerza política puede sorprender en estas elecciones es Vox. En 2023 ya alcanzó en Castilla y León un 17% de los votos, por encima de la media nacional, consolidándose como una de las comunidades donde mejor resultado obtuvo. Hoy ni siquiera tienen candidato designado. Esa estrategia de despersonalización calculada convierte al partido en una fuerza con menos dependencia de liderazgos locales y más centrada en un discurso emocional, dirigido al votante desencantado con el PP, cabreado con el PSOE o harto de las dinámicas de la política. Vox se presenta como un canal de protesta y autenticidad, reforzando su perfil de fuerza disruptiva.

"La mejora electoral de Vox con respecto a los últimos comicios le consolidaría como principal beneficiado de los problemas electorales de Fernández Mañueco"
El resultado de marzo será determinante: un crecimiento respecto a 2022 consolidaría a Vox como el gran beneficiado del desgaste de Mañueco, capaz de disputar al PP la bandera del cambio y consolidarse como el partido de moda frente a la izquierda. Su desempeño será clave para definir si el PP mantiene el control del bloque conservador o si Vox emerge como su competidor más incómodo para acabar de poner nerviosa a Génova 13.

 

El crecimiento del leonesismo: la otra incógnita

Unión del Pueblo Leonés (UPL) encara las elecciones con un liderazgo renovado en torno a Ana Carlota Amigo, que ha logrado renovar la imagen del partido. Su proyecto se apoya en una reivindicación histórica —la autonomía propia para León— que en los últimos años ha recobrado fuerza gracias a la sensación de marginación frente a Valladolid y al desgaste del modelo autonómico de 1983. La indignación por la gestión de los incendios del verano, que arrasaron miles de hectáreas en la provincia, ha reforzado el discurso de abandono institucional y ha movilizado a una base social cada vez más amplia y transversal.

Un resultado histórico de UPL y el leonesismo no tendría solo un valor simbólico: podría alterar las mayorías en las Cortes y situar a esta fuerza como árbitro inesperado de la política regional. Más allá del plano identitario, existe un electorado convencido de que el proyecto de Castilla y León ha agotado su recorrido y que la respuesta a las crisis recientes —incendios, despoblación, precariedad— pasa por ensayar una vía propia que devuelva protagonismo a León.
 

Andalucía en el horizonte

A todo esto se suma una variable externa pero decisiva: la posibilidad de que Juan Manuel Moreno Bonilla adelante las elecciones en Andalucía tras aprobar los presupuestos y antes del juicio de la trama Kitchen, previsto para abril. Si se confirma esa jugada, el PP tendría la oportunidad de plantear una doble campaña en clave nacional, ligando Castilla y León y Andalucía en un mismo relato de confrontación con Sánchez. Sería, para Mañueco, una bolsa de oxígeno: desplazar el foco del fuego del verano y refugiarse en el marco estatal que su partido tanto desea.

En cualquier caso, las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo de 2026 se perfilan como un termómetro político de primer orden. El desgaste de Mañueco, la posibilidad de un PSOE como primera fuerza por inercia, el factor desestabilizador de Vox y la incógnita leonesista configuran un escenario abierto. Todo ello, con la sombra de Andalucía como posible catalizador nacional. Lo que ocurra en esta comunidad no será solo una cuestión autonómica: será un capítulo más en la lucha por el tablero político que es en estos momentos España.
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