

"De estas dinámicas de señalamiento y escarnio, aderezadas invariablemente con no pocas dosis de desinformación, tampoco escapan jueces y fiscales"A principios de noviembre, el gerente provincial del PP en Valencia, Sergio Alonso, afirmaba en X (antes Twitter) que quedaba poco para ver a Rosa Álvarez (presidenta de la Asociación de Víctimas Mortales 29O) a sueldo de los socialistas. De estas dinámicas de señalamiento y escarnio, aderezadas invariablemente con no pocas dosis de desinformación, tampoco escapan jueces y fiscales. Precisamente la jueza de Catarroja, Nuria Ruiz Tobarra, que instruye desde enero de 2025 la macrocausa penal por la gestión de la DANA, ya ha sido blanco del tsunami de insidias en tabloides digitales que suele preceder a la denuncia judicial del pseudosindicato ultraderechista Manos Limpias. En este caso, por prevaricación. Aunque no haya tenido recorrido procesal en esta ocasión, esta fue la estrategia que ha conseguido la inhabilitación del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Ruiz Tobarra y García Ortiz, más allá de su común adscripción a la Administración de Justicia, se han visto en tesituras similares solo por una cosa: en el ejercicio de sus funciones, pero nunca de manera buscada, han dejado en evidencia la inconsistencia fáctica de relatos exculpatorios de dirigentes del PP (sobre el papel desempeñado en la gestión de la crisis provocada por la DANA de València en el primer caso, sobre la disciplina fiscal de la pareja de Isabel Díaz Ayuso en el segundo).
"La participación del activista ultra Vito Quiles en el cierre de campaña del PP aragonés revelaría, a este respecto, una creciente formalización de la coalición difusa de sujeto"Sin embargo, situarse frente al PP y a Vox, dentro o fuera de las instituciones, retóricamente o en el marco de procesos reglados, a título individual o como grupo, tiene un coste creciente en la España de hoy. Amedrentamiento virtual o presencial, filtración de datos personales, bulos denigrantes, represalias en el ámbito profesional... el repertorio de medidas coercitivas aplicadas contra la disidencia del bloque derechista es amplio y variado. Ciertamente, a diferencia de EE. UU., no es un Gobierno el que lidera esta ofensiva. De hecho, el Gobierno central es una de las escasas piezas ausentes en la galaxia de actores (administraciones públicas regionales, medios de comunicación, operadores jurídicos, asociaciones dedicadas al agitprop, "lobos solitarios"...) que, sincronizados explícitamente o simplemente retroalimentados entre sí, llevan años contribuyendo de manera incremental a la generación de una atmósfera asfixiante para cualquiera no alineado con los partidos de Feijóo y Abascal.
"La hostilidad dispensada a individuos y grupos del universo derechista no solo no registra la magnitud e intensidad descrita anteriormente, sino que tampoco está participada en ningún caso por poderes públicos"Por otro lado, hay quien pudiera pensar que no se trata de un fenómeno privativo de cierto segmento del espectro político, de tal suerte que nos encontraríamos ante un caótico y equilibrado escenario de "todos contra todos". Sobre esto resulta importante recordar una regla esencial de las Ciencias Sociales en general (y del sentido común, en particular): solo se puede comparar lo que es comparable. La hostilidad dispensada a individuos y grupos del universo derechista no solo no registra la magnitud e intensidad descrita anteriormente, sino que tampoco está participada en ningún caso por poderes públicos.
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