Martes, 28 de julio de 2026
UCRANIA

El plan de Zelenski para una "paz fría"

Antonio Legaz, analista de defensa e inteligencia, examina el borrador del plan de paz ucraniano de 20 puntos como un giro que "no busca resolver las causas profundas del conflicto, sino administrar sus consecuencias". Lejos de un nuevo Westfalia, el texto asume que "la razón ha tenido que ceder ante la cruda realidad del poder duro" y dibuja una Europa cuya seguridad dependerá de "contención, disuasión y agotamiento compartido". Veremos qué sucede en la reunión que Zelenski acaba de anunciar que tendrá en los próximos días con Trump.

Antonio Legaz Antonio Legaz 26 de diciembre de 2025
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El primer ministro polaco, Donald Tusk, se reúne con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. | Igor Jakubowski / Zuma Press / ContactoPhoto
El primer ministro polaco, Donald Tusk, se reúne con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. | Igor Jakubowski / Zuma Press / ContactoPhoto
Henry Kissinger solía decir que la diplomacia es el arte de contener el poder hasta que la razón prevalece. Sin embargo, al leer el borrador del plan de paz de 20 puntos revelado por la administración ucraniana esta semana, uno tiene la sensación opuesta: aquí la razón ha tenido que ceder ante la cruda realidad del poder duro.

"Lo que emerge no es la paz idealizada de 2022, sino un armisticio técnico diseñado para congelar el mapa de Europa"
En los pasillos de Bruselas y Washington, el documento se analiza no como un tratado de Westfalia, sino como un manual de gestión de crisis para un conflicto que amenaza con volverse crónico. Tras analizar las filtraciones confirmadas por fuentes en Kyiv, Washington y Moscú, lo que emerge no es la paz idealizada de 2022, sino un armisticio técnico diseñado para congelar el mapa de Europa. El tránsito desde el plan inicial de 28 puntos (rechazado en Kyiv por considerarse una capitulación) hacia esta versión reducida de 20 puntos refleja la tensión entre la fatiga occidental y la resistencia existencial ucraniana


No estamos ante el fin de la historia en el este de Europa, sino ante su congelación criogénica. Para entender las implicaciones de este giro, debemos primero diseccionar la letra pequeña de lo que se ha puesto sobre la mesa, separando el ruido político de la sustancia técnica.

Los 20 puntos

El documento, descrito por la presidencia ucraniana como un marco político de transición, se estructura en cinco pilares fundamentales que buscan equilibrar las demandas de seguridad de Kyiv con las líneas rojas del Kremlin y la fatiga financiera de Occidente

En primer lugar, la arquitectura de seguridad constituye el corazón técnico del acuerdo. Ucrania renuncia explícitamente a la adhesión a la OTAN a cambio de garantías bilaterales de seguridad modeladas bajo el formato de acuerdos de defensa mutua con EE. UU., Reino Unido y Francia, y el mantenimiento de un ejército permanente de 800.000 efectivos. Se establece asimismo un pacto de no agresión monitoreado por una misión internacional con acceso a vigilancia satelital en tiempo real. 


En segundo lugar, la gestión territorial plantea dos escenarios para las zonas ocupadas: la congelación estricta de la línea del frente actual o la creación de Zonas Económicas Especiales desmilitarizadas en el Donbás. Crucialmente, cualquier cambio en el estatus jurídico del territorio requiere un referéndum nacional en Ucrania, lo que añade una capa de legitimidad democrática pero también de complejidad logística. 


En tercer lugar, la integración económica y política abre la adhesión acelerada a la Unión Europea con acceso inmediato al mercado único, desacoplando la integración económica de la resolución territorial. Se establece un fondo de reconstrucción de 800.000 millones de dólares gestionado por instituciones financieras internacionales, una cifra que refleja el coste político de mantener a Ucrania como aliado estratégico occidental. 


En cuarto lugar, la cuestión de energía e infraestructura crítica somete la central nuclear de Zaporiyia a un régimen de gestión conjunta o a una división de producción energética (50/50), aunque la desmilitarización del perímetro sigue siendo un punto de fricción técnica entre las partes. 


Finalmente, en el plano de política interna y derechos, se establece la celebración inmediata de elecciones presidenciales y parlamentarias tras la firma del acuerdo. Se contempla asimismo el intercambio de prisioneros bajo la fórmula "todos por todos" y el retorno de niños deportados, aunque la logística de estas operaciones en un país bajo ley marcial presenta desafíos administrativos considerables. 

Del maximalismo al blindaje asimétrico

Si en 2023 la estrategia era la reconquista, en diciembre de 2025 la prioridad es la supervivencia estatal. El análisis comparado de las versiones del acuerdo revela un giro copernicano en la doctrina de seguridad ucraniana.

"El núcleo del acuerdo descansa en un trade-off clásico de la teoría de relaciones internacionales: soberanía a cambio de neutralidad estratégica"
El núcleo del acuerdo descansa en un trade-off clásico de la teoría de relaciones internacionales: soberanía a cambio de neutralidad estratégica. La renuncia a la OTAN, confirmada por fuentes diplomáticas como la concesión indispensable para sentar a Rusia a la mesa, se compensa con una militarización defensiva sin precedentes. El plan estipula un ejército de 800.000 efectivos, una cifra que convierte a Ucrania en el principal bastión militar defensivo del continente


Este dato es crucial y a menudo se pasa por alto en el análisis generalista. Mantener una fuerza de casi un millón de hombres en armas en tiempo de paz es una carga fiscal monstruosa para un estado en reconstrucción. Técnicamente, esto implica que Ucrania no será un estado tapón neutral al estilo de la Austria de la Guerra Fría, sino una potencia regional armada bajo el principio de disuasión por negación. La lógica es la siguiente: si no puedes tener el Artículo 5 de la OTAN, debes tener la capacidad convencional suficiente para hacer que cualquier futura agresión rusa sea prohibitivamente costosa en términos de material y vidas.


Paralelamente, la disposición más innovadora es la aplicación técnica del modelo de Alemania Occidental. Al desvincular la integridad territorial de la integración política en la UE, el acuerdo permite a Bruselas absorber a la Ucrania libre mientras mantiene una reclamación jurídica latente sobre los territorios ocupados. Sin embargo, los datos económicos plantean un desafío estructural. La inclusión inmediata en el mercado único y el fondo de reconstrucción representan un shock de absorción que la UE no ha presupuestado. Esto requerirá una reingeniería de la Política Agrícola Común (PAC) y de los fondos de cohesión que tensará las costuras del club comunitario, enfrentando a los contribuyentes netos con beneficiarios actuales como Polonia o Hungría. La paz en el este podría sembrar la discordia presupuestaria en el oeste.

El nudo gordiano del territorio y la legitimidad

Donde el análisis técnico choca con la realidad política es en la gestión del territorio y la narrativa de la victoria. Las opciones sobre la mesa encierran trampas legales de difícil resolución.


"El plan exige un referéndum en Ucrania para cualquier cambio de estatus territorial"
El plan exige un referéndum en Ucrania para cualquier cambio de estatus territorial. Este mecanismo democrático actúa como un seguro de vida político para Zelenski, quien se niega a firmar una cesión territorial por decreto, pero también como un posible botón de autodestrucción para el acuerdo. ¿Cómo se valida técnicamente una votación en un país bajo ley marcial, con millones de desplazados y una parte del censo bajo ocupación militar extranjera? La legitimidad de este proceso será el flanco débil que la guerra híbrida rusa explotará en la fase de posconflicto. 


Desde Moscú, la recepción del plan ha evolucionado. Si bien la retórica oficial sigue siendo dura, fuentes de inteligencia sugieren que en el Kremlin, el documento se lee no como una oferta a aceptar o rechazar de inmediato, sino como un conjunto de palancas negociadoras que pueden explotarse en el tiempo. Putin ve en la renuncia a la OTAN una victoria estratégica, pero su insistencia en la retirada ucraniana de las cuatro regiones anexionadas administrativamente (incluso aquellas partes que su ejército no controla) sigue siendo el principal obstáculo cinético. 


Aquí entra el factor Trump. La creación propuesta de un "Consejo de Paz" presidido por Washington desplaza el centro de gravedad diplomático fuera de Europa. Esto subordina la seguridad europea a la voluntad de la Casa Blanca y a su interés de pivotar rápidamente hacia el Indo-Pacífico. Para la administración Trump, este acuerdo no es un fin en sí mismo, sino una operación de limpieza de balance: cerrar un pasivo costoso en Europa para concentrar recursos en la competencia con China. La presión temporal que esto introduce es considerable. Si el acuerdo no se cierra en los próximos meses, la ventana diplomática podría cerrarse de nuevo, dejando a todas las partes con un conflicto congelado sin resolución legal. 

Conclusiones

Al principio mencionábamos la contención del poder. Este acuerdo de 20 puntos no busca resolver las causas profundas del conflicto (el revisionismo histórico ruso o la ansiedad de seguridad ucraniana), sino administrar sus consecuencias mediante una arquitectura de contención.

"La pregunta que queda flotando en las cancillerías europeas es si esta arquitectura de la renuncia será suficiente para sostener el peso de la historia o si solo es el preludio de un conflicto diferido"
Estamos transitando de una guerra de movimientos a un sistema de "paz fría". Un escenario donde la seguridad no depende de la confianza mutua, sino de satélites, zonas desmilitarizadas y garantías bilaterales monitoreadas minuto a minuto. La gran ironía técnica de este acuerdo es que, para salvar a Ucrania, Occidente ha tenido que aceptar una versión moderna de la doctrina de las esferas de influencia. El acuerdo dibuja una nueva Cortina de Hierro, esta vez no en el Elba, sino en el Dniéper.


Aunque las armas callen, la estructura de seguridad europea que emerge de estos 20 puntos nos deja una lección inquietante sobre la naturaleza del sistema internacional actual: en el siglo XXI, las fronteras no las define el derecho internacional, sino la capacidad de la artillería para defenderlas hasta el último metro. Como dijo Kissinger al analizar las guerras de religión europeas, muchas paces no son el triunfo de una justicia ideal, sino el resultado de un agotamiento compartido y de un cálculo frío de lo posible. La pregunta que queda flotando en las cancillerías europeas es si esta arquitectura de la renuncia será suficiente para sostener el peso de la historia o si solo es el preludio de un conflicto diferido.
Antonio Legaz
Antonio Legaz
Analista de defensa e inteligencia en una empresa del sector de la defensa
Participación