Decía Andrea Rizzi hace unos días que "no debe de quedar ya ningún europeo que considere que EE. UU. es un aliado". Estaba parcialmente equivocado. Como veremos, sí hay quien en Europa considera a Washington como un aliado en su objetivo de destruir la Unión Europea. Sí estaba en lo cierto sobre la hostilidad de la Administración trumpista hacia la Unión, en particular hacia su legislación de la esfera digital.
La declaración de guerra oficial es la Estrategia Nacional de Seguridad de EE. UU. y la coartada del inicio de hostilidades es la sanción a X por infracciones de la Ley de Servicios Digitales (DSA, atendiendo a su denominación en lengua inglesa Digital Services Act).
"La Comisión Europea anunció el 5 de diciembre una multa de 120 millones de euros a X por dos infracciones de la DSA"
Vayamos con los hechos reales. La Comisión Europea anunció el 5 de diciembre una
multa de 120 millones de euros a X por dos infracciones de la DSA: el diseño engañoso de su "marca de verificación azul" y la falta de transparencia de su repositorio de publicidad. La decisión
no supone orden de retirada de contenido ni de cierre de cuenta alguna en la red social.
No se trata de un impuesto, sino de una multa que ni es la mayor sanción impuesta a una compañía estadounidense por un incumplimiento del acervo digital de la Unión, ni tampoco la máxima posible en el marco de la DSA.
La narrativa desarrollada por la Administración Trump a partir de la sanción niega la realidad con hechos alternativos. Por un lado, el
vicepresidente, J. D. Vance —de modo previo a la publicación oficial de la sanción— y el
secretario de Estado, Marco Rubio, han descrito l
a decisión como una acción de censura y contra la libertad de expresión. Por otra parte, el
presidente de la Comisión de Telecomunicaciones, Brendan Carr, ha calificado la medida de
un impuesto europeo a una exitosa empresa estadounidense.
No es casualidad que el mismo día de la notificación de la decisión de la Comisión sobre X se publicara la Estrategia de Seguridad Nacional. Toda una declaración de guerra en la que la Administración del Partido Republicano acusa a la Unión Europea de "censurar la libertad de expresión" y causar "asfixia regulatoria", reclamando "tratamiento justo para las empresas estadounidenses". Por si no era nítida la interpretación de la Administración Trump de la sanción sobre X como un acto de hostilidad,
el embajador de EE. UU. lo dejaba claro con la amenaza velada de escalar el conflicto comercial.
"La historia se repite, primero como tragedia y después como farsa". La cita de Karl Marx en su obra
El 18 de Brumario de Luis Bonaparte es una advertencia sobre la repetición de errores políticos. Las
actitudes en Europa frente a la autocracia trumpista son un remedo de la división de posiciones frente a los fascismos de entreguerras en el siglo XX: traidores, apaciguadores y resistentes. La actitud ante la estrategia de demolición de la soberanía legislativa y regulatoria digital europea desplegada por la Casa Blanca evidencia a los tres grupos.
Los tres grupos de acción frente a la respuesta de Elon Musk y Donald Trump
Los traidores: los mal llamados partidos patrióticos, citados bajo tal nombre en la Estrategia de Seguridad Nacional trumpista, en la que además son calificados como aliados. El emplazamiento recogido en la Estrategia a "sus aliados políticos en Europa a promover este resurgimiento del espíritu" y "cultivar la resistencia a la trayectoria actual de Europa" ha sido rápidamente atendido.
Geert Wilders —líder de la derecha populista holandesa— ha llamado a no aceptar la sanción a X y abolir la Comisión Europea. No es una novedad. En el manifiesto oficioso de este grupo de partidos —
The Great Reset: Restoring Member State Sovereignty in the European Union— se condenaba ya la DSA por "crear oportunidades para posibles abusos que atenten contra la libertad de expresión".
"El Ómnibus Digital es u
n proyecto legislativo que debilita la soberanía digital europea, adopta posiciones sobre privacidad que favorecen a las grandes tecnológicas estadounidenses
"Los apaciguadores: el Partido Popular Europeo y algunos miembros del grupo liberal. Responsables del
infame acuerdo comercial alcanzado en Escocia, donde "Estados Unidos y la Unión Europea se comprometen a abordar las barreras comerciales digitales injustificadas". Tres comisarios representantes de este grupo presentaron la propuesta de
Ómnibus Digital, un ejercicio de desregulación que solo puede entenderse como un primer paso para cumplir con el acuerdo. Un proyecto legislativo que debilita la soberanía digital europea, adopta posiciones sobre privacidad que favorecen a las grandes tecnológicas estadounidenses, mantiene restricciones adicionales sobre los operadores de telecomunicaciones europeos y disminuye los derechos de la ciudadanía. Una acción que, sin embargo, ha sido considerada insuficiente por Washington.
Los resistentes: socialdemócratas, izquierda alternativa y resto de liberales. En la Comisión Europea están representados por la comisaria de Competencia, Teresa Ribera, y los grupos de diputados y diputadas del Parlamento Europeo de cada bloque político. La primera mantiene vivas, continúa y concluye las investigaciones por eventuales violaciones de la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la Ley de Mercados Digitales (DMA). Los segundos dando lugar a
comisiones de investigación sobre los esfuerzos de la Comisión Europea por defender el acervo digital.
En uno de los pasajes de América contra América, Wang Huning —número cuatro del Partido Comunista Chino— afirma que "la política sin tecnología no puede ser una política fuerte, y, por supuesto, la tecnología sin política no puede ser una tecnología fuerte". Traidores y apaciguadores ya han coincidido configurando mayorías políticas impensables hace tan solo unos años, por ejemplo, para la
aprobación de la Directiva Ómnibus de simplificación administrativa. El error de los apaciguadores uniéndose a los traidores cediendo a las demandas fascistas en vísperas de la Segunda Guerra Mundial condujo a la destrucción de Europa.
La unión de apaciguadores y traidores cediendo frente a Trump en el ámbito de la soberanía legislativa y regulatoria digital sería el final político de la Unión. Ya no estamos solo ante el
riesgo de una crisis institucional, sino de un riesgo existencial.