Viernes, 14 de agosto de 2026
MUNDO TRUMP

Una estrategia para deshacer Occidente, una respuesta europea

La Casa Blanca continúa con su "redefinición de prioridades" estratégicas. El experto en seguridad Alberto Bueno analiza las claves de la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, en la que se plantea "una reescritura de la función hegemónica" del país y se constata que "el vínculo transatlántico está quebrado". Ante este escenario, el autor sugiere que Europa también pase "a una lógica más pragmática" en la arena internacional.

Alberto Bueno Alberto Bueno 7 de diciembre de 2025
Añadir AgendaPública en Google
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado 26 de noviembre. | Casa Blanca / Daniel Torok
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado 26 de noviembre. | Casa Blanca / Daniel Torok
La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 recién publicada por la Administración Trump es la quiebra doctrinal del consenso atlántico y el orden democrático occidental. No plantea alianzas, sino relaciones absolutamente funcionales y condicionales. La estrategia de Trump ofrece una imagen dura, de ruptura innegable. Rompe con convenciones, desarticula equilibrios y formula una visión sin concesiones. Lo hace, además, con un lenguaje del todo inhabitual para este tipo de documentos. En este giro, Europa deja de ser un fin para ser meramente instrumental, cuando no adversaria. Un desafío inmediato y profundo, pero también una oportunidad estratégica única y última. 

"El texto ofrece una visión centrada en el proteccionismo económico, la seguridad interior, el nacionalismo identitario y una vuelta a la doctrina Monroe"
La nueva estrategia encarna el
America First con una autoevaluación de las décadas posteriores a la Guerra Fría: la sobreextensión irresponsable de la política exterior estadounidense, el wokismo contra la cultura y sociedad americanas, el entreguismo a instituciones multilaterales y un globalismo que habría desmantelado la base industrial estadounidense. En su lugar, ofrece una visión centrada en el proteccionismo económico, la seguridad interior, el nacionalismo identitario y una "doctrina Monroe" rediviva. La defensa de un orden basado en reglas cede ante una visión de la política internacional como "competencia civilizacional"; una tesis esta última argüida por David L. Dusenbury y Philip Pilkington.

Un marco ideológico que redefine la posición de Estados Unidos

Aunque de pretendido regusto realista, sin embargo, buena parte de sus postulados se alejan de las premisas de esa tradición. Más que evitar compromisos innecesarios o apostar por un uso prudente del poder, la estrategia abre la puerta a intensificar la confrontación por desacuerdos ideológicos, incluso cuando ello incremente los costes y los riesgos estratégicos. El resultado no es un repliegue calculado —ay, aquellas trompetas neoaislacionistas—, sino una ampliación deliberada del espectro de potenciales conflictos en función de criterios identitarios. Lo que se plantea es una reescritura de la función hegemónica de Estados Unidos.

No hay concesiones a los aliados que, desde ese prisma, no ayuden de forma tangible y directa a los intereses vitales de Estados Unidos. Así, el texto no solo lamenta el escaso gasto en defensa o la dependencia energética de Europa, sino que profundiza en un diagnóstico civilizacional que va mucho más allá de lo estratégico. Sostiene que Europa, hundida en una catástrofe demográfica antinatalista, está atrapada en una deriva institucional que ha sustituido soberanía por regulación, identidad nacional por cosmopolitismo desarraigado y libertad de expresión por cultura de censura. No es solo una crítica, sino una deslegitimación ideológica contra Europa que plasma en papel el discurso del vicepresidente J. D. Vance en Múnich.
 
Este enfoque alcanza un punto particularmente delicado cuando la estrategia afirma su respaldo a lo que llama partidos "patrióticos" europeos. Se trata de un guiño diplomático a favor de las formaciones políticas de derecha radical que torpedean el proyecto europeo desde dentro. Los valores liberales (europeos) son un problema de seguridad nacional. La lógica es transparente y la injerencia, indisimulada.

"Ucrania es una cuestión secundaria, aunque se reconoce que el continente europeo sigue siendo importante para los Estados Unidos"
Ucrania es una cuestión secundaria, aunque se reconoce que el continente europeo sigue siendo importante para los Estados Unidos. Se critica a los gobiernos del continente por sostener expectativas poco realistas sobre el conflicto, mientras quiere propiciar un fin rápido de las hostilidades para estabilizar la economía europea y recomponer la relación estratégica con Rusia. La voz europea brilla por su ausencia y Rusia puede ser un buen punto de apoyo. Por su parte, China no es, sorprendentemente, una amenaza, Taiwán no es una prioridad y la preocupación principal en Asia-Pacífico pasa por las cadenas de suministro; los aliados lo seguirán siendo en tanto que contribuyan a mantenerlas abiertas.

 
Esta redefinición de prioridades tiene consecuencias directas. La primera es la constatación definitiva de que el vínculo transatlántico está quebrado. Para Washington, Europa es un lastre. Esta percepción no es exclusiva del trumpismo, pero la estrategia 2025 lo lleva al extremo. Por tanto, Europa debe actuar. Debe replantearse su relación con Estados Unidos desde una lógica más pragmática. Si los aliados son vistos como instrumentos, Europa debe saber utilizar también esta alianza en términos funcionales.

Un desafío directo para Europa y su papel en el orden internacional

En lo inmediato, debe reforzar sus capacidades de defensa y disuasión. Sí, eso implica elevar el gasto en seguridad y defensa sin necesidad de aguardar presiones desde la Casa Blanca. Debe aprovechar la interoperabilidad y el trabajo técnico que sigue fluyendo en el marco OTAN. Del mismo modo, no se debe renunciar a las capacidades críticas estadounidenses allí donde son insustituibles. Lo importante es no caer en la trampa de una autonomía estratégica entendida como ruptura o aislamiento. La inversión en tecnología e industria debe acelerarse y se han de construir los mecanismos europeos para superar bloqueos, aun sabiendo que no es factible sustituir determinadas capacidades delegadas en los estadounidenses. Pragmatismo también doméstico.

No las podemos sustituir en el medio plazo porque no estamos en disposición tecnológica de hacerlo, pero sí iniciar una posición propia. El primer punto ha de ser el compromiso europeo con Ucrania, explicitando qué garantías de seguridad estamos dispuestos a dar a Kiev. El segundo, y de forma consecuente, romper tabúes en defensa; la paz "posnacional" habermasiana dejó de tener sentido. 

"Europa, y en especial España, no puede seguir descuidando su vecindad mediterránea y africana, convertida en terreno de disputa entre actores como Rusia y China"
La tentación también será (es) buscar refugio en otras potencias, como China. La multipolaridad no ofrece a los europeos mayor estabilidad. Si con Estados Unidos el problema es la incertidumbre vital y la tentación autoritaria, con China lo es la asimetría estructural y el autoritarismo real. Ningún país europeo puede permitirse cambiar de dependencia sin perder soberanía. Además, el abandono progresivo del flanco sur introduce otra variable: Europa —especialmente España y otros países mediterráneos— no puede seguir descuidando su vecindad mediterránea y africana, convertida en terreno de disputa entre actores como Rusia y China, a la que se suma Estados Unidos desde estas coordenadas.
Una política de vecindad más ambiciosa es imprescindible para evitar el deterioro del entorno más próximo.

La alternativa sostenible es diversificar alianzas, reforzar vínculos con otros Estados afines —del Indopacífico (frente a China) a América Latina (frente a Estados Unidos)— y mantener una política exterior activa en defensa del orden basado en reglas, precisamente porque es en ese orden donde Europa encuentra su mayor espacio de seguridad. Como ha advertido el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, puede ser el último momento para que Occidente lo reconstruya. 

En este escenario, todo vuelve a la cuestión esencial: la voluntad política. Europa solo podrá responder al reordenamiento estratégico que plantea Estados Unidos si acepta que la seguridad exige compromisos sostenidos y costes reales. Como recordó —no sin polémica, lo que es elocuente— recientemente el jefe del Estado Mayor del Ejército francés, ninguna sociedad puede afrontar pruebas existenciales sin espíritu de sacrificio. Estados Unidos quiere deshacer el Occidente que construyó. Europa tiene que responder.
Alberto Bueno
Alberto Bueno
Profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración en la UGR
Es profesor del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Granada y miembro del Spanish Research Group on Defence, Armed Forces, and Society (RODAS). También es profesor adjunto en la Universidad de Leipzig (Alemania) y 'non-resident fellow' del UTSYN - Centre for Security and Total Defence (Noruega).
Participación