La frase fue mucho más que un agradecimiento: es un símbolo de los tiempos que corren. "Maduro empezó esta guerra y Trump la está terminando", dijo María Corina Machado en el American Business Forum, tras ganar el que quizá sea el premio Nobel de la Paz más polémico de los últimos años. Lo suyo, sin duda alguna, es un posicionamiento; no es una opinión desde la oposición política: es, sencillamente, una declaración dirigida hacia el despacho oval de la Casa Blanca.
Para comprender la escalada de tensiones que hay actualmente entre Venezuela y Estados Unidos, hay un nombre imprescindible a tener en cuenta: el Cártel de los Soles. Este presunto cártel criminal venezolano, supuestamente dirigido por la élite militar y política de ese país, es el centro del análisis de un fenómeno que día a día cobra más relevancia: la posible intervención militar de Estados Unidos en Venezuela en aras de fortalecer la seguridad internacional y la suya. El problema es que la línea que divide la ficción y la realidad, no siempre queda del todo clara.
"Es difícil rastrear un despliegue militar similar de Estados Unidos en el Caribe como el que está teniendo ahora mismo hacia Venezuela"
Una herramienta geopolítica que articula intereses locales y estadounidenses. Es difícil rastrear un despliegue militar similar de Estados Unidos en el Caribe como el que está teniendo ahora mismo hacia Venezuela. Tomando en cuenta intervenciones tan controvertidas como la de Irak y la de Afganistán, sería imprescindible tener pruebas irrefutables sobre la existencia de nexos entre el crimen organizado internacional y el Gobierno de Nicolás Maduro. Pero no es así. Es cierto que, desde hace años, informes de la DEA y del Departamento de Estado de Estados Unidos han señalado la existencia del peligroso Cártel de los Soles, sin embargo, ese tema sigue sobre la mesa del debate. La pregunta, en todo caso, sería, ¿estamos ante los primeros pasos de una posible doctrina Trump? Es decir, una política de expansión que pretenda la injerencia estadounidense en la región.
Quizá aún es pronto para afirmar con contundencia una respuesta afirmativa a la interrogante anterior, pero lo que sí es seguro es que este es uno de los temas más opacos en el escaparate internacional. ¿Por qué? Sencillamente, porque lo que vertebra a este fenómeno de tensión diplomática es una incómoda pregunta: ¿además de ser una dictadura, Venezuela es un narcoestado?.
Donald Trump, y su equipo, no tienen duda acerca de ello, pero eso no basta para que la opinión de la comunidad global apoye esa intervención unilateral. El Cártel de los Soles es un espectro que sobrevuela la política venezolana desde los años noventa, pero ahora mismo se ha convertido en la piedra angular de la narrativa intervencionista de Estados Unidos en las Américas. Tan es así que las acusaciones contra Nicolás Maduro, Diosdado Cabello (autoproclamado "chavista radical", que fue presidente interino en 2002, y ha ocupado cargos de élite en los gobiernos de Chávez y de Maduro. Está considerado como "la mano dura" del actual régimen) y Hugo Carvajal (pieza clave de la inteligencia militar del chavismo. Está acusado de narcotráfico y de conspiración contra la seguridad de Estados Unidos) se han reactivado como nunca en este convulso 2025 de la era Trump 2.0. Y es que esa presunta organización criminal, más que una estructura absolutamente comprobada, funciona como un símbolo: el narco como sinécdoque del Estado fallido y como una perfecta excusa para una (otra) invasión militar en países petroleros.
Por todo lo anterior, la cuestión ahora mismo es ¿la oposición venezolana, liderada por voces como las de María Corina Machado, Juan Guaidó y Leopoldo López, está utilizando al crimen organizado, ligado con la cúpula del Gobierno, para derrocar a la dictadura de Maduro? Y, más que nada, independientemente del tema del narcotráfico, ¿es justificable la vulneración de la soberanía venezolana desde Washington (tomando como precedentes casos tan controvertidos como los de Irak o Afganistán)?
Por el momento, solo hay una cosa segura: son muchas preguntas sin respuestas. E indudablemente, se viven tiempos de tensión regional que tienen miras de dimensiones globales (si es que China se posiciona en este conflicto).
Un juego de espejos sobre el narco y el poder
En casos como este, resulta difícil encontrar la línea que divide la realidad con la narrativa creada por los intereses político-económicos de ambas partes.
Primera escena: Venezuela como un narcoestado y centro operativo criminal en Sudamérica. Como ya lo hemos contado en Agenda Pública, Mike Vigil, ex jefe de Operaciones Internacionales de la DEA, sentenció hace un par de años que Venezuela pasó de ser un narcoestado a, directamente, una corporación mafiosa. Para él,
las cantidades de cocaína que el Cártel de los Soles ha traficado hacia Estados Unidos, Europa y México son incalculables. Siguiendo la misma línea, Emanuele Ottolenghi, investigador del FDD (Foundation for the Defense of Democracies) y experto en Hezbollah, expuso la misma hipótesis basándose
en el caso de Aeroterror. Resulta que, entre 2007 y 2012, la aerolínea venezolana Conviasa transportó presunta y semanalmente
toneladas de cocaína, dinero no declarado, armas y guerrilleros entre Venezuela e Irán. Esa aerolínea tenía precios prohibitivos para que nadie pudiera pagarlos; algunos alcanzaban los 25.000 dólares. Es decir, funcionaba como una pantalla.
De acuerdo con Ottolenghi, esa era una línea directa entre Teherán y Caracas para los negocios más turbios entre Hugo Chávez y Mahmoud Ahmadinejad.
Segunda escena: todo es un montaje de Estados Unidos para justificar la invasión. A pesar de lo anteriormente expuesto, aún no hay pruebas judiciales públicas que demuestren (o que hayan emitido alguna sentencia contra los involucrados) el caso de Aeroterror. Una de las voces más críticas respecto al modus operandi del Cártel de los Soles es la de Jordan Goudreau, un ex boina verde y protagonista de la fallida Operación Gedeón (un fracasado intento de incursión armada en Venezuela en mayo de 2020, protagonizado por exmilitares venezolanos y contratistas estadounidenses, con el objetivo declarado de derrocar a Nicolás Maduro. Fue rápidamente neutralizada por las fuerzas del régimen y se convirtió en un símbolo de improvisación y guerra propagandística). Él declaró en el medio digital The Grayzone que la CIA había creado la idea de un cártel relacionado con la élite del gobierno venezolano como una idea de control político. Además, el mismo Diosdado Cabello ha calificado al Cártel de los Soles como
"una narrativa imperialista" y un "fantasma útil" para justificar sanciones y bloqueos desde Estados Unidos.
"En realidad, en este juego de espejos lo importante no es si existe o no, sino la inesperada relevancia que Donald Trump ha dado a este tema"
¿Existe ese cártel criminal ligado a la cúpula del gobierno de Maduro? En realidad, en este juego de espejos lo importante no es si existe o no, sino la inesperada relevancia que Donald Trump, en su regreso a la Casa Blanca, ha dado a este tema para llevar a cabo lo que, a todas luces, parece una próxima intervención militar.
Voces de la oposición que justifican la intervención
Las voces opositoras al actual régimen venezolano son contundentes: los nexos entre la élite de Maduro y el crimen organizado son innegables. Tanto María Corina Machado como Leopoldo López o Juan Guaidó, utilizan este argumento para impulsar un cambio radical en el régimen que convirtió a uno de los países económicamente más prósperos de Latinoamérica en una dictadura en la que 3,4 millones de personas (equivalentes a más del 30% de los hogares) vive bajo el umbral de la pobreza extrema, y que ha dejado una diáspora de 9,1 millones de venezolanos.
Ahora bien, hablamos de un cambio, por supuesto, generado desde el exterior. Y las incendiarias y recientes declaraciones de María Corina no da lugar a equívoco. Por una parte, agradeció los ataques a las supuestas narcolanchas que navegaban cerca de las costas de Venezuela, y vanaglorió la agresiva estrategia de Trump ante Maduro.
Leopoldo López (fundador del partido antichavista Voluntad Popular, ex preso político, y que ha vivido en el exilio desde 2020) no ha sido más mesurado. Él, hace un mes, sostuvo que apoya cualquier intervención militar por parte de Washington en Venezuela, con tal de que Nicolás Maduro, a quien ha tildado como "la cabeza del narcotráfico", salga del poder.
Juan Guaidó fue un poco más diplomático: él expresó en agosto que la posible invasión no sería en contra de Venezuela sino contra el narcotráfico. De igual manera, para él, es la única solución para conseguir el final del régimen madurista. Y, por si fuera poco, también ha arremetido contra el Tren de Aragua: una pandilla con origen venezolano que está considerada como la más peligrosa del mundo, y él ha pedido que sea incluida en la lista internacional de grupos terroristas.
Finalmente, la cuestión al respecto no es si Venezuela sigue sufriendo por la crudeza del autoritarismo de Maduro, sino cuáles son las nuevas dimensiones que este conflicto está alcanzando (y que podría alcanzar). En 2011, el corresponsal de diario EL MUNDO, Pablo Pardo, publicó
El Monstruo (Libros del K.O.),
un libro que sienta un precedente sobre la turbiedad de conflictos como el presente. Ese trabajo del periodista asturiano resulta la publicación de dos años de entrevistas que él mismo le hizo a un antiguo interrogador del ejército de Estados Unidos.
¿Lo revelador de su investigación?
Que las intervenciones militares de Estados Unidos en Irak y Afganistán estaban basadas en incontables suposiciones, teorías sin bases, y acusaciones falsas. Nueve de cada diez presos en Afganistán eran inocentes: la mayoría era gente del campo que no tenía ni idea por qué la habían detenido. En Irak, el problema fue que la milicia estadounidense rompió con el orden que tenía Sadam Huseín: una vez caído el rey, todo se descontroló, causando el caos entre pandillas, grupos, y criminales por el control y el poder. En ningún momento fueron encontradas las supuestas armas de destrucción masiva que Washington había sostenido.
¿Será Venezuela un nuevo caso como el de Afganistán e Irak? Eso está aún por verse. Por lo pronto, el portaviones USS Gerald Ford, el más grande y más equipado de la marina de Estados Unidos, además de dos destructores de la clase Arleigh Burke, especializados en defensa antiaérea y misiles dirigidos, ya están en aguas venezolanas.