No hay necesidad de volver a destacar, o quizás sí, que los peores efectos del cambio climático han llegado para quedarse y debemos aprender a convivir con ellos y habituarnos a la nueva realidad climática. El propio Gobierno ha puesto en el debate público, tras el desarrollo de unas jornadas de trabajo multidisciplinares, la necesidad de crear un pacto de Estado frente a la emergencia climática. No necesitamos más incendios de sexta generación ni
una nueva DANA que arrase el litoral levantino para saber que, de manera paralela a la mitigación, es urgente diseñar, financiar y aplicar medidas de adaptación.
"No necesitamos más incendios de sexta generación ni una nueva DANA que arrase el litoral levantino para saber que es urgente aplicar medidas de adaptación"
Los problemas de desacople entre el ritmo de desarrollo, las bases de datos y la financiación entre mitigación y adaptación son de distinta naturaleza. Mitigar es relativamente sencillo. Tenemos la tecnología disponible, hay inversión y las variables de medición están estandarizadas, porque tenemos claro el factor determinante que reducir. Es decir, una tonelada de CO₂ emitida es una tonelada de CO₂ en Bangkok, en Ushuaia o en Barcelona.
Adaptarse, en cambio, exige diagnósticos muy territorializados, locales y multidisciplinares, con políticas transversales y con un fuerte componente sociológico. ¿Qué sucede con las Cuencas Hidrográficas del Ebro o del Tajo y las ciudades o barrios por las que circulan? ¿Qué protocolos de salud comunitaria se aplican ante olas de calor en Andalucía?
La necesidad de planes flexibles, casi
hechos a medida para cada territorio, implica proyectos pequeños, especializados y con una importante coordinación local y vecinal. En otras palabras,
hay un gran riesgo de que escapen a la alta política e institucionalidad. También, lo local, en muchos casos, carece de información y de datos suficientes, robustos y verificables para realizar una actuación ambiciosa.
Otro problema es la financiación. Las políticas de adaptación, además de carecer de estimaciones precisas, obtienen esa financiación, en muchos casos, de fondos internacionales muy específicos o de presupuestos regionales y públicos muy condicionados al cortoplacismo. El llamamiento a abrir vías de inversiones es menor, porque la rentabilidad es menos evidente y los beneficios se traducen en "daños evitados", más difíciles de monetizar que los megavatios de energía renovable generados por un parque solar.
"El actual sesgo mediático y político hacia lo urgente, el hoy y no el mañana, es más favorable a la mitigación frente a la adaptación"
El Estado, como institución que debe asegurar las mejores condiciones de bienestar, está llamado a ser impulsor y financiador en ciertos casos. En este marco, el sesgo mediático y político hacia lo urgente, el hoy y no el mañana, es más favorable a la mitigación. En cambio, "plantar posidonia para proteger la erosión de un litoral" o "mejorar los protocolos de riego y digitalización en zonas en riesgo de desertificación" son labores de medio y largo plazo, sin inauguraciones pomposas o titulares de periódico. Además, los resultados son invisibles durante el ciclo electoral, hasta que llega la gran tormenta, el gran incendio o la sequía extrema.
Pacto de Estado y propuestas para la mejora de la adaptación climática
El gran reto de las políticas de adaptación y, por tanto, del futuro Pacto de Estado, no es otro que el de evitar las vorágines cortoplacistas. Necesitamos aprovechar la coyuntura de urgencia climática a fin de impulsar un mecanismo estructural para la urgente adaptación en determinadas zonas de España.
Es necesario, como defendemos desde la Fundación Renovables, avanzar hacia un modelo de gestión forestal adaptativa, basado en la gestión integral del paisaje. Un modelo que cuente con el apoyo de la administración pública, combinando quemas prescritas y preventivas, pastoreo controlado y reforestación con especies autóctonas, e integrando las políticas forestales en las agrarias y rurales, con incentivos económicos. En materia hídrica, se propone una Respuesta Nacional para la Resiliencia Hídrica que modernice infraestructuras mediante Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) y tecnologías inteligentes, financiada a través de un Fondo Nacional contra la Desertificación. Para proteger a la ciudadanía ante las olas de calor, se plantea la creación de índices autonómicos que midan el efecto isla de calor urbano y un Plan Global de Adaptación al Calor, centrado en la renaturalización de las ciudades con infraestructuras verdes y azules (aplicando SBN).
"Lo primordial es que tenemos que dejar de ser reactivos ante las catástrofes, para ser previsores y evitar las pérdidas humanas y económicas"
Es ineludible mantener, de forma permanente, los medios técnicos y humanos para afrontar emergencias, consolidar una gobernanza colaborativa y establecer una Agencia Estatal de Prevención Climática con autonomía financiera y capacidad de coordinación nacional. Además, parar financiar las diferentes medidas, se propone crear un Fondo Nacional para la Adaptación con financiación estable de los presupuestos generales del Estado, complementado por fondos autonómicos, priorizando las regiones más expuestas y vulnerables. Hay más medidas en el tintero, pero lo primordial es que tenemos que dejar de ser reactivos ante las catástrofes, para ser previsores y evitar las pérdidas humanas y económicas.
No empezamos de cero. Tenemos la suerte de disponer de un plan de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030, cuyos planes de acción se están ejecutando, aunque sin el monitoreo suficiente. Quizás, la medida más pragmática y eficiente es revisarlo de arriba abajo, darle más alcance en el tiempo, actualizarlo y dotarlo de fondos suficientes para que las medidas bajen al suelo y comiencen a mejorar y a asegurar el bienestar de la sociedad española. Solo así conseguiremos un consenso en torno a la adaptación que nos asegure poder convivir en buenas condiciones durante las próximas décadas, sin tener que migrar a otras áreas ni dejar a nadie en la estacada.