Martes, 28 de julio de 2026
URNAS HÍBRIDAS

Más allá de las urnas: Moldavia y la batalla geopolítica entre Rusia y la UE

En Moldavia, "las elecciones parlamentarias celebradas el pasado fin de semana han sido leídas por muchos observadores como una derrota del influjo ruso", aunque esta interpretación "requiere una lectura matizada". La politóloga Ruth Ferrero analiza unos comicios los cuales "confirman que la competición entre la UE y Rusia se libra ahora en la arena cotidiana de la información". Por el lado europeo, Ferrero apunta que la UE "necesita invertir en capacidades de respuesta rápida ante incidentes digitales" a la vez que "apueste por medidas de regeneración democrática reales y no partidarias".

Ruth Ferrero-Turrión Ruth Ferrero-Turrión 30 de septiembre de 2025
Añadir AgendaPública en Google
Maia Sandu, presidenta de Moldavia, votando durante las pasadas elecciones parlamentarias. | Денисов Вадим / Zuma Press / ContactoPhoto
Maia Sandu, presidenta de Moldavia, votando durante las pasadas elecciones parlamentarias. | Денисов Вадим / Zuma Press / ContactoPhoto
Moldavia lleva desde el 2022 situada en una encrucijada geopolítica cuya resolución no solo define su rumbo interno, sino que simboliza el pulso entre la Unión Europea y la Rusia de Putin por el dominio de la periferia postsoviética. La consecución de elecciones locales, presidenciales y ahora legislativas de manera consecutiva, lejos de reducir la incertidumbre, la ha incrementado al tiempo que se ha profundizado la polarización política. De este modo, las elecciones parlamentarias celebradas el pasado fin de semana han sido leídas por muchos observadores como una derrota del influjo ruso, pero esa interpretación requiere una lectura matizada que integre tanto las operaciones de influencia externas como las dinámicas domésticas que condicionan la recepción de esas operaciones.

"Rusia ha puesto en marcha una estrategia híbrida que mezcla financiación indirecta de formaciones políticas prorrusas y campañas de desinformación potenciadas por herramientas de inteligencia artificial"
Primero, es necesario describir la naturaleza del desafío. Rusia ha puesto en marcha una estrategia híbrida que mezcla financiación indirecta de formaciones políticas prorrusas, campañas de desinformación potenciadas por herramientas de inteligencia artificial, presión informativa a través de altavoces mediáticos y acciones encubiertas en el ciberespacio. El volumen y la sofisticación de estos esfuerzos no son nuevos en sí mismos, pero su capacidad de amplificación, a través de redes sociales, grupos cerrados y canales alternativos, ha multiplicado su efecto en regiones y colectivos vulnerables, donde la desafección y la precariedad económica hacen que los mensajes simplificados calen con mayor facilidad.


Sin embargo, limitar la explicación al único factor ruso sería una simplificación que borra dinámicas internas esenciales. La campaña también reveló fallas en la resiliencia institucional y en el ecosistema mediático moldavo, donde se encuentran medios fragmentados, pluralidad de fuentes no reguladas y un espacio cívico que aún padece de cierto déficit de confianza debido a la corrupción y la precariedad económica. En contextos así, las narrativas foráneas encuentran terreno fértil que incluyen promesas simplistas, relatos de victimización y mensajes que polarizan la agenda pública, erosionando la confianza en instituciones clave.

La reacción europea fue, en paralelo, tanto simbólica como operativa. Bruselas y varios Estados miembros han desplegado misiones de asistencia técnica y equipos especializados en integridad electoral y ciberseguridad. La presencia de la UE sobre el terreno ha intentado operar como anclaje de legitimidad con la intención de dificultar la impugnación sistemática del resultado. Para ello, ha ofrecido asistencia puntual para mitigar incidentes tales como ataques informáticos dirigidos a organismos electorales y amenazas a centros de votación en el extranjero, además de apoyar la capacitación de funcionarios y la verificación de información en tiempo real.

"La intervención europea no está exenta de límites y riesgos porque su visibilidad puede ser leída como una suerte de 'operación de influencia'"
No obstante, la intervención europea no está exenta de límites y riesgos. La visibilidad de la UE puede ser leída como una suerte de "operación de influencia" desde Occidente, algo que se ve reforzado por los discursos de la cabeza visible del país, Maia Sandu, que ha planteado en todo momento el resultado electoral en términos binarios, democracia contra no democracia, UE frente a Rusia. Es importante en este punto recordar las acusaciones de corrupción y tráfico de influencias por parte del partido en el Gobierno, hechos que se cubren por parte de la UE en pro de no hacer descarrilar la apuesta europeísta de Moldavia. 


El empate técnico que iban dando las encuestas hizo entrar en pánico a la propia presidenta, que durante la jornada electoral puso sobre la mesa la posibilidad de cancelación de las elecciones, a imagen y semejanza de lo que ocurrió en Rumanía en diciembre del 2024. Y si a ello sumamos la cancelación de dos candidaturas electorales acusadas de recibir financiación irregular apenas 48 horas antes del comienzo de las votaciones, los niveles de polarización, de inseguridad legal y de disminución de confianza en las instituciones se incrementa de manera exponencial.

"Una respuesta eficaz desde Europa exige, por tanto, no solo presencia, sino una estrategia coherente y coordinada"
Si algo han demostrado estas elecciones ha sido que la capacidad operativa de la Unión para sostener despliegues de asistencia a medio plazo choca con restricciones presupuestarias y con la necesidad de coordinar a múltiples actores: agencias europeas, embajadas, organizaciones no gubernamentales y actores bilaterales. Una respuesta eficaz exige, por tanto, no solo presencia, sino una estrategia coherente y coordinada que minimice efectos contraproducentes.


Sin embargo, política y sociedad mostraron elementos de resistencia. La movilización de la diáspora, el papel de votantes urbanos y la eficacia comunicativa de propuestas concretas sobre anticorrupción y oportunidades económicas contribuyeron a movilizar a una buena parte de los votantes, si bien la participación no superó el 52%. La narrativa del miedo ante la potencial pérdida del horizonte europeo junto con la ilegalización de candidaturas hizo, además, que la participación de las regiones más rusófonas fuera muy reducida.

Los incidentes que se fueron registrando a lo largo de la campaña electoral recordaron a otros similares acontecidos durante los procesos previos. Durante este periodo se registraron incidentes concretos que ilustran la naturaleza híbrida de la amenaza que incluyen ataques cibernéticos a la Comisión Electoral, amenazas y falsas alertas de bomba en colegios de votación en el extranjero, y la exclusión administrativa de candidaturas vinculadas a financiación irregular procedente de actores favorables a Moscú. Estos episodios no solo complicaron la logística electoral, sino que actuaron como elementos de intimidación destinados a erosionar la confianza pública y a aumentar la percepción de riesgo asociada al proceso democrático.

Desde la perspectiva estratégica, la Unión Europea obtiene una lección doble. En lo práctico, necesita invertir en capacidades de respuesta rápida ante incidentes digitales, desplegar unidades conjuntas de verificación de hechos en lengua local y apoyar la profesionalización del periodismo independiente y las plataformas de verificación. En lo político, la integración debe acompañarse de políticas tangibles de prosperidad que reduzcan las causas profundas de la vulnerabilidad. De este modo, es indispensable que se apueste por medidas de regeneración democrática reales y no partidarias, que respeten la diversidad que incluyan el apoyo a la modernización administrativa y reformas anticorrupción verificables.

"La credibilidad de la UE solo puede incrementarse si efectivamente su apuesta es la del avance de la regeneración democrática, no partidaria, algo que, lamentablemente, no se observa con nitidez"
No menos importante es la dimensión regional: la cooperación activa con Rumanía y Ucrania, la coordinación con organismos internacionales y el fortalecimiento de mecanismos de sanción y control financiero pueden cerrar canales de financiación ilícita y reducir la capacidad operativa de proxis locales. Simultáneamente, las iniciativas comunitarias deben diseñarse con sensibilidad local, evitando soluciones tecnocráticas que no respondan a demandas ciudadanas concretas. La credibilidad de la UE solo puede incrementarse si efectivamente su apuesta es la del avance de la regeneración democrática, no partidaria, algo que, lamentablemente, no se observa con la nitidez que debería.


En todo caso, las elecciones parlamentarias de 2025 en Moldavia confirman que la competición entre la UE y Rusia se libra ahora en la arena cotidiana de la información, la seguridad digital y el bienestar social. La victoria del espectro proeuropeo en el último proceso electoral del actual ciclo político en Moldavia otorga cierta tranquilidad para los estrategas comunitarios que han leído en todo momento el resultado en términos geopolíticos, si bien no necesariamente democráticos. Se hace indispensable, en este sentido, una reformulación de la estrategia de defensa democrática. Una estrategia que apueste por el fortalecimiento de las instituciones, al tiempo que se dota de herramientas de resiliencia a la sociedad, incluidos los medios de comunicación que deben ser plurales y no deben ignorar la diversidad de las comunidades que habitan el territorio. La ansiedad con la que Bruselas trabaja en Moldavia favorece la percepción de lucha geopolítica más que de apuesta democratizadora y esto es algo que favorece sin ningún género de dudas a aquellos que apuestan por la desestabilización del país.
Ruth Ferrero-Turrión
Ruth Ferrero-Turrión
Profesora Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid (UCM)
Investigadora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (Icei).
Participación