Martes, 28 de julio de 2026
LA LUCHA CONTRA LA DESIGUALDAD

Inseguridad económica, desigualdad y redistribución en países ricos

Olga Cantó Sánchez, catedrática de Economía en la Universidad de Alcalá, alerta de que la "inseguridad económica", que también golpea a las clases medias, erosiona la cohesión social y alimenta el apoyo a "opiniones políticas extremas".

Olga Cantó Olga Cantó 21 de julio de 2025
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Bulevar de la naturaleza, en el madrileño ensanche de Vallecas. | Flickr /  santiago lopez-pastor
Bulevar de la naturaleza, en el madrileño ensanche de Vallecas. | Flickr / santiago lopez-pastor
Sabemos que las desigualdades de bienestar económico en España son grandes en el contexto de los países de la Unión Europea (UE) y que esta falta de cohesión social afecta negativamente a nuestra calidad de vida. En todo caso, es crucial darse cuenta de que el bienestar percibido por la población no depende únicamente de lo que las familias ingresan y de la riqueza que atesoran, sino también de cómo perciban los posibles (y plausibles) riesgos e incertidumbres que se les dibujan en el futuro. Ciertamente, como afirman tanto Osberg en su artículo Economic Insecurity [Inseguridad económica]como Hacker en su libro The Great Risk Shift: The New Economic Insecurity and the Decline of the American Dream [El gran cambio del riesgo: La nueva inseguridad económica y el declive del sueño americano], a la hora de evaluar nuestra calidad de vida, las personas tenemos en cuenta no solamente nuestra situación económica actual, sino también nuestras expectativas (las más plausibles) sobre cómo será nuestro futuro. 

"La inseguridad no es una dimensión adicional de la pobreza, sino que afecta a muchos individuos clasificados como no pobres"
Todo esto sugiere que, para analizar el bienestar humano, además de analizar las brechas de renta y de riqueza entre individuos, debemos tener en cuenta la evolución de un concepto mucho más amplio que incluya alguna aproximación a lo que podríamos denominar "inseguridad económica". Este concepto se podría definir como la preocupación sobre los problemas económicos en un futuro cercano y la imposibilidad de recuperarse de ellos debido a la falta de recursos para hacerles frente. Este concepto se empieza a revelar como una de las principales amenazas para la cohesión de nuestras sociedades, especialmente tras la Gran Recesión y la crisis de la COVID-19, pero hasta ahora ha sido mucho menos estudiado por los científicos sociales que la desigualdad económica y la pobreza. 

La evidencia científica reciente señala que un aumento de la inseguridad económica impacta negativamente en dimensiones del bienestar humano, relacionadas tanto con la salud mental como física. También incide y condiciona muchas de nuestras decisiones individuales cruciales a lo largo de la vida, como la emancipación, la fecundidad, la participación en el mercado laboral o la inversión de tiempo y de recursos económicos en nuestra formación o la de nuestros hijos. Todas estas decisiones individuales condicionan el avance y desarrollo global futuro de nuestras sociedades. Tanto la Gran Recesión como la crisis de la COVID-19 han amplificado el papel de la inseguridad económica al empeorar las expectativas financieras, ya de por sí negativas, de gran parte de la población de muchos países ricos. La caída mundial de los ingresos laborales, junto con los crecientes niveles de endeudamiento de los hogares, han aumentado sustancialmente la preocupación de la población por las dificultades económicas en un futuro próximo, lo que ha llevado a los académicos a empezar a buscar métodos nuevos y exhaustivos para evaluar este creciente fenómeno.

Sin embargo, dado que la inseguridad económica tiene que ver con las expectativas y es esencialmente un fenómeno prospectivo, todavía no hay consenso académico sobre cómo medirla. El hecho de que las personas estén cada vez más preocupadas por su situación económica futura subraya la necesidad de identificar métodos adecuados para cuantificarla y, lo que es más importante, estudiar su relación con otros fenómenos sociales bien conocidos como la pobreza, la desigualdad o la privación material. 

Hasta ahora, los análisis empíricos sobre la inseguridad económica se basan en diversos enfoques y metodologías, y solo se dispone de resultados para un número limitado de países. Lo que parece claro es que la inseguridad económica es un concepto multidimensional que implica no solo la medición de estados futuros, sino también cómo se traslada el riesgo de futuras pérdidas económicas a la esfera subjetiva. Aunque la incidencia de la inseguridad económica disminuye claramente a lo largo de la escala de ingresos, los resultados empíricos sugieren que la inseguridad no es una dimensión adicional de la pobreza, sino que afecta a muchos individuos clasificados como no pobres. Esto significa que, incluso si la pobreza está positivamente correlacionada con la inseguridad económica, necesitamos ir más allá de las actuales medidas de pobreza y privación material para evaluar el bienestar de forma global. 

"En aquellos países donde la inseguridad económica es más relevante, hay también un porcentaje significativo de individuos afectados que pertenecen a las clases medias"
Algunos autores subrayan que el fenómeno de la inseguridad está muy relacionado con el ciclo económico: en los momentos recesivos crece el número de personas que sufren inseguridad económica, mientras que desciende ligeramente en la recuperación. Cuando se investiga la relación entre la inseguridad económica y el nivel de ingresos de los ciudadanos, se observa que aquellos ciudadanos con menos recursos sufren este fenómeno en mayor medida. De todos modos, lo que es más importante es que en aquellos países donde la inseguridad económica es más relevante, hay también un porcentaje significativo de individuos afectados que pertenecen a las clases medias. Por lo tanto, la inseguridad económica no es un problema exclusivo de los individuos en riesgo de pobreza, sino que se extiende a hogares con niveles de ingresos medios. 

Una diferencia conceptual clave entre inseguridad y pobreza es que la primera mide la ansiedad psicológica provocada por el riesgo, mientras que la segunda se centra en la privación material. Así, una persona pobre con un futuro estable puede no ser económicamente insegura, mientras que una persona con ingresos suficientes para evitar la pobreza, pero con un gran riesgo de perder recursos, podría ser muy insegura económicamente. Sin embargo, al mismo tiempo, todas las consecuencias negativas del aumento de la inseguridad económica pueden representar una amenaza para la mitigación de la pobreza tanto a corto como a largo plazo. Por un lado, la inseguridad está asociada a un peor estado de salud y a una menor educación de las generaciones futuras, lo que a su vez está relacionado con un menor nivel de vida. Por otro lado, aquellos individuos pobres que creen que es probable que sufran dificultades económicas en el futuro pueden estar menos dispuestos a tomar decisiones que podrían sacarlos de la pobreza, pero que están asociadas con el riesgo y la incertidumbre, por lo que no son capaces de escapar de la trampa de la pobreza. Además, se sabe que el riesgo no se distribuye por igual: los individuos de bajos ingresos suelen ser los más afectados por los shocks económicos y cuentan con menos mecanismos de protección frente a la inseguridad. 

Políticas de impuestos y prestaciones

Aunque son pocos los estudios sobre el tema, tenemos ya alguna evidencia que nos permite concluir que el nivel de inseguridad económica en España es de los más elevados en el contexto europeo, ya sea analizando solo el riesgo objetivo de problemas económicos futuros como utilizando indicadores subjetivos. En un estudio reciente para la Unión Europea para el periodo 2009-2018, Olga Cantó y Marina Romaguera concluyen que nuestro país se sitúa en la parte alta de la clasificación, muy por encima de la media de la UE-27: en 2018 el 21,6% de los españoles sufrían inseguridad económica, mientras que solo lo hacían (en media) el 16% de los europeos. España se asemeja a países como Italia, Estonia o Croacia, con niveles por encima del 20% solo superados por el país más afectado por la inseguridad del continente: Grecia, donde más de una de cada tres personas era económicamente insegura. 
 

En el contexto europeo, los países nórdicos son los que presentan mayores niveles de seguridad económica, seguidos de los países anglosajones. Este resultado parece indicar que, como sucede con la desigualdad y la pobreza, la inseguridad económica está influida por los diferentes modelos de bienestar. En consecuencia, si las instituciones públicas no son capaces de actualizar las políticas de impuestos y prestaciones para mitigar los crecientes riesgos a los que se enfrentan los individuos, podría producirse una desconfianza generalizada en el sistema y en los líderes políticos y un aumento de la defensa de opiniones políticas extremas. En este sentido, la evidencia empírica apunta a que la inseguridad económica se relaciona positivamente con el creciente apoyo a los partidos de extrema derecha, contribuyendo a la polarización política y el malestar social de los países desarrollados. Así, aunque a menudo se piensa que la función del Estado del Bienestar moderno es la redistribución de recursos de ricos a pobres à la Robin Hood, en realidad una de sus funciones clave es servir de seguro, es decir, de elemento estabilizador de los ingresos familiares ante situaciones de crisis sucesivas y cada vez más recurrentes. 

"Si las instituciones públicas no son capaces de actualizar las políticas podría producirse una desconfianza generalizada en el sistema y un aumento de la defensa de opiniones políticas extremas"
Las políticas públicas proporcionan seguridad, reduciendo o trasladando los riesgos y reubicando los costes de un acontecimiento adverso de un agente económico a otro. Por tanto, los sistemas de impuestos y prestaciones pueden entenderse como un instrumento de redistribución a lo largo de la vida de los individuos: el pago de más impuestos en periodos de abundancia, legitima a los ciudadanos a obtener prestaciones en aquellos periodos en los que se encuentren en dificultades económicas. En este contexto, una fiscalidad progresiva y unas prestaciones adecuadas pueden ayudar mucho a reducir la ansiedad que sufren los ciudadanos derivada de las malas expectativas económicas, ya que sabrán que el sistema de bienestar actuará como una red de seguridad en caso de que esos riesgos económicos que temen efectivamente se materialicen.
En colaboración con la Fundación "la Caixa"
Olga Cantó
Olga Cantó
Catedrática de Economía de la Universidad de Alcalá
Doctora en Economía por el Instituto Universitario Europeo de Florencia y catedrática de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad de Alcalá. Dirige el Máster de Análisis Económico Aplicado de la Universidad de Alcalá y ha sido profesora de Economía Pública en la Universidad de Vigo e investigadora del Instituto de Estudios Fiscales. Sus principales líneas de investigación se centran en la medición del bienestar, la desigualdad y la pobreza en países ricos. Es miembro fundador de la red EQUALITAS (equalitas.es) y coordinadora del grupo de investigación WEIPO (sites.google.com/view/weipo-uah).
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