Miércoles, 29 de julio de 2026
CINCO AÑOS DE COVID

La economía española poscovid: entre la recuperación y la recaída

Cinco años después del estado de alarma, la economía española sigue mostrando signos de debilidad estructural. En este artículo, Albert Guivernau, economista y director general de la Fundación Civismo, analiza cómo la pandemia agravó los problemas preexistentes, dejando a España atrapada en una crisis crónica.

Albert Guivernau Albert Guivernau 18 de marzo de 2025
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En España, se estima que la pandemia de la COVID-19 provocó más de 120.000 muertos. | Unsplash / Mufid Majnun
En España, se estima que la pandemia de la COVID-19 provocó más de 120.000 muertos. | Unsplash / Mufid Majnun

El 14 de marzo de 2020, el Gobierno decretó el estado de alarma con motivo del covid-19, paralizando el país y confinando a la población en un intento de frenar el avance de la pandemia. Lo que comenzó como una crisis sanitaria derivó rápidamente en una crisis económica de proporciones colosales, cuyos efectos seguimos, en parte, arrastrando. Cinco años después, los datos reflejan que la economía española sigue mostrando signos de debilidad estructural. La tasa de paro, la deuda pública y la baja productividad han convertido a España en un alumno rezagado dentro de la Unión Europea, no tanto por la situación global de la economía española, que puede experimentar crecimientos del PIB, como por la economía de los españoles, que han visto reducido su poder adquisitivo en relación con sus vecinos europeos. El problema no se encuentra únicamente en el impacto de la pandemia, sino en la fragilidad económica previa que dejó la crisis financiera de 2008.

El punto de partida: Una economía vulnerable que aún no había superado los efectos de la crisis financiera y de deuda soberana

Antes del estallido de la pandemia, la economía española ya mostraba claros síntomas de fatiga. La crisis de 2008 marcó un antes y un después en la estabilidad macroeconómica del país. En 2007, la tasa de desempleo se situaba en un 8,57%, pero tras el colapso financiero, alcanzó un pico del 26,94% en el primer trimestre de 2013. Si bien el mercado laboral mostró signos de recuperación en los años siguientes, el paro nunca volvió a los niveles previos a la crisis y se mantuvo por encima del 10%. Para el último trimestre de 2019, la tasa de paro era del 13,78%, cinco puntos por encima que antes de la crisis financiera.

"La economía española, antes del covid-19, ya mostraba claros síntomas de fatiga con una tasa de paro del 13,78% a finales de 2019, cinco puntos por encima que antes de la crisis financiera de 2008"
En cuanto a la deuda pública, el panorama también era preocupante. Antes de la crisis financiera, la deuda soberana representaba el 38% del PIB, pero tras el rescate bancario y el incremento del gasto público, España entró en una espiral de endeudamiento. Para finales de 2019, la deuda pública superaba el 97% del PIB, más del doble que antes de la crisis de 2008. Este problema se agravaría aún más con la llegada de la pandemia.

A estos factores se sumaba otro problema estructural: la productividad. Mientras que en la Unión Europea el crecimiento de la productividad entre 2013 y 2022 fue del 0,8% anual, en España se limitó al 0,4%, colocándola entre los cinco países con menor avance dentro del bloque comunitario. Una economía estancada en términos de productividad es una economía condenada a la precariedad laboral y a un crecimiento débil, explicado prácticamente en su totalidad por incrementos de población activa y no por incrementos de productividad.

Con la llegada de la pandemia, a nuestro país le tocó afrontar una crisis económica profunda cuando aún no había logrado superar los efectos de la crisis financiera y de deuda soberana.

El golpe de la pandemia: una economía sostenida por deuda

El covid-19 agravó todos los problemas que España ya arrastraba. Durante los primeros meses de confinamiento, el PIB sufrió un desplome sin precedentes del 10,8% en 2020, la mayor caída entre las principales economías europeas. El turismo, que representaba cerca del 12% del PIB, quedó paralizado, el consumo privado se hundió y miles de empresas cerraron sus puertas.

Para amortiguar el golpe, el Gobierno implementó un paquete de medidas de gasto público sin precedentes, financiadas a través de deuda nacional y fondos europeos. Los ERTE, las ayudas a autónomos y las moratorias de pago evitaron una catástrofe social inmediata, pero también dispararon el endeudamiento del país. En apenas un año, la deuda pública pasó de representar el 97% del PIB en 2019 a superar el 120% en 2021 y reducirse, por los incrementos de PIB, hasta el 102% a finales de 2024.

"El desempleo, aunque no alcanzó los niveles posteriores a la crisis de 2008 gracias a los ERTE, siguió siendo un problema. Para finales de 2024, la tasa de paro seguía en un 10,61%, cuatro puntos por encima de la media europea (6,2%)"
El desempleo, aunque no alcanzó los niveles posteriores a la crisis de 2008 gracias a los ERTE, siguió siendo un problema. Para finales de 2024, la tasa de paro seguía en un 10,61%, cuatro puntos por encima de la media europea (6,2%). Y aunque se redujo ligeramente en los últimos años, esto se debió en gran medida al aumento de la población inmigrante, que permitió incrementar la ocupación, pero conteniendo salarios bajos y contratos temporales.

La economía española en 2025: una recuperación incompleta

Cinco años después del inicio de la pandemia, España sigue sin haber corregido los desequilibrios económicos que arrastra desde 2008. Si bien el PIB ha vuelto a niveles similares a los de 2019, el crecimiento sigue siendo insuficiente para absorber el desempleo y reducir el peso de la deuda pública. Esta situación es preocupante no solo por las nuevas reglas fiscales de la Unión Europea, sino porque supone un riesgo de inestabilidad financiera.

Es en las finanzas públicas dónde encontramos la huella más clara de la crisis económica derivada de la covid-19. Las administraciones públicas, para su funcionamiento ordinario, necesitan hoy 200.000 millones de euros más que en 2019. Esto se ha traducido en un incremento de la presión tributaria que, junto a una de las inflaciones más elevadas de la UE, ha reducido el poder adquisitivo de los ciudadanos.

Por el contrario, el desempleo sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes. Aunque ha descendido desde los picos de la crisis financiera y la pandemia, la tasa de paro sigue en un nivel elevado (10,61% a finales de 2024), casi el doble que la media europea. Esta cifra pone de manifiesto que el mercado laboral español sigue caracterizándose por la temporalidad, los bajos salarios y la falta de oportunidades para los jóvenes.

"En términos de productividad, España continúa rezagada respecto a sus socios europeos. En los últimos quince años, la productividad apenas ha crecido un 2%, la mitad del ritmo medio de la UE"
Los ERTE han introducido una novedad importante de cara a futuras crisis. Si bien en 2008 el ajuste se realizó con despidos masivos, en esta ocasión el mercado laboral se ajustó reduciendo el número de horas trabajadas en lugar de eliminar puestos de trabajo.

En términos de productividad, España continúa rezagada respecto a sus socios europeos. En los últimos quince años, la productividad apenas ha crecido un 2%, la mitad del ritmo medio de la UE. Esta situación refleja un problema estructural: la falta de inversión en sectores de alto valor añadido y la excesiva dependencia de sectores de baja cualificación, como el turismo y la hostelería.

Por último, el contexto geopolítico añade una nueva carga fiscal a España. La incertidumbre global, el regreso de Donald Trump y la presión de la OTAN para aumentar el gasto en defensa obligarán a los países europeos a incrementar sus presupuestos militares. España no será una excepción, lo que plantea una pregunta clave: ¿cómo financiará el Gobierno este aumento del gasto sin seguir engrosando la deuda pública o añadiendo mayor presión fiscal a los ciudadanos?

Un país atrapado en una crisis crónica

España no ha superado el impacto económico del covid-19 porque, en realidad, nunca superó la crisis financiera de 2008. La pandemia no hizo más que agravar los problemas preexistentes: una tasa de paro estructuralmente alta, una deuda pública desbocada y una productividad estancada.

Cinco años después, seguimos sin ver grandes reformas estructurales que permitan un crecimiento sólido y sostenible. La política económica del Gobierno se ha basado en soluciones a corto plazo, en "parches" que no han abordado los problemas de fondo.

"La historia económica reciente de España es la de un país que, en lugar de aprovechar los ciclos de bonanza para corregir sus desequilibrios, los ha agravado con medidas de gasto descontrolado"
La historia económica reciente de España es la de un país que, en lugar de aprovechar los ciclos de bonanza para corregir sus desequilibrios, los ha agravado con medidas de gasto descontrolado. La pandemia fue un golpe duro, pero no es la causa principal de nuestros problemas. La verdadera raíz está en una política económica que ha apostado por el endeudamiento en vez de por la reforma estructural. Y si algo ha demostrado la última década es que una economía basada en gasto público y deuda no es sostenible a largo plazo.

La pregunta ahora es cuánto tiempo más puede España seguir postergando las reformas necesarias antes de que la realidad económica imponga sus propias reglas. ¿Cuánto más vamos a tardar en superar la crisis de 2008?

Albert Guivernau
Albert Guivernau
Director general de la Fundación Civismo
Participación