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La polarización política que divide las sociedades de nuestro mundo tiene su origen y fuente de alimentación en la polarización económica que supone la desigualdad económica. La verticalización de la estratificación social es la gran polarización de la que derivan todas las demás. La neoliberalización desplegada desde la década de 1980 provocó una precarización de los vínculos contractuales de las corporaciones con los trabajadores y proveedores, y ese patrón relacional de solidaridad precaria extendió lo que Bauman denominó la gran desvinculación.
El patrón relacional de las adictivas redes sociales ha aumentado la soledad y suplantado el modo de vinculación que sostenía la solidaridad orgánica de las sociedades complejas. Penetró hasta las sociedades más próximas e íntimas como los vecindarios, los grupos de amigos o la familia. Y no solamente redujo la responsabilidad e incondicionalidad del amor, sino que mercantilizó los marcos de sentido, comercializó las identidades y contribuyó a anihilar la cultura, provocando una pandemia de salud mental y pérdida de propósito vital. Así pues, existe una cadena causal que ha ido transmitiendo el paradigma precario y polarizado de relaciones del capital con la mayoría social hacia todos los subsistemas sociales de la sociabilidad comunitaria, la cultura o la política.
"Existe una cadena causal que ha ido transmitiendo el paradigma precario y polarizado de relaciones del capital con la mayoría social hacia todos los subsistemas sociales de la sociabilidad comunitaria, la cultura o la política"En un sistema económico de alta transformación, flexibilidad, incertidumbre y precariedad, las personas requieren constituirse como sujetos de fuerte resiliencia en comunidades de intensa solidaridad que den soporte al trabajador. Sin embargo, la precariedad se inyecta en las esferas más íntimas de los vínculos y resta recursos para la resiliencia. De ese modo, la familia, que sigue siempre haciendo su papel de absorción del impacto destructor de las crisis económicas, ha ido viendo paulatinamente menguada esa capacidad. La familia es un motor de distintos capitales (social, cultural, patrimonial, educativo, etc.) y el neoliberalismo colapsa esa producción.
"Entre quienes carecen de capital para llegar a fin de mes hay cinco veces más personas que afirman que la economía tiene colapsado su proyecto de familia"Los ingresos escasos multiplican los problemas familiares. Por ejemplo, entre quienes carecen de capital para llegar a fin de mes hay cinco veces más personas que afirman que la economía tiene colapsado su proyecto de familia y se sextuplica la queja de que su situación económica perjudica su vida familiar. La precariedad laboral empobrece la convivencia con la pareja y los hijos. El 20,7% de trabajadores en los barrios populares del sur de Madrid solo dispone como máximo de un fin de semana al mes para disfrutar con la familia y el 21,3% solo puede cenar uno de los días laborables cada semana con sus hijos. Los datos señalan que a mayor precariedad en la seguridad laboral, más impacto negativo hay sobre la calidad de la vida familiar. Cuanto más temporal o informal es el empleo, en mayor medida se sostiene que el trabajo perjudica a la dinámica familiar. Tener contratos temporales o trabajar en la economía informal dobla la probabilidad de que sientas que tu proyecto de pareja y familiar está colapsado.
"Si la ética laboral se descompone o no hay confianza en la reciprocidad del contrato social a través del empleo, la sociedad pierde el que quizás constituye el principal pilar de su estructura"Especial preocupación reviste el deterioro que la precariedad laboral puede causar en la ética laboral, que es el eje vertebral de la solidaridad orgánica en la sociedad, principal vía de inclusión social y participación activa, y quizás la más poderosa fuente de identidad social. Si la ética laboral se descompone o no hay confianza en la reciprocidad del contrato social a través del empleo, la sociedad pierde el que quizás constituye el principal pilar de su estructura. ¿Son los trabajos una referencia ética para los hijos? Cuanto menos se gana, más sostienen los padres que el nivel ético de su trabajo no es buen ejemplo para sus hijos. El 67,1% de quienes no pueden hacer frente a imprevistos, creen que su trabajo no aporta de ningún modo a la formación de sus hijos. El 39,4% de los padres dicen que su horario laboral es mal ejemplo para sus hijos y dos quintos de quienes tienen contratos temporales piensan que sus trabajos no tienen suficiente utilidad social como para ser buen ejemplo para sus hijos.

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