Martes, 28 de julio de 2026
PARTIDO POPULAR

Feijóo y Abascal: del pacto de poder al proyecto común

La politóloga Anna López sostiene que el proceso de normalización de la extrema derecha ha sido mucho más rápido en España que en otros lugares de Europa y que los pactos entre PP y Vox no son coyunturales, sino el ensayo de un "proyecto político duradero". En su opinión, el PP de Feijóo, lejos de actuar como "contrapeso", ha asumido los "marcos ideológicos de Vox" y muchas diferencias son ahora "irrelevantes".

Anna López Ortega Anna López Ortega 27 de junio de 2025
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Alberto Núñez Feijóo saluda a Santiago Abascal durante el desfile militar del 12 de octubre de 2024. | David Canales / Zuma Press / ContactoPhoto
Alberto Núñez Feijóo saluda a Santiago Abascal durante el desfile militar del 12 de octubre de 2024. | David Canales / Zuma Press / ContactoPhoto
En 2027, España podría entrar definitivamente en el club de los países europeos donde la derecha tradicional ha abrazado a la extrema derecha no como una necesidad táctica, sino como una fórmula de gobierno duradera. A diferencia de lo que ha ocurrido en otros países del entorno europeo, en España los pactos entre el PP y Vox no solo han llegado antes: han sido más rápidos, más amplios, y con mayores cesiones ideológicas.

Los ejemplos abundan. En apenas unas semanas tras las elecciones municipales y autonómicas de 2023, PP y Vox se repartieron el poder en más de 150 ayuntamientos y seis comunidades autónomas. Pactos exprés, sin el desgaste político que han supuesto negociaciones similares en Europa. Recordemos que el acuerdo de gobierno entre la derecha liberal de Geert Wilders en Países Bajos y sus socios ultras tardó cinco meses y medio. En España, en menos de cinco semanas, la ultraderecha ya presidía parlamentos autonómicos y decidía políticas culturales, educativas y de memoria.

"Lo preocupante no es solo la velocidad. Es la profundidad del giro. Allí donde Vox ha entrado en gobiernos, el PP no ha actuado como contrapeso, sino como colaborador entusiasta"
Lo preocupante no es solo la velocidad. Es la profundidad del giro. Allí donde Vox ha entrado en gobiernos, el PP no ha actuado como contrapeso, sino como colaborador entusiasta. Se han permitido censuras en bibliotecas públicas como en Borriana. Se han invisibilizado fechas históricas como el 25 de abril, día del autogobierno valenciano. Se han normalizado discursos excluyentes contra migrantes, mujeres y personas LGTBI. Y ahora, con la vista puesta en 2027, lo que vemos es la antesala de un gobierno estatal que, lejos de amortiguar a Vox, ha sido reconfigurado a su imagen y semejanza.

Los efectos de esta normalización ultra ya no se limitan a las instituciones. Se filtran también en el imaginario social. Según el último Informe Juventud en España 2024, el 23% de los hombres jóvenes (y el 12% de las chicas) creen que la violencia de género es un "invento ideológico". En 2019, únicamente el 12% de los chicos pensaba así. El negacionismo no solo avanza: se consolida. En paralelo, el apoyo al feminismo y a la igualdad de género se desploma, especialmente entre los varones, donde ha caído veinte puntos desde hace cinco años.

Este dato no se explica sin el contexto político y mediático que lo alimenta. Vox no opera solo. Su discurso es amplificado por terminales mediáticas, consolidado por pactos de poder y —cada vez más— legitimado por el PP. La realidad es que los marcos de la extrema derecha han dejado de ser "alternativos".

Un PP que renuncia a su identidad

La ponencia política presentada en el XXI Congreso Nacional del PP certifica esta transformación. El partido —que en 2017 aún reconocía el cambio climático, defendía la cooperación internacional, apostaba por un parque de vivienda pública y hablaba de la migración como oportunidad— ha virado hacia un discurso que no solo minimiza esos valores: los combate.

El PP de Feijóo evita pronunciarse sobre derechos fundamentales como el aborto o la eutanasia para no dividir internamente, pero ha asumido sin rubor buena parte del marco ideológico de Vox. En su documento ideológico, desaparecen referencias a la Agenda 2030, a la inclusión de personas migrantes, a la vivienda social o a la acogida de refugiados. En su lugar, se prioriza la expulsión de personas en situación irregular, el endurecimiento penal frente a la "okupación", la defensa de la tauromaquia y la crítica a las leyes trans y feministas, hablando incluso de "borrado de mujeres".

"Más allá del silencio sobre cuestiones internas, lo que deja claro la nueva ponencia es que el PP ya no teme parecerse a Vox. Ha asumido sus marcos ideológicos, su lenguaje y, llegado el caso, también sus métodos"
Más allá del silencio sobre cuestiones internas, lo que deja claro la nueva ponencia es que el PP ya no teme parecerse a Vox. Ha asumido sus marcos ideológicos, su lenguaje y, llegado el caso, también sus métodos. Las diferencias, en muchos ámbitos, se han diluido hasta volverse irrelevantes. Lo llamativo es la rapidez con la que esta convergencia se ha producido en comparación con otras derechas europeas, donde los procesos de normalización de la extrema derecha han sido mucho más lentos y, a menudo, acompañados de resistencias internas.

En Austria, por ejemplo, el ultraderechista FPÖ obtuvo por primera vez más del 20% de los votos en las elecciones de 1995, pero no fue hasta el año 2000 cuando entró en un gobierno de coalición con el Partido Popular Austríaco (ÖVP), liderado entonces por Wolfgang Schüssel. Aquella alianza desató una fuerte reacción internacional y sanciones diplomáticas de la Unión Europea, reflejo de una sensibilidad democrática que hoy parece lejana. Sin embargo, más de dos décadas después, el FPÖ se ha consolidado como el partido más votado en las encuestas y aspira a regresar al poder con escasa contestación.

En Alemania, Friedrich Merz, líder de la CDU, ha reiterado públicamente su negativa a pactar con la ultraderechista AfD, incluso tras las victorias regionales de esta formación en los estados del Este. Y en Polonia, Donald Tusk ha conseguido devolver el gobierno a los partidos democráticos tras años de autoritarismo del PiS, comprometiéndose con una clara agenda de reconstrucción institucional y aislamiento de la ultraderecha.

En España, sin embargo, no solo no hay cordón sanitario: hay pasillos alfombrados. La derecha no se enfrenta al dilema moral de pactar con la extrema derecha porque ya no la considera extrema. Vox ha dejado de ser el "populismo peligroso" que el PP denunciaba hace apenas una década. Ahora es un socio legítimo, con capacidad de veto, influencia directa sobre la legislación y espacio asegurado en las instituciones. Y lo ha ratificado Feijóo en la reunión del 25 de junio en su despacho del Congreso con Santiago Abascal. 

"El modelo PP-Vox no es un pacto coyuntural. Es un proyecto político duradero, el más rápido y profundo de toda Europa Occidental"
Una reunión que no fue "informal". Fue programática. Marca la continuidad de una hoja de ruta compartida que ya se ensaya en los territorios y que amenaza con cristalizar en 2027. Mientras el Partido Popular europeo rechaza abiertamente pactar con la extrema derecha —como han hecho la CDU alemana o Donald Tusk en Polonia—, el PP de Feijóo se alinea con Vox sin complejos. El resultado: una derecha casi indistinguible de la extrema derecha, con Abascal como vicepresidente ideológico de facto del proyecto que Feijóo ya no disimula.

Quedan dos años para unas nuevas elecciones generales. Pero las condiciones están sentadas. El modelo PP-Vox no es un pacto coyuntural. Es un proyecto político duradero, el más rápido y profundo de toda Europa Occidental.

El PP ha convertido a Vox no en un peaje transitorio, sino en un pilar de su proyecto de país. Y esa es una diferencia fundamental con respecto a los homólogos europeos.
Anna López Ortega
Anna López Ortega
Doctora en Ciencia Política por la Universitat de València (UV, España) y licenciada en Periodismo y Ciencia Política por la misma Universidad.
Autora del libro 'La extrema derecha en Europa' (Tirant, 2025). Ha sido becaria en el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Cuenta con más de 15 años de experiencia profesional en asesoría política y parlamentaria en diferentes gabinetes e instituciones públicas. Sus principales líneas de investigación abordan temas vinculados a la nueva extrema derecha, los delitos de odio y el análisis y comportamiento electoral. Desde 2016, imparte docencia en la UV en áreas de conocimiento de ciencia política, periodismo y sociología, en la Universidad Internacional de Valencia y en el Instituto Valenciano de Administración Públicas.
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