

"La provocación, la polarización y la protesta son las señas de identidad de un movimiento social que supera el marco de la democracia liberal"La desregulación constituye la promesa a Elon Musk, Peter Thiel, Bill Ackman y otros grandes donantes. Es un discurso contra la transición verde o la privacidad, que persigue un mundo digital sin normas. La inteligencia artificial y el cloud computing representan esta idea de mercado abierto e innovador, que no puede detenerse por viejos mecanismos propios de la democracia liberal. Esta ideología de solucionismo tecnológico necesita energía barata, esto es, disparar la producción de petróleo y gas, y entornos fríos para el almacenamiento de datos, sea en la Patagonia argentina o en Groenlandia. La paradoja viene de un mundo digital desregulado, pero con tarifas y aranceles para la economía industrial. La producción en fábricas sí requiere normas, cuotas y restricciones, sobre todo, contra China.
"La desglobalización se define como el debilitamiento de las relaciones internacionales bajo un sistema único de gobernanza, integración económica, normas y valores"El desorden es el rasgo principal de la presidencia que viene. Se habla con soltura de las esferas de influencia, un escenario previo a la Conferencia de Yalta de 1945, de la indisputabilidad de las fronteras, dinamitando la doctrina de la Conferencia de Helsinki en 1978. Las amenazas directas al control del canal de Panamá o la soberanía de Groenlandia son inéditas, muy diferentes a las guerras del Golfo Pérsico. El desorden, no obstante, tiene vocación de control sobre los accesos a puertos, mercados e infraestructuras. Aquí es donde América Latina recupera la centralidad de la política exterior estadounidense. La Unión Europea persigue la construcción de un discurso propio, pero los cambios son muy lentos. Sin liderazgo político y sin financiación, no hay capacidad. Mientras, tanto en Asia como en África, la élite ha comprendido que el desorden es una oportunidad para aprovecharse de la rivalidad estratégica. Serán China y Estados Unidos quienes compitan por sus recursos.

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