Martes, 28 de julio de 2026
GEOPOLÍTICA

La triple 'D' de Trump: desregulación, desglobalización y desorden

Según Juan Luis Manfredi, el anterior catedrático Príncipe de Asturias en la Universidad de Georgetown, la intervención de Trump en el Foro de Davos refleja "un mundo de riesgos de no mercado, capitalismo con apoyo del Estado y energías 'fiables'".

Juan Luis Manfredi Juan Luis Manfredi 25 de enero de 2025
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En su discurso ante el Foro de Davos, Trump prometió los impuestos más bajos del mundo para quien operara en EE. UU. pero advirtió de los aranceles para quien no lo hiciera. | Peng Ziyang / Xinhua News / ContactoPhoto
En su discurso ante el Foro de Davos, Trump prometió los impuestos más bajos del mundo para quien operara en EE. UU. pero advirtió de los aranceles para quien no lo hiciera. | Peng Ziyang / Xinhua News / ContactoPhoto
De la administración 2016-2020, aprendimos que las tres P del populismo funcionan. La provocación (las arengas y los mítines), la polarización (la identidad como política y el rival como enemigo) y la protesta (el fatídico 6 de enero en DC y el 7 de enero en Brasilia) son las señas de identidad de un movimiento social que supera el marco de la democracia liberal. La herencia de esta estrategia es una década de esfera pública intoxicada, la mentira ubicua y la descomposición del orden liberal internacional.

El discurso de Davos inaugura una nueva etapa. Ya no estamos en esta retórica, propia de la carrera presidencial y la agitación de la calle, sino en la gestión y la administración. Aquí las claves del nuevo trumpismo operan sobre una triple D: desregulación, desglobalización y desorden.

"La provocación, la polarización y la protesta son las señas de identidad de un movimiento social que supera el marco de la democracia liberal"
La desregulación constituye la promesa a Elon Musk, Peter Thiel, Bill Ackman y otros grandes donantes. Es un discurso contra la transición verde o la privacidad, que persigue un mundo digital sin normas. La inteligencia artificial y el cloud computing representan esta idea de mercado abierto e innovador, que no puede detenerse por viejos mecanismos propios de la democracia liberal. Esta ideología de solucionismo tecnológico necesita energía barata, esto es, disparar la producción de petróleo y gas, y entornos fríos para el almacenamiento de datos, sea en la Patagonia argentina o en Groenlandia. La paradoja viene de un mundo digital desregulado, pero con tarifas y aranceles para la economía industrial. La producción en fábricas sí requiere normas, cuotas y restricciones, sobre todo, contra China.


La desglobalización se define como el debilitamiento de las relaciones internacionales bajo un sistema único de gobernanza, integración económica, normas y valores. También podría ser decoupling o derisking, vocabulario creado exnovo para la gramática del poder. La interdependencia se convierte en instrumento estratégico para presionar mediante la guerra de divisas, las barreras artificiales al comercio, el proteccionismo o el discurso identitario. El fenómeno clausura el deseo ambicioso de un liderazgo global, ya que la nueva administración Trump no promoverá una heurística de libre comercio, expansión de la democracia, conectividad y derechos humanos. Ese mundo se ha desvanecido: el Acuerdo de París está desahuciado y la OTAN se rebaja a proveedora de servicios de seguridad, lejos de una alianza basada en valores. 

"La desglobalización se define como el debilitamiento de las relaciones internacionales bajo un sistema único de gobernanza, integración económica, normas y valores"
El desorden es el rasgo principal de la presidencia que viene. Se habla con soltura de las esferas de influencia, un escenario previo a la Conferencia de Yalta de 1945, de la indisputabilidad de las fronteras, dinamitando la doctrina de la Conferencia de Helsinki en 1978. Las amenazas directas al control del canal de Panamá o la soberanía de Groenlandia son inéditas, muy diferentes a las guerras del Golfo Pérsico. El desorden, no obstante, tiene vocación de control sobre los accesos a puertos, mercados e infraestructuras. Aquí es donde América Latina recupera la centralidad de la política exterior estadounidense. La Unión Europea persigue la construcción de un discurso propio, pero los cambios son muy lentos. Sin liderazgo político y sin financiación, no hay capacidad. Mientras, tanto en Asia como en África, la élite ha comprendido que el desorden es una oportunidad para aprovecharse de la rivalidad estratégica. Serán China y Estados Unidos quienes compitan por sus recursos.


Todo esto sucede en el Foro Económico Mundial de Davos. Sí, el mismo espacio que desde 1971 reúne a la élite del negocio, la política, el periodismo y el mundo diplomático. En el mismo escenario, Javier Milei aprendió el significado de la popularidad global en 2024 y Xi Jinping defendió una globalización abierta al libre comercio en 2017. Aquel Davos Man se ha retirado de la escena. Ha dejado de ser un representante del cosmopolitismo y los negocios globales. Sus herederos son ahora testigos y actores del movimiento nacionalista y conservador que aboga por el control fronterizo, la apuesta por restricciones comerciales y el enfrentamiento. En suma, la nueva retórica de Trump se alinea con el adiós a un mundo interesado en la gobernanza o el cambio climático para sumergirse en un mundo de riesgos de no mercado, capitalismo con apoyo del Estado y energías fiables. Prepárense. Este Davos es el nuevo mainstream.
Juan Luis Manfredi
Juan Luis Manfredi
Catedrático de Estudios Internacionales en la Universidad de Castilla-La Mancha.
Antiguo catedrático Príncipe de Asturias en Georgetown University. Autor de 'Urban Diplomacy. A Cosmopolitan Outlook' (Brill, 2021) y de 'Diplomacia corporativa: la nueva inteligencia directiva' (UOC Editorial, 2018).
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