Serán ásperos. Los próximos días serán ásperos y turbulentos. Todos los lunes pasan cosas en España. La muerte de un Papa, un apagón, el anuncio de un cónclave en el PP. Conviene no perder de vista que lo primero era un hecho previsible, lo segundo improbable y lo tercero necesario.
Estos tres hechos, aparentemente dispares, están más relacionados que alejados entre sí.
Feijóo ha comunicado la convocatoria de congreso extraordinario para los próximos días 5 y 6 de julio. Lo ha hecho durante el Comité Nacional de este lunes. Será un congreso que, no obstante, contará con sendas ponencias, una política y otra orgánica, y un candidato a la presidencia del PP, el propio Alberto Núñez Feijóo, dispuesto a dirigir el partido ante la previsión, quizá equivocada, de que Pedro Sánchez anticipará elecciones en 2026, ante la ausencia de presupuestos generales del Estado.
"Se impone una profunda reflexión sobre el centroderecha en España y qué papel quiere jugar el Partido Popular"
Como ya hemos dicho este lunes,
se impone una profunda reflexión sobre el centroderecha en España y qué papel quiere jugar el Partido Popular. De momento, la pajita que pretendía absorber a Vox a lo largo de estos dos últimos años no ha funcionado y Feijóo tampoco ha sido un movilizador del voto suficiente para garantizar su autonomía. En algunas encuestas, el partido solo está a algo más de un punto del PSOE. Lo cierto es que desde que fue elegido presidente del PP en 2022,
el gallego ha sido un dirigente cuestionado, dubitativo, oscilante, sin un perfil realmente definido a la hora de plantear ante su dirección una estrategia política propia, que no dependa de los medios de comunicación, de los jueces (o de las energéticas). El último ejemplo que se nos ha servido ha sido el pacto frustrado que ofreció el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, al responsable económico popular, Juan Bravo. A pesar de que este último quiso acordar las medidas con el Gobierno, el líder del PP forzó la máquina y dio un paso atrás.
En ocasiones,
la tentación de ver a Pedro Sánchez mordiendo la lona o perdiendo votaciones en el congreso, ha electrocutado a Alberto Núñez Feijóo. Todavía siguen en el recuerdo los calambrazos que produjo la votación del decreto sobre las pensiones.
El no a todo no es hacer oposición. Sus declaraciones tras el apagón tampoco. En el PP deben asimilar que entregar el relato político a los jueces del Supremo o al señor Peinado, un suponer, no es liderar. Ni siquiera, eclipsar el anuncio de un congreso a través de las filtraciones a los medios de comunicación.
Salvada la renovación del CGPJ,
Alberto Núñez Feijóo ha sido incapaz de cerrar ningún acuerdo de estado con el PSOE y otras fuerzas políticas. Y esta es la clave principal por la que Feijóo llegará a julio con un liderazgo débil y difuso, a diferencia de Isabel Díaz Ayuso que, cada lunes, le roba el protagonismo a Feijóo. Desconectado de Europa y del PPE, después de votar en contra de la Comisión de Ursula von der Leyen; desconectado de EE. UU., donde el gallego no tienen ningún tipo de vínculo atlántico; desarticulado del conjunto de comunidades donde gobierna, donde cada presidente autonómico ha decidido pactar presupuestos con Vox o romperlos a su libre albedrío; desautorizado por Mazón, que sigue siendo presidente de la Generalitat después de que la jueza Nuria Ruiz Tobarra indicara en todos los autos que la responsabilidad de la emergencia durante la DANA era exclusivamente autonómica, resulta muy difícil definir el liderazgo de Feijóo. Por encima de él se sitúa la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien parece haber puesto en manos del consejero delegado de Indra y presidente de Ifema, Vicente de los Mozos, la celebración de este congreso extraordinario. ¿Será candidata? Por ahora, no sabemos nada. Por ahora.
"El mayor problema del PP es que no sabe, en estos momentos, qué quiere ser, cómo quiere gobernar ni con quién"
En política es importante estar de acuerdo con los hechos.
El mayor problema del PP es que no sabe, en estos momentos, qué quiere ser, cómo quiere gobernar ni con quién, en un tiempo donde la autoridad y el liderazgo son determinantes para tomar decisiones políticas. Autoridad, sí, liderazgo también y, sobre todo, coherencia. Pero ¿Ninguno la tiene? No.
En el principio fue verbo y el verbo fue José María Aznar.
El refundador del centroderecha español en 1992 sabe que su partido está llamado a reunificar otra vez una derecha dividida. La gran lección del cónclave por el que ha sido elegido León XIV nos habla de mayorías difusas, concentradas en un punto para alcanzar sus objetivos. El republicanismo americano ha tomado buena nota de ello. Y Aznar, en Europa, también.
El gran fracaso de Alberto Núñez Feijóo ha sido no saber definir ese espacio, como sí lo hizo, en cambio, el Papa Francisco. Cuando el líder gallego se instaló en la planta séptima de la calle Génova, en España había, mayormente, dos derechas. En cambio, tres años después, en el país hay, al menos, tres —si no cuatro— que hacen completamente inviable que el conservadurismo español pueda volver a gobernar.
El Espíritu Santo no está con Feijóo, sino con Aznar, el gran hacedor de la luz y de los apagones políticos.
La derecha de José María Aznar no está dispuesta a compartir mesa con Santiago Abascal de vicepresidente del Gobierno, ni tampoco con Ortega Smith como ministro del Interior. Cualquier proyecto que incluya a Vox es hoy inasumible y solo conduce al PP a caminar, solitario, una larga travesía por el desierto, mientras a Feijóo se le cae encima el cielo de Madrid. En el próximo congreso de julio,
habrá que estar atentos a lo que diga Aznar y, sobre todo, a lo que suceda con Kiko Monasterio y Espinosa de los Monteros.