Martes, 28 de julio de 2026
EL 5%, A DEBATE

La OTAN como sinónimo de paz, libertad y estabilidad

El Dr. Alfredo Crespo Alcázar, profesor de la Universidad Alfonso X El Sabio, analiza el papel disuasorio de la Alianza, su atractivo para los países del Este frente a la agresión rusa y el choque entre la visión multilateral de Biden y el desprecio de Trump por la seguridad colectiva.

Alfredo Crespo Alcázar Alfredo Crespo Alcázar 25 de junio de 2025
Añadir AgendaPública en Google
Donald Trump habla con la prensa en la mañana del 24 de junio. | Andrew Leyden / Zuma Press / ContactoPhoto
Donald Trump habla con la prensa en la mañana del 24 de junio. | Andrew Leyden / Zuma Press / ContactoPhoto
"Estados Unidos está en su punto más fuerte cuando trabaja en alianza con nuestros socios y enfrenta los desafíos globales de manera colectiva. En este nuevo siglo, debemos estar preparados para las amenazas del terrorismo, la proliferación nuclear y la competencia estratégica, construyendo un orden internacional basado en reglas, valores compartidos y cooperación".

Con estas palabras pronunciadas por Joe Biden en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2021, Estados Unidos retomaba el lugar que había ocupado desde el final de la Segunda Guerra Mundial como valedor de un orden internacional basado en una serie de reglas, valores y principios (Estado de derecho, tolerancia, pluralismo político…). De una manera más particular, durante la Administración Biden (2021-2025), la relación transatlántica salió fortalecida, entre otras razones por la existencia de un adversario común, Rusia, que amenazaba la seguridad del área euroatlántica, como certificó la agresión perpetrada en febrero de 2022 contra una nación soberana como Ucrania, cuya estatalidad no reconoce Moscú.

La OTAN, a lo largo de su trayectoria iniciada en 1949 tras su creación por el Tratado de Washington, ha generado una capacidad disuasoria suficiente, lo que ha garantizado la seguridad y la libertad de sus naciones integrantes. Durante este periplo, nunca agredió a ninguno de sus miembros, afirmación que no puede aplicarse al Pacto de Varsovia, como refrendó el baño de sangre que provocó, por ejemplo, en Praga 68. La disuasión ha sido históricamente el elemento que ha guiado su modus operandi.

"La OTAN, a lo largo de su trayectoria iniciada en 1949 tras su creación por el Tratado de Washington, ha generado una capacidad disuasoria suficiente, lo que ha garantizado la seguridad y la libertad de sus naciones integrantes"
El atractivo y la necesidad de la OTAN no finalizó al término de la Guerra Fría. Por el contrario, durante la década de los noventa de la pasada centuria, sus actuaciones militares resultaron determinantes en escenarios que no formaban parte de su radio de acción como Balcanes, impidiendo de esta manera la limpieza étnica que venía cometiendo el Gobierno serbio. Igualmente, en esa misma etapa se advirtió que algunos de los otrora miembros del Pacto de Varsovia solicitaron la adhesión en la Alianza Atlántica. 

En este sentido, el año 1999 supuso un hito, ya que Polonia, República Checa y Hungría se integraron en la OTAN, desempeñando en ello un rol determinante Bill Clinton, presidente de los Estados Unidos. No obstante, esta ampliación contó con una oposición muy concreta, la de Rusia, que seguía manteniendo intacta la percepción de la OTAN que publicitó Stalin a comienzos de los cincuenta, cuando la definió como una organización que amenazaba la seguridad soviética.

Al respecto, en el siglo XXI en el comportamiento de Rusia se ha advertido una constante que se ha acentuado: intentar paralizar por medios que nada tienen que ver con la diplomacia cualquier ampliación de la OTAN. En tal empresa no tuvo éxito ni en 1999 ni en 2004, pero sí en lo que atañe a los casos de Georgia y Ucrania a partir de 2008. 

La razón fundamental que ha llevado a los países del Este de Europa a querer formar parte de la Alianza Atlántica residió, como reside en la actualidad en los casos de Georgia y de Ucrania, en el temor a una agresión rusa. En efecto, desde Moscú se proyecta una política exterior cada vez más agresiva hacia el espacio exsoviético, no titubeando a la hora de emplear todo tipo de herramientas, como la coerción o la agresión, para erosionar a quienes califica de "adversarios". La ocupación de Crimea en 2014 así lo certifica; la respuesta tibia ofrecida por parte de la relación transatlántica, indirectamente motivó que en 2022 Putin diera un paso más con la reciente agresión a Ucrania, asumiendo un presunto exceso de debilidad por parte de Estados Unidos, de la Unión Europea y de la propia OTAN. 

"Nos hallamos ante una interpretación tan reduccionista como contraria a la verdad histórica, que además rezuma nacionalismo y populismo por los cuatro costados"
Sin embargo, el autócrata ruso ha encontrado una respuesta contundente a través de la disuasión que implica la OTAN. Desde un prisma más humanitario, se ha percibido un compromiso, en particular por parte de los Estados miembros de la UE, con los refugiados y desplazados ucranianos, sobre todo mujeres y niños. En este sentido, el consenso es claro: hay un victimario (Putin y Rusia) y una víctima (Ucrania).

Con todo ello, frente a la firmeza mostrada por Joe Biden —un político forjado en la Guerra Fría, aspecto nada baladí— la Administración Trump ha retomado el hilo conductor que guio su percepción sobre la OTAN durante su anterior estancia en la Casa Blanca (2017-2021), considerándola, básicamente, una organización obsoleta de la que se aprovechan los socios europeos a costa de Estados Unidos. Como se deduce, nos hallamos ante una interpretación tan reduccionista como contraria a la verdad histórica, que además rezuma nacionalismo y populismo por los cuatro costados. En última instancia, esta percepción de la OTAN constata el desprecio que el trumpismo muestra hacia el multilateralismo, considerándolo un elemento que erosiona la soberanía de su país.

Esta concepción de la OTAN y, por extensión, de la seguridad, basada en términos estrictamente económicos, cuestiona el compromiso de Estados Unidos con la seguridad de sus aliados europeos. Frente a la previsibilidad que había mostrado históricamente Washington en este terreno, hoy prima la imprevisibilidad, un aspecto que ya percibieron durante el transcurso de la primera Administración Trump tanto Angela Merkel como Emmanuel Macron, si bien ninguno ofreció soluciones tangibles. Lo que no admite dudas es que en el modelo de orden internacional que tiene en mente Trump parece hallarse cómodo relacionándose con autócratas que desprecian la democracia liberal, a la que definen como débil e ineficaz, rasgos que quizás también comparta el presidente norteamericano.

En definitiva, la OTAN es una alianza defensiva que ha permitido garantizar la paz en Europa Occidental y que, como ciudadanos libres, hayamos podido disfrutar de los derechos y libertades que nos confieren los ordenamientos jurídicos. Frente a ello, actitudes como la de Trump simplemente permiten que cobren aliento aquellos que desde posiciones buenistas sostienen un pacifismo naif que subestima las amenazas procedentes de actores estatales (Rusia) y no estatales (en particular, el terrorismo y la criminalidad organizada).
Alfredo Crespo Alcázar
Alfredo Crespo Alcázar
Profesor del Grado de Relaciones Internacionales de la Universidad Alfonso X El Sabio
Participación