Sí, en España también. Los hombres no leen a las mujeres
Los hombres apenas leen libros escritos por mujeres, mientras que ellas leen a ambos por igual. La consultora especializada en igualdad de género Alba Crusellas analiza los datos que confirman este fenómeno en España, explorando cómo el "sexismo" y el "androcentrismo cultural", y no los "gustos personales", perpetúan una brecha que devalúa la autoridad intelectual femenina.
Jóvenes examinan ejemplares durante el Día de Sant Jordi, en Barcelona. | Matthias Oesterle / Zuma Press / ContactoPhoto
Desde que en 2021 Mary Ann Sieghart publicó en The Guardian el artículo ¿Por qué tan pocos hombres leen libros escritos por mujeres?, basado en una investigación de Nielsen Book Research, se le puso rostro —o más bien, números— a un fenómeno que muchas ya intuíamos: los hombres, todavía hoy, apenas leen libros escritos por mujeres. Las mujeres, en cambio, leen a hombres y a mujeres en proporciones similares.
En España no contamos con estadísticas oficiales de lectura desagregados por sexo de la autoría que nos permitan responder a la pregunta: ¿quién lee a quién? Sin embargo, una encuesta realizada en 2024 por 40dB para El País nos ofrece algunas pistas. En ella se preguntó por cuatro cuestiones sobre literatura española: el libro que te cambió la vida, el libro en la mesita de noche que estés leyendo, un libro regalado recientemente y a quién consideras la autora o el autor más relevante del siglo XXI. Para analizar, las respuestas han sido codificadas según si las menciones eran a autoras o autores, eliminando de los registros las menciones a Carmen Mola dado que no es posible saber si quien respondió lo hizo pensando que se trataba de una mujer —como sugiere el seudónimo— o conociendo que son tres hombres, lo que podría haber distorsionado los resultados.
Los resultados parecen confirmar las sospechas: en las cuatro preguntas, los hombres mencionaron a autoras en una proporción mucho menor que las mujeres, con brechas que oscilan entre los veinte y treinta puntos porcentuales en tres de ellas.
En la pregunta sobre el libro que les cambió la vida —ese que deja huella y permanece en la memoria—, es donde se observa la brecha de género más pronunciada: solo el 17,5% de los hombres mencionaron a una autora, frente a casi el 50% de las mujeres que sí lo hicieron.
Cuando se pregunta sobre el libro que están leyendo actualmente (en la mesita de noche), el 22,5% de los hombres mencionaron a una autora, frente al doble de las mujeres (44,5%).
En la pregunta del libro regalado últimamente, es donde los hombres mencionaron en mayor medida a una autora (33%), y la brecha de género es menor en comparación con las otras preguntas (40,3% en mujeres), sugiriendo que, cuando se trata de ofrecer una lectura a otras personas, los hombres parecen estar más abiertos a las autoras. Sería interesante saber a quién se regalan esos libros para conocer si, a través de este acto, se reproducen las mismas lógicas de género: ¿regalan más libros escritos por mujeres a mujeres que a hombres?
"Para más de la mitad de ellos, no fue una mujer la que les cambió la vida a través de un libro, tampoco la que está en su mesita de noche, la que regalaron, ni la que consideraron como más relevante de este siglo"
Finalmente, en la pregunta sobre el autor o autora del siglo XXI, la diferencia vuelve a ampliarse: solo el 20% de los hombres mencionó a una autora como figura representativa del siglo, frente al más del doble de las mujeres, un 43,5%. En otras palabras, para los hombres el canon literario sigue siendo abrumadoramente masculino. No tanto para las mujeres, habiendo por su parte un reconocimiento mucho mayor hacia sus contemporáneas.
En definitiva, según estos resultados, los hombres leen, valoran, recuerdan, regalan y reconocen mucho menos a las autoras que lo que lo hacen las mujeres.
¿Qué ocurre si miramos el conjunto? El dato quizás más elocuente y preocupante: el 60% de los hombres no mencionó a ninguna autora en ninguna de las cuatro preguntas. Dicho de otro modo, para más de la mitad de ellos, no fue una mujer la que les cambió la vida a través de un libro, tampoco la que está en su mesita de noche, la que regalaron, ni la que consideraron como más relevante de este siglo. Entre las mujeres, ese porcentaje cae al 32,5%, lo que supone una diferencia de más de veinticinco puntos porcentuales, y significa que el 67,5% de ellas mencionaron a una autora en al menos una ocasión.
Además, solo el 2,6% de los hombres mencionó a autoras en las cuatro preguntas, frente a un significativo 17,8% de las mujeres. Vemos aquí claramente una señal de lectoras comprometidas con las autoras, que las sostienen y contribuyen a que sus obras circulen y ganen espacio.
Lamentablemente, el tamaño de la muestra no permite con seguridad extrapolar información cruzada por edad, ideología u otras variables a toda la población, lo que podría enriquecer mucho más el análisis. Pero lo que ya sabemos basta para plantearnos: ¿por qué pasa esto?
"No solo es una cuestión de oferta ni de «gustos personales»: es una elección, sí, pero una que responde a un patrón más amplio de desautorización de las mujeres, a quienes se considera menos dignas de ser leídas que a los hombres"
Mary Ann Sieghart, con quien comenzábamos este artículo, lo analiza en su libro The Authority Gap y su tesis es clara: si las mujeres están dispuestas a leer libros escritos por hombres, pero muchos menos hombres lo están con los de mujeres, es porque persiste una resistencia de los hombres —consciente o inconsciente— a otorgar igual autoridad intelectual, artística o cultural a hombres y mujeres.
Nombrémoslo: sexismo, androcentrismo, misoginia. Al hacerlo, muchos no se querrán ver reflejados. No es fácil saberse sujeto a dictados sociales que, nos gusten más o menos, nos condicionan y moldean nuestra manera de ver el mundo. Se buscarán excusas: "hay menos autoras", "es una cuestión de gustos"… Sí, en 2024 solo el 39,7% de los libros registrados con autoría única en el ISBN correspondían a mujeres, según estadísticas del Ministerio de Cultura, pero eso no explicaría las brechas de género registradas entre quiénes las leen. No solo es una cuestión de oferta ni de "gustos personales": es una elección, sí, pero una que responde a un patrón más amplio de desautorización de las mujeres, a quienes se considera menos dignas de ser leídas que a los hombres.
Como tan bien lo explicó Nancy Fraser, el género no puede entenderse solo desde sus dimensiones político-económicas —la división sexual del trabajo y sus consecuencias en términos de explotación, marginación y pobreza de las mujeres—, sino que es también un factor de diferenciación cultural-valorativa, que lo sitúa directamente en el terreno del reconocimiento. Según la autora, "una de las principales características de la injusticia de género es el androcentrismo: la construcción autoritaria de normas que privilegian los rasgos asociados a la masculinidad. De la mano del androcentrismo va el sexismo cultural: la difundida devaluación y desprecio de aquellas cosas que se codifican como femeninas".
Por ello, muchos hombres asumen que los libros escritos por mujeres no son para ellos: son cosas de mujeres para mujeres. Pensemos en lo todavía común que es escuchar hablar de literatura "de mujeres" o "para mujeres", mientras que los libros escritos por hombres se consideran, simplemente, literatura, sin adjetivos. Nos resultaría extraño oír hablar de literatura "de hombres" o "para hombres" —porque lo neutro, apuntaba Simone de Beauvoir, es el hombre—. Y es que los hombres siguen siendo el sujeto universal de la cultura, y las mujeres, una excepción o un nicho, relegadas a un plano secundario sin el justo reconocimiento y audiencia que tendrían en una sociedad igualitaria.
"El reto interpela fundamentalmente a los hombres. A los lectores: lean a más mujeres para romper con esta lógica de exclusión y para que, algún día, no tengamos que seguir escribiendo artículos como este"
Por este motivo, como escribí en un artículo previo en esta casa sobre las resistencias que frenan el camino hacia la igualdad real entre mujeres y hombres, reparar esta injusticia de género implica una revolución de las creencias, valores y percepciones que desafíe al orden social y al código cultural más ancestral, universal y arraigado de los existentes, en palabras de Kate Millett.
Romper con ese orden pasa también por cuestionar nuestras prácticas cotidianas. Ahora que quedan todavía unos días de la Feria del Libro de Madrid es una buena oportunidad para reflexionar sobre este boicot cultural que sufre la mitad de la humanidad y hacer un esfuerzo deliberado de buscar y elegir libros escritos por mujeres, cuestionando nuestras inercias y escapando de las limitaciones que el género impone a nuestra libertad de elección. Leamos a más mujeres. Leamos sus libros para poder disfrutarlos, criticarlos, aplaudirlos, debatirlos, intercambiarlos… Como se hace con los de los autores. Los datos son claros: el reto interpela fundamentalmente a los hombres. A los lectores: lean a más mujeres para romper con esta lógica de exclusión y para que, algún día, no tengamos que seguir escribiendo artículos como este.
Alba Crusellas
Consultora de igualdad de género
Politóloga por la Universitat Pompeu Fabra y Máster en Sociología Aplicada por la UCM, experta en igualdad de mujeres y hombres. Fue asesora de la Secretaría de Estado de Igualdad y, desde 2021, trabaja en LIKaDI, consultora especializada en igualdad, desde donde desarrolla proyectos para numerosas administraciones públicas y otros agentes.