Martes, 28 de julio de 2026
EN PROFUNDIDAD

La coalición de Merz puede ser la última oportunidad para Alemania

La coalición de Friedrich Merz afronta una fuerte presión para estabilizar Alemania y redefinir su modelo económico, en un contexto de estancamiento, fragmentación política y auge de la AfD. Agenda Pública analiza los retos del nuevo Gobierno con Jeremy Cliffe, director editorial del European Council on Foreign Relations, y Thorsten Benner, que es director del Global Public Policy Institute de Berlín.

Agenda Pública Agenda Pública 10 de mayo de 2025
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Friedrich Merz habla en rueda de prensa tras su reunión con la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen. | Wiktor Dabkowski / Zuma Press / ContactoPhoto
Friedrich Merz habla en rueda de prensa tras su reunión con la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen. | Wiktor Dabkowski / Zuma Press / ContactoPhoto
Esta semana la atención del mundo se ha centrado en dos votaciones secretas. La sorpresa ha surgido cuando la que a priori se predecía más compleja, el cónclave, se ha resuelto de forma nítida en menos de veinticuatro horas, proyectando una imagen de unidad de la Iglesia católica tras lo que suponía la elección papal más diversa de la historia; lo que se contrapone con la distorsión creada por el fracaso de Friedrich Merz en la primera votación de investidura en el Bundestag el pasado lunes 6 de mayo —que se suponía un mero trámite—. 

"El fracaso de Merz en primera votación ha creado una sombra de incertidumbre sobre la coalición"
Finalmente, el episodio se pudo resolver esa misma tarde en segunda votación, evitando una crisis mayor. Sin embargo, ha creado una sombra de incertidumbre sobre la coalición, ya que precisamente la confidencialidad en la investidura que se otorga a los diputados alemanes complica entender cuáles fueron las razones detrás de la disidencia hacia la figura de Merz —e incluso de si procede de los propios Demócratas Cristianos (CDU) o de sus socios socialdemócratas (SPD)—.

Esta incertidumbre reduce la confianza en este nuevo Ejecutivo para llevar a cabo su mandato de dar estabilidad a Alemania y crear un modelo económico que permita la vuelta al crecimiento económico. El Gobierno encabezado por Merz se inicia tras dos años que no han producido apenas crecimiento económico y han hecho añicos la percepción del país como motor económico de Europa. El preciado modelo económico alemán ha sufrido bajo el peso de múltiples frentes geopolíticos: una Administración Trump hostil que continúa amenazando a la Unión Europea con aranceles punitivos, el giro estratégico de China hacia eslabones superiores de la cadena de valor y la instrumentalización de los suministros energéticos por parte de Rusia. 

"El modelo económico alemán ha combinado la liberalización del mercado laboral, el conservadurismo fiscal y la dependencia de la demanda externa", observa Jeremy Cliffe, director editorial del European Council on Foreign Relations, al ser consultado por este medio. "Hoy, sin embargo, la infraestructura del país está decrépita, sus industrias son a menudo anticuadas y su prosperidad está muy expuesta a una China que asciende en la cadena de valor y a unos Estados Unidos que dan la espalda al comercio". Esta tormenta perfecta de desafíos exige lo que Cliffe describe como una solución en tres partes: "invertir, reformar y europeizar", lo que implica "una fuerte inversión para modernizar la economía, reformas que promuevan la iniciativa empresarial y la adaptación a las nuevas tecnologías, y completar y profundizar el mercado único europeo".

Todo ello se ha traducido electoralmente: las elecciones de febrero dejaron a Alemania con su parlamento más fragmentado en décadas. El apoyo combinado de la CDU y el SPD cayó por debajo del 45%, un drástico descenso desde el 70% que aseguraban regularmente hace dos décadas y el casi 90% que ostentaban antes de la Reunificación.

"El estancamiento económico ha alimentado el alarmante ascenso de Alternativa para Alemania"
A su vez, el estancamiento económico ha alimentado el alarmante ascenso de Alternativa para Alemania (AfD), que duplicó su porcentaje de votos en febrero para asegurarse el segundo puesto a nivel nacional. Este éxito viene después de que el pasado septiembre el partido ganara sus primeras elecciones estatales en el este de Alemania, un logro antes impensable para un partido de ultraderecha en la Alemania de posguerra. Y, a pesar de la calificación como partido extremista, su apoyo en las encuestas no cesa de aumentar, como explicaba el profesor Alberto Bueno en Agenda Pública esta semana. En el momento de publicación de este artículo, su estimación de voto agregada se acerca al 25% y estaría cerca de ser la primera fuerza política en el país germano.

Las dificultades del centro son el resultado de los duros golpes que han supuesto para la identidad alemana el declive económico y los distintos desafíos políticos, lo que ha creado un gran descontento en el electorado alemán ante la falta de respuestas efectivas y que, a su vez, ha sido capitalizado por la AfD. Su retórica se ha vuelto cada vez más estridente: su líder, Alice Weidel, ataca a los inmigrantes musulmanes en el parlamento y se refiere a la cultura alemana de la memoria del Holocausto como un "culto a la culpa", postura que incluso recibió el respaldo de Elon Musk durante una aparición por vídeo en la convención preelectoral del partido. El frágil sentido de identidad de Alemania ha abierto la puerta a tendencias xenófobas, y el descenso del nivel de vida alimenta un inquietante resurgimiento del nacionalismo étnico.

"La AfD comparte un rasgo significativo con el FPÖ de Austria", señala Cliffe. "Ambos están seguros de su radicalismo y han evitado la vía de la desintoxicación seguida, por ejemplo, por Giorgia Meloni y Marine Le Pen". Esta pureza ideológica refuerza paradójicamente el atractivo de la AfD para los votantes desilusionados con la clase política alemana, creando lo que Thorsten Benner, director del Global Public Policy Institute de Berlín, describe como "una enorme presión sobre el sistema político". La consecuencia, según Benner, es que "los votantes descontentos se irán a los extremos, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha, no a otros partidos centristas si se desilusionan con este gobierno".

Incluso antes de la investidura, Friedrich Merz comenzaba su mandato con gran parte de su capital político ya mermado: su inusual adopción de una política fiscal expansiva requirió un cambio constitucional en el parlamento saliente, atrayendo un intenso escrutinio sobre una figura política que otrora personificaba el conservadurismo fiscal y el descontento entre sus filas. 

El propio acuerdo de coalición, de 146 páginas, refleja esta precariedad política. Como único socio de coalición viable para Merz, el SPD ha obtenido concesiones significativas a pesar de sufrir su peor resultado electoral desde 1887. Lars Klingbeil, colíder del SPD, se convertirá en ministro de Finanzas y vicecanciller y su partido obtendrá siete ministerios, frente a los diez de la CDU/CSU. Además, ha conseguido ciertas victorias políticas clave: un fondo de inversión en infraestructuras de 500.000 millones de euros, la flexibilización de las normas de endeudamiento para un gasto ilimitado en defensa, rebajas fiscales para las rentas bajas, protección de las pensiones y un compromiso provisional de un salario mínimo de quince euros. Provocando en muchos democristianos un sentido de haber dado demasiado para obtener el compromiso. 

"Friedrich Merz está decidido a cambiar [el débil papel de Alemania en la UE y las relaciones transatlánticas]: con un reinicio europeo y un lenguaje inusualmente crudo sobre la necesidad de Europa de independizarse de los EE. UU. de Trump"
Jeremy Cliffe - Director editorial del European Council on Foreign Relations
El pacto —y, sobre todo, la investidura del lunes— evidencian la paradoja central del Gobierno de Merz: aunque nace con la ambición de afrontar los profundos desafíos económicos y sociales del país, quizá carezca de la cohesión interna y del coraje político necesarios para impulsar una reforma verdaderamente transformadora. Sin embargo, Alemania no puede permitirse que este sea un ejercicio más de gran coalición. Podría tratarse de la última oportunidad para frenar la consolidación del poder de la AfD.

A pesar de estas limitaciones internas, Merz parece decidido a redefinir la postura internacional de Alemania, particularmente dentro de la Unión Europea. Cliffe señala que "Friedrich Merz está decidido a cambiar [el débil papel de Alemania en la UE y las relaciones transatlánticas]: con un reinicio europeo (visitando París y Varsovia en su primer día) y un lenguaje inusualmente crudo sobre la necesidad de Europa de independizarse de los EE. UU. de Trump". 

La dimensión europea es especialmente relevante para abordar la difícil situación económica de Alemania. Benner identifica un "doble desafío" procedente de la "guerra comercial de Trump y el shock de China 2.0", sugiriendo que Merz intentará negociar un acuerdo comercial con la Administración Trump a través de la Comisión Europea. Si esto fracasa, "Europa tendrá que contraatacar los aranceles de Trump, lo que afectará a los exportadores alemanes". Además, Benner argumenta que "Europa necesita proteger su mercado de la competencia desleal china en industrias clave, desde automóviles hasta herramientas y productos químicos", lo que requiere un cambio fundamental en la postura comercial tradicionalmente abierta de Alemania.

En cuanto a la renovación económica interna que debe abordar el nuevo Gobierno, se enfrenta no solo a sus complejidades nacionales, sino a cómo conjugarlo con los desafíos europeos. El informe Draghi sobre la competitividad europea, citado tanto por Cliffe como por Benner, identifica barreras sustanciales al comercio dentro de la propia UE, equivalentes a aranceles del 40% sobre los productos y más del 100% sobre los servicios. Desmantelar estos obstáculos internos alemanes mientras se protegen simultáneamente los mercados europeos de la competencia externa desleal representa un delicado ejercicio de equilibrio para un país históricamente comprometido con el libre comercio.

¿Podrá la coalición de Merz navegar por estas aguas turbulentas? Benner sugiere que "será difícil que el gobierno no cumpla las expectativas porque son muy bajas". El éxito, sin embargo, requerirá que Merz "sorprenda a sus críticos con un comienzo fuerte de Gobierno que deje claro que actuará de forma constructiva y decidida contra la migración, contra los desafíos de seguridad externa en Alemania, contra la burocracia y a favor de la resiliencia económica de Alemania". Algo que quedó en entredicho el lunes, cuando surgieron dudas sobre la capacidad del Ejecutivo de coalición para reunir mayorías parlamentarias y sacar adelante su agenda.

"Este Gobierno es probablemente el último golpe de estabilización para que Alemania evite que la ultraderecha llegue al poder"
Thorsten Benner - Director del Global Public Policy Institute de Berlín
Así todo, la coalición de Merz representa quizás la última solución convencional a la crisis multifacética de Alemania. Benner la caracteriza sin rodeos como "probablemente el último golpe de estabilización para que Alemania evite que la ultraderecha llegue al poder". Si esta coalición fracasa, Alemania podría encontrarse siguiendo el camino de varios vecinos europeos hacia la fragmentación política y la parálisis gubernamental. El centro político, ya en retroceso, podría pasar a la irrelevancia, condenando a la mayor democracia de Europa a una serie de gobiernos ineficaces carentes de la unidad y la visión para abordar los desafíos fundamentales del país.

No obstante, Alemania todavía posee considerables recursos económicos e intelectuales: un sólido sector manufacturero que produce automóviles, productos químicos y equipos médicos de primer nivel, junto con instituciones de investigación de categoría mundial y una mano de obra cualificada. Con su destreza en ingeniería y su potencial creativo, sigue existiendo la oportunidad de impulsar una transición hacia la economía del siglo XXI que vuelva a poner al país a la vanguardia y a la vez estimule al resto de la Unión.

Pero, la condición sine qua non a la que Alemania se enfrenta es una tarea que ha evitado durante gran parte de las últimas ocho décadas: adaptarse al cambio. La economía es solo una parte del desafío; en una era de profundo cambio, Merz y su Gobierno deben dar respuesta a las cuestiones de hacia dónde se dirige el país y cómo quiere redefinir su papel en el mundo. En un contexto donde el nacionalismo identitario de la AfD empieza a ocupar el vacío dejado por años de construcción nacional poco ambiciosa, el desenlace de esta coalición —posiblemente la última oportunidad para una renovación real— marcará no solo el rumbo de Alemania, sino también el futuro del proyecto europeo.
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