Cuando
Friedrich Merz asuma el cargo de décimo canciller de la República Federal Alemana el 6 de mayo,
será la culminación de una tortuosa trayectoria llena de tropiezos y pasos en falso. Considerado a menudo el eterno segundón de la política alemana, Merz, de 69 años, se ha granjeado no pocos enemigos a lo largo de su dilatada carrera —sin embargo, ninguno mayor que él mismo—. La coalición de centro que ha negociado comenzará su andadura en medio de turbulencias económicas y geopolíticas, y
estará liderada por un hombre cuyo propio carácter hace difícil predecir cómo enfocará su labor.
La acomodada educación de Merz en Sauerland, una próspera región rural y católica del oeste de
Alemania, y sus inicios como abogado no eran atípicos para una futura estrella de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el partido de centroderecha. Tras un breve paso por el Parlamento Europeo, que según muchos de sus allegados le dejó una huella duradera, entró en el Bundestag en 1994 y
se hizo un nombre rápidamente como un ambicioso político de derechas, impulsando propuestas inflexibles como la de imbuir a los inmigrantes en la cultura alemana (Leitkultur).
"Hay algo de cierto en la afirmación de que solo busca el puesto más alto como venganza contra Merkel"
Su ascenso —facilitado por su relación con Wolfgang Schäuble, un peso pesado de la CDU a quien Merz ha llamado "el amigo más cercano... que he tenido en política"—
parecía asegurado hasta que se topó con un obstáculo insalvable llamado Angela Merkel. En 2002, Merkel, líder de la CDU, apartó a Merz de la cúpula del partido. Frustrado, abandonó la política unos años más tarde para emprender una lucrativa carrera transatlántica en el sector privado, incluyendo un periodo como presidente de la filial alemana de BlackRock, una gestora de activos.
"Hay algo de cierto en la afirmación de que solo busca el puesto más alto como venganza contra Merkel", afirma un cargo de la CDU que ha trabajado con él. Al próximo canciller democristiano todavía le cuesta pronunciar en público el nombre de su predecesora.
Los años de Merz en el desierto político coincidieron, no por casualidad, con la fase imperial de Merkel. Pero él mantuvo discretamente sus vínculos políticos mientras amasaba su fortuna en el sector privado, y cuando Merkel dimitió del liderazgo de la CDU en 2018, Merz presentó su candidatura. La historia parecía casi shakespeariana: la luminaria caída en desgracia por su arrogancia (
hubris), que regresaba tras décadas en el exilio para reclamar el testigo del liderazgo de manos de su antigua vencedora.
Pero esos mismos defectos que le habían hecho fracasar frente a Merkel —complacencia, arrogancia, un aire de superioridad— le llevaron a perder la contienda frente a una protegida de Merkel.
Cuando esta fracasó, Merz perdió una segunda votación interna. No fue hasta principios de 2022 —cuando a la CDU se le agotaban las opciones— que el partido finalmente recurrió a él.
Algunos antiguos enemigos se sorprendieron al descubrir que era capaz de aprender en el trabajo.
Silenció a la mayoría de los escépticos con hábiles acercamientos al ala liberal del partido y pacificó al agitado aliado bávaro de la CDU, la Unión Social Cristiana (CSU). También ha impresionado a muchos de los que trabajan a sus órdenes. Es un gestor enérgico y exigente, con lo que un colega llama un
estilo de consejero delegado americano, perfeccionado durante sus años en el sector privado.
Sin embargo, a muchos alemanes de a pie les repele el tono estentóreo de Merz al hablar, por no hablar de su costumbre de pilotar él mismo su avión privado para ir a las reuniones. Esa no es toda la verdad, insisten sus colegas.
En círculos más íntimos puede ser sentimental, incluso emotivo, especialmente cuando hay niños de por medio. "La gente siempre dice esto de los políticos", comenta un colega, "pero
su relación con su familia es realmente importante. Es completamente diferente del hombre que ve la mayoría de los votantes".
Aun así,
Merz tiene dificultades recurrentes para encontrar el equilibrio adecuado entre intelecto e impulso.
"Tiene ese lado resentido y colérico", dice Mariam Lau, autora de una biografía de próxima publicación. "Nadie sabe cuándo va a aflorar". En un reportaje de 2024 titulado acertadamente
Los demonios de Friedrich Merz,
Der Spiegel describió su amenaza de abandonar airadamente la dirección de la CDU por la publicación de un artículo de opinión favorable a Merkel escrito por un rival dentro del partido. Imbuido del conservadurismo social de su tierra natal, Merz ha tenido que disculparse a menudo por comentarios desafortunados sobre homosexuales o inmigrantes.
"Merz decidió buscar el apoyo de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) para una medida antiinmigración. La jugada le salió mal"
Lo que más preocupa a los escépticos de Merz es que este carácter caprichoso pueda traducirse en una toma de decisiones errática. En enero, en el fragor de la campaña electoral alemana, Merz decidió buscar el apoyo de la ultraderechista
Alternativa para Alemania (AfD) para una medida antiinmigración simbólica. La jugada le salió mal.
La CDU/CSU cayó por debajo del 30% en las elecciones del 23 de febrero. La AfD registró su mejor resultado histórico y Die Linke, un partido de extrema izquierda revitalizado por el revuelo, experimentó un auge que otorgó a los partidos minoritarios escaños suficientes para bloquear cambios constitucionales en el parlamento.
Así,
Merz se vio obligado a impulsar dichos cambios, relativos a la política fiscal y de defensa, en el antiguo Bundestag antes de que se constituyera el nuevo. La maniobra, necesaria, pero totalmente contraria al tono de rectitud fiscal con el que había hecho campaña, reavivó las viejas dudas sobre su criterio. Las dudas vuelven a crecer en sus propias filas. Solo un tercio de los votantes espera que haga un buen trabajo, y la CDU/CSU ha caído por detrás de la AfD en algunas encuestas.
Tras su apuesta por la deuda, admitió: "Sé que he contraído un préstamo muy grande... también en términos de mi credibilidad personal".
Esto ayuda a explicar la divergencia entre las altísimas expectativas puestas en Merz en el extranjero, especialmente en Europa, y el escepticismo reinante en su país. Muchos aliados de Alemania se mostraron encantados cuando Merz declaró, la noche electoral, que Europa tenía que "lograr la independencia" de Estados Unidos.
Se espera de forma generalizada que se centre en los asuntos internacionales una vez en el cargo. Sin duda, será una de las voces más destacadas en las próximas cumbres, incluida la de la OTAN en junio.
"El capital político que Merz ha quemado incluso antes de asumir el cargo limitará su capacidad para hacer más gestos grandilocuentes en el extranjero"
Pero el frente interno no puede descuidarse. Con un crecimiento estancado y una industria renqueante, la economía no funcionará con el piloto automático.
Políticamente, la amenaza de la AfD no hace más que crecer. El desprecio de Merz por el partido es genuino, pero debe lidiar con sectores crecientes en la CDU, especialmente en el este de Alemania, que quieren desmantelar el
Brandmauer (cordón sanitario) que impide la cooperación con la AfD. Mientras tanto,
el capital político que Merz ha quemado incluso antes de asumir el cargo limitará su capacidad para hacer más gestos grandilocuentes en el extranjero.
Sus partidarios afirman que, una vez que se asiente en el cargo, el pesimismo se disipará y repuntará en las encuestas. Siendo el canciller novel de mayor edad en setenta y cinco años,
es posible que Merz solo aspire a un mandato, y seguramente no perseguirá la popularidad que nunca ha logrado alcanzar. Armado con lo que Merkel ha llamado su "voluntad incondicional de poder", intentará, en cambio, grabar su nombre en los libros de historia.
Aquellos acostumbrados a cancilleres alemanes predecibles deben estar preparados para un cambio.