Ha sido la máxima responsable del Gobierno de España en la relación de nuestro país con la Iglesia católica y ahora preside el Consejo de Estado. Carmen Calvo protagoniza una nueva conversación de
Agenda Pública de la mano de Marc López Plana, editor y director. "El hecho religioso me resulta interesantísimo", reconoce y añade: "La neurociencia ha demostrado que hay un área del cerebro que se activa con lo que es pensamiento trascendente".
Calvo desgrana en esta conversación algunas de las claves de la relación de España con el Vaticano, la dimensión geopolítica de la elección del nuevo Papa, el factor cultural del hecho religioso y la relación entre la libertad religiosa y el ordenamiento constitucional. "Libertad para tener religión y para no tenerla, para elegir la que yo quiera, y que nadie me obligue a ninguna", señala.
Marc López Plana, director de Agenda Pública, conversó con Carmen Calvo acerca de la relación de España con el Vaticano y el rol de la religión en nuestro país. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Presidenta, usted forjó una relación con el Papa desde sus funciones como vicepresidenta. ¿Cómo la describiría?
Han sido unas relaciones de bastante entendimiento, teniendo en cuenta la importancia que tiene para el Vaticano un país como España, de tradición católica. Para un Gobierno, en primer lugar de formación socialista y luego de coalición progresista, en principio se tiende a pensar que puede haber algún tipo de dificultad.
La novedad era la comprensión del Papa Francisco, quien me llegó a decir un día: "Usted y yo tendremos mucha convergencia en la agenda social de su Gobierno". Entonces, eso te coloca en un espacio muy nuevo.
¿Por qué es importante España para el Vaticano?
Porque es, junto con Italia, el gran país católico de tradición católica de Europa. Si miras a Francia, Reino Unido con su derivada anglicana, los países protestantes, todos de raíz cristiana, pero los dos grandes países católicos de Europa son Italia y España.
"España es muy importante para el Vaticano porque nos conecta con Latinoamérica, un mundo importantísimo para la Iglesia católica"
Con el añadido de que España, por la cultura común y la lengua, nos conecta con un mundo importantísimo para la Iglesia católica, que es Latinoamérica. Por tanto, España es fundamental para ellos. De hecho, el secretario de Estado, el cardenal Parolin, me lo dijo muchas veces, porque él había estado además en algunos países latinoamericanos. Me dijo: "España es un país muy importante para nosotros en las relaciones bilaterales".
¿Qué papel jugó la Iglesia española en sus negociaciones con el Vaticano?
Esta situación nueva, fluida, tenía un elemento de puente muy significativo en un determinado momento, que era el cardenal Omella. Él era además un elemento de facilitación también muy interesante, porque podía no haber existido ese gozne, que era el presidente de la Conferencia Episcopal.
Con un segundo elemento: el Gobierno tenía un objetivo importante en materia de memoria democrática, que era sacar a Franco del Valle de los Caídos. Al inicio de la primera legislatura, una de las instrucciones que recibo del presidente es: "En esta legislatura hay que sacar al dictador de un lugar de enaltecimiento. Esto no es llevadero para una democracia, para el prestigio de España".
Este elemento, si nos hubiésemos encontrado otro tablero distinto del que me encontré con el Papa, con el cardenal Parolin y con el cardenal Omella, habría tenido otra historia muy diferente. Porque yo se lo dije al Papa: "El Gobierno no va a aceptar una postura de oposición de la Iglesia católica desde el Vaticano a que Franco sea exhumado, a que el dictador salga y, con el respeto debido como obliga el Código Civil, esté enterrado en un panteón familiar".
Sacar a Franco tuvo la oposición de su familia, de la Fundación Franco, de los benedictinos, de todas esas piezas que hicieron procesalmente muy complicado para mi equipo y para mí —que fuimos quienes sacamos adelante el expediente— llegar al final con un pronunciamiento de la Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo.
Se ha referido al cardenal Omella. ¿Es también importante en lo que se refiere al tema de Catalunya?
Considero que sí. Tengo una estima muy importante por él. Recuerdo que un día me dijo: "Vicepresidenta, yo no dejo de ser un cura de pueblo". Con lo que entendí que me estaba intentando trasladar que veía las cosas desde abajo, desde donde está la gente opinando, manifestándose, viviendo.
Cuando se es catalán y se está abajo, evidentemente, no se está en el juego político; se tiene un diagnóstico de la situación mucho más constructivo para encontrarle salida a los problemas que el que puedes tener desde tu atalaya teórica en otra punta del país.
Carmen Calvo pone en valor su relación con el Papa Francisco durante su etapa como vicepresidenta. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
Ha citado la agenda social, por un lado. ¿Qué le falta a la Iglesia para ponerse al día en temas sociales? Incluyo en asuntos sociales no solo la pobreza, las políticas sociales, sino también homosexualidad.
Básicamente, la defensa de los derechos humanos, independientemente de los derechos que luego desarrolla cada Estado. El Papa Francisco ha hecho en doce años —doce años no dan tiempo a hacer mucho en una institución milenaria— una cosa muy importante: ha puesto el foco en los valores cristianos.
"El Papa ha puesto el foco en los valores cristianos, que están en la base de muchos movimientos políticos y sociales, como toda la teología de la liberación en Latinoamérica"
El sustrato del cristianismo, que es extraordinariamente interesante desde el punto de vista ético y humanista, está en la base de muchas derivas del cristianismo, pero está en la base de muchos movimientos políticos y sociales. Vamos a hablar de lo que supone toda la teología de la liberación y todo lo que ha supuesto en Latinoamérica.
El Papa, como venía también como el cardenal Omella "de la calle", era capaz de entender que los valores cristianos conforman grandes mayorías, incluso de laicos, de agnósticos y hasta de ateos, porque tienen muchas pasarelas con lo que básicamente podemos suscribir mucha gente y que identificamos como derecho humano.
Esa es la gran tarea del Papa Francisco. Le ha dicho a la comunidad de católicos del mundo: los valores del catolicismo y de la Iglesia católica como institución, oficialmente, tienen que ser los valores del cristianismo.
Hay un aspecto que me parece especialmente interesante del Papa Francisco: su condición de hispanohablante. ¿Qué papel ha jugado esto en su forma de ejercer el pontificado? Y, en segundo lugar, ¿cómo cree que ha influido en su visión del mundo, en contraste con la de un Papa polaco o alemán?
Ha sacado la visión del Vaticano, la ha sacado de Europa y la ha llevado a una perspectiva muy importante, que es donde se están debatiendo los países latinoamericanos: las fortalezas de la democracia que resisten, en el sentido de la democracia, son los derechos y las libertades de los pueblos que las constituyen.
"A la Iglesia católica le interesa afianzar la línea de que los Papas no tienen que ser siempre europeos"
Entonces, sin entrar en la politización, ha traído el mensaje de cómo están esos países bregando para fortalecer su democracia a partir de los principios democráticos, que son los derechos, el principio de igualdad, de libertad y de fraternidad de todo el mundo. La ha traído a una Europa que eso lo tiene mucho más consolidado, mucho más establecido, y que siempre tiene la tentación de elevarse a debates que a veces desconectan con la realidad. Él decía: "Los debates de la realidad".
Hay un cardenal —prefiero no decir su nombre por respeto— que ahora está en el cónclave. Recuerdo que, cuando le felicité por haber sido nombrado cardenal, me respondió: "Me gusta ser cardenal, pero todo esto me da igual; he tenido demasiada gente muriéndose de hambre en mis brazos". Me lo dijo el mismo día en que el Papa Francisco lo había investido. Él también hablaba español y había estado en esos lugares.
Entonces, yo creo que lo saca de esa visión. Tocaba un Papa latinoamericano, un jesuita, por primera vez. No me gusta calificar con categorías políticas a los Papas, porque me parece que eso es una pasarela que no existe, que no funciona; hay que utilizar otro tipo de categorías. Pero yo diría que
lo que hace que venga un argentino y un latino al Vaticano tan europeo es justamente dar un giro a otra parte del mundo. Eso no se debería perder en este siguiente tramo, que tenga que cubrir otro nuevo Papa.
Para la presidenta del Consejo de Estado, la relación de España con el Vaticano es de gran importancia. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira
¿Con esto está diciendo que prefiere que haya un Papa que no sea de la curia y europeo?
Yo manejo los criterios y la información que maneja todo el mundo, no tengo más. Pero yo creo que a la Iglesia católica le interesa afianzar la línea de que los Papas no tienen que ser siempre europeos. Yo creo que le interesa a la Iglesia católica que pueda ser alguien que esté en otros espacios políticos y geopolíticos diferentes.
"El contrapeso del propio Vaticano en clave europea es bastante importante"
Entre otras razones, porque el contrapeso del propio Vaticano en clave europea es bastante importante, sea el Papa quien sea. Y si no, todo lo que hemos sabido del papado de Francisco tenía mucho que ver con el contrapeso que había allí.
La última reunión del Papa fue con el vicepresidente americano, J. D. Vance.
Las últimas 48 horas del Papa, de las que se habló poco, me parecieron de una generosidad increíble. Estar muriéndose —porque estoy segura de que un ser humano sabe cuándo se está muriendo— y no querer abandonar su posición, cuando salió a impartir la bendición
urbi et orbi e incluso recibió a un mandatario importante, el vicepresidente de los Estados Unidos, me pareció de una generosidad y de una coherencia humana increíble.
Pero además, generosidad hasta para encontrarse con un mandatario con el que se había mostrado en contra.
Que el presidente de Estados Unidos haya decidido, aprovechando los medios tecnológicos actuales, presentarse como Papa justo en los días en que ya estaba convocado el cónclave, me parece no solo una falta de respeto y sensibilidad, sino algo tan grave que cuesta incluso encontrar palabras para describirlo.
Pero lo que quiero destacar es que da igual si fue Vance u otra persona: también recibió al rey Carlos III de Inglaterra 48 horas antes. Su entrega y su inmensa generosidad, al seguir cumpliendo con lo que creía su deber hasta el último minuto, me impresionan profundamente. Estaba muriéndose y, aun así, no abandonó su responsabilidad ni un solo instante.
El Papa mantuvo diariamente contacto con la Iglesia en Gaza. Sin entrar a valorar, que obviamente seguro que compartimos, que lo que está pasando allí está fuera de lugar…
Tiene nombre.
Tiene nombre, sí. Mi pregunta: para un país como España, que también tiene una relación con el mundo judío muy especial, donde hay hasta una ley que permite que los sefardíes sean españoles, ¿qué lectura hace?
Pues yo creo que estamos en un momento en el que espero, espero que la cosa no esté todavía irreconducible, flaquean las fortalezas que habíamos —con mucha dificultad— construido en lo que llamamos derecho internacional.
"Si el derecho internacional estuviera más fortalecido, esta situación en Gaza tendría un carril jurídico, porque se están violentando hasta las normas de la guerra"
Si el derecho internacional estuviera mucho más fortalecido de lo que está y no estuviese en este momento en el punto de mira de la política, nada más y nada menos que de Estados Unidos, esta situación tendría un carril que es jurídico. Un carril jurídico, porque todos sabemos que se están violentando hasta las leyes y las normas de la propia guerra.
Entonces, esas leyes existen porque, desde el punto de vista humano y del punto de vista de la historia, sabemos que puede haber unos fuelles de confrontación, que los ha habido siempre, y que, desgraciadamente, pensamos que los habrá siempre. Y que esos fuelles de confrontación tienen también unos límites.
Yo no estoy bautizado. Pero siempre, he pensado que en España, mi generación, tenemos un desconocimiento sobre la religión. Y en España siempre ha habido un debate sobre si en la pública tenía que haber o no religión. Siempre he pensado que una asignatura de historia de las religiones hubiera sido de alguna forma necesaria. Es más, alguna vez he especulado que, si lo hubiéramos hecho, probablemente hubiésemos evitado que el monopolio fuera solo de una confesión.
A mí, el hecho religioso me resulta interesantísimo. Me parece que, si el ser humano se ha hecho preguntas trascendentes, es porque lo necesita. La neurociencia ha demostrado que hay un área del cerebro que se activa con lo que es pensamiento trascendente.
"La clave de la religión es lo que dice nuestra Constitución: libertad para tener religión y para no tenerla, para elegir la que yo quiera, y que nadie me obligue a ninguna"
La clave de la religión es lo que dice nuestra Constitución: libertad para tener religión y para no tenerla, para elegir la que yo quiera, y que nadie me obligue a ninguna.
El desglose del derecho fundamental a la libertad religiosa es interesantísimo. Para respetarla, hay que conducirla a la libertad. Hay que reconducir a eso respetando la edad. Tienes que ofrecer a los niños y a las niñas el hecho religioso, la historia de las religiones, para que cada quien pueda elegir.
Los seres humanos nos hacemos todas las mismas preguntas. La ciencia las contesta por la vía de la demostración, y la religión por la vía de la creencia. Las religiones tienen una deriva cultural que explica cosas de manera sencilla y ayuda a tener identidades.
Las aulas no pueden estar al margen de ese hecho. Lo que no pueden estar es como hemos estado, con una educación obligatoriamente católica. Este asunto no lo tenemos bien resuelto en este país. Muchos piensan que es pasar de un Estado oficialmente católico a la otra punta. Ni es real ni es respetuoso ni una cosa ni la otra.
"Si abordáramos bien la diversidad religiosa, las tendencias fundamentalistas que pueden tener algunas confesiones o todas, se quedarían limadas"
En la educación de los niños, el elemento de la trascendencia tiene que entrar. El arte y la cultura también resuelven las preguntas trascendentes por otra vía. No lo tenemos bien resuelto. Hay países que echan en falta el lado cultural de la religión y nos miran con envidia porque nosotros lo mantenemos.
¿Esto estaría en la base de la compatibilidad y de la convivencia entre religiones en un mismo país, ahora que estamos en una situación de migración?
Obligatoriamente, porque la libertad religiosa conlleva en la pluralidad de religiones. He sido la vicepresidenta del Gobierno, porque tenía a mi cargo esta materia, que ha recibido por primera vez en la historia de España y de la democracia española a todas las confesiones religiosas por igual, porque es la diversidad religiosa que tiene este país.
Es más, si la abordáramos así, quizá las tendencias fundamentalistas, que pueden tener algunas de ellas o todas, se quedarían también limadas. Porque al existir muchas, tienes que abandonar la idea de que la tuya sea la única verdadera, pensando que el de enfrente tiene la suya como verdadera también.
Calvo hace un llamamiento a reflexionar sobre el tratamiento de la religión en España. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira