Lunes, 17 de agosto de 2026
MUNDO TRUMP

La diplomacia del acoso, un gran momento televisivo

¿Es posible rescatar el valor de la verdadera diplomacia cuando el socio privilegiado rompe todas las reglas del diálogo? Beatriz Gallardo, catedrática de Lingüística General de la Universitat de València, analiza la tensa reunión entre Zelenski y Trump en el Despacho Oval.

Beatriz Gallardo Paúls Beatriz Gallardo Paúls 3 de marzo de 2025
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Reunión bilateral en el Despacho Oval entre el presidente de EE. UU., Donald Trump, y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. | Pool /Ukrainian Presidentia / Zuma Press / ContactoPhoto
Reunión bilateral en el Despacho Oval entre el presidente de EE. UU., Donald Trump, y el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. | Pool /Ukrainian Presidentia / Zuma Press / ContactoPhoto
La prensa internacional ha calificado la reunión de Zelenski con el equipo de Trump con términos como disputa, humillación, bronca o tensión. La alarma generalizada que trasladaban esas noticias surge porque el vídeo completo del encuentro nos enfrenta a la escenificación, en vivo y en directo, del modo de ejercer la política que se ha instalado en el segundo mandato de Trump. El flujo constante de noticias, más o menos fragmentarias y abstractas, sobre las decisiones y arbitrariedades del nuevo Gobierno, se nos ofrece en la reunión del 28 de febrero con una contundencia avasalladora concreta, que nos sorprende porque la vemos personalizada, encarnada, en la figura del presidente ucraniano. El presidente de los Estados Unidos, ese líder del mundo libre hollywoodiense, se comportaba como un matón de película de mafiosos y daba por clausurado el encuentro, considerándolo "un gran momento televisivo".

Apuntamos un primer detalle cuantitativo. Salvo en unos saludos iniciales en que ambos presidentes recurren a la cortesía esperable en una cumbre de ese nivel diplomático, Zelenski apenas habla. Trump y Vance se lo impiden cuando lo intenta. Solo dispone de un turno de palabra al principio, de unos dos minutos (interrumpidos brevemente por Trump). El resto son amagos de intervención en solapamiento, reactivos, que nunca logran terminar.

"El flujo constante de noticias sobre las decisiones y arbitrariedades del nuevo Gobierno, se nos ofrece en la reunión del 28 de febrero con una contundencia avasalladora concreta, que nos sorprende porque la vemos personalizada, encarnada, en la figura del presidente ucraniano"
La segunda cuestión interesante tiene que ver con los dos planos distintos en que se desarrolla el discurso. En esa única ocasión en que Zelenski consigue hablar, sus palabras apuntan a hechos y datos, intenta llevar el diálogo a la realidad de la guerra: la anexión de Crimea en 2014, la ruptura de acuerdos de Putin, las muertes, el acuerdo de 2019 firmado también por Macron y Merkel. Pero su intento de argumentación es rápidamente zanjado cuando empieza a decir que los EE. UU. pueden verse afectados. Y en su interrupción, Trump y Vance no hablan de la guerra y sus antecedentes, sino exclusivamente de la (desobediente) actitud de Zelenski; una valoración que se completa, al final, cuando tras una pregunta de los periodistas Trump desarrolla ampliamente los presuntos ataques injustos de los demócratas a Putin. Esta es una típica estrategia de acoso, que boicotea la conversación, regateando constantemente el tema para centrarse negativamente en cómo actúa (o cómo discute) el interlocutor. Lo que hacen tanto Trump como Vance es diagnosticar todo el tiempo la actitud de Zelenski: "¿ha dicho usted alguna vez 'gracias' en esta reunión?", "no tiene las cartas", "usted no está en posición de decirnos…", "¡está usted jugando con vidas, está usted jugando con la tercera guerra mundial!".

Un último detalle esencial es el modo en que Vance secunda a Trump y glosa sus palabras, reorientándolas. Son sus intervenciones las que establecen los verdaderos términos de la conversación e instauran el tono valorativo. En la primera, elogia a Trump porque, a diferencia de Biden, no tiene solo palabras sino que desarrolla, dice, diplomacia; esta intervención incluye un matiz importante, pues afirma "Putin invadió Ucrania y destruyó una parte importante del país". En su segundo turno, cuando Zelenski, tras pedir permiso para preguntar, expone la conducta de Putin desde 2014 y le pregunta a qué llama diplomacia, Vance introduce las tres ideas clave que quieren implantar en la opinión pública: Zelenski está faltando el respeto a los estadounidenses en pleno Despacho Oval, está atacando al Gobierno que intenta ayudarlo, y es un desagradecido. En suma, las únicas víctimas aceptables son el propio Trump, los Estados Unidos… y Putin.

"Esta es una típica estrategia de acoso, que boicotea la conversación, regateando constantemente el tema para centrarse negativamente en cómo actúa (o cómo discute) el interlocutor"
Además de la victimización, toda la conversación retransmitida es un ejemplo continuado de lo que, en su análisis sobre los insultos políticos, Karina Korostelina llamaba insultos de proyección: convertir en acusación o reproche algún rasgo propio. Porque la falta de respeto y los ataques no los realiza precisamente Zelenski. Que, además, se pretenda justificar esa conducta de acoso presumiendo de diplomacia supone un ejemplo más de cómo el discurso populista de todo signo asume la falacia de performatividad, que impide cualquier comunicación al pretender que las palabras signifiquen lo que interese en cada momento. Como es bien sabido, no se trata de algo novedoso en el Gobierno de Trump: por poner solo un ejemplo, durante su primer mandato algunos comunicados de prensa reemplazaban la expresión "combustibles fósiles" por "moléculas de la libertad estadounidense"; la creatividad es innegable.

Más allá de las palabras

Junto al acceso a la palabra y el contenido, también es importante la comunicación no verbal y el espacio físico en que tiene lugar la conversación, es decir, la quinésica y la proxémica. Por lo que respecta a la comunicación no verbal, la silueta de Zelenski, vestido de negro (suele vestir indumentaria militar, propia de un país en guerra), se recorta apenas sentado en el borde del sillón; alterna los brazos cruzados con las manos entrelazadas; las expresiones faciales son de frustración y concentración. No hay comodidad, sino prevención y defensa. Trump y Vance, por su parte, señalan reiteradamente con el dedo índice a Zelenski, con gesto acusador; su postura, casi apoltronada, es confiada; las expresiones faciales son de enfado, y la prosodia es contenida pero tajante.

"En suma, las únicas víctimas aceptables son el propio Trump, los Estados Unidos… y Putin"
El escenario del Despacho Oval desmiente también, como lo hacen las palabras, cualquier aspiración de equilibrio. Aunque las cámaras ofrecen casi siempre primeros planos y planos medios, un plano general nos enseña un entorno hostil, con una multitud de camarógrafos y funcionarios apelotonados tras los dos sofás, con los micros extensibles como una amenaza cenital. Es, a todas luces, un espacio opresivo, intimidante. Ni los sillones ni los sofás son adecuados para un encuentro tan asimétrico, ni mucho menos tantísima gente alrededor.

Después del encuentro: las redes

Una vez terminado el show televisivo, la escenificación se traslada a las redes digitales. Para que nadie se equivoque, Trump publicaba una entrada en Truth Social, indicando la interpretación correcta de los hechos: insistía en que Zelenski no está listo para la paz y en que había "faltado al respeto a los Estados Unidos de América en su querido Despacho Oval". Poco después, miembros de su Gobierno exigían disculpas a Zelenski ratificando el victimismo.

Siete horas más tarde era Zelenski quien daba su propio marco de interpretación en X, la red social de Elon Musk; el presidente ucraniano rechazaba el marco del conflicto mediante un mensaje de gratitud a Trump, al Congreso y al pueblo estadounidense. Al tuit le seguían más de treinta mensajes de agradecimiento a las múltiples publicaciones de refuerzo de líderes europeos (Roberta Metsola, Ursula von der Leyen y António Costa, Donald Tusk, Pedro Sánchez, Olaf Sholz y Friedrich Merz, Luís Montenegro, Emmanuel Macron, entre otros). Mientras en el Despacho Oval Zelenski transmitía soledad y acorralamiento, su uso de X es una exhibición de apoyos de los líderes europeos. Sin embargo, esta respuesta no es en absoluto compensatoria y, más allá del estupor, activa varias preguntas.

"El Despacho Oval funciona, en definitiva, como una metáfora (televisada) de la OTAN, del Consejo de Seguridad de la ONU o del FMI"
¿Qué busca Trump exhibiendo esta ronda de encuentros internacionales en su despacho? ¿Europa tiene reacción más allá de los tuits? ¿Por qué los líderes y las instituciones democráticas europeas siguen legitimando como canal informativo la empresa de un señor que forma parte de otro Gobierno claramente hostil?, (¿están bien protegidos, por cierto, los dispositivos desde los que se mantienen estos perfiles?). ¿Es posible rescatar el valor de la verdadera diplomacia cuando el socio privilegiado rompe todas las reglas del diálogo?

El esquema televisivo hollywoodiense se ha roto, salvo quizás el de las series distópicas de los últimos años; el héroe salvador ha resultado ser el ególatra jefe mafioso y supremacista. En este sentido, la escenificación de Trump y su equipo en el encuentro con Zelenski resume los esquemas de poder que rigen desde 1945 la conversación geopolítica mundial, presidida por el derecho de veto estadounidense, ya sea absoluto o de facto. El Despacho Oval funciona, en definitiva, como una metáfora (televisada) de la OTAN, del Consejo de Seguridad de la ONU o del FMI. La reacción exterior (o su ausencia, o su limitación al plano comunicativo) refleja también la misma asimetría.
Beatriz Gallardo Paúls
Beatriz Gallardo Paúls
Catedrática de Lingüística en la Universitat de València
Experta en análisis del discurso desde enfoques cognitivistas. Autora de 'Tiempos de hipérbole. Inestabilidad e interferencias en el discurso político' (Ed. Tirant lo Blanch).
Participación