El Banc Sabadell ha acordado volver a Catalunya, después de más de siete años ausente, desde que trasladaron su base a Alicante. Todo lleva a pensar que se trata del toque de
vuelta para la mayoría de las aproximadamente 4.000 empresas, que se fueron, para que vuelvan y decidan recuperar formalmente su procedencia.
Con motivo del referéndum (ilegal) de octubre de 2017, unas 4.000 empresas catalanas cambiaron de sede social; la mayoría a Madrid, algunas al levante. Entre ellas, el Banc Sabadell, que eligió la capital de la Costa Blanca por haber adquirido la Caja de Ahorros del Mediterráneo en 2012.
"El grave riesgo de las decisiones políticas que tomó la Generalitat se materializaba en el caso de los bancos con la pérdida de depósitos"
Las razones eran evidentes: consideraban que el clima que se respiraba en Catalunya, y las decisiones políticas que tomó la Generalitat —la más crítica siendo la declaración unilateral de independencia— ponían en muy serio peligro su continuidad. Este grave riesgo, en el caso de los bancos, se materializaba cada día con la pérdida de depósitos. Hecho fácilmente constatable, a ritmos nunca vistos.
Convendría preguntarse por qué ahora vuelven. Desde la victoria de Salvador Illa el pasado agosto, es evidente que el clima social y político ha cambiado sustancialmente. Han tenido que pasar seis meses para que las empresas se aseguraran que la deriva independentista no tenía posibilidades de volver.
En las grandes empresas, la vuelta a Catalunya la abrió Cementos Molins, empresa familiar de éxito, presidida por Joan Molins, representante de una de las familias de mayor peso económico en Catalunya.
A los Consejos de Administración de las sociedades anónimas les corresponde la decisión de cambiar la sede social. Es una decisión no habitual y normalmente polémica. También lo es volver a la antigua sede.
De ahí la relevancia de la decisión tomada.
"La vuelta de las empresas a Catalunya es que la política que sigue su presidente es aceptada por el mundo empresarial"
No es una opción fácil porque las razones que se esgrimen para tomarla no se parecen en casi nada a un cálculo de opciones empresarial. Privan los sentimientos, a pesar de que cada día menos; observar la desnaturalización del gran banco vasco es un buen ejemplo. En la decisión juegan otros elementos; entre ellos, la cercanía al poder (el regulador), y la oportunidad.
De ahí los varios comentarios que insinúan el movimiento "oportunista" del Sabadell en plena OPA. Otros destacan la valentía —un Consejo es de natural conservador— al tomar la decisión.
En cualquier caso, en lo que todos están de acuerdo en la vuelta de las empresas a Catalunya es que la política que sigue su presidente es aceptada por el mundo empresarial, tan poco dado a reconocer los méritos de un partido que no parece que los represente o con el que se sientan cómodos.
Por eso se llama normalidad institucional. Crear un entorno de convivencia. Donde, además, los negocios puedan florecer.