Si la política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular, como así lo sostuvo hace más de cien años el escritor francés, Edmond Thiaudière, entonces habrá que mirar con lupa el afilado discurso de Donald Trump respecto a México.
Contra todo pronóstico, el magnate y creador del potente eslogan MAGA (Make America Great Again), arrasó en la reciente elección y pintó de rojo (el color republicano) prácticamente todo el país, salvo la costa pacífica y la atlántica —quitando a Florida—. De esta manera, el veinte de enero entrará de nuevo en la oficina que dejó en 2020 tras presidir al país más rico del mundo, y a la que había llegado en 2016 cuando venció inesperadamente a Hillary Clinton.
"La relación [entre EE. UU. y México] estará condicionada a asuntos espinosos en los que las negociaciones no parecen sencillas"
Ahora bien, el mundo es radicalmente distinto al de la era prepandémica. Hoy, el globo está más radicalizado que hace ocho años; los discursos extremistas han resurgido de las cenizas, reviviendo aires belicosos que en el siglo pasado avivaron fuegos de adoctrinamiento e intolerancia que terminaron rompiendo al mundo, por lo menos, en dos ocasiones. Gracias a esa niebla nutrida de ímpetus incendiarios Trump ha movilizado masivamente al descontento social estadounidense para apostar de nuevo por el mesías que les promete volver a ser aquella "gran nación" que hace no tanto tiempo, según ellos, fueron. Y, como gran aliado de ese proyecto, Trump cuenta con el hombre más rico del mundo: Elon Musk. Cabe recalcar que en Estados Unidos el dólar es la religión predominante, y qué mejor profeta que el fundador de Tesla para acompañar al prócer de los nuevos tiempos americanos.
Agregando a lo anterior, el próximo retorno de Trump a la Oficina Oval ha saltado varias alarmas en forma de preguntas muy incómodas.
Ya se sabe cuál es su postura respecto a la guerra entre Ucrania y Rusia: de acuerdo con Pedro Soriano, experto español en política estadounidense, Zelenski tendrá que admitir una paz en términos humillantes.
¿Sobre Israel? Se erigirá como el mandamás en la región y tendrá
manga ancha para terminar de fulminar al terrorismo islámico. Irán quedará acotado cada vez más, y la Unión Europea, como siempre se ha sabido, no formará parte de su lista de prioridades, pues sus
castigos arancelarios han sido el pan de cada día.
Pero ¿y qué pasará con México, su principal socio comercial? La pregunta sigue al aire como una moneda atada a la incertidumbre de sus dos caras. Pero varios expertos en el tema ya advierten que, durante los próximos cuatro años, la relación estará condicionada a asuntos espinosos en los que las negociaciones no parecen sencillas. Por lo pronto, el anuncio del 25% de aranceles a todo lo
Hecho en México lo complica todo aún más.
Una relación condenada a la voluntad del ejecutivo estadounidense
Estados Unidos no es ajeno a la polarización social que recorre el mundo: la gente se cansó de teorías buenistas y exige resultados; necesita políticas pragmáticas que se expresen en sus calles y bolsillos. Desde siempre, los políticos republicanos han encontrado en México un saco de boxeo muy rentable, sobre todo por dos rubros indispensables en la relación bilateral: la inmigración y la política arancelaria; mismos temas que Donald Trump no dejó pasar para nutrir su discurso incendiario para afianzar a sus votantes.
Como siempre, en toda historia hay dos versiones. Comencemos por la primera. Para los expertos más progresistas y moderados, el escenario no es particularmente promisorio, en el sentido de que, en términos generales, la realpolitik entre México y Estados Unidos para los próximos cuatro años se basará en una dependencia del primero hacia la voluntad expresa del ejecutivo del segundo.
Para Natalia Saltalamacchia, profesora de Relaciones Internacionales del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), como así lo dice en una pieza del diario El País, "se esperan tiempos difíciles". Respecto a la migración, la narrativa xenófoba de Trump afianzó a sus votantes poniendo en la diana de su discurso a la inmigración ilegal como el principal foco de la inseguridad en el país. Peor aún, de acuerdo con ella, los asesores del presidente electo consideran a México como un estado fallido. Esta situación deja con un alto grado de vulnerabilidad política al país azteca, puesto que quedará a merced de la voluntad estadounidense bajo el argumento de que hay que "ayudar" y que "hay que recuperar la soberanía" de México, ya que se ha perdido bajo la creciente autoridad de facto del crimen organizado. Para ella, el margen de negociación que Trump tendrá con México es estrecho. ¿El argumento? Que, ahora, en su versión 2.0, actuará siempre bajo la primacía de poder.
"Trump habló de deportar a trece millones de personas indocumentadas, de las cuales cinco millones son mexicanos"
Siguiendo la misma línea, Pía Taracena, académica de la Universidad Iberoamericana, sentencia en el mismo diario: "no quieren a los extranjeros ni a los inmigrantes ilegales". Sus duras palabras caen sobre la amenaza de llevar a cabo deportaciones masivas; concretamente, Trump habló de deportar a trece millones de personas indocumentadas, de las cuales cinco millones son mexicanos (y, en México, las remesas de los migrantes son la principal actividad económica después de la explotación del petróleo y del turismo). Ahora, recordemos que durante la gestión de Obama, fueron tres millones de personas las deportadas, y durante el primer mandato de Trump, millón y medio de personas.
Esos, a grandes rasgos, parecen pronósticos con un alto grado de realismo, pero México es un país camaleónico, con muchas aristas socioeconómicas, y siempre tiene otra forma de ser visto. Ahora, por otra parte, para Juan Iván Peña Neder, presidente del movimiento ultraconservador México Republicano, es mucho más optimista sobre el reciente triunfo electoral de Trump.De acuerdo con sus declaraciones al diario mexicano Milenio, el gran problema de la migración ilegal no es de Estados Unidos, sino de México.
Esta polémica sentencia la sostiene haciendo hincapié en que el negocio generado por el cruce ilegal de personas a lo largo de la frontera entre ambos países está a cargo de los cárteles criminales mexicanos. Según él, el 70% de las personas (mexicanas, centroamericanas o de Sudamérica) que entran al vecino país del norte son parte de las actividades de los grupos mafiosos que también se dedican al trasiego de drogas. Es decir: droga y trabajadores ilegales son traficados por las mismas mafias a lo largo de la frontera. Peña Neder insiste en que la principal preocupación en reforzar los controles debe ser desde México que, como él mismo lo sostiene, es quien más tiene que perder.
El tema energético: un punto caliente
El impacto en el desarrollo de energías limpias en ambos países será alto. Desde siempre, Trump ha calificado al calentamiento global como una farsa. Tan es así que retiró a su país del Acuerdo de París de 2015. Entre sus promesas de campaña estuvo la de eliminar el "timo verde", suprimiendo todo subsidio y ayuda a los proyectos de energías limpias para volver a impulsar el uso y la industria de las energías fósiles.
"El rechazo de Trump a las políticas verdes se traducirá en costes muy altos para la seguridad energética de México"
¿Cómo afecta eso a México? Para Diego Rivera, investigador del Center on Global Energy Policy (CGEP), la incertidumbre en materia energética será total.
Biden había encontrado un punto de encuentro con el Gobierno de México en lo que a la inversión de energías renovables se refiere; más, ahora que Claudia Sheinbaum lo tiene como un tema prioritario. Pero ese panorama, ahora mismo, ha cambiado. Trump no pretende impulsar ni la electromovilidad, ni las redes de transmisión eléctrica, como tampoco considera a la Agenda 2030 y su plan de terminar con las emisiones de carbono. Eso se traducirá en costes muy altos para la seguridad energética de México.
La amenaza arancelaria: de discurso incenciario a cruda realidad
Lo mismo que con la Unión Europea, Donald Trump sabe que a México lo dañará enormemente si cumple sus amenazas arancelarias. Por eso mismo las hace; y por eso mismo parece que está por cumplirlas.
"Donald Trump sabe que a México lo dañará enormemente si cumple sus amenazas arancelarias. Por eso mismo las hace; y por eso mismo parece que está por cumplirlas"
Durante su campaña, advirtió a México que, de no frenar la inmigración ilegal (en los tiempos que solo él estima), inmediatamente impondrá un 25% de aranceles a todos los productos mexicanos. Recordemos que Estados Unidos es el principal cliente comercial de México (el 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino el país vecino del norte). Pero eso no es lo peor del asunto: si ese castigo no diera resultados en el corto plazo, la amenaza se agravaría: la carga impositiva, entonces, podría llegar a ser de hasta el 75%.
Ante un escenario así, hablamos del proteccionismo más salvaje visto en la historia reciente de ambos países, algo que, tarde o temprano, tendría un impacto negativo en ambos lados del Río Bravo. No obstante, el veinticinco de noviembre
Trump emitió un comunicado en la plataforma Truth Social que podría convertir la amenaza en una realidad: "El veinte de enero, como uno de mis primeros decretos, firmaré todos los documentos necesarios para cobrar a México y Canadá un arancel del 25% a TODOS los productos que ingresen a Estados Unidos y sus ridículas fronteras abiertas".
¿El argumento? El de siempre, presionar al Gobierno mexicano para que mejore en la lucha contra el fentanilo y frene la inmigración ilegal (como si solo el problema fuera responsabilidad de México). Lo que aún queda en el aire es qué tiene que ver ese argumento con Canadá. Por lo pronto, la amenaza sigue en pie.
En 2026 está prevista la revisión del T-MEC (el tratado de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, reformado durante el pasado Gobierno de Trump). Ese, para muchos analistas, puede ser el momento clave para saber cuáles y cómo serán las condiciones comerciales durante el resto de los mandatos de Trump y de Sheinbaum.
"El reto ahora es para Claudia Sheinbaum que necesitará demostrar su máximo potencial de liderazgo, de control político, y de negociación sobre las nuevas cuestiones (pantanosos) que surgen como retos para el devenir entre ambos países"
Por eso mismo, Mariana Campero, del Programa de las Américas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, opina que Sheinbaum debe de ser muy hábil para la negociación con Trump si es que este decide llevar a cabo las deportaciones masivas que prometió. En ese caso, opina la experta, la mandataria mexicana tendrá que tener sobre la mesa de negociación el tema arancelario, ya que tanto las empresas mexicanas como las estadounidenses se han beneficiado enormemente por el libre comercio. Aun así,
cabe destacar que quien llevará la batuta ante esas nuevas condiciones económicas y de comercio será, sin duda alguna, Estados Unidos: quien, por el momento, no parece estar definiendo la hoja de ruta para la relación bilateral desde la atalaya de la conciliación y el desarrollo conjunto.
Finalmente, hay que tener muy claro que el discurso electoral de Donald Trump siempre ha sido arrebatado y polémico. Leña al fuego, como se dice popularmente. Pero en la realidad, las condiciones han sido otras: la relación con Andrés Manuel López Obrador, si bien estuvo marcada con cierta distancia, no fue del todo mal; hubo respeto, control sobre temas económicos clave, y, en términos generales, la relación bilateral se mantuvo bajo un nivel de orden.
En todo caso, el reto ahora es para Claudia Sheinbaum que necesitará demostrar su máximo potencial de liderazgo, de control político, y de negociación sobre las nuevas cuestiones (pantanosos) que surgen como retos para el devenir entre ambos países: la inmigración, las polémicas arancelarias, y la transición energética. Ya se sabe cuál es la postura del magnate neoyorquino. ¿Cuál será la de la primera presidenta mexicana? Todo pronóstico se queda corto, y la respuesta, ya se sabe, la dará el tiempo.