Martes, 28 de julio de 2026
CONVERSACIONES

Nadia Calviño: "Hay que lograr que las ideas, tecnologías y empresas nacidas en Europa se queden"

A pocos días de cumplir un año como presidenta del Banco Europeo de Inversiones, Nadia Calviño conversa con Marc López Plana, director de Agenda Pública, para reflexionar sobre la estrategia del BEI para los próximos años. El objetivo principal del banco y de su presidenta es "asegurar que Europa mantenga una voz fuerte y competitiva en el marco del nuevo orden mundial".

Agenda Pública Agenda Pública 8 de diciembre de 2024
Añadir AgendaPública en Google
Nadia Calviño, presidenta del BEI, durante la conversación con Agenda Pública.  | Agenda Pública / Tania Sieira
Nadia Calviño, presidenta del BEI, durante la conversación con Agenda Pública. | Agenda Pública / Tania Sieira
Es la española que decide muchas de las inversiones estratégicas en Europa y en Agenda Pública conversamos con ella. Nadia Calviño, presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI), lo tiene claro: Europa se la juega. "Las decisiones que se tomen ahora serán determinantes para definir su papel en este nuevo orden mundial", señala. 

Para la anteriormente vicepresidenta del Gobierno de España, "es crucial que Europa apueste por dos palancas fundamentales para asegurar su prosperidad futura: la integración del mercado interior y la inversión". En la conversación con Agenda Pública, de la mano de nuestro director Marc López Plana, Calviño desgrana la estrategia del BEI para los próximos años "con más del 50% de sus inversiones en Europa dirigidas a la acción climática" y con una idea clara: "Tenemos que lograr que las ideas, tecnologías y empresas nacidas en Europa puedan escalar y prosperar aquí".

"Estamos presenciando un cambio radical en las bases del orden mundial establecido desde la Segunda Guerra Mundial", precisa. "Todo esto exige una orientación estratégica clara, centrada en resultados y eficiencia, para asegurar que Europa mantenga una voz fuerte y competitiva en el marco del nuevo orden mundial", concluye.
 

Marc López Plana y Nadia Calviño durante la conversación. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira


¿Qué aporta una mujer, por un lado, y una española, por otro, al proyecto del BEI en estos momentos?

Es muy positivo que el BEI tenga por primera vez una presidenta mujer y, por supuesto, por primera vez una presidenta española. Permite dar una nueva visión al brazo financiero de la Unión Europea. A nivel personal, aporto una experiencia muy amplia, en la Comisión Europea, como ministra y vicepresidenta del Gobierno de España, habiendo vivido la reciente presidencia española del Consejo de la Unión Europea y también como presidenta del Comité Monetario y Financiero del Fondo Monetario Internacional durante unos años muy intensos. Esto permite que el BEI tenga un papel central en los debates estratégicos europeos y esté mucho mejor integrado con las instituciones nacionales, las instituciones europeas y las instituciones financieras internacionales. 

Vivimos en un proceso marcado por la desglobalización y también la guerra en Ucrania, que está llevando a la UE a apostar por la autonomía estratégica. ¿Cómo contribuye el BEI a hacer una Europa más fuerte?

Estamos presenciando un cambio radical en las bases del orden mundial establecido desde la Segunda Guerra Mundial. Durante los últimos ochenta años, hemos vivido bajo un sistema sustentado en una red de instituciones financieras multilaterales controladas por las grandes economías occidentales. Estas han garantizado la estabilidad financiera, impulsado el libre comercio internacional bajo reglas claras, consolidado la hegemonía del dólar y promovido el binomio de economía de mercado y democracia liberal. Este modelo ha resultado muy beneficioso tanto para Estados Unidos como para Europa. En particular, Europa ha disfrutado de los dividendos de la paz y de un sistema que le ha permitido convertirse en una potencia comercial y tecnológica global.

"Europa se encuentra en una encrucijada, y las decisiones que se tomen ahora serán determinantes para definir su papel en este nuevo orden mundial"
Sin embargo, este orden se encuentra hoy bajo una profunda revisión. No se trata de una desglobalización, ya que el comercio mundial sigue creciendo, sino de una reorientación de los flujos comerciales y un replanteamiento de la gobernanza de las instituciones internacionales. A esto se suma una revolución tecnológica, verde y digital, que está repartiendo nuevas cartas para la competitividad internacional. 

Europa, en particular, se encuentra en una encrucijada, y las decisiones que se tomen ahora serán determinantes para definir su papel en este nuevo orden mundial.

¿Qué necesita Europa para no quedarse atrás en este proceso de cambio del orden internacional? 

Los informes Letta y Draghi son claros. Es crucial que Europa active dos palancas fundamentales para asegurar su prosperidad futura: la integración del mercado interior y la inversión. Finalizar con la fragmentación y reforzar la integración de los mercados, incluyendo los mercados de capitales, permitirá a las empresas europeas explotar economías de escala y movilizar la inversión necesaria para conjugar con éxito la transición climática y la competitividad. 

"El BEI está llamado a desempeñar un papel esencial en la movilización de la inversión pública y privada necesaria para conjugar con éxito la transición climática y la competitividad"
En este contexto, el BEI, con una triple A y un gran balance de 600.000 millones de euros, está llamado a desempeñar un papel esencial en la movilización de la inversión pública y privada necesaria para afrontar esta transformación.

Todo esto exige una orientación estratégica clara, centrada en resultados y eficiencia, para asegurar que Europa mantenga una voz fuerte y competitiva en el marco del nuevo orden mundial. Este proceso de transformación no solo redefine la economía, sino que también marca el rumbo de la sostenibilidad y la digitalización, elementos clave para el futuro del continente.
 

Nadia Calviño, presidenta del BEI. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira


Hablemos de estos elementos clave. En primer lugar, la sostenibilidad. Ante una Administración estadounidense que parece no estar comprometida con la descarbonización de la economía mundial, la responsabilidad de Europa en liderar este esfuerzo aumenta significativamente. ¿Cómo ve el papel del BEI a la hora de destinar más recursos hacia una transición verde que otros no parecen estar dispuestos a asumir o financiar?

Más allá de los debates políticos y el ruido, lo cierto es que la transición verde es ya una realidad imparable. Estamos en una nueva fase de esta revolución energética, liderada cada vez más por el interés económico y las nuevas tecnologías. Esto es evidente en la economía global y lo pude constatar recientemente en la COP29 en Bakú: las empresas empiezan a entender que la transición verde no solo es lo correcto, sino también lo más rentable. Cada euro destinado a resiliencia y adaptación al cambio climático ahorra entre cinco y siete euros en reparaciones y daños. Invertir en prevención y resiliencia mitiga daños,  reduce pérdidas y costes futuros, como lamentablemente hemos podido comprobar recientemente en nuestro país.

"El Banco Europeo de Inversiones se ha consolidado como el 'Banco del clima', con más del 50% de sus inversiones en Europa dirigidas a la acción climática"
En este contexto, el Banco Europeo de Inversiones se ha consolidado como el Banco del clima, con más del 50% de sus inversiones en Europa dirigidas a la acción climática. Estamos financiando todos los grandes proyectos de infraestructuras energéticas clave, como interconexiones, modernización de redes, proyectos de energía renovable como parques eólicos (onshore y offshore) y solares, y desarrollos innovadores como la central de bombeo reversible del Salto de Chira en Gran Canaria.

Además, apoyamos la eficiencia energética en pymes, las redes inteligentes de distribución eléctrica, y la descarbonización de la industria pesada mediante biometano, hidrógeno verde y combustibles alternativos. Finalmente, estamos financiando proyectos innovadores y estratégicos como fábricas de baterías, vehículos eléctricos y soluciones sostenibles para la agricultura y la eficiencia energética de los edificios.

El BEI seguirá desempeñando un papel crucial para convertir la transición verde en un verdadero éxito europeo. Esto incluye apostar por tecnologías revolucionarias que desacoplen el crecimiento económico de las emisiones de CO₂ y otros gases contaminantes, bajando el coste de la energía y avanzando hacia una economía más limpia, eficiente y competitiva.

Ante desastres climáticos como la DANA, que no solo causan estragos humanos, sino también graves impactos económicos, ¿cómo puede el BEI reaccionar de forma rápida y ágil? Además, ¿cómo se prepara para responder a la creciente frecuencia de estos eventos extremos, combinando prevención con soluciones inmediatas?

En el último año, hemos avanzado mucho en la capacidad del BEI para responder rápidamente a situaciones de emergencia. Hemos puesto en marcha mecanismos que permiten agilizar los desembolsos y reprogramar proyectos, algo que ya pusimos en práctica al estallar la guerra en Ucrania y para responder a las riadas en Europa Central. Gracias a esto, logramos redirigir en muy poco tiempo 900 millones de euros para València, y esta misma semana hemos firmado un nuevo programa de 400 millones de euros, a través de entidades financieras, para apoyar a las pymes y las empresas de capitalización mediana en las zonas afectadas por la DANA.

"Hemos avanzado mucho en la capacidad del BEI para responder rápidamente a situaciones de emergencia. Hemos logrado redirigir en muy poco tiempo 900 millones de euros para València"
Mirando hacia el futuro, nuestro enfoque debe combinar la reacción inmediata con la planificación a largo plazo. Además de financiar, podemos aportar asesoramiento técnico para construir y reconstruir mejor, asegurándonos de que las infraestructuras sean más resilientes y los edificios estén adaptados al cambio climático. Es fundamental que todas las inversiones a partir de ahora se diseñen teniendo en cuenta que estos fenómenos extremos serán cada vez más frecuentes.

En el ámbito de la innovación tecnológica, el BEI está llamado a ser clave para que la UE recupere el terreno perdido. Barcelona es hoy una ciudad competitiva a nivel europeo y mundial, destacándose como un hub para la inversión en deep tech y con proyectos que demuestran resultados exitosos. Quizá el modelo europeo no sea crear un supergoogle como en Estados Unidos, pero, desde el punto de vista del BEI, ¿cómo puede Europa fortalecer su capacidad tecnológica para competir con otras grandes potencias? ¿Qué papel juegan las inversiones del BEI en este contexto?

Europa cuenta con un gran talento, centros de investigación punteros y startups de primer nivel. No tenemos nada que envidiar a otras superpotencias tecnológicas. Sin embargo, el diagnóstico es claro: nuestro principal problema es el crecimiento de esas empresas.

Para resolverlo, hay que terminar con la fragmentación del mercado interior en sectores como telecomunicaciones o salud, con veintisiete procesos regulatorios diferentes para autorizar servicios y productos, nos sitúa en desventaja frente a mercados más integrados como el de Estados Unidos.

Y facilitar el acceso al capital. Los mercados europeos están fragmentados y no canalizan eficientemente el ahorro hacia las empresas europeas. De hecho, una gran parte del ahorro europeo termina financiando fondos en Estados Unidos, que luego adquieren nuestras startups.

Cincuenta y ocho de los unicornios que se desarrollaron en 2022 en Estados Unión habían nacido en Europa. Esto debe cambiar. Tenemos que lograr que las ideas, tecnologías y empresas nacidas en Europa se queden en Europa, que puedan escalar y prosperar aquí.

"Cincuenta y ocho de los unicornios que se desarrollaron en 2022 en Estados Unión habían nacido en Europa"
El Banco Europeo de Inversiones puede contribuir a ese esfuerzo. Por ejemplo, en los últimos años hemos impulsado iniciativas como European Tech Champions, que en tan solo dos años ha movilizado 2.000 millones de euros en fondos de venture capital para escalar startups, y prevemos alcanzar los 3.000 millones en 2025. Gracias a este programa, en su primer año se financiaron dos startups de Barcelona, y en el segundo logramos crear el primer megafondo español de venture capital de 1.000 millones de euros.

Espero que pronto podamos firmar con un segundo megafondo, lo que contribuirá a consolidar un ecosistema de inversión de alto riesgo que permita a nuestras empresas escalar globalmente. En definitiva, no se trata de falta de talento, sino de conseguir la escala necesaria para competir con las grandes potencias tecnológicas. Revisar el marco regulatorio y garantizar un entorno competitivo y propicio para la innovación son retos clave para el futuro de Europa.
 

Marc López Plana y Nadia Calviño durante la conversación. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira


El problema de la escala, como mencionaba, es que Europa tiene veintisiete países y, al decidir dónde invertir, se corre el riesgo de concentrarse solo en dos o tres ciudades que están destacando, como Barcelona en el ámbito del deep tech. ¿No sería más efectivo apostar por estas pocas ciudades para que crezcan y sean referentes globales?

No estoy de acuerdo con esa visión. Precisamente, estas nuevas tecnologías se benefician enormemente de las redes y de la colaboración entre múltiples actores. Por ejemplo, en España, en el ámbito de la fabricación de chips, tenemos un ecosistema diverso que incluye alrededor de 170 empresas y centros de investigación, distribuidos desde la Universidad de La Laguna en Canarias, pasando por València, Barcelona, Madrid y Galicia. El desarrollo de estas redes es clave para maximizar el impacto de la inversión.

Un ejemplo concreto: cuando impulsamos con los fondos Next Generation el primer superordenador cuántico del sur de Europa con el programa Quantum Spain, pedimos al Centro de Supercomputación de Barcelona que coordinara a en torno a veinte centros de investigación en España. Esto demuestra que es posible y necesario llevar las oportunidades allí donde está el talento, que no se encuentra concentrado en unas pocas ciudades, sino que surge en múltiples lugares.

Entonces, ¿no estaría de acuerdo con la idea de crear tres Silicon Valley en Europa?

¡Debería haber Silicon Valleys en toda Europa! Por supuesto, hay que apostar por activos clave, como el Centro Nacional de Supercomputación o el ICFO en Barcelona, que son centros de referencia mundial. Sin embargo, también debemos reconocer otros ecosistemas emergentes. Por ejemplo, el primer centro de investigación fuera de Bélgica de IMEC, un referente mundial en nanotecnología, se está instalando en Málaga. Esto se debe al ecosistema que ya existe allí, con startups y centros de investigación de grandes empresas tecnológicas estadounidenses.

"Las redes son las que realmente generan riqueza y fomentan la competitividad, permitiendo que el talento y las oportunidades se distribuyan por toda Europa"
El verdadero valor del ámbito digital no reside únicamente en la proximidad física, sino en la capacidad de crear redes de colaboración. Estas redes son las que realmente generan riqueza y fomentan la competitividad, permitiendo que el talento y las oportunidades se distribuyan por toda Europa.

Tiene que haber un equilibrio adecuado entre hacer grandes centros de nivel y el que tengamos una red, porque el talento está en todas partes. Los países ricos no tienen más talento que los países pobres, al igual que las ciudades no tienen más talento que los pueblos. El objetivo es poder crear las condiciones para que el talento pueda progresar y conectarse.
 

Nadia Calviño, presidenta del BEI. Foto: Agenda Pública / Tania Sieira


Por último, hablemos de la defensa y seguridad europeas. La UE afronta una guerra en sus fronteras con la invasión de Ucrania por parte de Rusia, y se ha planteado al BEI la posibilidad de considerar inversiones en el ámbito de la defensa y el doble uso tecnológico. ¿Qué posición tiene el BEI al respecto y en qué está trabajando en este ámbito?

Desde que asumí mi responsabilidad como presidenta del BEI en enero, fui plenamente consciente de la necesidad de escalar la industria europea de seguridad y defensa. Como mencioné anteriormente, Europa ha disfrutado durante ochenta años de los dividendos de la paz, pero la invasión de Ucrania ha subrayado la importancia de reforzar nuestra autonomía estratégica. No podemos seguir dependiendo de otros países, ni en el ámbito energético ni en el de seguridad y defensa.

Desde el primer día nos pusimos a trabajar y en mayo ya adoptamos medidas concretas: Revisamos nuestro ámbito de elegibilidad para financiación y creamos una oficina dedicada especialmente a impulsar proyectos en este ámbito. Una de las primeras decisiones fue eliminar una restricción importante: anteriormente, para que un proyecto fuera considerado de doble uso, debía demostrar que más del 50% de sus beneficios futuros procedieran de aplicaciones civiles. Al eliminar esta exigencia, ahora podemos financiar un espectro más amplio de inversiones, que incluyen desde el control de fronteras y la movilidad militar hasta ciberseguridad, drones, espacio, investigación en defensa, desminado y descontaminación.

"Al eliminar la exigencia de que un 50% de los beneficios futuros procedieran de aplicaciones civiles, ahora podemos financiar un espectro más amplio de inversiones en el ámbito de la defensa"
Además, hemos adoptado un enfoque proactivo. Estamos visitando todos los Estados miembros para identificar necesidades y oportunidades de colaboración. He estado recientemente en Malta, Grecia, Chipre y Bulgaria, y acabo de concluir mi ronda por los vientisiete Estados miembros en Hungría.

Contamos también con un vicepresidente dedicado a este ámbito, Robert De Groot, quien ha visitado quince Estados miembros, incluido España, para reunirse con la industria y evaluar cómo puede el BEI contribuir más.

En 2024 hemos puesto las bases necesarias, y estoy segura de que el próximo año veremos proyectos significativos a nivel europeo que el BEI financiará, reforzando así nuestra capacidad colectiva de garantizar la paz y seguridad, en Europa y a nivel global.

Muchas gracias, presidenta. 
Participación