Domingo, 9 de agosto de 2026
CARTA ABIERTA

Carta abierta a Mark Zuckerberg, CEO de Meta

La inminente vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca continúa transformando el sector tecnológico y los parámetros de la libertad de expresión. En esta 'Carta abierta', Joan Barata se dirige a Mark Zuckerberg, CEO de Meta, para trasladar sus reflexiones sobre el cambio en las políticas de moderación de contenidos de las plataformas Facebook e Instagram.

Joan Barata Joan Barata 11 de enero de 2025
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Mark Zuckerberg anuncia cambios en las políticas de moderación de Meta. | Facebook / Mark Zuckerberg
Mark Zuckerberg anuncia cambios en las políticas de moderación de Meta. | Facebook / Mark Zuckerberg
Estimado Mark:

Me permito dirigirme a usted por su nombre de pila al ser el modo con el que me consta que es generalmente conocido y mencionado en los ambientes de Silicon Valley.

Estados Unidos acabó el año 2024 con intensos debates en torno a la posible prohibición de la plataforma TikTok y la posible violación de la libertad de expresión protegida constitucionalmente en la Primera Enmienda. Mientras esperamos un pronunciamiento provisional por parte del Tribunal Supremo sobre esta materia, 2025 arranca con otro debate en el que conceptos como libertad de expresión o censura han vuelto a aparecer en la primera línea de confrontación. 

Concretamente, me refiero a su anuncio de cambios sustanciales en las políticas de moderación de contenidos de las plataformas Facebook e Instagram. El elemento seguramente más comentado de dichos cambios es la sustitución del actual sistema de verificación de datos —basado en la intervención de organizaciones "confiables" ajenas a la plataforma— por contribuciones hechas directamente por parte de usuarios con relación al contenido controvertido de terceros. Siguiendo, pues, el modelo implantado por Elon Musk en X, hay, sin embargo, otras medidas igualmente relevantes, como la simplificación de las políticas de moderación de contenidos para permitir un mayor número de discursos críticos y controvertidos en temas sensibles, tales como inmigración o género. Entre estas medidas se encuentran la sensible reducción del uso de filtros automáticos para la detección y remoción de contenido dañino, confiando, por tanto, principalmente en las denuncias de los propios usuarios; así como la reubicación del núcleo de los equipos de moderación de contenidos al estado de Texas, para evitar los sesgos aparentemente izquierdistas de los que la plataforma había sido acusada por parte de sectores conservadores.

Me permito comentar dichos cambios sobre la base de tres reflexiones.

La primera es el hecho de que estos cambios van a implementarse, de entrada, en el mercado estadounidense. Se trata de un matiz importante, puesto que es obvio que la cultura e interpretación del concepto de libertad de expresión en dicho entorno es distinto del existente en Europa y otras partes del mundo. Un dato fundamental es el hecho de que, a pesar de la obligación contenida en tratados internacionales en materia de derechos humanos en este sentido, Estados Unidos ha rechazado sistemáticamente criminalizar o siquiera prohibir lo que se conoce como discurso de odio (categoría que, por otra parte, tiende a ser empleada con excesiva laxitud en otras jurisdicciones como la española para perseguir discursos meramente ofensivos o extremos). 

"Sería un error considerar que este anuncio supone un retorno a una aproximación libertaria (llamada también 'free speech absolutism') de Internet"
Es necesario admitir que esta cultura ya impregnó los inicios de la industria de las plataformas online durante los primeros años de su desarrollo desde Silicon Valley. Como ha recordado Javier Pallero, el Internet originario fue promovido, en línea, por cierto, con los intereses de la política exterior estadounidense en aquel momento, como una frontera ingobernable para desafiar el poder autoritario, alcanzando su apogeo durante la Primavera Árabe. Fue solo posteriormente cuando, como consecuencia de conocidos escándalos y crisis reputacionales, y las subsiguientes amenazas regulatorias, empezaron a introducirse a regañadientes mecanismos internos cada vez más sofisticados de moderación de contenidos. 

En el comunicado en el que presenta los cambios, usted apunta al hecho de que en el momento actual el público estadounidense estaría particularmente abierto a recibir opiniones "extremas" con relación a determinados asuntos en el centro de la agenda política del MAGA-ismo. Por ejemplo, a partir de ahora se permitirán acusaciones de enfermedad o anormalidad mental basadas en el género o la orientación sexual. Sin embargo, sería un error considerar que este anuncio supone un retorno a una aproximación libertaria (llamada también free speech absolutism) de Internet. Presentado enfáticamente como un compromiso para incrementar la libertad de expresión en las redes y eliminar la censura, hay que admitir que se trataría más bien de dar carta blanca a quienes aspiran a usar las redes para criminalizar y poner en peligro a sectores particularmente vulnerables de la sociedad americana, en línea con las políticas que presumiblemente la nueva administración parece dispuesta a adoptar. Volveré sobre esto en un párrafo posterior. 

La segunda se refiere a que, ciertamente, Meta ha sido objeto de ataques furibundos por parte de la derecha en Estados Unidos por aplicar unas políticas de moderación de contenidos que daban como resultado una particular restricción de voces conservadoras. Hay que matizar, sin embargo, que diversos estudios sobre la supuesta asimetría política de las "sanciones" derivadas de la publicación de desinformación afirman que no existiría un sesgo anticonservador, sino más bien una concreta tendencia en la publicación de contenido dañino. Dicho en términos más crudos, los conservadores del movimiento MAGA tendrían una mayor tendencia a publicar bulos y conspiraciones, por lo que sus publicaciones y cuentas tendrían consiguientemente una mayor tendencia a ser eliminadas y bloqueadas. 

"Los conservadores del movimiento MAGA tendrían una mayor tendencia a publicar bulos y conspiraciones, por lo que sus publicaciones y cuentas tendrían consiguientemente una mayor tendencia a ser eliminadas y bloqueadas"
Asimismo, y más allá de los Estados Unidos, es importante recordar que tanto Facebook como Instagram han sido igualmente criticadas desde ángulos ideológicos completamente distintos por dañar y silenciar voces vulnerables en diversos países. Basta recordar la delicada situación de la plataforma Facebook en torno a la crisis de los rohinyás en Myanmar o los fundados reproches acerca de la sistemática marginación y eliminación de contenido propalestino, incluso antes del inicio del actual conflicto en la zona. Un vistazo a las recientes decisiones del Oversight Board de Meta, que usted directamente quiso crear, evidencia los reproches formulados por esta organización independiente con relación al tratamiento de grupos e individuos cuya protección se ha atribuido generalmente (y muy particularmente en Estados Unidos) al pensamiento progresista, tales como el colectivo LGTBI+, inmigrantes, activistas, blasfemos y un largo etcétera. Todo lo cual simplemente nos muestra la extrema complejidad de la implementación práctica, caso por caso y a escala, de las políticas de contenidos de las grandes plataformas. 

Igualmente, se pone en evidencia que su comunicado afirma prestar especial atención a la necesidad de proteger la libertad de expresión y evitar actos de "censura privada" que puedan afectar a usuarios en Estados Unidos. Al mismo tiempo, la compañía dedicaría menores esfuerzos a evitar que la moderación de contenidos en otras partes del mundo (y especialmente en mercados menos lucrativos), esto puede acabar siguiendo el juego de los intereses de gobiernos autoritarios o ignorando la necesidad de proteger los intereses expresivos de determinados grupos y comunidades en el marco de dichos espacios virtuales.

En tercer lugar, hay que admitir que es, sin duda, posible y necesario un análisis desapasionado acerca de cuáles son los mejores modelos de moderación de contenidos, con el fin último de adoptar aquellas opciones que sean menos lesivas, más participativas y que, al mismo tiempo, permitan identificar y enmendar posibles errores con la mayor efectividad posible. En este sentido, el uso de entidades de verificación no es, ciertamente, la única posibilidad ni la panacea que resuelve todos los problemas, como la experiencia ya ha demostrado. Estudios como el de la organización The Future of Free Speech, de Vanderbilt University, nos muestran el interés y la utilidad de modelos basados en la colaboración abierta de distintos miembros y grupos de la comunidad de usuarios, o incluso de modelos descentralizados que permitan a los usuarios y comunidades elegir su propia experiencia de moderación de contenidos y evitar los discursos que consideren problemáticos u ofensivos, sin que ello signifique el establecimiento de restricciones absolutas, salvo en casos claramente tasados.

"Llegados a 2025 se imprime un giro radical a los sistemas de moderación de contenidos, denostando, asimismo, y sin presentar evidencia alguna, buena parte de las prácticas e instrumentos utilizados hasta la fecha"
Sin embargo, y en línea con lo apuntado anteriormente, el contexto en el que se produce el comentado anuncio importa, y mucho. Del mismo modo que hace cuatro años la misma plataforma (y hay quien afirma que la orden vino de usted directamente) decidió, de forma sumaria, restringir las cuentas del ahora reelegido presidente (entonces candidato frustrado) sin esforzarse en demostrar la coherencia y fundamentación de dicha medida en el marco de las políticas de seguridad y confianza de aquella, llegados a 2025, y a las puertas de la toma de posesión del mismo candidato, se imprime un giro radical a los sistemas de moderación de contenidos, denostando, asimismo, y sin presentar evidencia alguna (más allá de la referencia a alegatos por parte de sectores políticos muy concretos), buena parte de las prácticas e instrumentos utilizados hasta la fecha. Un movimiento que coincide, además, con una sustanciosa donación a los fastos de la mencionada toma de posesión y que se acompaña de una entusiasta oferta de colaboración con la nueva administración en la defensa de la libertad de expresión en el mundo (sic). No bastando con eso, se incluyen también sonoros reproches dirigidos a otros modelos regulatorios, especialmente el europeo, así como extrañas referencias a la existencia de supuestos "tribunales secretos" en América Latina responsables de la remoción de contenido en redes.

Es evidente que plataformas privadas como Facebook e Instagram tienen el derecho de establecer sus propias políticas y procesos internos de moderación de contenidos en lo que se refiere al contenido legal pero considerado dañino. Es cierto también que es sobre la base de las mismas que los usuarios pueden decidir permanecer en ellas o buscar otros espacios en los que se sientan más cómodos. Dicho todo lo anterior, y tratándose de espacios de gran importancia para la libre difusión de ideas y opiniones, las referidas muestras de vulnerabilidad y fragilidad frente a cambios y presiones políticas nos demuestran la importancia de evitar una instrumentalización de las nuevas plataformas de comunicación por parte de quienes detentan el poder, tanto en lo que se refiere a la definición los contenidos que facilitan, como en relación con su papel en posibles guerras comerciales y regulatorias entre distintos bloques geopolíticos.
Joan Barata
Joan Barata
Miembro del Center for Law, Democracy and Society de la Queen Mary University de Londres
Miembro del Center for Law, Democracy and Society de la Queen Mary University de Londres.
Participación