Las grandes compañías tecnológicas de Estados Unidos (EE. UU.), desde Meta hasta Amazon o Twitter (X), contribuyeron financieramente a la victoriosa campaña electoral de Donald Trump y quieren aprovechar el éxito de esa apuesta para desembarazarse de cualquier traba a sus operaciones, en particular, de las impuestas por la Unión Europea durante el último lustro.
"Mark Zuckerberg ha acusado a Europa de 'institucionalizar la censura'"
El multimillonario Mark Zuckerberg, líder de Facebook, Instagram y WhatsApp, ni siquiera ha esperado a que Trump tome posesión para lanzar su primera andanada. En un vídeo que ha sonado a declaración de guerra en Bruselas, ha acusado este martes a Europa de "institucionalizar la censura" y ha advertido que colaborará con el nuevo presidente para "hacer que gobiernos de todo el mundo dejen de perseguir a las compañías estadounidenses y de obligarlas a censurar más". El magnate concluye que la victoria de Trump ha marcado "un punto de inflexión cultural" y, como primera medida de contraataque,
ha anunciado que pone fin a la verificación estricta de contenidos en sus redes,
introducida en gran parte como consecuencia de las regulaciones europeas.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de baja por neumonía, aún no ha reaccionado a un desafío que pone en cuestión dos de las normas más importantes aprobadas durante su primer mandato: el reglamento de mercados digitales y el de servicios digitales (DMA y DSA, respectivamente, por sus siglas en inglés). La UE aprobó ambos textos legales con el objetivo de atar corto a las grandes plataformas digitales nacidas en los últimos años, en particular, a unas redes sociales que se han convertido en la principal vía de comunicación, información y entretenimiento para cientos de millones de ciudadanos.
"La UE aprobó la DMA y DSA on el objetivo de atar corto a las grandes plataformas digitales nacidas en los últimos años"
Ninguna de esas grandes redes es europea y la tecnología avanza a pasos tan agigantados que Bruselas se veía incapaz de regular con sus viejas normas unos servicios expuestos al abuso de poder, a la manipulación o a la circulación de contenidos ilegales con casi total impunidad. La DMA y, sobre todo, la DSA permiten a la Comisión intervenir de manera tajante e imponer a las plataformas medidas correctivas cada que vez perciba una violación de las normas sobre, por ejemplo, la neutralidad o la transparencia de cada red.
La Comisión ya había empezado a aplicar con rigor ambos reglamentos e incluso ha iniciado una investigación contra TikTok por su presunta utilización en las elecciones presidenciales de Rumanía, unos comicios anulados, en una decisión sin precedentes en Europa, tras la victoria en primera vuelta de un candidato claramente prorruso.
El hasta hace poco responsable de la vigilancia, el comisario europeo Thierry Breton, se mostró muy beligerante y llegó a mantener un pulso personal con el mismísimo Elon Musk, el multimillonario propietario de Twitter convertido en los últimos meses en la mano más derecha de Trump.
Pero, de manera significativa, Von der Leyen forzó la salida del correoso Breton, lo que ha restado mordiente a la Comisión en la arena digital. La defenestración del comisario francés y el perfil bajo de la actual Comisión ante las injerencias de Musk en la política de varios países europeos y la decisión de Zuckerberg de cancelar la supervisión de contenidos en sus redes indica que Von der Leyen trata de evitar un choque frontal con EE. UU. del que podría salir muy mal parada.
"El conflicto entre la capacidad innovadora de EE. UU. y el afán regulador de Bruselas se viene fraguando desde hace tiempo y 2025 puede marcar un punto de inflexión"
Pero el conflicto entre la capacidad innovadora de EE. UU. y el afán regulador de Bruselas se viene fraguando desde hace tiempo y todo apunta a que 2025 puede marcar, como pronostica Zuckerberg, un punto de inflexión hacia unas tecnológicas dispuestas a enfrentarse a los reguladores gracias a la protección de Trump. La ofensiva puede desbaratar el enésimo intento de Bruselas por meter en cintura a unos gigantes estadounidenses que dominan la economía digital y que ponen en evidencia la creciente dependencia del Viejo Continente con el otro lado del Atlántico.
Al comienzo de la revolución tecnológica a finales del siglo XX, Bruselas intentó poner orden mediante la aplicación de las normas de competencia. Y libró contra compañías como Microsoft largas batallas legales tan exitosas en los tribunales como estériles a largo plazo. Dos décadas después de las sanciones multimillonarias por abuso de posición dominante, la compañía de Bill Gates sigue presente en la inmensa mayoría de los ordenadores europeos. Y su rival de mayor fuste es Google, también nacida en EE. UU. y también sancionada por la Comisión por abusar de su poder en el mercado europeo.
"La aplicación de la DMA y de la DSA puede frustrarse si las compañías estadounidenses se resisten y si la Administración americana interpreta el castigo como una medida proteccionista"
La aprobación de la DMA y de la DSA aspiraba a reforzar el arsenal de la UE para obligar a las grandes plataformas a cumplir con las normativas europeas. Pero su aplicación puede frustrarse si las compañías estadounidenses se resisten y, sobre todo, si la Administración americana interpreta el castigo a sus compañías como una medida proteccionista que merece represalias en forma de aranceles o vetos a la importación de productos europeos.
Los medios de la Comisión para enfrentarse a esos gigantes también son limitados. El primer año de aplicación de la DSA (en 2003) contó con un presupuesto de 26,8 millones de euros. Los recursos humanos destinados a la tarea comenzaron con 29 funcionarios en marzo de 2023 y a finales de ese año sumaban 69 efectivos. En principio, las plataformas vigiladas deben sufragar el servicio mediante una tasa, que en ese año recaudó 45 millones. Pero dos de ellas —Facebook y TikTok— tienen recurrida su cuota ante el Tribunal General de la UE.
Europa, además, no puede permitirse, ni económica ni socialmente, prescindir de redes tan omnipresentes como las estadounidenses. La propia Comisión es una usuaria adicta de esos canales de comunicación. Von der Leyen, que apenas concede ruedas de prensa, se prodiga con vídeos declarativos en YouTube (propiedad de Google). Y el departamento comunitario encargado de vigilar las redes
recomienda seguir su labor a través de una cuenta… en Twitter, la compañía de Elon Musk.