En materia de feminismo, lo posmoderno está demasiado cerca de lo neoliberal como para poder tener el nombre, aunque ahora esté de moda colocarle cualquier apellido. Las feministas nos enteramos todos los días por los medios de comunicación de nuevas corrientes en el seno del movimiento. Que si feminismo clásico, feminismo auténtico, feminismo transexcluyente, feminismo sentido… Sin embargo, es prácticamente imposible encontrar en esos mismos medios las corrientes feministas existentes: ecofeminismo, ciberfeminismo, feminismo socialista o feminismo radical, por ejemplo —al margen de que a este último se le ha hecho desaparecer bajo siglas despectivas—.
"La postura de la izquierda posmoderna ha llegado incluso a confundir derechos con privilegios"
La postura de la izquierda posmoderna ha llegado incluso a confundir derechos con privilegios, de manera que nos encontramos con discursos que aseguran que el hecho de que las mujeres tengan una vivienda, un trabajo digno y un sueldo digno —algo por lo que, supuestamente, la izquierda siempre ha luchado— convierte en privilegiadas a aquellas mujeres que lo disfrutan, puesto que muchas otras no tienen ningún derecho.
La izquierda posmoderna, a la que algunos llaman woke, aunque a mí me gusta más denominar "la izquierda de mucho ruido y pocas nueces" —por su capacidad para ganar debates mediáticos e inventarse neolenguas con gran acierto—, ha llegado a colocar un marco que, como todos los que propone, ha sido muy aceptado mediáticamente. En este marco, los colectivos sociales del ámbito de la identidad se enfrentan en una especie de juegos del hambre con el feminismo: "Tu montoncito de migajas puede hacerse todavía más pequeño", que diría Jessa Crispin.
En el 41.º Congreso Federal del PSOE ha vuelto a ocurrir. Por un lado, lo que más ha trascendido —tanto en los medios de derechas como en los medios posmodernos— es que no se ha aceptado sustituir las siglas LGTBI por LGTBIQ+. Pero en ese marco de confusión habitual no se ha explicado que la Q no se refiere a lo trans sino a la teoría queer, que a estas alturas —aunque no siempre ha sido así— ya no comparte marco teórico ni propuestas políticas con el feminismo.
"La famosa ley trans, aprobada en febrero de 2023 por Podemos y sin refrendo feminista, no incluye la Q+"
De nuevo, los posmomedios no explican en qué consiste la teoría queer, es más fácil descalificar a las feministas —y más aplaudido, sin duda—. Como tampoco han explicado que la ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, la famosa Ley trans, aprobada en febrero de 2023 por Podemos y sin refrendo feminista, no incluye la Q+. La primera línea de la ley, en el mismo preámbulo, dice textual: "El objetivo de la presente ley es desarrollar y garantizar los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales, trans e intersexuales (en adelante, LGTBI)".
Así pues, ¿dónde está el escándalo? La resolución se ajusta a nuestro marco legal, a pesar de que la ley fue aprobada sin consenso. La fórmula LGTBI ha salido adelante con el apoyo del 47,8% de los presentes, mientras que la LGTBIQ+ ha recibido el aval del 23,5%.
De esta forma, como viene ocurriendo en los últimos años, lo queer se tragó al feminismo. No hubo mucho tiempo ni energía para más. El 41.º Congreso dio respuesta a las cuestiones centrales en este momento, fundamentalmente, financiación autonómica (se llegó a un acuerdo) y vivienda (se anunció la creación de una gran empresa pública capaz de construir y gestionar viviendas desde el Estado).
No obstante, no se llegó siquiera a plantear el cambio de paradigma que necesita la lucha contra la violencia de género. En ese terreno, el PSOE vive de rentas, aunque esas rentas se hayan quedado desfasadas y, a pesar de que Pedro Sánchez reconociera que la incapacidad de los gobiernos y las instituciones para erradicar la violencia de género es una herida grave a la democracia.
Otro aspecto curioso de lo ocurrido en el 41.º Congreso es que ha concluido con la opinión casi unánime de que ha sido un cónclave sin grandes cambios ni grandes debates. "Porque el núcleo duro de la dirección permanece casi inalterable", se ha subrayado. Lo cual es cierto, con una excepción: la Secretaría de Igualdad, que ha pasado de la ministra de Igualdad, Ana Redondo, a la delegada del Gobierno en València, Pilar Bernabé.
"En el 41.º Congreso del PSOE no se llegó ni siquiera a plantear el cambio de paradigma que necesita la lucha contra la violencia de género"
Nada que objetar ni comentar respecto a las personas, pero se ha puesto en evidencia que nadie cree que realmente ese sea el puesto número cuatro del PSOE, como aparece formalmente, y que, una vez más, se ha realizado sin ninguna explicación. A la anterior secretaria de Igualdad, Andrea Fernández, se la cesó sin siquiera esperar al Congreso.
El presidente ha señalado que hay que defender la buena gestión que representa la delegada del Gobierno frente a la negligencia de la derecha y la ultraderecha en la Comunitat Valenciana, algo con lo que, sin duda, la mayoría del partido estará de acuerdo. Es una explicación que no tiene nada que ver con el feminismo y, por tanto, mantiene la duda sobre cuál será el camino que el PSOE tomará en las políticas públicas de igualdad en los próximos años.
Sin embargo, sí hubo un asunto relevante para la igualdad y, sorprendentemente, se abordó en la comisión de redacción del nuevo estatuto del partido. Allí se aprobó, en línea con lo ratificado en congresos anteriores, aunque no se haya llevado aún a ley, que el PSOE es abolicionista y, por tanto, se expulsará del partido a los militantes que acudan a la prostitución y paguen por sexo.
En ocasiones, las normas y las costumbres son más potentes que las leyes y la acción feminista, sin duda, tiene que ser transversal y el nuevo estatuto del partido, no es mal lugar para desarrollar el feminismo. El feminismo sin apellidos, porque, como dice la maestra Celia Amorós, "feminismo solo hay uno, el emancipatorio. Todo aquello que no suponga emancipación para las mujeres, para todas las mujeres, no es feminismo".