Aunque en el momento de escribir estas líneas los principales medios de comunicación estadounidenses no lo han proclamado oficialmente, todo parece indicar que,
por segunda vez en la historia de Estados Unidos y primera en la historia del Partido Republicano (tras Grover Cleveland, demócrata que gobernó entre 1885 y 1889, y posteriormente entre 1893 y 1897),
un presidente derrotado tras un primer mandato consigue recuperar la Casa Blanca.
"Es irrelevante que la inflación ya estuviera domeñada en el momento de las elecciones: el daño ya estaba hecho en la mente de los votantes"
Donald Trump se ha beneficiado de la ola conservadora que está atravesando todo Occidente, particularmente en materia migratoria, y de las consecuencias perniciosas, en el votante medio, de una inflación que no había alcanzado cifras similares desde los tiempos de Jimmy Carter, otro presidente de un solo mandato. Es irrelevante que la inflación ya estuviera domeñada en el momento de las elecciones: el daño ya estaba hecho en la mente de los votantes.
Tiempo habrá para efectuar un análisis detallado de lo ocurrido, pero
la evolución de la noche electoral parece revelar al menos algunas tendencias claras:
1.
Las encuestas, por tercera vez consecutiva, han sido incapaces de detectar a todos los votantes de Trump: aunque no disponemos de los datos definitivos, todo parece indicar que Trump no solo acabará ganando en el Colegio Electoral, sino también en el voto popular por aproximadamente un punto
, un escenario que la mayoría de las encuestadoras no predecían, como se puede ver acudiendo a la foto final que proponía, por ejemplo, la página web
538:
2. Una victoria republicana en el voto popular, por lo demás, hacía casi imposible una victoria demócrata en el Colegio Electoral; según los cálculos efectuados por el reputado estadístico Nate Silver,
las posibilidades de victoria del candidato presidencial demócrata en el Colegio Electoral en caso de victoria por un punto en el voto popular del candidato republicano tendían a cero:
3. Los excelentes resultados de Trump en Florida muestran que un fenómeno al que sí habían apuntado las encuestas es
la mejora del magnate neoyorquino entre los votantes hispanos. Es un hecho. También apuntaban a la derrota demócrata en estados como Carolina del Norte y Georgia —y
el retroceso del voto negro demócrata en distintos núcleos urbanos del Norte— parecen mostrar que, al menos entre el segmento de los hombres negros, también se ha producido una erosión del voto a Harris.
El discurso macho del expresidente —y ahora futuro presidente— parece haber calado en particular entre los jóvenes de las minorías, preocupados por los avances feministas y la pérdida de su posición natural de predominio.
4. Y a la inversa,
lo que no parece haberse materializado es la ola femenina que tenía que impedir el regreso de Trump a la Casa Blanca, particularmente en el Medio Oeste: en el momento en que escribo estas líneas, pese a que no se han declarado oficialmente,
los tres estados de la muralla azul que Trump consiguió ya ganar en 2016 (Wisconsin, Pensilvania y Míchigan) muestran ventajas para el líder republicano de entre tres y seis puntos (bastante más elevadas, por cierto, que los escasos márgenes con los que ganó hace ocho años). En Iowa, la encuestadora más respetada de Estados Unidos, Ann Selzer, ha sufrido un resbalón casi histórico al predecir en su última encuesta una victoria de Harris por tres puntos. Trump lidera el Estado por 14 puntos, con el 92% escrutado.
5.
La victoria de Trump, como no puede ser de otra manera, genera
un efecto arrastre muy potente en el Senado, donde los demócratas han perdido ya dos escaños, y corren el serio riesgo de perder cuatro más (incluidos los tres en los estados de la
muralla azul, que tras haber cedido en dos ocasiones ya, probablemente tendrá que buscarse otro nombre). Trump dispondrá probablemente de 55 senadores, como mínimo, una de las mayorías senatoriales más potentes para los republicanos de los últimos treinta años.
6. En la Cámara de Representantes,
la continuidad de la mayoría republicana probablemente está asegurada y es muy posible que se vea incrementada, a medida que vayan llegando los resultados de las derrotas de los candidatos demócratas en distritos ganados por Trump (en el segundo de Maine, mientras escribo estas líneas, Jared Golden, el congresista demócrata, va por detrás del candidato republicano).
"Cuatro años más de Trump tendrán un impacto enorme tanto en la política interior como en la política exterior de Estados Unidos"
En resumen: se han cumplido los peores presagios para los demócratas. Cuatro años más de Trump tendrán un impacto enorme tanto en la política interior como en la política exterior de Estados Unidos. En la primera,
la mayoría conservadora en el Tribunal Supremo se extenderá durante décadas, porque la presión sobre los jueces Thomas y Alito, ambos septuagenarios, para retirarse con un presidente y Senado republicanos será inmensa. Por supuesto,
la inmunidad presidencial acabará con todos los procedimientos judiciales contra Trump, y este no pagará ningún precio, ni político ni de ningún otro tipo, por su actuación en los hechos del 6 de enero de 2021. Tras este resultado, el Partido Republicano estará completamente en manos de Trump y su familia y los últimos vestigios del antiguo GOP, como McConnell o los Cheney, serán empujados sin ceremonias a la puerta de salida.
En política exterior,
Ucrania tendrá que aceptar una paz humillante con Rusia, la Unión Europea quedará inerme ante un mandatario que la desprecia por completo, e Israel, al menos en un primer momento, tendrá manga ancha absoluta en Oriente Medio para destruir a Hamás y Hezbolá y poner en vereda a Irán. La externalización de la defensa de los intereses estadounidenses en la zona a manos del Gobierno de Netanyahu encaja perfectamente con el deseo de Trump de que los Estados Unidos dejen de ser el policía del mundo.
"Lo más trágico es que por segunda vez en ocho años, los demócratas han apostado por una mujer como candidata a la presidencia —en esta ocasión, además, una mujer birracial— y el electorado estadounidense las ha rechazado"
Harris tiene poca culpa en el resultado final demócrata: de haber presentado a Joe Biden como candidato, no creo que haya dudas de que el resultado hubiera sido peor todavía. Lo más trágico es que, por segunda vez en ocho años, los demócratas han apostado por una mujer como candidata a la presidencia —en esta ocasión, además, una mujer birracial— y el electorado estadounidense las ha rechazado. Suponiendo que haya elecciones libres en 2028 —algo que, lamento tener que escribirlo, está por verse—, los demócratas, sin lugar a dudas, optarán por un hombre blanco, lo más anodino posible, como candidato. Los partidos reaccionan a las derrotas renunciando a los experimentos.