Lunes, 17 de agosto de 2026
ANÁLISIS

Schengen en la cuerda floja: el empujón alemán que desestabiliza la libre circulación

Tras la decisión del gobierno de Olaf Scholz de cerrar todas las fronteras de Alemania, Gemma Pinyol reflexiona sobre el significado de este movimiento, enfocado a contrarrestar el impacto creciente de la extrema derecha: "La socialdemocracia europea, con Alemania como voz clave, necesita urgentemente reformular una narrativa propia sobre la migración, centrada en la lucha contra las desigualdades en lugar de enfocarse en cuestiones identitarias o de seguridad".

Gemma Pinyol-Jiménez Gemma Pinyol-Jiménez 15 de octubre de 2024
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Olaf Scholz amplió los controles fronterizos a todos los países que rodean Alemania. | Frederic Kern / Zuma Press / ContactoPhoto
Olaf Scholz amplió los controles fronterizos a todos los países que rodean Alemania. | Frederic Kern / Zuma Press / ContactoPhoto
El reciente movimiento del gobierno socialdemócrata de Olaf Scholz de suspender temporalmente los acuerdos de Schengen en las fronteras occidentales del país ha desatado un intenso debate dentro del propio partido, pero también enorme preocupación en muchos otros gobiernos europeos.

La decisión del gobierno alemán del 19 de septiembre responde, según la información que envía a la
Comisión Europea para informar de la suspensión, a "los riesgos para la seguridad relacionados con la migración irregular, incluido el contrabando, en las fronteras exteriores de la UE siguen dando lugar a un aumento de los niveles de entradas irregulares, lo que agrava la ya tensa situación de alojamiento de los refugiados, especialmente en el contexto de la admisión de nacionales ucranianos; fronteras con Francia, Bélgica, los Países Bajos, Luxemburgo y Dinamarca".

En realidad, la acción de Alemania es ampliar la suspensión de Schengen que ya había pedido en su momento para las fronteras con Polonia, República Checa y Suiza (del 16 de junio al 15 de diciembre) y hacerla extensible a las fronteras occidentales del país. 

"La novedad en 2024 es la inclusión de países fundadores del sistema Schengen como los del Benelux y Francia, así como Dinamarca"
En la página del ministerio de Interior alemán, se justifica un poco más esta medida, señalando la sobrecarga de los municipios alemanes en cuestiones de vivienda, educación y servicios de integración tras acoger a más de 1,2 millones de personas procedentes de Ucrania y la necesidad de proteger la seguridad interna frente a delitos transfronterizos y terrorismo extremista.

La lógica que subyace a la justificación de la suspensión de Schengen es interesante, ya que evidencia el impacto de la mal llamada crisis de refugiados de 2015 en la gestión de la libre circulación en el espacio Schengen, especialmente desde la perspectiva alemana. Antes de ese año, Alemania había solicitado pocas veces la suspensión de Schengen, y siempre en el contexto de grandes cumbres internacionales (como el G-8 en 2007, la OTAN en 2009 y el G-7 en 2015).

Sin embargo, a partir del verano de 2015, Alemania comenzó a normalizar la suspensión de Schengen, con especial énfasis en la frontera con Austria. Desde 2018, y con la justificación de la preocupación por la situación en Oriente Medio, sumó a la lista de países con posibles controles fronterizos a Polonia, República Checa y, más tarde, Suiza. De hecho, la suspensión de la libre circulación con los vecinos del este podía entenderse, desde la perspectiva alemana, como un recordatorio a la falta de solidaridad permanente en la gestión de la acogida de personas refugiadas de sus vecinos orientales, especialmente los del grupo de Visegrado.  

 
La novedad en 2024 es la inclusión de países fundadores del sistema Schengen como los del Benelux y Francia, así como Dinamarca, en este listado. Es decir, aunque la suspensión de Schengen por parte de Alemania no es algo nuevo, lo que ha puesto el tema nuevamente en la agenda es la magnitud de esta suspensión en todas sus fronteras, algo que no sucedía desde la crisis de la COVID-19.

"La decisión de la coalición encabezada por Scholz se explica especialmente por la debilidad del gobierno ante la proximidad de las elecciones federales"
Así pues, las suspensiones temporales de Schengen entre 2015 y 2018 pueden estar vinculadas al impacto de la llegada de personas refugiadas, principalmente desde Siria, así como a los movimientos secundarios de personas que solicitaron asilo en otro país de la UE (según el reglamento de Dublín) pero que acabaron llegando a Alemania por diversas razones, entre ellas, la existencia de mayores redes de apoyo.

Del mismo modo, hasta puede entenderse la justificación de establecer suspensiones temporales en las fronteras orientales debido a la situación provocada por la crisis en Ucrania, especialmente durante 2022-2023. Sin embargo, la pregunta clave es: ¿por qué en 2024 y en las fronteras occidentales del país? En este caso, la explicación parece estar más relacionada con dinámicas internas de Alemania que con la necesidad real de controlar sus fronteras. 


No son pocas las voces que señalan que la decisión de la coalición encabezada por Scholz se explica especialmente por la debilidad del gobierno ante la proximidad de las elecciones federales, en septiembre de 2025, y especialmente como un intento de emular el "discurso duro" que ha lanzado el partido de la extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), partido que está cosechando importantes éxitos electorales. 
"El uso político de Schengen ha quedado más que confirmado, y eso supone poner a la libre circulación en un estrés mayor del que ya lleva sufriendo desde 2015"
Emular la narrativa antiinmigración de estos partidos no es una novedad por parte de la socialdemocracia europea, pero sí para la alemana (SPD). La socialdemocracia escandinava no ha sido capaz de desacreditar las voces que vinculaban la inmigración con un deterioro del modelo de bienestar en estos países (cuyas causas no pueden vincularse directa o exclusivamente a la existencia de personas extranjeras). Y en las últimas décadas, ha sido especialmente silenciosa en relación con la cuestión migratoria y su relación con las cuestiones socioeconómicas, dejando espacio para que crecieran los discursos basados en cuestiones identitarias y nativistas.

A la larga, esta dinámica ha facilitado que
algunos partidos socialdemócratas hayan optado por hacer suyos algunos marcos de referencia y actuaciones restrictivas más parecidas a las de partidos conservadores y nativistas. El Partido Socialdemócrata danés sería uno de los ejemplos paradigmáticos, haciendo suya la idea que existe una contradicción entre políticas migratorias liberales y la supervivencia del Estado de Bienestar, y apoyando medidas restrictivas especialmente en la acogida y trato dispensado a las personas solicitantes de asilo en el país. 

En Alemania, esta narrativa no había calado en el SPD, y ello explica la tensión interna con la que se ha recibido la decisión del gobierno de Scholz. Cinco días después de notificar la suspensión de Schengen, más de 500 cargos del SPD firmaron una carta dirigida al mandatario criticando sus políticas migratorias y señalando que no debía adoptar la retórica de los partidos antiinmigración. Seguramente lo apuntaban por razones ideológicas, pero las razones prácticas también confirman que comprar los discursos antiinmigración no beneficia, especialmente en el largo plazo, a nadie más que a los partidos que se nutren de ellos sin aportar nunca propuestas alternativas viables.

"Es alarmante que los partidos tradicionales sigan este camino sin comprender que debilita su relevancia y credibilidad política"
El problema de la decisión de Scholz es que, aun sin conocer su impacto real o poner en duda que pueda llegar a hacerse, buena parte del mal ya está hecho. Tal como advirtió Zygmunt Bauman en 2015, estas políticas que apuestan por crear muros pueden generar un pánico moral que solo sirve para alimentar el discurso populista y extremista.

Además, al margen de los resultados que esto pueda tener en la salud del gobierno de coalición de Scholz o en la capacidad del SPD de dar batalla electoral en las próximas legislativas, la figura que acaba quedando más tocada es el sistema de libre circulación que promueve el espacio Schengen. Ciertamente, es poco probable creer que la línea D del tranvía de Estrasburgo que une esta ciudad francesa con su vecina alemana de Kehl vea interrumpida su habitual circulación por controles fronterizos. Pero el uso político de Schengen ha quedado más que confirmado, y eso supone poner a la libre circulación en un estrés mayor del que ya lleva sufriendo desde 2015.

"La socialdemocracia europea necesita reformular una narrativa propia sobre la migración, centrada en la lucha contra las desigualdades en lugar de enfocarse en cuestiones identitarias o de seguridad"
Para gran parte de la ciudadanía europea, la libre circulación de personas es uno de los mayores logros del proyecto europeo, sin mencionar su impacto en la movilidad de capitales, servicios y bienes. Que la inmigración se haya construido como una amenaza hasta el punto de poner en riesgo este principio fundamental demuestra el éxito del discurso securitario promovido por los partidos nativistas y de extrema derecha. Es alarmante que los partidos tradicionales sigan este camino sin comprender que debilita su relevancia y credibilidad política. Resulta casi kafkiano que contribuyan a desmantelar los avances de la integración europea de la que ellos mismos fueron artífices.

La socialdemocracia europea, con Alemania como voz clave, necesita urgentemente reformular una narrativa propia sobre la migración, centrada en la lucha contra las desigualdades en lugar de enfocarse en cuestiones identitarias o de seguridad. Además, debe reivindicar la aplicación de una responsabilidad y solidaridad real entre los países de la Unión Europea. En este sentido, aunque la suspensión temporal de Schengen puede parecer una solución adecuada para el presente, representa un problema para el futuro. Un problema que no solo afecta a la identidad política de la socialdemocracia, sino que pone en riesgo toda la arquitectura del proyecto europeo.
Gemma Pinyol-Jiménez
Gemma Pinyol-Jiménez
Directora de Políticas Migratorias y Diversidad en Instrategies. Investigadora asociada del Gritim-UPF.
Es experta del Consejo de Europa en el proyecto Intercultural Cities y coordinadora de la RECI-Red de Ciudades Interculturales. Forma parte del Informal Expert Group on Economic Migration de la Comisión Europea, y trabaja en cuestiones relacionadas con políticas de inmigración y gestión de la diversidad.
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