

"El capitalismo realmente existente, ese capitalismo gobernado por un puñado de grandes corporaciones y de grandes fortunas y patrimonios, que de facto marcan la hoja de ruta de las instituciones comunitarias y de los gobiernos nacionales, ha fracturado ese nexo productividad/equidad"En estas líneas tan solo pretendo presentar unos breves comentarios sobre un asunto que el propio texto considera como uno de los objetivos fundamentales de la Unión Europea (UE): el aumento de la productividad. Este objetivo se justifica, en opinión de Draghi, por el evidente déficit que la UE habría acumulado con relación a sus principales competidores en el mercado global, Estados Unidos y China.
"El aumento de la producción está asociado cada vez más al despilfarro y a la destrucción de recursos que son esenciales para la vida, sobre todo para la de los grupos de población más vulnerables"Porque, en primer término, ese aumento en la productividad crea las condiciones para la progresión de los salarios y, de esta manera, a través de la activación del consumo, dinamizando la demanda agregada, también beneficia la creación de empleo, todo ello sin perjudicar la actividad inversora. En segundo lugar, porque el crecimiento económico resultante, a través de las mejoras en las condiciones de trabajo y de las ganancias empresariales, repercute positivamente en la capacidad recaudatoria de las administraciones públicas sin necesidad de intensificar la presión fiscal.
"Desde hace décadas y cada vez de manera más acentuada, las ganancias de productividad, cuyo crecimiento ha tendido a ralentizarse, no se han trasladado a los salarios de la mayoría de los trabajadores"En primer lugar, el aumento de la producción (la base sobre la que debería mejorar la productividad; no sobre la destrucción de empleo y la explotación de los trabajadores) está asociado cada vez más al despilfarro y a la destrucción de recursos que son esenciales para la vida, sobre todo para la de los grupos de población más vulnerables. Tomarse en serio el imparable cambio climático, la masiva destrucción de ecosistemas y los límites estructurales del modelo fosilista supone revertir radicalmente (desde la raíz) la lógica productivista e insostenible del capitalismo.
La realidad es que los eventuales aumentos obtenidos en la productividad, mayores o menores, no se han filtrado a la sociedad en forma de salarios más elevados o de un margen más amplio de las administraciones públicas para implementar políticas de cohesión socialEn tercer lugar, porque esos beneficios y rentas del capital, que no han dejado de aumentar, han recibido, fruto de una actividad de lobby permanente, un tratamiento fiscal muy privilegiado. Ello ha supuesto que, a diferencia de lo acontecido con las rentas del trabajo, su participación en los ingresos públicos se ha reducido. No solo han encontrado fórmulas para eludir sus obligaciones con el fisco, a través de una maraña de exenciones y deducciones que, con el apoyo de sofisticados equipos jurídicos, han sabido aprovechar, sino que asimismo han acrecentado sus ganancias operando en paraísos fiscales o en países europeos (como, por ejemplo, Malta, Luxemburgo, Irlanda y Holanda) que ofrecen ventajas para las grandes empresas y fortunas en materia tributaria.

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