Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Informe Draghi: el mito del crecimiento y la cohesión social

En Agenda Pública, Fernando Luengo examina una de las tesis centrales del informe Draghi: que el crecimiento económico impulsado por un aumento de la productividad mejorará tanto las condiciones de vida de los trabajadores como la recaudación fiscal. Sin embargo, el autor advierte que la aplicación de estas políticas podría tener efectos adversos, ya que el vínculo entre crecimiento y equidad está fracturado.

Fernando Luengo Escalonilla Fernando Luengo Escalonilla 22 de octubre de 2024
Añadir AgendaPública en Google
Mario Draghi junto a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, en una rueda de prensa posterior a la presentación del informe 'El futuro de la competitividad europea'. | Wiktor Dabkowski / Zuma Press / ContactoPhoto
Mario Draghi junto a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, en una rueda de prensa posterior a la presentación del informe 'El futuro de la competitividad europea'. | Wiktor Dabkowski / Zuma Press / ContactoPhoto
El informe sobre El futuro de la competitividad europea encargado por la Comisión Europea a Mario Draghi, ex primer ministro italiano, expresidente del Banco Central Europeo y exvicepresidente de Goldman Sachs, uno de los principales bancos globales de inversión; es un texto amplio que pone sobre el tablero diagnósticos y sobre todo políticas que, de llevarse a cabo, supondrían cambios notables en la dinámica comunitaria. No es, por lo tanto, un suma y sigue, sino un punto y aparte en dimensiones muy relevantes de la denominada construcción europea.

"El capitalismo realmente existente, ese capitalismo gobernado por un puñado de grandes corporaciones y de grandes fortunas y patrimonios, que de facto marcan la hoja de ruta de las instituciones comunitarias y de los gobiernos nacionales, ha fracturado ese nexo productividad/equidad"
En estas líneas tan solo pretendo presentar unos breves comentarios sobre un asunto que el propio texto considera como uno de los objetivos fundamentales de la Unión Europea (UE): el aumento de la productividad. Este objetivo se justifica, en opinión de Draghi, por el evidente déficit que la UE habría acumulado con relación a sus principales competidores en el mercado global, Estados Unidos y China.

El expresidente del BCE considera que, en línea con el pensamiento económico convencional, que también ha calado a una parte de la economía crítica, el aumento de la productividad es la clave para sostener y fortalecer el modelo social europeo, que en definitiva sería una de las justificaciones históricas, una razón de ser de la construcción europea. 

"El aumento de la producción está asociado cada vez más al despilfarro y a la destrucción de recursos que son esenciales para la vida, sobre todo para la de los grupos de población más vulnerables"
Porque, en primer término, ese aumento en la productividad crea las condiciones para la progresión de los salarios y, de esta manera, a través de la activación del consumo, dinamizando la demanda agregada, también beneficia la creación de empleo, todo ello sin perjudicar la actividad inversora. En segundo lugar, porque el crecimiento económico resultante, a través de las mejoras en las condiciones de trabajo y de las ganancias empresariales, repercute positivamente en la capacidad recaudatoria de las administraciones públicas sin necesidad de intensificar la presión fiscal.

Precisamente quiero llamar la atención del lector/lectora sobre la artificiosidad de esta secuencia virtuosa, donde todos en mayor o menor medida ganarían: los trabajadores, los empresarios y los poderes públicos. El capitalismo realmente existente, ese capitalismo gobernado por un puñado de grandes corporaciones y de grandes fortunas y patrimonios, que de facto marcan la hoja de ruta de las instituciones comunitarias y de los gobiernos nacionales, ha fracturado ese nexo productividad/equidad. 

"Desde hace décadas y cada vez de manera más acentuada, las ganancias de productividad, cuyo crecimiento ha tendido a ralentizarse, no se han trasladado a los salarios de la mayoría de los trabajadores"
En primer lugar, el aumento de la producción (la base sobre la que debería mejorar la productividad; no sobre la destrucción de empleo y la explotación de los trabajadores) está asociado cada vez más al despilfarro y a la destrucción de recursos que son esenciales para la vida, sobre todo para la de los grupos de población más vulnerables. Tomarse en serio el imparable cambio climático, la masiva destrucción de ecosistemas y los límites estructurales del modelo fosilista supone revertir radicalmente (desde la raíz) la lógica productivista e insostenible del capitalismo.

En segundo lugar, porque desde hace décadas y cada vez de manera más acentuada, las ganancias de productividad, cuyo crecimiento ha tendido a ralentizarse, no se han trasladado a los salarios de la mayoría de los trabajadores —otra cosa son las retribuciones en dinero y en especie de los equipos directivos, que, evidentemente, juegan en otra liga— sino que sobre todo se han convertido en beneficios y rentas del capital. 

La realidad es que los eventuales aumentos obtenidos en la productividad, mayores o menores, no se han filtrado a la sociedad en forma de salarios más elevados o de un margen más amplio de las administraciones públicas para implementar políticas de cohesión social
En tercer lugar, porque esos beneficios y rentas del capital, que no han dejado de aumentar, han recibido, fruto de una actividad de lobby permanente, un tratamiento fiscal muy privilegiado. Ello ha supuesto que, a diferencia de lo acontecido con las rentas del trabajo, su participación en los ingresos públicos se ha reducido. No solo han encontrado fórmulas para eludir sus obligaciones con el fisco, a través de una maraña de exenciones y deducciones que, con el apoyo de sofisticados equipos jurídicos, han sabido aprovechar, sino que asimismo han acrecentado sus ganancias operando en paraísos fiscales o en países europeos (como, por ejemplo, Malta, Luxemburgo, Irlanda y Holanda) que ofrecen ventajas para las grandes empresas y fortunas en materia tributaria.

Volviendo a una de las ideas clave del informe Draghi, que da por establecida y que no necesitaría, por obvia, mayor discusión: la existencia de un nexo entre los avances en la productividad (la causa) y la cohesión social (el efecto). Lejos de esa presunción, defendida en mi opinión con una notable carga ideológica, la realidad es que los eventuales aumentos obtenidos en la productividad, mayores o menores, no se han filtrado a la sociedad en forma de salarios más elevados o de un margen más amplio de las administraciones públicas para implementar políticas de cohesión social. En esa disparidad encontramos una de las causas del aumento de la desigualdad en la Europa comunitaria.
Fernando Luengo Escalonilla
Fernando Luengo Escalonilla
Economista. Profesor jubilado de economía aplicada en la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
Participación