Martes, 28 de julio de 2026
ANÁLISIS

Draghi y el futuro de Europa en la 'guerra' de los semiconductores

El informe Draghi destaca la industria de semiconductores como clave en la reactivación económica de Europa, subrayando la necesidad de cerrar la brecha con EE. UU. y China. Aunque valioso, su análisis señala el limitado impacto de la Ley de Chips de la UE, sugiriendo una urgente reforma para consolidar un ecosistema competitivo.

Emilio García Emilio García 2 de octubre de 2024
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La UE lleva un gran atraso en el desarrollo de su industria de semiconductores respecto a China y EE. UU. | Alexander Pohl / Zuma Press / ContactoPhoto
La UE lleva un gran atraso en el desarrollo de su industria de semiconductores respecto a China y EE. UU. | Alexander Pohl / Zuma Press / ContactoPhoto
Mario Draghi publicó en la primera semana de septiembre de 2024 su esperado informe El futuro de la competitividad europea. El documento consta de dos volúmenes. El primero, titulado Una estrategia de competitividad para Europa, es de naturaleza más visionaria y sirve como un diagnóstico global por parte del economista italiano. En este volumen, Draghi identifica las deficiencias que ocasionan el rezago en el desarrollo económico de la Unión y propone medidas para reactivar su crecimiento. El segundo volumen, titulado Análisis en profundidad y recomendaciones, es de carácter más operativo e incluye recomendaciones específicas para acciones sectoriales y transversales que están alineadas con su visión estratégica.

Entre las políticas sectoriales sobre las que el economista italiano realiza un análisis detallado se encuentran las de promoción del ecosistema de semiconductores. La elección es coherente con las tres áreas de acción sobre las que Draghi considera que Europa ha de intervenir para reactivar el crecimiento: reorientar profundamente los esfuerzos colectivos para cerrar la brecha de innovación en tecnologías avanzadas con EE. UU. y China, un plan conjunto para la descarbonización y la competitividad y aumentar la seguridad reduciendo las dependencias. El carácter fundacional que tiene la industria de semiconductores le hace incidir en todos estos ámbitos y, merecidamente, ha de tener su lugar en cualquier estrategia para que Europa recupere su competitividad económica.

Draghi se ha atrevido a entrar en un sector sobre el que se pasaba de puntillas en el otro informe encargado por la Comisión Europea, el elaborado por Enrico Letta. Su análisis y recomendaciones es una aportación valiosa para que la UE defina las estrategias apropiadas en este área estratégica, pero que necesitan ser completadas con otras contribuciones. 

La necesidad de explicitar un diagnóstico sectorial ausente

El análisis sectorial llevado a cabo por el equipo del político italiano puede ser complementado en varios aspectos. La evaluación inicial que realiza de la industria de los chips en Europa podría ser más exhaustiva y hacer un mayor uso de referencias más actuales. En particular, carece de una primera evaluación comparativa de la posición de Europa en la carrera por disponer de una cadena de suministro resiliente con capacidades propias suficientes. Es posible que el economista no se haya atrevido a reflejar claramente el limitado impacto que la Ley de Chips de la UE está teniendo en comparación con su homóloga en los Estados Unidos o con las actuaciones en Japón, tanto en términos cualitativos como cuantitativos.

"La Comisión Europea ha estimado que estos fondos se traducirán en una inversión de no menos de 100.000 millones de euros en el ecosistema de semiconductores europeo […] pero el multiplicador de la inversión pública esperado es inferior al previsto en otras regiones"
Europa está captando un volumen de inversiones relativamente menor en comparación con otras regiones económicas. La Unión Europea, en colaboración con sus Estados miembros, proyecta movilizar alrededor de 43.000 millones de euros en fondos públicos. La Comisión Europea ha estimado que estos fondos se traducirán en una inversión de no menos de 100.000 millones de euros en el ecosistema de semiconductores europeo. Esta cifra resulta significativa en relación con los antecedentes históricos de las últimas décadas, pero el multiplicador de la inversión pública esperado es inferior al previsto en otras regiones. En los Estados Unidos, con una apuesta de inversión pública de 54.000 millones de dólares, se estima que las inversiones totales asciendan a entre 223.000 y 260.000 millones de dólares. Mientras tanto, Japón está movilizando 25.000 millones de dólares en fondos públicos, lo cual ha generado expectativas de proyectos por un valor superior a los 63.000 millones de dólares.

Los gigantes sectoriales están implantando sus proyectos de vanguardia y en menor tiempo fuera de Europa. Mientras que TSMC se ha comprometido a fabricar en EE. UU. chips de 4nm antes de finalizar 2025 y en Japón semiconductores de hasta 6 nm antes de 2027, la fábrica de los taiwaneses en Europa no entrará en funcionamiento pleno hasta 2029 y produciendo solo chips de entre 28 nm y 12 nm. Por el lado de Intel, la tormenta financiera desatada sobre la empresa californiana ha impactado en sus planes de expansión de fábricas, tal y como se preveía. Europa ha sido la gran perjudicada, y mientras que por ahora continúan los proyectos de ampliación de la producción en EE. UU., la línea de manufactura de chips de 2 nm en Alemania ha sido pospuesta dos años.

"Europa ha sido la gran perjudicada, y mientras que por ahora continúan los proyectos de ampliación de la producción en EE. UU., la línea de manufactura de chips de 2 nm en Alemania ha sido pospuesta dos años"
El ex presidente del Banco Central Europeo también deja entrever que Europa debe cuestionarse la adecuación de sus objetivos sectoriales. ¿Es adecuado que Europa aspire a alcanzar el 20% de la producción mundial de chips como único objetivo? De alguna de las actuaciones que propone el italiano puede deducirse que pone en duda la idoneidad de dicha meta, pero hubiera sido conveniente haberlo explicitado en su diagnóstico. Es poco probable que Europa pueda aspirar a producir tantos semiconductores para el mercado global como consume, y existen eslabones de la cadena de valor sectorial más allá de la fabricación en los que la Unión juega un papel central y que deben seguir recibiendo apoyo.

Extendiendo las propuestas para una nueva gobernanza para impulsar una renovación de la Ley de Chips

El diagnóstico incompleto del economista italiano no impide el acierto de sus propuestas. Como se ha mencionado, se refleja un reconocimiento implícito del fracaso de las políticas actuales y la necesidad de avanzar por una renovada línea de acción con nuevos instrumentos. Pero también aquí pueden completarse alguna de ellas con otras ideas. 

Mario Draghi apunta la necesidad de un poder central en la UE para el diseño y ejecución de la política de semiconductores. La observación no sorprende por ser extensible a otros sectores de la actividad económica. La perenne ausencia de un número de teléfono único al que llamar en Europa lastra la atracción de inversiones extranjeras en microelectrónica. También influye en otros aspectos estratégicos que el economista italiano identifica. En la guerra comercial por el dominio de los chips es necesario gestionar los eventuales controles de exportación a nivel de la UE y defender los intereses de la UE en equipos y materiales frente a las restricciones a la exportación de terceros países. La asociación sectorial europea propone dar un paso más allá, designando un "embajador de chips" (Chips Envoy) con dedicación exclusiva y responsable del enfoque general de política industrial para semiconductores.

Pero el fortalecimiento del poder central de la UE requiere reforzar su capital humano. Nunca es popular demandar el crecimiento de plantillas del sector público, y Mario Draghi no lo hace. En uno de los mejores análisis recientes sobre los planes europeos de microelectrónica y sus resultados, Jan-Peter Kleihans identifica un paso necesario e imprescindible: incrementar los recursos administrativos de la Comisión Europea en este ámbito. Europa no puede aspirar a competir con EE UU si, tal y como describe,  la gestión de la Ley de Chips en la UE depende de dos puñados de personas frente a las ciento cuarenta con que cuenta el Departamento de Comercio estadounidense. 

"Los dos IPCEIs de semiconductores aprobados hasta ahora han carecido de un objetivo más concreto, que no debería ser otro que crear un campeón europeo"
El economista italiano delinea nuevos instrumentos que deben desarrollarse en Europa con el fin de lograr una política común de semiconductores. En particular, hace hincapié en la necesidad de un mayor presupuesto de la Unión Europea para impulsar el ecosistema. El destino principal de este presupuesto sería el desarrollo de un nuevo Proyecto Importante de Interés Común (IPCEI) sobre semiconductores. Condiciona el éxito de este IPCEI a la rápida tramitación administrativa, una crítica velada pero feroz a los largos tiempos de tramitación de este tipo de proyectos por parte de la UE, que en el caso del último IPCEI en este sector superaron los dos años. No es suficiente a mi juicio. Los dos IPCEIs de semiconductores aprobados hasta ahora han carecido de un objetivo más concreto, que no debería ser otro que crear un campeón europeo. El modelo está en Japón y en el proyecto Rápidus, destinado a la puesta en marcha de una compañía capaz de producir chips de 2 nm en 2027.

En definitiva, Europa está tardando en iniciar una reforma de la Ley de Chips. ¿Pronto para ello? Quizás tarde. La Ley de Chips de la UE o no está funcionando o lo está haciendo de un modo demasiado lento. Quizás pesaron en su diseño las prisas del marketing legislativo y la urgencia de dar una respuesta a la homónima en EE UU, lo que parece claro de los resultados obtenidos es la necesidad de mejorar las iniciativas, reconsiderar su alcance y evaluar sus carencias. Draghi propone un plan con cinco pilares concretos que pueden ser su base: apoyar financieramente a los centros de excelencia, incentivos a fabless y empresas de diseño, ayudas a líneas de producción sectoriales estratégicas, subsidios a fábricas de chips maduros y fotónicos, promover plantas de empaquetado avanzado. 

También, como señala la asociación europea sectorial, es necesario revisar en una eventual reforma la supuesta agilización de aprobación de ayudas de estado incluida en la Ley de Chips y que no está dando los frutos esperados. La revisión por parte de la Comisión Europea de las propuestas de subvención de los Estados miembros se dilatan en el tiempo. Mientras en EE UU se han aprobado ayudas para 17 proyectos relativos a 21 líneas de fabricación en los últimos 18 meses, la UE ha aprobado 4 proyectos entre octubre de 2022 y agosto de 2024, solo 2 desde que entró en vigor la ley de chips hace un año.

Concluyendo, Mario Draghi se ha atrevido a realizar un análisis sectorial del ecosistema de semiconductores y cómo este puede contribuir a que Europa recupere la competitividad perdida. Aunque podría haber ido más allá en señalar éxito limitado de la Ley de Chips de la UE, si apunta en sus propuestas que aún queda un margen de actuación para hacer todo lo necesario para promover el sector europeo de la microelectrónica. La reforma de la estrategia de la Unión en la guerra por el dominio de los chips debería estar entre las tareas que la Presidenta Ursula von der Leyen encomiende a la persona que ocupe la comisaría de asuntos digitales.
Emilio García
Emilio García
Exdirector de gabinete de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales (2020-2021)
Es asesor en el Instituto de Astrofísica de Canarias y funcionario del Cuerpo Superior de Tecnologías y Sistemas de la Información. También es coautor del libro 'Chips y Poder' (Ed. Libros de la Catarata, 2025) y activista por los derechos trans.
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