Los nueve días transcurridos entre el 9 de septiembre, cuando se publicó el informe Draghi, y el 18 de septiembre, fecha en la que la Reserva Federal (Fed) comenzó el ciclo de bajada de tipos de interés, serán cruciales para comprender el rumbo de la economía española en los próximos años. Para comprender el periodo que se abre, es necesario analizar el estado de las dos principales influencias económicas sobre nuestro país: Estados Unidos (EE. UU.) y la Unión Europea (UE), antes de evaluar nuestra propia situación.
La decisión de la Reserva Federal y las elecciones como factor de riesgo
Esta semana ha sido calificada como la más importante para la Fed en los últimos dos años, cuando comenzó a subir los tipos de interés para controlar la inflación y puso fin a la era del dinero barato.
Mientras la mayor parte del mundo disfrutaba de sus vacaciones, en agosto, una encuesta de empleo más débil de lo esperado en EE. UU. destruyó miles de millones de dólares en valor bursátil, que se recuperaron rápidamente en las siguientes dos semanas. A su vez, el crecimiento económico y financiero liderado por el boom de la inteligencia artificial comenzaba a ponerse en duda. La réplica del seísmo bursátil se sintió durante la primera semana de septiembre, cuando los inversores aguardaban un nuevo informe sobre el empleo americano, que finalmente cumplió las expectativas.
"Por primera vez desde que comenzó el episodio inflacionario, la mayor preocupación económica ha pasado a ser el crecimiento de la economía y no la inflación. Todo apunta a que el aterrizaje suave está próximo a lograrse"
Detrás de estos síntomas se escondía el temor de que la Fed hubiera tardado demasiado en bajar los tipos de interés, lo que podría empujar a la economía hacia una recesión. La decisión del 18 de septiembre de bajar medio punto los tipos de interés indica que la Fed cree que la economía americana necesita un estímulo moderadamente fuerte para seguir su buena trayectoria.
Por primera vez desde que comenzó el episodio inflacionario, la mayor preocupación económica ha pasado a ser el crecimiento de la economía y no la inflación. Todo apunta a que el "aterrizaje suave" está próximo a lograrse.
No obstante, la economía más grande del mundo sigue teniendo varios interrogantes sin despejar. El más claro son las elecciones del próximo 5 de noviembre.
Una victoria de Kamala Harris vería un ahondamiento en los Bidenomics, la receta del actual presidente para lograr reducir la inflación a la vez que impulsa el crecimiento mediante un fuerte plan de inversión pública y una protección comercial moderada. De ser elegida, la candidata demócrata tendrá como reto principal traducir las victorias macroeconómicas a victorias para todos los americanos.
Mientras que si fuera Trump quien finalmente llegara a la Casa Blanca, podríamos esperar una fuerte disrupción del comercio global e inestabilidad económica a medio plazo,
como analiza Pedro Soriano.
El diagnóstico de Draghi y los desafíos estructurales de la UE
A expensas de los desarrollos que vengan del otro lado del Atlántico, la UE se enfrenta a sus propios retos. Mientras que el Banco Central Europeo bajó los tipos la semana pasada (a modo de telonero de la Fed) por segunda vez tras la bajada de junio, las preocupaciones sobre el crecimiento en Europa se sitúan en el largo plazo.
Las palabras de Draghi pesarán fuertemente sobre el recién anunciado Colegio de Comisarios:
"Si Europa no se reforma le espera una lenta agonía". El informe del banquero central que salvó el euro muestra el cambio de consenso que se ha dado en la economía global desde que irrumpió la pandemia en 2020: el neoliberalismo, que produjo las recetas de austeridad de la década de 2010, es un modelo agotado.
La lógica para salir de la crisis económica del 2008 se basaba en que una reducción en el gasto de los gobiernos y el mantenimiento de los salarios a la baja permitiría mantener una inflación reducida y aumentar la competitividad de las exportaciones, creando así crecimiento económico. Sin embargo,
la consecuencia de más de una década de políticas de austeridad es un continente en el que los ciudadanos han perdido poder adquisitivo hasta tal punto que no se puede confiar en la demanda interna como motor de crecimiento. Esta es la gran diferencia entre la economía americana y la europea, que se ha traducido en que
"en términos per cápita, el ingreso real disponible de los hogares ha crecido casi el doble en EE. UU. que en la UE desde el año 2000", según Draghi.
"La consecuencia de más de una década de políticas de austeridad es un continente en el que los ciudadanos han perdido poder adquisitivo hasta tal punto que no se puede confiar en la demanda interna como motor de crecimiento"
El diagnóstico de Draghi es claro: las políticas de austeridad fueron un error y, hoy en día, la UE carece de una fuente de crecimiento económico segura para el futuro. Según los datos del italiano, en 2040 el envejecimiento de la población europea hará que dos millones de trabajadores abandonen la fuerza productiva cada año. Por lo tanto, Europa debe confiar su crecimiento económico a la productividad, pero, en los niveles actuales, el producto interior bruto (PIB) solo se mantendrá constante hasta 2050. Al mismo tiempo, nuestras necesidades van en aumento porque hemos marcado objetivos ambiciosos (con el fin de asegurar nuestra supervivencia) de descarbonización, digitalización y defensa, a la vez que mantenemos nuestro modelo social
—gran parte de estas responsabilidades caerán sobre Teresa Ribera en el nuevo Colegio de Comisarios.
La fórmula Draghi se basa en tres pilares para mejorar la productividad. Primero, una inversión anual de 800.000 millones de euros financiada mediante un "activo seguro",
necesaria para cerrar la brecha de innovación con EE. UU. Segundo, reducir la burocracia, que impide el crecimiento de empresas innovadoras, forzándolas a trasladarse a mercados más accesibles como el estadounidense. Y tercero, reducir las dependencias estratégicas, como los combustibles fósiles, impulsando la descarbonización para abaratar la energía y mejorar la competitividad europea.
"El núcleo de la propuesta de Draghi es que Europa debe superar la UE de naciones para convertirse en algo más que la suma de sus partes"
No obstante, el panorama político europeo es incierto.
El motor europeo está paralizada: Macron ha creado una coyuntura ingobernable en Francia, mientras que Scholz continúa con su particular adaptación germánica de Crónica de una muerte anunciada. El ministro alemán de Finanzas, el liberal Christian Lindner, resumió la opinión alemana sobre la propuesta de los "
activos seguros" de Draghi: "Alemania debe pagar por los demás. Eso no puede ser un plan maestro". La ironía es que la economía alemana se beneficiaría enormemente de estas propuestas, que favorecen los mercados abiertos, puesto que gran parte de su crecimiento económico se basaba en energía barata, que, a su vez, le permitían exportar con altos niveles de competitividad.
El núcleo de la propuesta de Draghi es que Europa debe superar la "UE de naciones" para convertirse en algo más que la suma de sus partes. Veintisiete economías con veintisiete planes de inversión y veintisiete regulaciones distintas jamás podrán competir de manera eficaz con las economías unificadas de EE. UU. y China. Sin embargo, con unas instituciones comunitarias cada vez más influenciadas por la ultraderecha nativista, será difícil alcanzar soluciones comunes. Sin un consenso político sólido, Europa corre el riesgo de implementar solo las reformas más sencillas del informe Draghi, dejando de lado las cuestiones estructurales más profundas. Ojalá Europa pudiera encontrar una forma de forjar su futuro más allá de las crisis
España: crecimiento económico y los desafíos que se avecinan
En medio de las turbulencias globales, España ha logrado destacarse como un ejemplo de crecimiento económico dentro de la zona euro, siguiendo principios similares a los recomendados por Draghi y aplicados por Estados Unidos bajo los
Bidenomics.
Según el Fondo Monetario Internacional (FMI),
el PIB de España creció un 2,5% en términos reales en 2023, con previsiones de un 2,4% para 2024 y un 2,1% para 2025. El Instituto Nacional de Estadística acaba de revisar al alza los datos de crecimiento: la economía española creció hasta el 2,7% en 2023. La estadística nacional encontró que la economía creció unos 77.000 millones de euros adicionales de lo inicialmente calculado entre 2021 y 2023.
Este crecimiento sostenido se ha logrado sin violar los criterios fiscales de Maastricht.
El déficit fiscal español ha disminuido del 3,6% en 2023 al 3% proyectado para 2024, con una reducción adicional al 2,8% en 2025. Además, el ratio deuda/PIB, que alcanzó un 120% en el pico de la pandemia, se ha reducido al 107,7% en 2023, con proyecciones de seguir disminuyendo.
"Mientras que Italia ha tenido que recurrir a privatizaciones masivas para subsanar sus niveles de deuda —en un ejercicio de política económica desfasado y cortoplacista—, el Gobierno español ha impulsado un ambicioso programa de inversión pública"
A diferencia de otros países europeos, como Italia, cuyo crecimiento ha dependido en gran medida de programas temporales de créditos fiscales que han elevado su déficit fiscal al 7,5% en 2023, España ha adoptado un enfoque más sostenible.
Mientras que Italia ha tenido que recurrir a privatizaciones masivas para subsanar sus niveles de deuda —Meloni venderá empresas estatales por valor de 20.000 millones de euros en un ejercicio de política económica desfasado y cortoplacista—, el Gobierno español ha impulsado un ambicioso programa de inversión pública, apoyado por fondos europeos y en colaboración con el sector privado; junto con intervenciones de protección como
Telefónica o
Talgo.
Los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE), orientados a sectores clave como la transición energética y la digitalización, serán fundamentales para consolidar la recuperación económica de España. Estos proyectos están alineados con las recomendaciones de Draghi para aumentar la productividad a través de la inversión, la innovación y la reducción de dependencias estratégicas, como los combustibles fósiles.
El comienzo del ciclo de bajada de tipos de interés en EE. UU. será beneficioso para la economía global y, por tanto, para la española. Al bajar el precio del dinero, se puede esperar una demanda del mercado americano al alza e inversiones más fuertes debido a la bajada del coste de los préstamos. Si bien es cierto que el impacto final dependerá principalmente de quien es elegido como sucesor de Joe Biden. Una victoria demócrata ayudaría a mantener la trayectoria positiva para España, basada, en parte, en la reducción del déficit de la balanza comercial. Si finalmente Trump lograra un segundo mandato,
la economía española podría volver a la casilla de salida.
"Este aumento salarial impulsado por varias reformas, como la nueva ley de empleo, la reforma laboral y las sucesivas subidas del salario mínimo interprofesional, han reactivado el motor de crecimiento de la demanda interna, en línea con las recomendaciones del FMI y de Draghi"
El crecimiento económico de España se ha visto impulsado por una combinación de factores externos. El turismo ha tenido un notable repunte pospandémico, mientras que la excepción ibérica en el mercado energético —que limitó la dependencia del gas ruso— ha permitido mantener precios más bajos en comparación con otros países europeos, protegiendo la competitividad de la industria nacional. Sin embargo, el factor clave ha sido el aumento de los salarios y la fortaleza relativa del mercado laboral. Bajo los gobiernos de coalición, los salarios han crecido de manera significativa tras la pandemia.
Según datos del portal Indeed, los salarios crecieron un 6% interanual en noviembre de 2023, y un 4,2% en agosto de 2024.
Este aumento salarial impulsado por varias reformas, como la nueva ley de empleo, la reforma laboral y las sucesivas subidas del salario mínimo interprofesional, han reactivado el motor de crecimiento de la demanda interna, en línea con las recomendaciones del FMI y de Draghi.
A pesar de estos avances, España aún afronta retos estructurales importantes. Aunque el coeficiente de Gini —que mide la desigualdad— se encuentra en su nivel más bajo en 16 años, la diferencia de rentas sigue siendo de las más altas en la UE. En nuestro país
mientras que el 20% de las rentas más altas posee un 40% de la riqueza, el 20% más pobre posee solo un 7%. Además, la inflación, aunque moderada en comparación con otros países, ha erosionado los salarios reales en un 2,5%, según la OCDE. El envejecimiento de la población también representa una amenaza a largo plazo, y la creciente retórica antiinmigración limita la capacidad de encontrar soluciones estructurales a este desafío.
"Al igual que Kamala Harris, Pedro Sánchez tiene por delante el desafío de lograr que estos buenos resultados macroeconómicos se traduzcan en una mayor sensación de bienestar entre la población"
España se encuentra en una posición económica sólida, siendo la economía desarrollada que más crece después de Estados Unidos. Sin embargo, al igual que Kamala Harris, Pedro Sánchez tiene por delante el desafío de lograr que estos buenos resultados macroeconómicos se traduzcan en una mayor sensación de bienestar entre la población. A largo plazo, el éxito de España dependerá en gran medida de la estabilidad y el desempeño de la Unión Europea, lo que subraya la importancia de que el Gobierno español asuma un papel activo en la promoción de las reformas necesarias para asegurar el futuro de la UE. A nivel nacional, sería recomendable que las fuerzas políticas que aspiran a gobernar basaran sus propuestas económicas en la evidencia y el consenso emergente en este nuevo ciclo global.