Las elecciones al Parlament de Catalunya de 2024 fueron históricas. No únicamente por la victoria socialista, que aunque nunca en solitario, ya se había dado en votos en el 1999 y en 2003, ni por el resultado de Vox o la irrupción de Aliança Catalana, ni siquiera por la divergencia en el patrón participativo de la costa y el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) con respecto a la Catalunya interior. Las elecciones de mayo de 2024 fueron históricas porque certificaron el cambio de etapa política en Catalunya que se venía gestando a nivel electoral desde 2021 pero que en la opinión pública venía gestándose desde 2019 tal y como las encuestas trimestrales del Centre d’Estudis d’Opinió nos han mostrado en estos últimos años. Un cambio de etapa que se puede observar a nivel electoral ya que el nacionalismo/independentismo catalán obtuvo su segundo peor resultado histórico en votos y escaños, solo superado por el de 1980, las primeras elecciones autonómicas, y que rompía la tendencia histórica de mayorías absolutas de este bloque, especialmente en comparación con los años de mayor movilización y polarización en el eje nacional que fue el período de 2010 a 2021.
Gráfico 1: Evolución de los resultados electorales.
Tras la crisis económica global del 2008 se abrió una intensa fase de politización de la sociedad catalana, teniendo en cuenta las manifestaciones contra el recorte del Estatut durante el 2010, la explosión social del 15-M, las manifestaciones por la unidad de España, la celebración del referéndum unilateral sobre la independencia en el 2017 o las manifestaciones por la liberación de los líderes independentistas encausados por el procés en el 2019.
Una fase que resume los dos grandes ciclos de impugnación que transformaron el sistema político bipartito catalán (PSC/CiU) y abrieron el camino a otras opciones políticas hasta ese momento marginales. El quincemayismo que llevó a Ada Colau a la alcaldía de Barcelona y permitió a Xavier Domènech ganar dos elecciones generales o el crecimiento del independentismo que se convirtió en primera fuerza al calor del menosprecio por las demandas y reivindicaciones políticas catalanas que ejercía la mayoría absoluta del PP en el Estado. Esto permitió que ERC pasará del 7% de los votos en el 2010 a llegar al 21% en el 2021 y acceder a la Presidencia de la Generalitat por primera vez. O la propia CUP que entró por primera vez en el Parlament en el 2012 y llegó a tener 10 escaños en el 2015. Fueron en resumen las dos grandes utopías disponibles en las que se volcó una gran parte de la sociedad catalán y que la movilizaron social y políticamente.
Hoy, esas utopías disponibles se han agotado al mismo ritmo que se ha agotado la sociedad catalana cansada precisamente del intenso conflicto político vivido que no la ha llevado a obtener una clara mejoría en su día a día ni en sus condiciones materiales. Es este reverso material no satisfecho el que, como veremos, ahora vuelve para dominar la agenda.
Gráfico 2: Resultado del nacionalismo catalán (1980-2024).
La movilización asimétrica que hemos comentado brevemente en el apartado anterior lo muestra. Por primera vez en la historia de las elecciones al Parlament de Catalunya se produjo una inversión de la participación electoral. Aunque el interior sigue participando más que la costa y el AMB, el incremento respecto a las elecciones de 2021, las menos participativas de la historia autonómica de Catalunya, fue mayor en zonas en las que tradicionalmente predominaba la abstención diferencial mientras que en aquellas donde no lo hacia la subida fue menor y en algunas comarcas y zonas bajó respecto a 2021. Este cambio de tendencia es importante para entender el porqué del resultado del nacionalismo catalán y entender la victoria socialista. Según los análisis publicados, desde el 2017 hasta hoy, el 2024, el independentismo habría perdido hacia la abstención más de 400.000 votos mientras que los socialistas habrían incorporado la misma cantidad de voto proveniente de otras formaciones y de la abstención.
Pero ¿qué explica este resultado electoral? ¿Cómo podemos entender el cambio que se ha producido en Catalunya en los últimos años y que culminó en las autonómicas de 2024 inaugurando una nueva etapa política? Las dos encuestas postelectorales publicadas recientemente nos dan algunas de las claves interpretativas del resultado y nos confirman que en gran parte de la opinión pública catalana se ha producido un cambio de chip que certifica el cambio de etapa que ha arrojado el resultado electoral. Analicemos algunos datos de estos barómetros postelectorales.
"Catalunya votaba si pasar página del conflicto territorial o no: si avanzar hacia otra etapa o seguir discutiendo sobre el eje territorial"
El primero en salir publicado ha sido el del CIS y nos dibuja perfectamente cuál fue la pregunta que dominó la campaña electoral y que los electores debían de resolver con su elección de voto. Cuando se pregunta a la ciudadanía cuales fueron los principales temas de debate en la campaña de las elecciones catalanas observamos como más del 50% de los temas citados estaban vinculados a la cuestión territorial. Los dos temas principales fueron la Ley de Amnistía y la independencia de Catalunya que se situaron muy por encima de otras problemáticas como la inmigración, el medio ambiente, las disputas entre partidos, la vivienda o la economía. Catalunya votaba si pasar página del conflicto territorial o no: si avanzar hacia otra etapa o seguir discutiendo sobre el eje territorial. No iba sobre el modelo de país o sobre la situación económica. Ni siquiera iba sobre la independencia sí o no. La pregunta era si avanzar o continuar en la misma posición.
Esta dicotomía sobre pasar página o no la certificaban las figuras y los liderazgos de Salvador Illa y Carles Puigdemont. Ambos representaban una u otra opción en la pregunta sobre si pasar página o no.
"Entramos en una fase mucho más identitaria del conflicto territorial, donde se proyecta un demos catalán y español de corte más étnico y por tanto se define menos a la nación en términos cívicos"
De hecho, esto se nota cuando analizamos los motivos para el voto a las diferentes opciones políticas. Si nos fijamos en quienes decidieron más el voto teniendo en cuenta la postura en torno el nacionalismo catalán de los partidos llama la atención el juego de espejos: los electorados de Junts (48,1%) y Aliança (41,4%) en el campo independentista son los que más dicen haber decidido votar a sendos partidos por su nacionalismo (frente al 32% de ERC o el 32,4% de la CUP), como el PP (56,4%) o Vox (28,9%). Indicándonos que entramos en una fase mucho más identitaria del conflicto territorial, donde se proyecta un demos catalán y español de corte más étnico y por tanto se define menos a la nación en términos cívicos. Frente a esta deriva, han sido los socialistas quienes se han alzado concentrando la mayor parte de voto útil (más del 40% de los motivos para votar al PSC si se suma “para hacer voto útil” y “para evitar que gane otro partido o bloque”).
Este cambio de rasante en la política catalana se ve aún más claro con el análisis del barómetro trimestral de CEO. Lo primero que observamos es la confirmación de que el principal problema de los catalanes y catalanas ya no es el conflicto territorial y encontramos la insatisfacción política (16%), el acceso a la vivienda (11%) y en tercer lugar el conflicto territorial con un 9% a poca distancia de problemas como la inmigración, la inseguridad ciudadana o la sanidad que se sitúan en el 8%. La evolución de los diferentes problemas además muestra como el eje territorial o las relaciones Catalunya-España han iniciado un descenso desde hace un par de años, solo con un pico en octubre de 2022, y como otros problemas lo han sorpassado o se han acercado a muy poca distancia.
Incluso entre los electorados independentistas o españolistas, el conflicto territorial no es el primer problema. Tanto el votante de Junts como el de ERC tienen la insatisfacción política como primer problema. Igual que el del PSC o el del PP. Comunes y CUP tienen el acceso a la vivienda y Vox y Aliança Catalana la inmigración. De hecho, no es ni el segundo problema para socialistas, republicanos, cupaires, comunes o votantes ultras de Aliança Catalana. Esto indica el cambio de prioridades de la sociedad catalana.
"El principal problema de los catalanes y catalanas ya no es el conflicto territorial y encontramos la insatisfacción política (16%), el acceso a la vivienda (11%) y en tercer lugar el conflicto territorial con un 9% a poca distancia de problemas como la inmigración, la inseguridad ciudadana o la sanidad que se sitúan en el 8%"
Tanto es así que los catalanes y catalanas le piden al futuro Govern de la Generalitat que reduzcan las desigualdades sociales como primera prioridad: 4 de cada 10 votantes le piden esto al futuro gobierno. Un 22% el impulso del crecimiento económico, un 14% una apuesta por el orden y la seguridad publica y un 10% hacer frente a la sequía y al cambio climático. Únicamente un 9% apuesta por que el próximo gobierno catalán se centre como prioridad en el conflicto territorial. Por electorados sigue siendo así. También los votantes independentistas apuestan por temas sociales y económicos como prioritarios para el nuevo ejecutivo catalán. Solo en Junts, el tema territorial ocupa la tercera posición en el orden de prioridades y para ERC o la CUP es la quinta. El cambio es evidente.
Si esta información sobre prioridades políticas y principales preocupaciones de la ciudadanía no fuera suficiente, el apartado de preferencias territoriales del barómetro del CEO ofrece una serie de datos que certifican este cambio de etapa. El primero es que el posicionamiento contrario a la independencia obtiene su resultado más alto en la serie histórica desde 2015 con un 53% de los catalanes y catalanas en contra de ella. Solo 4 de cada 10 está a favor. La cifra más baja desde 2015. La distancia que separa ambas opciones es de 13 puntos, la más amplia de la serie histórica. Este dato es confirmado por el del modelo territorial preferido por la ciudadanía catalana. Por primera vez desde 2015, el modelo autonómico es la primera opción con un 34% rompiendo el empate técnico que existía desde octubre de 2023 entre una Catalunya independiente y una Catalunya como CCAA de España. El independentismo se estanca en un 31% y el autonomismo obtiene su puntuación más alta consolidando la tendencia ascendente.
"Catalunya parece haber cambiado el chip y sin nuevas utopías disponibles camina hacía una fase más de “tiempos fríos” que diría Ackerman: marcada por la insatisfacción política y el desencanto, que sí que son percibidos como unos de los principales problemas en Catalunya"
Catalunya parece haber cambiado el chip y sin nuevas utopías disponibles camina hacía una fase más de “tiempos fríos” que diría Ackerman: marcada por la insatisfacción política y el desencanto, que sí que son percibidos como unos de los principales problemas en Catalunya. El repaso a los diferentes indicadores vinculados a la opinión pública muestra como en la opinión pública catalana se ha producido un giro en las prioridades políticas de su ciudadanía. Un cambio que se explica mejor con el resultado electoral del 12 de mayo de 2024. Los catalanes y catalanas han aparcado sus preocupaciones por el procés, muestran unas prioridades más materiales vinculadas a la vivienda pero también a cuestiones más de actitudes y valores como la insatisfacción política y le piden al nuevo gobierno catalán que se centre en la lucha contra las desigualdades y en la economía.
La agenda material sorpassa a la agenda territorial en la Catalunya de 2024 después de dirimirse en las últimas elecciones si los catalanes y las catalanas pasaban página del procés o no.
Sin embargo, cabe advertir algunas consideraciones antes de acabar este análisis. La primera es que estas tendencias pueden sufrir alteraciones dependiendo de si vamos a la formación de un gobierno en Catalunya o si vamos a la repetición electoral que puede comportar una polarización de la campaña aún mayor que la que se produjo entre Illa y Puigdemont. Las opiniones públicas cada vez son más volátiles, tal y como han estudiado académicos como Oriol Bartomeus. Lo que ahora parece un cambio claro de tendencia puede ser simplemente una cuestión coyuntural. Es por eso que Puigdemont aún puede jugar la carta de volver a Catalunya provocando un terremoto político y social de imprevisibles consecuencias. Sin la situación de los líderes independentistas resuelta, es más fácil que la polarización nacional pueda incrementarse de nuevo.
La otra cuestión importante para destacar es que aunque los principales problemas y las prioridades de los catalanes y catalanas hayan cambiado el conflicto sigue sin resolverse. Catalunya sigue queriendo decidir su futuro político en una consulta vinculante. Esto lo afirman encuesta tras encuesta tres cuartas partes de la ciudadanía catalana. Las causas fundamentales que iniciaron los años de polarización en Catalunya siguen sin resolverse: ni ha habido un reconocimiento del hecho singular catalán ni los catalanes y catalanas se han pronunciado sobre su futuro. Esto hace necesario recuperar la legitimidad democrática y que el nuevo Gobierno catalán busque un nuevo encaje para Catalunya en el Estado. Aunque no sea la primera prioridad de los catalanes y catalanas, la resolución del conflicto es clave para conseguir estabilidad política en Catalunya y en España en estos tiempos turbulentos que estamos viviendo.