Lunes, 17 de agosto de 2026
EDITORIAL

Salvador Illa frente al bloqueo: por una Generalitat de Catalunya que funcione

Hoy se ha convocado el pleno de investidura que previsiblemente llevará a Salvador Illa a la Generalitat. Hace unas semanas, reivindicamos con nuestro primer editorial la necesidad de iniciar una nueva etapa en Catalunya de la mano de Illa y superando la política de bloques de la última década.

Agenda Pública Agenda Pública 23 de junio de 2024
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Salvador Illa en el Parlament de Catalunya. | David Zorrakino / Europa Press / ContactoPhoto
Salvador Illa en el Parlament de Catalunya. | David Zorrakino / Europa Press / ContactoPhoto
Los partidos políticos independentistas al frente de las instituciones catalanas durante la última década consiguieron condicionar y monopolizar el debate público centrándose en la exigencia de un referéndum sobre la independencia, primero, y un nuevo Estado, después. La mayoría absoluta de los partidos nacionalistas dedicó todo su capital político al servicio de un proyecto que fracasó, tras organizar un referéndum ilegal que no fue reconocido por ninguna institución internacional y engañando a sus propios votantes sobre las posibilidades reales de la declaración unilateral de la independencia.

Los partidos independentistas, en su apuesta unilateral, generaron durante los últimos años una elevada incertidumbre en el desarrollo de la economía catalana, forzando la pérdida de numerosas oportunidades. En medio de una economía global en pleno cambio, tensaron las costuras de una sociedad que había sabido cohesionar ejemplarmente su diversidad identitaria desde el inicio de la Transición y, además, no lograron su objetivo. Se perdieron oportunidades, se tensionó a la sociedad catalana y, además, su proyecto fracasó. En el mejor de los casos, ha sido una década perdida. En el peor, la última década ha dañado a la sociedad catalana, su economía y, sobre todo, la capacidad de Catalunya de liderar los cambios de fondo globales que ya estamos viviendo. 

"Los catalanes han expresado nítida y claramente en las urnas la necesidad de un cambio de etapa".


Tras las medidas aprobadas en los últimos meses y años por parte del Gobierno de España y las Cortes Generales, el independentismo se quedó sin proyecto ni exigencias, y en las últimas elecciones catalanas perdió, por primera vez en la historia, la mayoría absoluta de la que había gozado durante cuatro décadas. La consecuencia más descriptiva de su proyecto ha sido la pérdida de un apoyo social mayoritario al nacionalismo por primera vez en cuarenta años. Una parte del apoyo se ha ido al abstencionismo permisivo. Votantes independentistas que se han quedado en casa, a pesar de que su abstención iba a facilitar una posible victoria del PSC.

En esta década, las oportunidades de la economía catalana se han visto resentidas; la sociedad, en su conjunto, ha vivido innecesariamente condicionada por la exaltación de sus emociones, y las instituciones catalanas no han centrado sus esfuerzos en la gestión de sus competencias, condicionando la respuesta a las necesidades más elementales de los ciudadanos a los que representan, dejando de priorizar las grandes transformaciones que vive todo Occidente, proponiendo un proyecto que, vistas sus propias decisiones, ni siquiera asumían con convicción, y exigiendo unas medidas que, una vez aprobadas, ya no pueden formar parte de la lista de agravios que han servido para cohesionar a su alrededor a una parte importante de la sociedad en Catalunya en los últimos años. 

El resultado de las elecciones catalanas del pasado 12 de mayo es claro: no hay una mayoría social y parlamentaria independentista, hay una mayoría absoluta de apoyos a partidos que apoyan la Constitución y la sociedad catalana ha expresado la necesidad del inicio de una nueva etapa. Sí o sí, todos los escenarios pasan por la presidencia de Salvador Illa o el bloqueo y nuevas elecciones

"El PSC es el único partido con la capacidad de generar alianzas amplias con distintos actores que no respondan a sus esquemas ideológicos y territoriales".


La gestión de la complejidad y las contradicciones es la que permitió a la ciudad de Barcelona reconstruir su propio futuro y retomar su liderazgo hace justo un año en una alianza excepcional entre el PSC, los Comuns y el PP. Sin embargo, ahora, el PP parece haber vuelto a la ortodoxia al preferir una presidencia del Parlament de Catalunya en manos de los partidos independentistas que del PSC. Pudo construir otro escenario.

Tras años instalados en la confrontación condicionada por el debate identitario, Catalunya necesita superar sus dicotomías e iniciar una etapa que le permita avanzar desde la transversalidad. El PSC es el único partido con la capacidad de generar alianzas amplias con distintos actores que no respondan a sus esquemas ideológicos y territoriales como pasa en otras instituciones en Catalunya con Junts y ERC. Es la esencia de la política.

Aunque estamos ante los niveles más bajos de apoyo a la independencia de la última década, los partidos independentistas, y especialmente la formación del expresident Carles Puigdemont, en lugar de asumir la nueva realidad, insisten en tensionar la lógica del debate público ajenos, o no, a las consecuencias que tiene para los catalanes. De lo que se trata es de bloquear una investidura, condicionar el debate público para forzar una nueva convocatoria electoral. Alargar la esterilidad, a la vista de los resultados, en la que ha vivido Catalunya en los últimos años, es obligar a los propios catalanes a seguir perdiendo oportunidades y renunciar a la posibilidad de construir un futuro deseable en un contexto internacional lleno de incertidumbres. 

"Las instituciones catalanas no pueden ser ajenas a la excepción que supone la democracia liberal y a la aceleración de cambios estructurales de nuestra economía".


Defender la independencia de Catalunya es un proyecto legítimo. De hecho, los independentistas catalanes deberían aprovechar los próximos años para reflexionar sobre qué significa la independencia de un Estado en el siglo XXI, estudiar los movimientos tectónicos de la geopolítica internacional y visibilizar nítidamente al lado de quién quieren situarse en el nuevo tablero global, hacer una nueva propuesta política capaz de sumar una mayoría social de forma estable en el tiempo o reconstruir y formar parte de un tablero político que no puede ser ajeno a las ideologías tradicionales que condicionan nuestro futuro global. 

Por contra, el proyecto de la independencia no puede ser un pretexto para impedir que Catalunya, como sociedad, pueda priorizar los debates estructurales que más van a condicionar nuestras vidas: la transición ecológica —el desarrollo renovable o la gestión del agua—, la transformación del sistema de bienestar —y el cambio estructural que necesitan nuestros sistemas sanitarios en un contexto de envejecimiento de la población— o la revolución industrial —y el desarrollo de tecnologías que nos permitan competir a nivel internacional. 

La democracia liberal en la que vivimos, el mejor sistema de derechos y libertades de la historia y del mundo, es una excepción. Las instituciones catalanas no pueden ser ajenas a ello. La aceleración de los cambios estructurales de nuestra economía obliga al conjunto de las democracias liberales a redoblar sus esfuerzos y prioridades, gestionar sus complejidades y contradicciones, y construir horizontes de progreso económico y social capaces de salvaguardar los principios rectores de nuestro sistema de derechos y libertades.

Asumir con normalidad que el funcionamiento excepcional permanente de las instituciones y de la lógica política en el que ha vivido Catalunya es inocuo, es, en el mejor de los casos, desconocer el mundo en el que vivimos y, en el peor de ellos, una irresponsabilidad que tiene consecuencias para todos.

Agenda Pública nació hace más de una década en Barcelona y es un medio español que sigue con su principal sede en Catalunya. Desde Barcelona, desde Catalunya y para toda España, compartimos nuestro propio diagnóstico porque queremos formar parte activa de la construcción de un futuro diferente y mejor al de la última década y contribuir al liderazgo de Catalunya. 
 
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