Miércoles, 9 de septiembre de 2026
GRANDES TECNOLÓGICAS

La lección de 'jiu-jitsu' de Meta en Oakland

Meta pagará hasta 18.000 millones de dólares para cerrar las demandas por los daños de Facebook e Instagram a menores. Pero Emilio García, experto en tecnología y política digital, sostiene que el verdadero triunfo de Zuckerberg puede ser otro: conseguir que Meta pueda "escribir ella misma las reglas para su negocio y el de sus rivales".

Emilio García Emilio García 9 de septiembre de 2026
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Mark Zuckerberg y el presidente de EE. UU., Donald Trump. | Will Oliver - Pool via CNP / Zuma Press / Europa Press
Mark Zuckerberg y el presidente de EE. UU., Donald Trump. | Will Oliver - Pool via CNP / Zuma Press / Europa Press
Han sido días de euforia entre quienes llevan años enfrentándose a los grandes tecnooligarcas. Meta ha propuesto cerrar el caso abierto en su contra en el juzgado federal de Oakland (California) mediante un acuerdo que muchos han calificado de histórico. La compañía está acusada de diseñar sus aplicaciones más populares —Facebook e Instagram— con características destinadas a generar adicción en los más jóvenes y de ocultar deliberadamente los riesgos de su uso. Apenas una semana de juicio bastó para que la empresa líder del sector de las redes sociales se sintiera acorralada por un volumen creciente de pruebas demoledoras.

El entusiasmo, sin embargo, es excesivo. Mark Zuckerberg no ha cedido ante el oponente: está impartiendo una lección magistral de jiu-jitsu. En esta disciplina marcial, a la que el magnate tecnológico es tan aficionado, un luchador de menor corpulencia puede someter a un adversario mucho más pesado aprovechando las leyes de la física. Aplicando el principio de palanca y utilizando la inercia del contrario, Zuckerberg ha ejecutado una maniobra calculada para llevar el combate al suelo, forzar la sumisión de los fiscales y salir triunfante del envite.

"Apenas una semana de juicio bastó para que la empresa líder del sector de las redes sociales se sintiera acorralada por un volumen creciente de pruebas demoledoras"
Las líneas maestras del pacto contemplan el pago de hasta 18.000 millones de dólares en diez años —de los que solo 12.700 están garantizados—, ciertas limitaciones de uso en sus plataformas —únicamente en EE. UU.— y la condición de que sus competidores adopten medidas equivalentes. Con esta hábil llave, Zuckerberg no solo ha inmovilizado a los demandantes; también ha arrastrado al tatami a sus principales rivales comerciales y a los propios reguladores, con una economía de esfuerzo financiero envidiable.

¿Qué consigue Meta con el acuerdo de Oakland?

En primer lugar, Meta ha neutralizado a quienes la demandaron: la coalición bipartidista de 52 fiscales generales que llevaba el caso y con ellos a la ciudadanía a la que representan. Aunque el presunto objetivo de las medidas es la protección de los menores, su implementación real introduce nuevos riesgos y deja fuera a la mayoría de los afectados. Por un lado, es cuestionable que la tutela efectiva se logre mediante un modelo multicapa que combina algoritmos predictivos, tecnología biométrica y validación documental. La consecuencia directa será una mayor acumulación de datos personales —de menores y adultos— en los servidores de Meta, materia prima que alimentará los propios mecanismos de recomendación. Además, al recopilarse bajo mandato judicial, esta vigilancia masiva obtendrá un blindaje legal sin precedentes para la actividad algorítmica de la corporación. Por otra parte, el daño social y de salud pública no es un problema exclusivamente generacional, sino un daño transversal a toda la sociedad. Las medidas de protección deberían abarcar a toda la base de usuarios y configurarse como salvaguardas estructurales obligatorias, no como límites que cualquier adulto —o menor espabilado— pueda desactivar con un clic ni como parches biométricos.

" El daño social y de salud pública no es un problema exclusivamente generacional, sino un daño transversal a toda la sociedad
En segundo lugar, Meta ha atrapado en la misma llave a sus competidores directos. A diferencia de otras causas abiertas, el litigio de Oakland se dirigía en exclusiva contra Meta. La táctica es clásica: trasladar la presión a terceros. La compañía ha condicionado 5.300 millones del desembolso a que YouTube y TikTok implementen idénticas restricciones. Con ello, logra ser juez de los esfuerzos por no dañar la salud pública de las otras plataformas y frenar la fuga de usuarios adolescentes hacia ellas.

Cómo Meta puede convertir el acuerdo en un estándar regulatorio

En tercer lugar, el mayor triunfo de la tecnológica es arrebatar a reguladores y legisladores su potestad normativa. Por un lado, esquiva el veredicto de un jurado sobre diseño defectuoso del producto. La brecha en el escudo de la sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones ya la había abierto parcialmente la propia jueza en 2023, pero sin sentencia firme no habrá precedente que la consolide. Por otra parte, Meta impone el estándar regulatorio de facto en EE. UU., con la clara aspiración de exportarlo a nivel internacional y socavar la soberanía legislativa de otras jurisdicciones. En lo que más nos afecta, el efecto Bruselas borrado de un plumazo por el efecto Menlo Park.

"El mayor triunfo de la tecnológica es arrebatar a reguladores y legisladores su potestad normativa"
Finalmente, el coste de la maniobra resulta insignificante frente a los resultados obtenidos. Un compromiso de hasta 18.000 millones de dólares a lo largo de una década equivale a calderilla para un gigante que invirtió en infraestructuras de IA cerca de 140.000 millones entre 2023 y 2025, prevé duplicar ese ritmo inversor en 2026 y 2027 y cerró su último ejercicio fiscal con más de 60.000 millones en beneficios netos. El pago anual garantizado equivale a poco más de una semana de los márgenes de negocio de la compañía.


La jueza Yvonne Gonzalez Rogers tiene en sus manos decidir si esta maniobra de artes marciales se ajusta al interés público. En las próximas semanas —o meses— deberá aprobar o rechazar el acuerdo. Meta evidenció signos de debilidad en la sala, pero el pacto le concedería lo que ningún tribunal le habría dado: escribir ella misma las reglas para su negocio y el de sus rivales. No es de extrañar que la reacción inmediata de los mercados el día de publicación de la propuesta fuera una subida del 1,04% del valor de la compañía. Todo un refuerzo para enfrentar las más de 3.000 demandas que se estima que aún tiene pendientes.
Emilio García
Emilio García
Exdirector de gabinete de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales (2020-2021)
Es asesor en el Instituto de Astrofísica de Canarias y funcionario del Cuerpo Superior de Tecnologías y Sistemas de la Información. También es coautor del libro 'Chips y Poder' (Ed. Libros de la Catarata, 2025) y activista por los derechos trans.
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