Domingo, 6 de septiembre de 2026
EN PROFUNDIDAD

Polymarket y Kalshi: los mercados de predicción y la manipulación política y electoral

Los mercados de predicción han convertido elecciones, guerras y decisiones políticas en activos financieros. Sus promotores aseguran que anticipan el futuro mejor que las encuestas, pero sus conexiones con el poder político, los intereses de sus inversores y su creciente influencia en los medios llevan a Antoni Gutiérrez-Rubí, director de la consultora Ideograma, y Miquel Pellicer, director de Estrategia Digital de la UOC, a plantearse una pregunta: ¿predicen la realidad o contribuyen a fabricarla?

Antoni Gutiérrez-RubíMiquel Pellicer
Antoni Gutiérrez-Rubí, Miquel Pellicer 6 de septiembre de 2026
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Polymarket abrió un bar temporal en Washington D. C. llamado 'The situation room' | Bryan Dozier / Zuma Press / Europa Press
Polymarket abrió un bar temporal en Washington D. C. llamado 'The situation room' | Bryan Dozier / Zuma Press / Europa Press
En El golpe (1973), el gran engaño se fraguaba en una falsa oficina de apuestas de caballos, donde el control de la información y el desenlace de la carrera determinaban quién ganaba y quién perdía. Aquel mundo de humo y susurros con Paul Newman y Robert Redford a pie de pista ha mutado en algo infinitamente más sofisticado y ubicuo. Hoy, el teatro del azar ha saltado de los hipódromos a nuestras pantallas. En pocos años hemos asistido a una casinofización de la realidad en la que el objeto de la apuesta ya no es un animal galopando o un partido de fútbol, sino un posible cese de Pedro Sánchez, el resultado de las próximas elecciones rusas o la evolución de una crisis geopolítica, como la que afecta a la frontera de Ceuta. Y en el centro de la polémica, los mercados de predicción, con otro dueto de protagonistas: Polymarket y Kalshi.

La transformación es especialmente visible en Estados Unidos, donde la proximidad de las midterms, las elecciones de medio mandato, ha encendido las alarmas entre los administradores electorales. Según explica el medio estadounidense WIRED, los funcionarios se preparan para la irrupción de unos mercados de predicción capaces de sembrar el caos en un proceso democrático ya suficientemente tensionado por las presiones de la Casa Blanca y la retórica MAGA. La posibilidad de que los apostadores tengan intereses económicos directos en el resultado de los comicios ha incrementado la preocupación por las amenazas e intimidaciones a los trabajadores electorales. En respuesta, distintas administraciones locales y estatales han empezado a introducir prohibiciones específicas y juramentos de neutralidad financiera para proteger la integridad del recuento.

"La posibilidad de que los apostadores tengan intereses económicos directos en el resultado de los comicios ha incrementado la preocupación por las amenazas e intimidaciones a los trabajadores electorales"
Pero ¿qué son exactamente estos mercados de predicción? Plataformas como Polymarket y Kalshi permiten a sus usuarios apostar dinero sobre acontecimientos futuros: elecciones, guerras, decisiones políticas, indicadores económicos o cualquier otro evento susceptible de convertirse en un contrato. Su funcionamiento consiste en transformar la incertidumbre en un activo financiero. Los usuarios apuestan dinero a que ocurrirá un acontecimiento determinado, como la victoria de un candidato en unas elecciones. Cuantas más personas consideran probable ese resultado, más sube el precio de la apuesta, que funciona como un indicador de las posibilidades de que suceda.


La narrativa corporativa que sustenta estas plataformas apela a la sabiduría de las masas (wisdom of crowds). Según sus defensores, los incentivos financieros directos permiten corregir los sesgos de las encuestas tradicionales: cuando las personas arriesgan dinero, supuestamente tienen más motivos para informarse y acertar. Sin embargo, las cotizaciones también reflejan otros factores menos transparentes: el volumen de capital disponible, las reglas contractuales, las estrategias de liquidez o la capacidad de determinados participantes para mover el mercado. En apenas unos años, Polymarket y Kalshi han pasado de ocupar una posición periférica en el ecosistema financiero y cripto a convertirse en una infraestructura informativa cada vez más presente en la política y los medios de comunicación. La dimensión económica de este fenómeno es astronómica: solo en el primer trimestre de 2026, el volumen conjunto negociado en estas plataformas superó los 50.000 millones de dólares, con Kalshi rondando los 25.000 millones y Polymarket alcanzando más de 26.000 millones en operaciones on-chain. Lejos de funcionar únicamente como espejos neutrales del entorno político, estas plataformas moldean percepciones, condicionan la agenda pública y tensionan los procesos democráticos.

La arquitectura del capital: conexiones políticas y fondos de riesgo

Polymarket y Kalshi están vinculadas a redes de capital riesgo, grandes instituciones financieras y figuras con conexiones directas con el poder político estadounidense. Por un lado, Polymarket fue fundada en 2020 por Shayne Coplan y creció con el respaldo de firmas como Founders Fund, el fondo asociado al empresario Peter Thiel, y 1789 Capital. Thiel, fundador también de Palantir, es uno de los grandes referentes conservadores de Silicon Valley. Pero la conexión más directa entre los mercados de predicción y el entorno de Donald Trump pasa por 1789 Capital. Donald Trump Jr., hijo del presidente y socio de esta firma, ha participado en la inversión en Polymarket y forma parte de su consejo asesor.

"La conexión más directa entre los mercados de predicción y el entorno de Donald Trump pasa por 1789 Capital"
Por otro lado, Kalshi fue fundada en 2018 por Tarek Mansour y Luana Lopes Lara, dos antiguos estudiantes del MIT, y creció con el respaldo de inversores como Sequoia Capital, Charles Schwab y Henry Kravis. Trump Jr. también ejerce como asesor de Kalshi, la principal competidora de Polymarket. Esta doble presencia le sitúa en una posición de influencia sobre los dos actores dominantes de un sector que comercializa contratos relacionados, entre otros asuntos, con decisiones gubernamentales y acontecimientos políticos. La confluencia de capital ideológico, figuras políticas y grandes actores financieros plantea un conflicto de intereses estructural. Quienes financian estas plataformas pueden formar parte, al mismo tiempo, de los entornos políticos y económicos que se benefician de las percepciones públicas generadas por sus propias cotizaciones.


El problema no reside únicamente en quién gana dinero con una apuesta. También importa quién financia el mercado, quién define las reglas, quién amplifica sus resultados y qué actores políticos se benefician cuando una determinada probabilidad se convierte en noticia.

Casinofización de la cobertura política

La penetración de los mercados de predicción en la esfera pública se ha acelerado mediante alianzas con cadenas de televisión, medios de comunicación y plataformas digitales. Por ejemplo, Kalshi ha cerrado acuerdos de integración de datos con CNN, CNBC y Fox News. Polymarket, por su parte, ha firmado pactos con Dow Jones (editora de The Wall Street Journal, Barron's y MarketWatch), Yahoo Finance, X y Substack. La consecuencia es que unas cotizaciones nacidas en plataformas de apuestas comienzan a circular como si fueran indicadores informativos equiparables a una encuesta, un sondeo electoral o una proyección demoscópica.

"La discusión sobre programas, políticas públicas o proyectos de gobierno corre el riesgo de quedar desplazada por el seguimiento permanente de las fluctuaciones de precios"
Esta dinámica introduce una casinofización de la cobertura política. La discusión sobre programas, políticas públicas o proyectos de gobierno corre el riesgo de quedar desplazada por el seguimiento permanente de las fluctuaciones de precios. Sin embargo, esas cotizaciones no siempre proceden de un análisis informado ni reflejan necesariamente la opinión de una muestra representativa de la población, porque investigaciones de The Wall Street Journal y Semafor han descrito cómo la estrategia de crecimiento de Polymarket incluyó la utilización de plataformas simuladas conocidas como fakecharts. A través de estos clones, distintos creadores de contenido podían mostrar apuestas ficticias de miles de dólares y presentarlas como operaciones reales. Después, estos vídeos eran recortados y republicados por una red de cuentas en TikTok, Instagram y YouTube. Al aparecer simultáneamente en numerosos perfiles, parecían contenidos compartidos espontáneamente por los usuarios, cuando en realidad formaban parte de una campaña coordinada para ampliar su alcance y presentar Polymarket como un fenómeno viral.

Impacto en la administración electoral y confusión del votante

La incorporación de las apuestas al proceso democrático introduce un factor de incertidumbre que va más allá de la especulación económica. Los mercados de predicción pueden distorsionar la percepción pública de unas elecciones, alimentar sospechas de fraude y generar conflictos de intereses cuando quienes participan en ellos tienen acceso privilegiado al poder político.

El problema empieza por una confusión básica. Una probabilidad de victoria del 70% no significa que un candidato haya obtenido el 70% de los votos, ni que las autoridades electorales hayan confirmado su triunfo. Refleja únicamente las expectativas de quienes apuestan en una plataforma, expectativas que pueden cambiar rápidamente o verse alteradas por operaciones de gran volumen.

Sin embargo, esta distinción no siempre resulta evidente. Un estudio del Partnership for Large Election Jurisdictions señala que el 75% de los votantes considera que estos mercados generan confusión y que casi cuatro de cada diez interpretan erróneamente sus probabilidades como recuentos de votos o proyecciones oficiales. Cuando una plataforma presenta a un candidato como claro favorito y el escrutinio termina dando la victoria a su adversario, esa diferencia puede alimentar acusaciones infundadas de fraude. Una predicción fallida se convierte así en combustible para la desinformación, mientras la cotización de una empresa privada adquiere una credibilidad que no le corresponde frente a los resultados certificados.

"El 75% de los votantes considera que estos mercados generan confusión y casi cuatro de cada diez interpretan erróneamente sus probabilidades como recuentos de votos"
La presencia de dinero también transforma la relación con el proceso electoral. Para quienes han apostado, un retraso en el recuento, una revisión de papeletas o una incidencia administrativa dejan de ser circunstancias habituales y pueden percibirse como amenazas directas a sus intereses económicos. El resultado puede traducirse en presiones, intimidaciones o amenazas contra los trabajadores encargados de organizar las elecciones. A ello se suma el riesgo de que personas con acceso a información no pública utilicen datos sobre resultados parciales, incidencias o tiempos de recuento para obtener beneficios. Administraciones como las del condado de Delaware, Maryland, Arizona y el condado de Cook han adoptado o estudiado restricciones para impedir que el personal electoral apueste sobre procesos en los que participa o aproveche información reservada.


Pero el conflicto adquiere otra dimensión cuando alcanza a las personas cercanas a la Casa Blanca. Donald Trump Jr. mantiene intereses en Polymarket y Kalshi, dos plataformas que permiten apostar sobre acontecimientos políticos relacionados con el Gobierno de su padre.

En este modelo de privilegio, el riesgo de corrupción ya ha dejado de ser teórico. Un operador del teleprónter de la Casa Blanca fue acusado de ganar más de 100.000 dólares en plataformas como Kalshi al apostar sobre las palabras exactas que pronunciaría el presidente antes de decirlas. Otro ejemplo, aún más extremo, del uso de información privilegiada ocurrió en el ámbito de la seguridad nacional con la imputación del soldado de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos que fue acusado de ganar 400.000 dólares en Polymarket tras realizar trece predicciones acertadas sobre las operaciones militares secretas en Venezuela, que él mismo estaba ayudando a planificar y ejecutar.

Este escenario se agrava con la propia mercantilización de la información oficial a través de herramientas como Truth API, que cobra a grandes inversores hasta 100.000 dólares al mes por acceder a las publicaciones de Donald Trump en Truth Social con milisegundos de ventaja. Cuando la comunicación gubernamental se transforma en un activo especulativo de pago y las personas próximas al poder —o empleados con datos confidenciales— pueden lucrarse anticipando o moldeando anuncios oficiales, los mercados de predicción dejan de medir expectativas: terminan por demoler la integridad ética de las instituciones.

Cuatro aristas que erosionan la democracia

Los mercados de predicción erosionan la democracia y los procesos electorales desde cuatro perspectivas diferentes. La primera es la capacidad de estos mercados para influir en aquello que aparentemente anticipan. Cuando sus probabilidades orientan la cobertura informativa, alteran las campañas electorales o condicionan las expectativas de los votantes, dejan de limitarse a predecir acontecimientos y empiezan a intervenir en ellos. Esta dinámica plantea una pregunta perturbadora: si un gran inversor deposita millones de dólares a favor de un resultado, ¿hasta dónde estará dispuesto a llegar para forzar que ocurra aquello por lo que ha apostado? La frontera entre especular sobre el futuro y manipular la realidad para asegurar el beneficio se vuelve peligrosamente difusa.

"La frontera entre especular sobre el futuro y manipular la realidad para asegurar el beneficio se vuelve peligrosamente difusa"
Segunda perspectiva. Esta capacidad de intervención convierte a los mercados de predicción en un arma idónea para los conflictos en la zona gris. En un entorno de guerra híbrida, un actor hostil o un servicio de inteligencia ya no necesita desplegar propaganda convencional: le basta con mover grandes volúmenes de capital para alterar las probabilidades de un acontecimiento geopolítico, fabricar una falsa sensación de inevitabilidad y condicionar las decisiones de gobiernos y medios sin disparar un solo tiro.


La tercera afecta al papel del periodismo. Presentar estas plataformas como oráculos neutrales legitimados para sustituir o desautorizar a las encuestas tradicionales puede validar operaciones especulativas tras cifras aparentemente objetivas. Sin embargo, este reemplazo no responde solo a un cambio narrativo, sino también a motivaciones económicas: la entrada masiva de financiación y patrocinios de estas plataformas en las redacciones incentiva a los medios a sustituir la demoscopia por el seguimiento continuo de sus cotizaciones. Al hacerlo, el periodismo no solo vende como información rigurosa lo que es mera especulación financiera, sino que se convierte en un altavoz remunerado al servicio de quienes disponen de mayor capital para mover los precios.

Y, por último: la utilización de los mercados de predicción como herramientas de influencia política y construcción de realidades alternativas. Una apuesta puede alterar la percepción de una candidatura, reforzar acusaciones de fraude o alimentar narrativas favorables a determinados intereses. Si, además, los inversores pertenecen al entorno político, familiar o personal de quienes gobiernan, la frontera entre anticipar decisiones, influir en ellas y rentabilizarlas se vuelve peligrosamente difusa.

Los mercados de predicción se presentan envueltos en una falsa aura de infalibilidad: la idea de que "el mercado" es más preciso, neutro y fiable que una opinión pública tachada de emocional o una opinión publicada acusada de interesada. Sin embargo, cuando el dinero de una apuesta se acepta como un indicador más certero que el análisis riguroso o el debate ciudadano, la democracia y, en particular, los procesos electorales, quedan sometidos a una lógica ajena a su naturaleza: la especulativa. Ya no rige el principio fundacional de una persona, un voto, sino la máxima corporativa de un inversor, un negocio. Esto no es un juego de azar ni una inocente porra electoral. Es la inversión estratégica a favor o en contra de un resultado para, más que predecir la realidad, terminar por fabricarla. Y eso no es solo un negocio; es una amenaza directa para el sistema democrático.
Antoni Gutiérrez-Rubí
Antoni Gutiérrez-Rubí
Presidente del Consejo Asesor Internacional de 'Agenda Pública'.
Es asesor de comunicación y consultor político. Fundador y director de la consultora de comunicación pública Ideograma, con 40 años de trayectoria (1985-2025). Impulsor de la Cátedra Ideograma-UPF de Comunicación Política y Democracia. Es autor de numerosos libros y profesor invitado en distintas universidades.
Miquel Pellicer
Miquel Pellicer
Director de Estrategia Digital en la UOC
Periodista y antropólogo. Es director de Estrategia Digital Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
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