España tiene desde 2019 una hoja de ruta para convertir el deporte en una herramienta de política exterior, pero siete años después sigue pendiente su ejecución. "No es que España necesite un nuevo plan, sino ejecutar el que tiene", sostiene Rafael Costa, investigador en el ISCTE – Instituto Universitário de Lisboa. Con el Mundial 2030 en el horizonte y nuevos movimientos como el acuerdo entre La Liga y el Ministerio de Defensa, el país afronta una oportunidad decisiva para transformar sus éxitos deportivos en 'soft power'.