Viernes, 31 de julio de 2026
SOBERANÍA DIGITAL

El plan Murtra: convertir Telefónica en un activo estratégico para Europa

Los resultados del primer semestre de 2026 ofrecen un nuevo balance de la etapa de Marc Murtra al frente de Telefónica. Más allá de las cifras, la compañía busca consolidar una transformación que la sitúe como un actor relevante de la autonomía tecnológica europea. En un momento en que Bruselas debate cómo construir capacidades propias frente a Estados Unidos y China, su estrategia muestra tanto el papel que puede desempeñar el sector privado como los límites del nuevo proyecto industrial europeo.

Agenda Pública Agenda Pública 30 de julio de 2026
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Detalle de uno de los edificios de la sede de Telefónica en Madrid. | Alberto Gardin / Zuma Press / Europa Press
Detalle de uno de los edificios de la sede de Telefónica en Madrid. | Alberto Gardin / Zuma Press / Europa Press
La estrategia que ha trazado el presidente de Telefónica, Marc Murtra, coincide con un giro en Bruselas: en el corazón europeo, la soberanía tecnológica es hoy, más que nunca, una cuestión de poder. Hace apenas cinco años, el futuro de las telecomunicaciones europeas parecía limitarse a un papel secundario, consistente en tareas como transportar el tráfico digital e invertir miles de millones en redes mientras el valor económico se concentraba en las grandes plataformas estadounidenses. Google, Microsoft, Amazon y Meta ganaban influencia, mientras que las operadoras europeas afrontaban una regulación más exigente y una rentabilidad menguante.

La inteligencia artificial (IA), la computación en la nube, la ciberseguridad, los satélites, la guerra híbrida y el deterioro del entorno geopolítico han cambiado esa percepción. Aunque las redes siguen siendo un negocio y no van a dejar de serlo, también se reconocen como infraestructuras críticas. Tras las conmociones recientes, Europa ya comprende el coste político de depender del gas ruso y el valor estratégico de fabricar semiconductores. Y ahora, la conectividad empieza a entrar en la misma categoría: una condición para conservar margen de decisión económica y política.

"El objetivo es que Europa conserve capacidad de decisión sobre las tecnologías y las infraestructuras que condicionan su seguridad, su economía y su autonomía política"
Sin embargo, esa condición no implica abandonar la globalización ni aspirar a fabricar cada componente dentro de la Unión Europea. Ignacio Torreblanca, investigador principal del European Council on Foreign Relations (ECFR), resume en Agenda Pública la soberanía tecnológica como la capacidad de "controlar el proceso, no necesariamente de que todo sea exclusivamente europeo". Siguiendo esta idea, el objetivo es que Europa conserve capacidad de decisión sobre las tecnologías y las infraestructuras que condicionan su seguridad, su economía y su autonomía política. Bajo ese criterio, las telecomunicaciones son una parte especialmente sensible de la política industrial europea.

Y en España, la punta de lanza está en Telefónica. La compañía ha hecho públicos los resultados del primer semestre de 2026, con 16.392 millones de euros de ingresos, un EBITDA ajustado de 5.768 millones, una reducción interanual de la deuda financiera neta del 8,4%, hasta los 25.278 millones, y la confirmación o mejora de sus objetivos financieros para el conjunto del año. Estas cifras son una prueba de que la compañía dispone de estabilidad suficiente para aspirar a convertirse en uno de los pilares europeos de la economía digital.

Bruselas también ha cambiado

El mismo Torreblanca sostiene que el debate europeo debe asumir que veintisiete soberanías tecnológicas nacionales son inviables. Si los Estados miembros comparten dependencias frente a Estados Unidos y China, intentar resolverlas por separado añade fragmentación. Por ello, apunta que la respuesta debe articularse a escala europea: un mercado capaz de generar empresas con tamaño suficiente para competir globalmente, en lugar de veintisiete campeones nacionales.

"La respuesta debe articularse a escala europea: un mercado capaz de generar empresas con tamaño suficiente para competir globalmente, en lugar de veintisiete campeones nacionales"
Y, desde España, Murtra insiste en la consolidación del sector y el refuerzo de las capacidades tecnológicas, cuestiones que entran de lleno en el debate en tanto que plantean cómo puede Europa recuperar capacidad industrial en un entorno internacional más competitivo.

Bruselas centró durante buena parte de la última etapa su política digital en la regulación. El Reglamento General de Protección de Datos, el Reglamento de Mercados Digitales (DMA) y el Reglamento de Servicios Digitales (DSA) consolidaron a la Unión Europea como una potencia normativa capaz de proyectar sus estándares fuera de sus fronteras.

Asimismo, los informes elaborados por Mario Draghi y Enrico Letta han reforzado otra prioridad: Europa necesita producir tecnología, financiar la innovación y crear empresas capaces de competir en los mercados globales. La autonomía estratégica se ha ampliado más allá de la defensa y la energía e incluye ya la IA, la computación en la nube, la computación cuántica, los centros de datos y las redes de telecomunicaciones. Este giro devuelve protagonismo a un sector que lo había perdido durante la última década.

La IA industrial, los vehículos conectados, la automatización de las fábricas y la sanidad digital funcionarán sobre redes de fibra y 5G y, más adelante, 6G. El debate no se limita, por tanto, a quién desarrolla las aplicaciones: también alcanza al control de la infraestructura que permite utilizarlas.

La opinión pública se mueve

Dentro de este cambio, no debe desatenderse la dimensión política. La pandemia de COVID-19 expuso la dependencia exterior de productos esenciales y, posteriormente, la guerra en Ucrania trasladó esa vulnerabilidad a la energía. Más tarde, el aumento de la tensión en la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, junto con las presiones comerciales, la ha extendido a las capacidades digitales.

"La soberanía digital, como concepto, es hoy más cercana al ciudadano medio, quien además la vincula con cierta frecuencia a otros conceptos como la seguridad y la competitividad"
Esta acumulación ha dejado expuestos los costes económicos y políticos de depender en gran medida de proveedores extranjeros en ámbitos críticos, pero ya está impulsando un cambio. En la actualidad, existe un respaldo mayoritario entre los españoles a disponer de tecnología europea, lo que marca un cambio de percepción importante. La soberanía digital, como concepto, es hoy más cercana al ciudadano medio, quien además la vincula con cierta frecuencia a otros conceptos como la seguridad y la competitividad.

El límite está en Bruselas

El principal interrogante queda fuera del margen de maniobra de las telecos: el marco europeo. Es difícil construir grandes compañías tecnológicas en un mercado dividido entre decenas de operadores nacionales, múltiples reguladores y procedimientos de consolidación más restrictivos que los de Estados Unidos o China.

Telefónica y el resto de compañías del sector reclaman desde hace años una revisión de las normas que facilite las fusiones, aumente la escala de las empresas y permita elevar la inversión en nuevas tecnologías. Pero la respuesta europea sigue siendo ambivalente.

"Bruselas reclama una mayor autonomía tecnológica mientras conserva una estructura de mercado que dificulta la aparición de operadores europeos como Telefónica con una dimensión suficiente para competir"
La Comisión reconoce la necesidad de reforzar la competitividad, pero mantiene una política de competencia concebida para un entorno distinto. Entonces, el desacuerdo gira en torno a cómo proteger a los consumidores y la competencia sin impedir que surjan compañías europeas capaces de disputar mercados globales. Bruselas reclama una mayor autonomía tecnológica mientras conserva una estructura de mercado que dificulta la aparición de operadores europeos como Telefónica con una dimensión suficiente para competir con los gigantes estadounidenses y chinos.

Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, planteó recientemente este problema en Agenda Pública: "La construcción de campeones europeos capaces de competir en mercados globales se enfrenta a una dificultad que no procede necesariamente de la voluntad de garantizar competencia, competitividad y estímulo a la innovación. Está mucho más vinculada a la dificultad de operar a nivel europeo por la fragmentación entre veintisiete mercados nacionales, que todavía no ha sido superada gracias a la construcción del mercado interior".

Ribera añadió: "Hay sectores particularmente importantes en este ámbito. Nos falta un mercado único de telecomunicaciones, un mercado único de la energía, un mercado único de capitales y servicios financieros. Esa fragmentación genera más costes para las empresas que operan, pero también para los consumidores que buscan alternativas en otros mercados, ya sea para crecer como empresas o para no quedar resignados a lo que ofrece su mercado nacional".

Telefónica ante el giro europeo

Los resultados trimestrales son solo el reflejo de una parte del cambio. La transformación más importante está en la posición que Telefónica intenta ocupar como compañía vinculada a la seguridad económica, la competitividad y la soberanía tecnológica europeas.

Nada garantiza que la estrategia de Murtra culmine con éxito. La presión competitiva sigue siendo elevada, las necesidades de inversión crecerán y la consolidación del mercado europeo dista de estar asegurada. La compañía española, sin embargo, es uno de los principales comodines del sector para dar ese paso y convertirse en una empresa estratégica para el continente.

"La dirección empresarial y el análisis geopolítico coinciden en que competitividad y soberanía han vuelto a quedar ligadas"
La Unión Europea que se acostumbró a ejercer como regulador global es la misma que ahora quiere producir, innovar y preservar capacidades propias. La dirección empresarial y el análisis geopolítico coinciden en que competitividad y soberanía han vuelto a quedar ligadas. Ahora es el turno de que el diagnóstico se traduzca en un mercado menos fragmentado y en decisiones industriales concretas.
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