Martes, 28 de julio de 2026
MOMENTO AMÉRICA

De Teherán a La Habana: ¿Es Cuba ya el nuevo enemigo de Trump?

Una vez firmado el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán, tras cien días de una guerra inútil y que costó miles de millones de dólares, la Administración de Trump tiene a un nuevo enemigo en la mira: Cuba. "Venezuela ya fue saqueada; lo de Groenlandia fue un ridículo; México sería más complejo y costoso que Irán. Solo queda La Habana, el eterno enemigo de Washington, uno que cuesta menos y está más cerca", sostiene el periodista Mauricio Hdez. Cervantes ante este nuevo escenario geopolítico.

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 2 de julio de 2026
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado sus alusiones a la isla de Cuba en los últimos meses. | Casa Blanca / Daniel Torok
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado sus alusiones a la isla de Cuba en los últimos meses. | Casa Blanca / Daniel Torok
Como un eco que nunca se apaga, así es la historia de las hostilidades de Estados Unidos hacia Cuba: la isla siempre termina siendo el enemigo útil, el saco de boxeo perfecto para una política exterior estadounidense que, a final de cuentas, necesita de adversarios ajenos para sostenerse. Tras el estrepitoso fracaso económico, diplomático y bélico de Washington en Irán —que solo exhibió ante la comunidad internacional los compromisos preexistentes entre Netanyahu y Trump—, Washington levanta la frente y, oronda y soberbia, mira de nuevo al Caribe —si es que dejó de hacerlo en algún momento—.

Cuba, la eterna isla incómoda para Estados Unidos, es, desde hace más de sesenta años, un símbolo de resistencia contra la arbitrariedad y la imposición de la hegemonía estadounidense. Sin embargo, a Trump nunca le han temblado los labios para referirse a ella como la "nación fracasada". Es decir, una etiqueta que a él le funciona muy bien para seguir sosteniendo y justificando bloqueos, sanciones y presiones que mantienen a esa nación americana constantemente al borde del colapso.

"Tras el estrepitoso fracaso económico, diplomático y bélico de Washington en Irán, Washington levanta la frente y, oronda y soberbia, mira de nuevo al Caribe"
Pero ¿por qué hablar de Cuba, ahora mismo, cuando, oficialmente, la guerra en Irán ya se ha terminado? Porque, precisamente, ese conflicto fue un espectáculo esperpéntico con cifras que sangran: entre treinta y cincuenta mil millones de dólares evaporados en, apenas, cien días; un barril de petróleo que trepó hasta los noventa y cuatro dólares; y una inflación global que se disparó hasta el cuatro por ciento. ¿Más datos? Por una parte, el Pentágono habló de pérdidas económicas y militares en drones y bases, pero por otra, Moody's —una de las tres grandes calificadoras de crédito del mundo— hizo un cálculo más cruel: 132 millones de dólares en costos indirectos ya han sido absorbidos por los hogares de los trabajadores y contribuyentes estadounidenses. ¿Vidas? Ocho mil combatientes iraníes muertos, y decenas de miles de heridos en ese mismo país; en contraste, solo fallecieron quince combatientes estadounidenses. ¿Y todo para qué? Es la pregunta que inevitablemente cae sobre la mesa: para que solo el 16% de los votantes considere que la guerra fue un éxito; pero para el resto de la población está claro: ese capricho bélico es el origen del estratosférico e injustificado encarecimiento de la vida.

¿Qué queda, entonces? Otra empresa militar de gran escala, contra otro enemigo improvisado, sería un despropósito. Y Trump no se puede permitir otro golpe de esa magnitud en las arcas nacionales; mucho menos, a riesgo de regresar como lo hizo de Irán: con las manos vacías, desacreditado internacionalmente y con un discurso sostenido con alfileres. Lo único que le queda es mirar hacia lo más fácil, lo más débil, lo más barato, lo más cercano. Venezuela ya fue saqueada por su petróleo en aras de una democracia que nunca termina de llegar. A Groenlandia solo fue a hacer el ridículo. ¿México? Ese es un laberinto complejísimo que le puede salir aún más caro que Irán. Solo queda Cuba: una isla castigada por bloqueos, apagones, la carencia de alimentos y medicinas, con una inflación interna insostenible y un sistema productivo que apenas respira. Entonces, esa pequeña isla, que está a trescientos cincuenta kilómetros de Florida y a la que Trump llama "la nación fracasada", puede convertirse en el enemigo perfecto. Un enemigo al que no ha parado de buscar el presidente estadounidense desde que regresó a la Casa Blanca: mantener el cerco cuesta muy poco, el rédito político de atacarla verbalmente es alto, y el —cada vez menos creíble— discurso estadounidense de que la exportación de la democracia es un deber inescrutable le viene como anillo al dedo en tiempos en los que no ha parado de hacerse de enemigos.

"Esa pequeña isla, que está a trescientos cincuenta kilómetros de Florida y a la que Trump llama «la nación fracasada», puede convertirse en el enemigo perfecto"
Lo único cierto ahora es que Trump lleva un par de semanas sacando el tema de Cuba ante los medios. Y lo ha hecho con ese tono soberbio y bravucón que lo caracteriza. Hace un par de días aseguró: "Es el turno de Cuba". Lo dijo en una larga entrevista con el medio estadounidense Axios. Y sostuvo que Marco Rubio, el secretario de Estado, ya está planeando acciones al respecto. A principios de este mes, aseguró que, una vez que terminara con el conflicto en Irán, iría a por la isla. Y ese tiempo ya se ha cumplido. Además, en una comparecencia, también a principios de este mes, insistió en que era necesario "acabar con el régimen cubano", al que acusó de no poder dar de comer a su pueblo. Por si fuera poco, este mes, dirigiéndose a la comunidad cubanoamericana, zanjó: "Los cubanos votan por mí". Dijo que tiene "muy buenas noticias" para los cubanos, habló bien de la élite económica y empresarial instalada en Miami y les aseguró la posibilidad de que, una vez caído el régimen cubano, ellos podrán regresar a su tierra, si así lo desean, para invertir y hacerla crecer.

¿Cuál será el destino de Cuba después de esas declaraciones? ¿Cuál es la opinión de la comunidad internacional ante esta nueva postura después de lo visto en Venezuela, Irán, México y Groenlandia?
 

Un enemigo al que no le cuesta atacar

Si algo ha aprendido Cuba desde la segunda mitad del siglo pasado, es a resistir. Sí, a soportar y a sobrevivir en las condiciones más extremas. La pregunta aquí es: ¿hasta cuándo podrá seguir haciéndolo?

Por lo pronto, dos de los grandes grupos hoteleros españoles, Meliá Hotels International e Iberostar, ya se han marchado de la isla. ¿El motivo? La prolongada e intensa crisis energética, además de la presión impuesta por las sanciones desde Estados Unidos. A ese efecto, también se han sumado Minor Hotels (NH) y Royalton Hotels (antes Blue Diamond), cerrando operaciones en La Habana y otros destinos.

Ahora bien, la predilección que tiene Estados Unidos por las armas, la pólvora, los misiles y por mandar a sus muchachos a ultramar a dejar "democracia" y llevarse petróleo —u otros recursos— es innegable, pero ¿por qué tirarían una sola bala para controlar a Cuba?, ¿por qué encarecerían —aún más— su modus vivendi en pro de una nueva guerra?

"Washington lo sabe bien: no necesita gastar miles de millones de dólares o arriesgar la vida de sus soldados para hacerse del control de Cuba"
La perversidad de este caso no está en la duda de si Cuba se derrumba por sí misma o no; lo que lo empapa de maquiavelismo son las presiones que la han estrangulado durante décadas. La isla se sostiene con programas económicos que apenas contienen el desequilibrio, mientras que la vida cotidiana no es otra cosa que una oda a la supervivencia tras los apagones y la continua escasez. Y Washington lo sabe bien: no necesita gastar miles de millones de dólares o arriesgar la vida de sus soldados para hacerse del control de Cuba, como hizo con Venezuela. A Trump le basta con mantener la narrativa de la "nación fracasada" y usarla así, nunca mejor dicho, como un punching bag.

Porque Estados Unidos necesita de enemigos como necesita oxígeno. Si no son los narcotraficantes latinoamericanos, son los islamistas más extremos, o los socialistas europeos, o los nazis, o los chinos capitalistas y megaproductores. Lo mismo da; el objetivo es tener a un pueblo extranjero —mejor aún, si es gobernado por algún jerarca autoritario— para poder invadirlo, en aras de proporcionarle un sistema democrático y "gestionar" sus recursos naturales en lo que se reconstruye institucionalmente. Es por eso que a nadie ha sorprendido que sus miras imperialistas estén puestas ahora sobre esa pequeña isla que siempre ha jugado un papel discordante con el halo de "libertad" y "democracia" que tanto pregona Estados Unidos.

Desafortunadamente, para los cubanos, sus números son tan críticos como sus realidades. La inflación, el año pasado, fue del 3,7%, pero se estima que la de este año será mucho mayor, debido a la carencia de productos y la crisis energética. Los apagones son cada vez más constantes, y han sido de hasta veinte horas seguidas: la vida sin aire acondicionado, sin neveras, sin electrodomésticos, sin la luz misma, sin tecnología, comienza a parecerse más a un escenario apocalíptico que a una república americana que pudo asomarse hacia la prosperidad económica. El salario mínimo está sobre los cinco euros, pero, según datos de la ONEI (la oficina de estadística e información), se necesita diez veces más para poder hacer frente a las necesidades más elementales.

"El objetivo es tener a un pueblo extranjero para poder invadirlo, en aras de proporcionarle un sistema democrático y «gestionar» sus recursos naturales"
Esos datos, y esas realidades, son bien conocidas en el Despacho Oval de Washington. Por eso no sorprende que el pasado cinco de junio, Trump impusiera sanciones directas contra Miguel Díaz-Canel, el presidente cubano, a su familia y a otros altos mandos de ese país. Ante eso, el canciller Bruno Rodríguez declaró que esas acciones eran "viles" y dignas de una política imperialista.

Finalmente, retomando la idea de la imperiosa necesidad que tiene Estados Unidos de encontrar enemigos estratégicos, Cuba, aquí, cumple el papel con precisión: es cercana, está demasiado castigada y, ante todo, es un símbolo político. Tras el desastre en Irán, Cuba vuelve al centro del radar expansionista como recordatorio de que la agresividad de Washington no se mide en victorias, sino en la capacidad de mantener vivo al enemigo en el imaginario colectivo —local e internacional—. Ahora, Cuba, sin Fidel al mando, sin la URSS detrás, tiene muy complicado hacer frente al embate que al parecer Trump —con la ayuda de Marco Rubio— tiene entre manos.

¿Qué sucederá entre los Estados Unidos de Trump y la Cuba que agoniza? Por lo pronto, solo sabemos que al actual presidente estadounidense le quedan dos años. Y dos años, como ya lo estamos viendo, es mucho tiempo.
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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