Martes, 28 de julio de 2026
LA DERECHA EN ESPAÑA

La centralidad competitiva que busca Feijóo para desactivar a Vox

El PP de Alberto Núñez Feijóo buscan una fórmula capaz de ampliar su espacio electoral sin quedar atrapado por Vox. Aunque el modelo de Juanma Moreno en Andalucía ofrece una estrategia más moderada a los populares, el momento político y la competición con los de Abascal hacen que el líder popular tenga que pensarse dos veces qué opción es la más idónea. En este proceso, acaba por mostrar diferentes versiones de un mismo partido que pueden llegar a chocar entre sí.

Agenda Pública Agenda Pública 30 de mayo de 2026
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El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, a su llegada a una sesión plenaria el pasado 27 de mayo. | Eduardo Parra / Europa Press
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, a su llegada a una sesión plenaria el pasado 27 de mayo. | Eduardo Parra / Europa Press
La posición del Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo se encuentra en un momento de importancia fundamental desde un punto de vista estratégico. Los últimos barómetros ya no confirman una fuga sostenida y creciente de votantes hacia Vox, pero sí siguen mostrando un reto para Génova 13: la derecha radical sigue condicionando las expectativas de una amplia victoria electoral. Aunque las variaciones no son dramáticas, sí reflejan una dificultad persistente para el PP: competir con Vox sin diluir su identidad conservadora tradicional ni ceder terreno a sus marcos más duros. Es un problema que se viene repitiendo desde 2018 y que, tras el ciclo autonómico de 2026, continúa abierto.

De Galicia a Madrid: un liderazgo fuera de contexto

Feijóo llegó a la presidencia del PP como garante de moderación y solvencia. Su capital político se había forjado en Galicia, donde logró cuatro mayorías absolutas consecutivas gracias a una combinación de pragmatismo, gestión e imagen institucional. Sin embargo, aquel ecosistema político, en el que Vox no existía como competidor electoral relevante, es muy distinto al actual. En Galicia, el PP ocupaba simultáneamente el espacio del centro y de la derecha, aglutinando a votantes conservadores, liberales y moderados bajo un liderazgo de gestión, en un entorno en el que el partido era hegemónico. Pero, en el contexto nacional, Feijóo se enfrenta a un escenario distinto.

La formación de Santiago Abascal se hace notar y condiciona la agenda pública, impone temas y marca parte del tono discursivo. En este sentido, su presencia obliga al PP a definirse con más precisión ante cuestiones clave como inmigración, memoria democrática, feminismo, cambio climático o modelo territorial. En todas ellas, Feijóo ha intentado mantener un equilibrio difícil: evitar que Vox monopolice el voto más ideologizado de la derecha y, al mismo tiempo, preservar la credibilidad institucional que necesita para ensanchar su base electoral.

"Su problema no es la falta de oficio, sino la dificultad para trasladar al plano nacional una fórmula política que en Galicia funcionó bajo condiciones muy distintas"
Ese equilibrio encaja con el propio perfil político de Feijóo. Es un dirigente prudente, de tono administrativo, más cómodo en el plano de vender su gestión que en el de la confrontación cultural. Esa característica puede proyectar responsabilidad y experiencia, pero también genera dudas cuando el debate público exige posiciones más nítidas. Por ello, su problema no es la falta de oficio, sino la dificultad para trasladar al plano nacional una fórmula política que en Galicia funcionó bajo condiciones muy distintas.

El dilema de la derecha radical: contención o convergencia

El Partido Popular no ha logrado aún articular una estrategia clara y coherente frente a Vox. En el seno del partido conviven tres líneas de actuación que, más que complementarse, a menudo se neutralizan entre sí.

La primera es la estrategia de contención, que apuesta por marcar distancia ideológica con Vox, subrayando su carácter extremista, euroescéptico y contrario a los valores liberales clásicos que el PP reivindica en el ámbito europeo.

La segunda es la estrategia de convergencia, que defiende una relación pragmática con Vox en gobiernos autonómicos y locales, con el argumento de "desalojar a la izquierda" y construir mayorías alternativas al PSOE.

La tercera es la estrategia de la cautela táctica, que busca evitar la confrontación directa con Vox para no movilizarlo ni victimizarlo, pero que al mismo tiempo evita fijar límites políticos claros a su influencia.

Esta ambivalencia complica el liderazgo nacional. El resultado es una estrategia que, a veces, no es lineal y que intenta mutar para ajustarse a distintos escenarios. Al mismo tiempo que pide moderación, el PP normaliza, en distintos territorios, acuerdos con la derecha radical.

Además, Vox no solo presiona al PP en términos electorales. También disputa los símbolos y los marcos del conservadurismo español. Ha conseguido desplazar parte del debate hacia la derecha, abrir nuevas batallas culturales y obligar a Feijóo a pronunciarse sobre temas que antes no formaban parte del núcleo de su mensaje. Cada intento del PP por reubicar el eje del debate en la economía, la gestión o la estabilidad se ve tensionado por la lógica de confrontación que impone Vox.

La moderación andaluza como diferenciación virtuosa

El caso andaluz de Juanma Moreno sigue siendo, también después de las recientes elecciones autonómicas, uno de los ejemplos más claros de cómo reconstruir la centralidad desde la moderación. En las elecciones autonómicas de 2022, el PP andaluz logró una mayoría absoluta histórica y desactivó el crecimiento de Vox. Lo hizo a través de una estrategia de diferenciación virtuosa, basada en tres elementos.

Primero, la apropiación de la gestión y el tono institucional. Moreno proyectó serenidad, empatía y solvencia. Su discurso evitó la confrontación ideológica y priorizó los resultados tangibles en economía, empleo y bienestar.

Segundo, la normalización de una identidad moderada. El PP andaluz no renunció a los símbolos de la derecha, pero los presentó bajo una narrativa integradora que sigue explotando: "Andalucía avanza", "Gobernar para todos". Esta ampliación del marco permitió captar voto socialista desencantado y voto joven urbano, sin necesidad de polarizar.

Tercero, la desactivación emocional de Vox. Frente al ruido y la provocación, Moreno ofreció calma y eficacia. Lo abordó menos desde la moral o la ideología que desde la utilidad electoral: un PP fuerte, reconocible y con capacidad de gobernar hacía menos útil el voto a Vox.

"El PP andaluz logró algo que el PP nacional todavía no ha conseguido con la misma claridad: ofrecer una opción conservadora con rostro amable"
Esta combinación explica por qué el PP andaluz logró algo que el PP nacional todavía no ha conseguido con la misma claridad: ofrecer una opción conservadora con rostro amable, capaz de atraer al centro sin romper con su electorado tradicional. Ahora bien, el ciclo autonómico de 2026 también ha recordado que la moderación, por sí sola, no elimina todas las presiones. Puede contener a Vox, ampliar el espacio del PP y reforzar su imagen de gobierno, pero no sustituye la necesidad de una estrategia nacional definida.

El desafío de Feijóo: construir un marco de centralidad competitiva

El reto de Feijóo es trasladar parte de esa fórmula al plano nacional, donde las dinámicas territoriales y mediáticas son más agresivas. Su margen es estrecho: si se desplaza demasiado hacia el centro, puede perder parte de su base movilizada; si se acerca demasiado a Vox, arriesga su legitimidad institucional. El desafío no es solo comunicativo. Es estratégico: cómo redefinir el conservadurismo español sin quedar anulado por la derecha radical.

Una posible salida pasa por repolitizar la gestión, es decir, dotar de relato político a la eficacia técnica. Para ello, Feijóo necesita construir una narrativa de país, no solo una narrativa de oposición. El PP sabe presentarse como alternativa al Gobierno, pero le cuesta explicar con precisión qué proyecto político quiere encarnar más allá de la promesa de estabilidad.

"Mientras no logre convertir la moderación en una emoción movilizadora, seguirá atrapado entre la contención y la cesión"
De esta forma, el PP de Feijóo se encuentra en una encrucijada estratégica. Mientras no logre convertir la moderación en un elemento movilizador, seguirá atrapado entre la contención y la cesión. El modelo andaluz demuestra que es posible reducir a la derecha radical desde la centralidad, siempre que exista coherencia entre discurso, hechos y conexión emocional con el electorado.

A Feijóo le falta articular una identidad política más reconocible. El reto del PP es convertir sus ganas de ser gobierno en una narrativa capaz de aglutinar a una derecha fragmentada sin rendirse a sus extremos.
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