Viernes, 7 de agosto de 2026
CASO PLUS ULTRA

La vida después del poder: qué hacen los presidentes cuando dejan de gobernar

La investigación judicial a José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra reabre el debate sobre qué ocurre con el poder cuando quien lo ejerció deja el cargo. Entre conferencias, consultoría, fundaciones y consejos de administración, la pospresidencia se ha convertido en una segunda carrera donde experiencia, reputación y acceso se mezclan con fronteras difíciles de fiscalizar desde el debate público.

Agenda Pública Agenda Pública 20 de mayo de 2026
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El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, imputado el pasado 19 de mayo por el caso Plus Ultra. | Ignacio Lopez Isasmendi / Zuma Press / Europa Press
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, imputado el pasado 19 de mayo por el caso Plus Ultra. | Ignacio Lopez Isasmendi / Zuma Press / Europa Press
La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero en el caso Plus Ultra ha cambiado por completo el rumbo de la política española. La Audiencia Nacional investiga al expresidente por presuntos delitos de tráfico de influencias, organización criminal y falsedad documental en relación con el rescate público de la aerolínea, mientras él niega haber cometido irregularidades y está citado a declarar el 2 de junio. La relación de Zapatero con el sector privado vuelve a poner sobre la mesa un debate reciente: qué hacen los presidentes cuando dejan de gobernar, qué valor conservan sus contactos y cómo se regula una "influencia".

Que un expresidente o ex primer ministro (cabezas de gobierno) tenga actividad privada, cobre conferencias, asesore empresas, participe en fundaciones o intervenga en espacios internacionales no deslegitima su etapa al frente de un ejecutivo, ni es, por sí mismo, un elemento tóxico para las democracias. La experiencia de gobierno es un activo. También lo son el conocimiento institucional, la lectura geopolítica y la capacidad de interlocución.

"Lo relevante no es solo qué sabe un antiguo presidente, sino las puertas que puede abrir, a qué cargos tiene acceso y las expectativas que genera su propia presencia"
No obstante, la cuestión empieza a ser distinta cuando esa experiencia se mezcla con el acceso. En sectores regulados, operaciones internacionales, rescates públicos o mercados donde la relación con el Estado resulta decisiva, la línea entre asesoramiento, intermediación e influencia puede estrecharse. En otras palabras, lo relevante no es solo qué sabe un antiguo presidente, sino las puertas que puede abrir, los cargos a los que tiene acceso y las expectativas que genera su propia presencia en cualquier operación.

El cambio del papel de los ex primeros ministros en los últimos cuarenta años es una de las grandes transformaciones de la política contemporánea. En las primeras etapas de las democracias liberales, la carrera de un jefe de Gobierno se entendía como una culminación: partido, parlamento, ministerios, presidencia y retirada. Hoy muchos líderes abandonan el poder con edad, agenda y visibilidad suficientes para iniciar una segunda etapa profesional. El politólogo Fortunato Musella lo explica con una expresión precisa: los antiguos presidentes y primeros ministros tratan de capitalizar su "prestigio y contactos", una combinación de reputación, agenda internacional y relaciones construidas desde el poder. En su estudio sobre 441 líderes democráticos en 78 países entre 1989 y 2012, el 21,4% terminó en actividades de negocio o consultoría y casi uno de cada cinco siguió una nueva carrera en el ámbito empresarial o financiero.

La edad ayuda a entender el cambio. Zapatero dejó La Moncloa con 51 años. Tony Blair salió de Downing Street con 54. Nicolas Sarkozy abandonó el Elíseo con 57. No hablamos necesariamente de líderes al final de su vida pública, sino de dirigentes con muchos años de actividad por delante. Hoy día, la pospresidencia se ha convertido en un espacio propio: memorias, fundaciones, conferencias, mediación internacional, asesoría estratégica, consejos de administración o consultoría para empresas con intereses globales.

"El salto posterior hacia la consultoría o el sector privado no suele ser un regreso a la profesión anterior, sino una reconversión del capital político acumulado"
En esa segunda vida, los expresidentes llegan con una marca personal construida desde el Estado. Musella recuerda que muchos de ellos no procedían del mundo empresarial antes de gobernar: el 85,5% de los líderes de su muestra tenía una trayectoria principalmente institucional y solo un 5% venía de negocios o actividad empresarial. Es decir, el salto posterior hacia la consultoría o el sector privado no suele ser un regreso a la profesión anterior, sino una reconversión del capital político acumulado durante el mandato.

Esa reconversión puede tener usos muy distintos. El expresidente estadounidense Jimmy Carter convirtió su pospresidencia en una plataforma de mediación, derechos humanos y salud global. Tony Blair, Gerhard Schröder, José María Aznar o Brian Mulroney —con algunos casos más polémicos que otros— siguieron caminos más vinculados a la consultoría, la empresa o los consejos de administración. El abanico es amplio y muy variado, pero comparten la base de que son figuras que conservan una autoridad residual propia de quien ha gobernado.

Otro concepto familiar en estos casos es el de las puertas giratorias. Desde la academia, se ha tratado de analizar estos casos a través del concepto de capital relacional. Un estudio sobre antiguos empleados del Congreso de EE. UU. convertidos en lobistas halló que, cuando el senador para el que habían trabajado dejaba el cargo, los ingresos de esos lobistas caían de media un 24%. La conclusión es que las conexiones con políticos en activo tenían un peso económico medible. Ese es el capital relacional: relaciones de confianza, conocimiento específico de los decisores y capacidad de moverse dentro de redes de poder. Funciona con cargos intermedios, diputados o asesores, pero también para expresidentes.

"Merece la pena preguntarse si está pagando análisis, reputación, acceso o una mezcla de las tres cosas"
Sin embargo, un antiguo jefe de Gobierno no es un lobista ordinario ni su trayectoria puede reducirse a una agenda de contactos. También posee información, criterio, visión estratégica y conocimiento de procesos complejos. Aun así, merece la pena preguntarse si, cuando una empresa, una fundación o un intermediario paga a alguien que estuvo en la cúspide del Estado, está pagando análisis, reputación, acceso o una mezcla de las tres cosas. El caso Plus Ultra está en el centro de este triángulo porque, según el auto del caso, el juez atribuye al expresidente un papel de "núcleo decisor" o "vértice".

Es cierto que no se pueden encontrar todas las respuestas a este fenómeno, especialmente por lo reciente de algunas variables. Por ejemplo, la dimensión internacional. En la era de la globalización, los presidentes gobiernan dentro de sus fronteras, pero su influencia fuera de ellas es cada vez más notoria. Participan en cumbres, negocian con empresas estratégicas, tratan con gobiernos extranjeros, conocen organismos multilaterales y construyen relaciones en las cuales la política y los negocios se cruzan de forma constante. Al salir del cargo, esa agenda no desaparece y puede emplearse en mediación, cooperación o diplomacia informal. Y, al mismo tiempo, puede convertirse en un activo para operaciones privadas difíciles de fiscalizar desde el debate público.

"No se debe impedir que los expresidentes trabajen, asesoren o participen en la conversación internacional, pero es preciso que la ciudadanía sepa cuándo hablan como antiguos servidores públicos"
La investigación sobre el expresidente Zapatero tendrá que determinar hechos, responsabilidades y pruebas. El debate democrático puede aprovechar el caso para algo más amplio: ordenar la vida después del poder. No se debe impedir que los expresidentes trabajen, asesoren o participen en la conversación internacional, pero es preciso que la ciudadanía sepa cuándo hablan como antiguos servidores públicos, cuándo actúan como profesionales privados y cuándo su intervención afecta a decisiones que siguen comprometiendo recursos, instituciones o intereses públicos.
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